Diario I

"Era un niño pobre que vestía una camisa sucia, rasgada y demasiado grande para él; atravesaba la calle corriendo, con un ojo puesto en el tráfico; era muy delgado, de tez oscura y rasgos uniformes y marcados... tendría unos siete u ocho años, de ojos brillantes y risueños, descalzo, con una cabeza grande e infinitamente triste... Se sentía solo, pero tampoco sabía lo que eso significaba... Se dio media vuelta y colisionó con nosotros; hubo un momento de vacilación, aprensión y dolor porque debían haberle pegado a menudo... Sus manos eran ásperas, pequeñas, sucias, ansiosas por tomar otras manos. Caminamos juntos, sin hablar porque él no comprendía el inglés, pero no había necesidad de palabras. Todo fue olvidado excepto aquellos dos caminando tomados de la mano; no había tráfico ni gente ni suciedad y allí estaba el mar, calmo hasta el horizonte. Él quería decir algo y las palabras salieron a borbotones, aunque sabía que no eran comprendidas. Se detuvo, soltando las manos, y miramos el mar, las palmeras, el perrito atado a su correa y el autobús que tronaba a su paso. Era un atardecer sin nubes, despejado, cálido y aquellas águilas pardas planeaban en círculo en el cielo vacío.
La meditación es el vaciado de la mente del tiempo y del pensamiento..."

Diario I (22 febrero 1962) pag. 310 (ed. Kairós)