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"Permanecer" por Juan-Crisos - Asistente a los diálogos de los Viernes


PERMANECER
Permanecer y durar, no terminar, la aspiración a no tener fin.
¿De dónde nace?
La experiencia consciente del ser humano es que la vida tiene dos grandes ciclos:
  • Un primer ciclo individual: El individuo nace de otra otro ser vivo, crece, se reproduce y muere (por usar una cadena clásica expresiva del ciclo vital)
  • Un segundo ciclo colectivo que es de mayor duración que el individual y que permite la “perpetuación de la especie”.
Si esa es la experiencia consciente, si de esa experiencia consciente no forma parte la duración del individuo y sí la duración de la especie, la  pregunta es:
¿De dónde nace en el ser humano, en el individuo humano, la aspiración a la permanencia, al no final, a la duración “fuera del tiempo”, es decir, a una existencia atemporal, y en consecuencia, al margen de toda norma natural?
La respuesta a esta pregunta puede ser que nuestra propia naturaleza humana  implica la consciencia de una “vida” más allá del ciclo vital individual y de especie. Perdón por la expresión totalmente incorrecta de una “vida más allá de la vida”. No hay propiamente vida más allá de la vida y el organismo vivo individual muere como el resto de los organismos vivos individuales. Y nuestra naturaleza está regida por la primera gran Ley de la Vida: la perpetuación de la vida más allá de la vida individual. Y también por el instinto de supervivencia, base indispensable para preservar el depósito de vida recibido, por lo menos hasta que sea transmitido a otro organismo vivo (siempre dentro de la especie).
Es decir, que esa experiencia de existencia al margen del ciclo vital, de permanencia atemporal, no es algo inventado, es vivencia (en el sentido de “hecho de experimentar algo, y su contenido”).
Y esta vivencia se intenta “aterrizar” y traducir en nuestra experiencia diaria, darle sentido en los parámetros de nuestra naturaleza. Naturaleza que, siendo  una, holística, nuestra mente conceptual la ve triple: materia, vida y consciencia. Esta naturaleza implica un cerebro que organiza la “vida comunitaria” (el organismo como asociación celular especializada) y que tiene sus tres niveles: reptiliano, expresión de los instintos básicos individuales, mamífero en el que se anidan las experiencias de cohesión y relación de grupo, y mental, creador del pensamiento conceptual y racional. 
¿Cómo se hace esa traducción? Pues desde la mente conceptual -que ha fraccionado el Todo en partes a través de la red de conceptos- crea un concepto con ese carácter de duración y permanencia, el YO que no cambia y que no acaba, el yo que es lo que somos aunque cambiemos, el yo con el que nos identificamos en nuestros diferentes estadios vitales y en nuestras diferentes situaciones personales, el yo que es diferente (ya que está interpretado desde la individualidad) a los otros, el yo que me diferencia de la Naturaleza y que me otorga una visión dualista: yo, no-yo.
El yo es lo que puede dejar de existir, ya que es el concepto de uno mismo desde la mente conceptual, íntimamente relacionado con la individualidad del cerebro reptiliano y con  las relaciones yo-otro, del cerebro del mamífero. En resumidas cuentas cuando muere un ser humano, muere el concepto de sí, de su vida, de suyo, ideas generadas por su propia mente conceptual. Si es así, ¿qué es lo que perdura? Porque está claro que ningún otro animal se inventa un yo para durar: simplemente nace, crece, se reproduce y muere. Ese yo es sólo el reflejo ignorante de lo que no cambia, de lo que perdura, de lo atemporal, de lo que sí tenemos consciencia, aunque esté a medio despertar.

Juan-Crisos



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---Comentario del Centro K de Madrid: Juan es un contertulio de los diálogos de los Viernes en el Centro Amigos de Krishnamurti de Gran Vía 33 piso 6 - - - Nuestro y Vuestro centro! Venir a conocerlo!! - -  Agradecemos mucho su colaboración en este blog asi como a todos los que hacen posible que el Centro esté vivo. A todos vosotros GRACIAS!!!!