“… La falta
de conocimiento propio es el mayor ‘mal’ que existe. La ignorancia impide el
recto pensar y pone principalmente el acento en las cosas que son secundarias;
de este modo, la vida se convierte en una rutina vacía, torpe y mecánica de la
cual procuramos escapar de diversas maneras, sumergiéndonos en el dogma, en la
especulación, en la ilusión, etc., todo lo cual nada tiene que ver con el
misticismo. Al tratar de comprender el mundo exterior, uno llega al mundo
interno, y ese mundo interno, cuando se aspira verdaderamente a él y se lo
comprende correctamente, conduce a lo supremo. Esta realización no es fruto de
ningún escape. Sólo esta realización traerá orden y paz al mundo.
El mundo se
debate en el caos porque hemos perseguido valores falsos. Hemos dado
importancia a la sensualidad, a lo mundano, a la fama e inmortalidad personal,
todo lo cual genera conflicto y dolor. El verdadero valor se encuentra en el
recto pensar; no hay recto pensar sin conocimiento propio, y el conocimiento
propio llega con el estado de percepción alerta respecto de nosotros mismos.
… Sugerí el
otro día que, a fin de comprendernos a nosotros mismos, debemos tornarnos
alerta y que, para poder estudiarnos, es preciso que el propio
pensamiento-sentimiento aminore su ritmo. Si usted se da cuenta de su propio
pensar y sentir, percibirá cuán rápido es un pensamiento-sentimiento inconexo
siguiendo a otro, errante, distraído, y que resulta imposible observar,
examinar semejante confusión.
A fin de
introducir orden y, por lo tanto, claridad, sugerí que anotaran cada pensamiento-sentimiento.
Este vertiginoso mecanismo debe aminorar su propio ritmo para que pueda ser
observado, de modo que al anotar cada pensamiento-sentimiento puede servir de
ayuda. Tal como en cámara lenta uno puede ver cada movimiento; así, al aminorar
la rapidez de la mente, uno puede observar cada pensamiento, ya sea trivial o
importante. El trivial conduce hacia el importante, de modo que no lo ignore
por su insignificancia. Puesto que se encuentra ahí, es una indicación de la
trivialidad de la mente, y el hecho de ignorarlo no hace que la mente sea menos
trivial, menos estúpida. Ignorarlo contribuye a que la mente siga siendo
pequeña, estrecha; pero darse cuenta de él, comprenderlo, conduce a grandes
riquezas internas.
… En las
distintas pláticas que ha dado el que habla, este ha empleado la palabra
percepción directa (insight). Es decir, ver en el interior de las cosas, de
todo el movimiento del pensamiento; por ejemplo, de todo el movimiento de los
celos, percibir la naturaleza de la codicia, ver todo el contenido del
sufrimiento. Esto no es análisis, ni ejercitar la capacidad intelectual, ni es
el resultado del conocimiento; el conocimiento que es lo que ha sido acumulado
en el pasado como experiencia, almacenado en el cerebro. El conocimiento siempre
va acompañado de ignorancia; no hay conocimiento completo y, por lo tanto,
conocimiento e ignorancia van siempre juntos, como dos caballos atados con una
cuerda.
… Para mí
sólo hay percepción, la cual consiste en ver algo, instantáneamente, como falso
o verdadero. Esta percepción instantánea de lo falso y lo verdadero es el
factor esencial, no así el intelecto, basado en su habilidad, su conocimiento,
sus compromisos. A veces debe haberle sucedido que ha visto la verdad de algo
instantáneamente, tal como la verdad de que uno no puede pertenecer a nada. Eso
es la percepción, ver la verdad de algo instantáneamente, sin análisis, sin
razonamientos, sin todas las cosas que el intelecto crea con el fin de posponer
la percepción. Esta es por completo diferente de la intuición, palabra que
usamos con mucha soltura y facilidad...
… Para
escuchar con vitalidad, mi mente debe estar en silencio, ¿no es así? Si estoy
charlando, si me distraigo mirando a alguien, si comparo lo que usted dice con
lo que yo sé, mi mente no está en silencio. Es solo cuando mi mente está
silenciosa y escucha por completo, cuando surge la comprensión de la verdad.
Eso es compartir, de otro modo no podemos compartir. No podemos compartir las
palabras, sólo podemos compartir la verdad de algo. Usted y yo podemos ver la
verdad de algo sólo cuando la mente está por completo entregada a la
observación.
… Lo que
tiene importancia para un hombre religioso no es repetir aquello que ha
aprendido de los libros, ni de las experiencias que ha proyectado su
condicionamiento, sino la necesidad de comprenderse a sí mismo sin ningún engaño,
sin ninguna tergiversación o distorsión; ver en sí mismo las cosas tal como
son. Es una tarea muy ardua ver las cosas como realmente son; no sé si alguna
vez lo han hecho, no sé si han observado cualquier cosa sin colorearla, sin
tergiversarla, sin nombrarla. Les sugiero que, para variar, observen eso que
llaman ‘codicia’ o ‘envidia’, y vean lo difícil que es hacerlo, porque la
propia palabra codicia o envidia tiene una carga condenatoria. Puede que uno
sea codicioso, ambicioso, pero mirar simplemente la ambición, la sensación, el
sentimiento, sin condenarlo, requiere como verán una capacidad extraordinaria.
Todo esto forma parte del conocimiento propio, y sin conocerse uno mismo, haga
uno lo que haga, ya sea reformar, promover cualquier clase de revolución o
tener superlíderes, superpositivos, nunca creará un mundo donde el individuo se
desarrolle como un ser humano total, y pueda así cambiar la sociedad.
… Somos
incapaces de vernos de una forma profunda, dejando al margen nuestra vivencia
condicionada desde la imagen, para descubrir nuevas realidades, y entre ellas
la realidad auténtica de lo que somos. No vemos porque la mente no puede ver,
porque está obstaculizada por su propia confusión. No vemos porque nos miramos
a nosotros mismos siempre condenando, comparando, evaluando. Por lo tanto,
nunca nos vemos como somos. Vernos como somos es dar origen a un cambio radical
en nosotros mismos.
… Espero pues, que no os molestará que siga repitiendo que es muy difícil aprender el arte de escuchar, es tan difícil como ver. Y tanto el ver como el escuchar son necesarios.”
J. Krishnamurti