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EL PENSAR IMPLICA CONOCIMIENTO. PREGÚNTENSE QUÉ LUGAR TIENE EL CONOCIMIENTO EN LA VIDA.

   “… Por lo general, aprendemos mediante el estudio, los libros, la experiencia o cuando nos educan. Son los medios habituales de aprender. Aprendemos de memoria lo que debemos hacer y no hacer, lo que debemos pensar y no pensar, cómo sentir, cómo reaccionar. A través de la experiencia, del estudio, del análisis, de la investigación, del examen introspectivo, almacenamos conocimientos como memoria; y la memoria responde, entonces, a los futuros retos, a las futuras exigencias, desde lo cual aprendemos más y más. Lo que hemos aprendido es confiado como conocimiento a la memoria, y ese conocimiento funciona cada vez que hay un reto o cada vez que debemos hacer algo.

   Ahora bien, yo entiendo que hay una forma totalmente distinta de aprender, y voy a hablar un poco acerca de ello; pero para comprenderlo y para aprender de esta manera diferente, usted debe estar por completo libre de la autoridad; de lo contrario, será meramente adoctrinado y repetirá lo que ha oído. Por eso es muy importante comprender la naturaleza de la autoridad. La autoridad impide el aprender, el aprender que no es la acumulación de conocimientos como memoria. La memoria responde siempre en patrones, no hay libertad. Un hombre cargado de conocimientos, de enseñanzas, agobiado por las cosas que ha aprendido, jamás es libre. Puede ser extraordinariamente erudito, pero su acumulación de conocimientos le impide ser libre; por lo tanto, es incapaz de aprender.

   … Si ustedes dicen: “Dígame cómo terminar con el pensamiento”, entonces hacen de ello un problema, porque nuestro cerebro está adiestrado, educado para resolver problemas. Tal como un experto en computadoras está adiestrado para resolver los problemas que ahí se suscitan, ese mismo movimiento lo extendemos introduciéndolo en el mundo psicológico. Si el pensamiento es la causa de esto, la cuestión no es cómo terminar con él, sino comprender todo el movimiento del pensar. Si uno aborda ese movimiento como ‘su’ pensar y algún otro hace lo mismo, entonces las consecuencias son por completo diferentes, ello conduce a toda clase de ilusiones. Las supersticiones carecen de realidad, pero el pensar es el suelo sobre el que están parados todos los seres humanos: el negro, el blanco, el rojo, el musulmán, el hindú, el aldeano, el hombre inculto, el hombre de ciencia. Entonces uno abandona la idea de que ese es su pensar; uno se interesa entonces en el pensar global, no en el modo indio de pensar. Se interesa realmente en el mundo, en toda la humanidad a la que pertenece. Uno no es un individuo. ‘Individuo’ significa único, indiviso.

   Nosotros no somos únicos, estamos totalmente divididos, fragmentados en lo interno, somos el resultado de todas las generaciones pasadas. Nuestro cerebro no es ‘nuestro’. Ha evolucionado a través de miles y miles de años. Pero nuestra religión, nuestras escrituras, la vida cotidiana que llevamos nos dicen que cada uno de nosotros está separado de todos los demás, y nos han educado para aceptar eso. Nunca lo hemos investigado, no lo hemos cuestionado, no lo hemos puesto en duda, sino que lo aceptamos y en esa aceptación radican nuestros problemas. Pero si ustedes ven todo esto como un vasto movimiento de la vida del cual forman parte, este movimiento que es ilimitado, que no tiene principio ni fin, entonces comienzan a investigar la naturaleza del pensamiento.

   ¿Cuál es, entonces, el origen del pensamiento? ¿Por qué el pensamiento está dividido en su naturaleza misma? ¿Por qué el propio movimiento del pensar es divisivo, fragmentario, limitado? Puesto que el pensamiento es tal vez la causa, no pidan: “Por favor, dígame cómo terminar con la causa”, porque en ese caso están de vuelta en el viejo campo de los problemas. Si tratan de resolver este problema tienen otros problemas. El pensamiento está creando problemas, así que ustedes piden: “Díganos cómo detenerlos, díganos cómo detener el pensamiento”; y hay muchísimas personas que les dirán cómo hay que detener el pensar. Y esas personas varían de una a otra: “mediten, no mediten, intenten este sistema, etc.”; ya conocen ustedes todo eso. Y así es como multiplicamos los problemas uno tras otro. Observen, en cambio, este movimiento del pensar con que el hombre ha vivido por miles y miles de años, y pregúntense no cómo terminar con el pensamiento, sino cuál es la naturaleza del pensamiento, por qué el pensamiento se ha vuelto tan importante. El pensar implica conocimiento. Pregúntense qué lugar tiene el conocimiento en la vida.

   … Nosotros creemos, al parecer, que siguiendo determinado sistema de filosofía, o una creencia, o un método de pensamiento, podremos no sólo disipar la confusión que hay en nosotros, sino también la que reina en torno nuestro. Tenemos innumerables creencias, doctrinas y esperanzas; y al tratar de seguirlas, al procurar ser sinceros con respecto a nuestros ideales, esperamos despejar el sendero hacia la felicidad, o el sendero del conocimiento y la comprensión. Hay, ciertamente, una diferencia entre sinceridad y seriedad. Uno puede ser fiel a una idea, a una esperanza, a una doctrina, a determinado sistema; pero el mero hecho de copiar, de seguir una idea o de someternos a determinada doctrina –todo lo cual puede llamarse sinceridad– no nos ayudará, por cierto, a disipar la confusión en nosotros mismos, y con ello la confusión ambiente.

   Paréceme pues, que lo que hace falta es seriedad, no la seriedad que resulta simplemente de seguir determinada tendencia, determinado sendero, sino esa seriedad que es esencial para la comprensión de nosotros mismos. Para entendernos a nosotros mismos no es necesario ningún sistema ni idea en particular. Uno es sincero tan sólo con respecto a una cosa, a una idea determinada, a tal o cual creencia, pero esa sinceridad no puede ayudarnos, ya que podemos ser sinceros y, sin embargo, estar confusos, ser tontos e ignorantes. La sinceridad es un estorbo cuando ella sólo consiste en copiar, en tratar de seguir un ideal determinado; pero la seriedad es algo enteramente diverso. Ser serio, decidido, es esencial, no para buscar cosa alguna, sino para la comprensión del proceso de nosotros mismos.”

    J. Krishnamurti





¿ESTÁ QUIETA ALGUNA VEZ LA MENTE DE USTEDES?

    “… Estoy planteando este problema para que lo resuelvan ustedes, para que ejerciten su capacidad, su cerebro, a fin de descubrir si nuestra mente puede estar absolutamente quieta, lo cual implica la cesación del tiempo, la cesación del pensamiento sin ninguna clase de esfuerzo, de control o represión. ¿Está quieta alguna vez la mente de ustedes? No soñando despierta, no en blanco, sino quieta, atenta, perceptiva. ¿Han experimentado eso ocasionalmente? Para ver cualquier cosa, para escuchar algo, la mente tiene que estar quieta, ¿no es así? El interés mismo que ustedes tienen en lo que se está diciendo genera esta quietud de la mente que quiere escuchar. Estoy interesado en lo que se habla porque ello afecta mi vida, mi manera de vivir, y yo quiero prestar atención completa, no sólo a las palabras, al movimiento semántico del pensar, sino a lo que está detrás. Quiero descubrir exactamente lo que se dice, no interpretarlo, no traducirlo conforme a mi placer o a mi vanidad. Así, en la intensidad misma de mi escuchar lo que se está diciendo, debo tener una mente quieta. No sé si ustedes ven esto.

   No he obligado a mi mente a estar quieta, la atención misma del escuchar es la quietud. La atención misma que pongo en descubrir si la mente puede estar completamente quieta es la quietud. Y este silencio de la mente es esencial; un silencio que no es producto del adiestramiento, porque en ese caso el silencio es ruido, carece de significación. Por lo tanto, la meditación no es una actividad controlada o dirigida, es una actividad de “no pensamiento”.

   Entonces descubrirán ustedes por sí mismos si existe o no existe algo innominable, algo que no está dentro del campo del tiempo. Sin descubrir eso, sin dar con eso, sin ver la verdad de ello o su falsedad, la vida se vuelve una cosa superficial y vacía.

   Podemos tener un orden perfecto dentro de nosotros mismos, podemos estar libres de conflicto porque nos hemos vuelto muy alertas, muy observadores, pero todo esto llega a ser algo completamente superficial sin lo otro. De modo que la meditación, la contemplación –no en el sentido cristiano o en el asiático– significa que el pensamiento opera únicamente en el campo de lo conocido y que se da cuenta por sí mismo de que no puede penetrar en ningún otro campo. Por lo tanto, la terminación del pensamiento implica la terminación del tiempo.

   … Quien les habla puede decir con facilidad que hay un terminar, pero eso sería una gran tontería, porque a menos que realmente lo investiguemos, lo experimentemos, lo afrontemos, lo examinemos profundamente, no es posible descubrir esa sensación extraordinaria de lo eterno.

   ¿Cómo puede un cerebro limitado captar lo ilimitado? No puede, porque es limitado. ¿Podemos captar el significado, la profundidad, la cualidad del cerebro y reconocer el hecho, el hecho no la idea, de que nuestros cerebros están limitados por el conocimiento, por las habilidades, por ciertas disciplinas, por pertenecer a un grupo, a una nacionalidad? Todo esto, básicamente, es interés propio, es esconderse, es camuflarse con todo tipo de cosas, ropas, coronas, rituales, y esa limitación surge cuando hay interés propio, es obvio; cuando estoy interesado en mi propia felicidad, en mi propia realización, en mi propio éxito, ese interés propio limita la cualidad y la energía del cerebro.

   El cerebro, durante millones de años, ha evolucionado en el tiempo, con la muerte y el pensamiento, y esa evolución significa una serie de sucesos en el tiempo; para crear todos los rituales religiosos se necesita tiempo. De modo que el cerebro ha sido condicionado, limitado por su propia voluntad, ha buscado su propia seguridad, se ha mantenido dentro de su propia parcela diciendo: «Creo», «no creo», «estoy de acuerdo», «no estoy de acuerdo», «esa es mi opinión», «esa es mi valoración». Todo esto es interés propio, tanto si es en la jerarquía religiosa, entre los más destacados políticos, en la persona que busca poder a través del dinero, en el profesor o la profesora con su tremendo conocimiento académico, en todos los gurús que hablan de bondad y de paz; todo eso sigue siendo parte del interés propio.

   … Cuando se viaja alrededor del mundo, se observa hasta qué grado extraordinario la naturaleza humana es la misma, ya sea en India o en América, en Europa o Australia. Puede corroborarse este hecho especialmente en los colegios y universidades. Estamos produciendo, como por molde, un tipo de ser humano cuyo principal interés en la vida es encontrar seguridad, llegar a ser un personaje importante, o meramente divertirse con la mínima reflexión posible.

   … La mente está acostumbrada a analizar el pasado, a disecar la acción con el fin de comprenderla. Pero yo digo que no pueden comprender de este modo, porque un análisis semejante limita siempre la acción. Ejemplos concretos de tal limitación pueden verse aquí en la India y en otras partes, casos donde la acción casi ha cesado. No traten de analizar su acción. Antes bien, para descubrir si tienen conciencia de clase, si son hipócritas, nacionalistas, fanáticos, si están sometidos a la autoridad, si son imitadores –si realmente les interesa descubrir estos impedimentos– estén completamente atentos, vuélvanse totalmente conscientes de lo que están haciendo. No sean meros observadores, no consideren su acción de manera puramente objetiva, desde afuera, sino estén plenamente alerta, mental y emocionalmente, con la totalidad del ser, en el instante de la acción. Entonces verán que los numerosos recuerdos que los estorban, irrumpen por sí mismos en la mente impidiéndoles actuar de manera completa, plena. En esa percepción alerta, en esa llama, la mente será capaz de liberarse, sin esfuerzo alguno, de los obstáculos del pasado. No pregunten ‘cómo’. Simplemente inténtenlo. Sus mentes están siempre preguntando por un método, preguntando cómo hacer esto o aquello. Pero no hay ‘cómo’. Experimenten y descubrirán.”

    J. Krishnamurti




SIN AMOR Y BELLEZA ESO QUE USTED LLAMA DIOS NO TIENE NINGÚN VALOR

  “… Veamos, usted es un gran erudito en budismo. Ha estudiado mucho y tiene un gran conocimiento sobre él. Sabe lo que dijo el Buda, conoce todos los intrincados detalles del análisis y la exploración budista y sus extraordinarias estructuras. Ahora bien, si el mismo Buda se le apareciese y le dijera: «escuche»; ¿le escucharía usted? Por favor, no se ría porque esto es muy serio. Señor, conteste a mi pregunta; si el Buda viniese aquí hoy, ahora, si estuviera sentado frente a usted y le dijese: «por favor, señor, escuche»; ¿le escucharía? Y si además añadiese: «si me escucha, esa es su transformación». Solamente escuchar. Ese ‘escuchar’ es el escuchar de la verdad. Usted no podría discutir con el Buda.

   … ¿Qué relación tiene el placer de la autoexpresión con la belleza y el amor? El hombre de ciencia tiene que conocer la verdad de las cosas. ¿Es la verdad algo estático para el ser humano, no para el filósofo especializado, el científico, el técnico, sino para el ser humano interesado en la vida diaria, en ganarse la vida, en la familia, etc.? ¿O es algo que descubre usted mientras avanza, algo nunca estacionario, nunca permanente, sino que siempre está en movimiento? La verdad no es un fenómeno intelectual, no es un asunto emotivo o sentimental, y nosotros tenemos que encontrar la verdad del placer, la verdad de la belleza y la realidad de lo que es el amor.

   … Comprender ‘lo que es’ requiere una enorme capacidad, una mente veloz y sin prejuicios. Es porque no queremos enfrentar ni comprender lo que es, que inventamos las muchas vías de escape y les damos hermosos nombres, tales como ideal, creencia, Dios. Sólo cuando veo lo falso como falso, por cierto, mi mente es capaz de percibir lo que es verdadero. Una mente que se halla confusa en lo falso nunca puede hallar la verdad. Por lo tanto, debo comprender lo que es falso en mis relaciones, en mis ideas, en las cosas que me rodean, porque el percibir la verdad requiere comprensión de lo falso. Sin suprimir las causas de la ignorancia no puede haber esclarecimiento; y el buscar esclarecimiento cuando la mente no está esclarecida, resulta absolutamente vano y sin sentido. Debo pues, empezar a ver lo falso en mis relaciones con las ideas, con las personas, con las cosas. Cuando la mente ve aquello que es falso, surge aquello que es verdadero, y entonces hay éxtasis, hay felicidad.

   … ¿Qué es la vida, después de todo? Es algo nuevo en cada instante, ¿verdad? Es algo que está siempre sufriendo un cambio, creando un nuevo sentir. El día de hoy nunca es igual al de ayer y esa es la belleza de la vida. ¿Puedo yo, podéis vosotros, hacer frente a cualquier problema de un modo nuevo? ¿Podéis, cuando vais a vuestro hogar, encontraros con vuestra esposa y vuestro hijo de un modo nuevo, hacer frente al reto de un modo nuevo? No lo podréis si estáis cargados de los recuerdos de ayer. Por lo tanto, para comprender la verdad acerca de un problema, de una relación, debéis abordarla de un modo nuevo, no con “mente abierta”, pues eso carece de sentido. Debéis abordarla sin las cicatrices de los recuerdos de ayer, lo cual significa que, al surgir cada reto os dais cuenta de todas las reacciones de ayer; y captando el residuo, los recuerdos de ayer, encontraréis que ellos se os desprenden sin lucha, y por lo tanto vuestra mente está fresca.

   … El saber siempre está relacionado con el pasado, por eso el saber le ata al pasado. Al contrario que el saber, el comprender no es una conclusión ni una acumulación. Si de verdad ha escuchado, entonces ha comprendido, porque la comprensión es atención. Uno comprende cuando presta atención completa. Por tanto, comprender el miedo es la terminación del miedo. Así pues, su creencia no puede seguir siendo el factor predominante, lo predominante es comprender el miedo, porque cuando no hay miedo hay libertad y tan sólo entonces uno puede encontrar la verdad. Si el miedo no distorsiona «lo que es», eso «que es» es la verdad. La verdad no es una palabra. No podemos medir la verdad con palabras. El amor no es una palabra ni lo es una creencia o algo que uno pueda poseer y de lo que pueda decir: «es mío». Sin amor y belleza eso que usted llama Dios no tiene ningún valor.

   … Señor, este es un viejo problema. Creemos necesitar un gurú, un maestro que despierte nuestras mentes, pero ¿qué está implicado en todo eso? Implica uno que sabe y el otro que no sabe. Procedamos despacio, no en una forma prejuzgada. El que sabe se convierte en la autoridad y el que no sabe llega a ser el discípulo, y el discípulo está perpetuamente siguiendo, esperando alcanzar al otro, ponerse al nivel del maestro. Por favor, seguid esto. Cuando el gurú dice que sabe, deja de ser el gurú; el hombre que dice que sabe, no sabe. Os ruego veáis por qué. Puesto que la verdad, la realidad, o aquello ‘otro’ no tiene punto fijo, es evidente que a ello no podemos acercarnos por ningún sendero, sino que ha de ser descubierto de instante en instante. Si tiene un punto fijo, entonces ese punto está dentro de los límites del tiempo. Hacia un punto fijo puede haber un sendero como lo hay a vuestra casa, mas para una cosa que es viviente, que no tiene morada, que no tiene principio ni fin, no puede haber ningún sendero.

   … Por verdad me refiero a la verdad del vivir diario, del hablar cotidiano, la verdad o la falsedad de lo que pensamos, de lo que sentimos; me refiero a descubrir la verdad de los motivos, de las actividades diarias, y desvelar al instante nuestros sentimientos y la verdad que se esconde debajo de ellos. De esa verdad es de la que estoy hablando y no de la verdad suprema, porque no es posible llegar a ese principio extraordinario, a lo realmente inconmensurable sin comprender la verdad de la vida cotidiana, que es la actividad diaria, el pensamiento diario. Uno tiene que percibir la verdad al instante, no tener ideas sobre la verdad, y ver la verdad en un instante es actuar de inmediato. Si vemos una serpiente actuamos al instante, no viene primero la idea y después la acción; hay un peligro y la respuesta total a ese peligro es inmediata, no interviene ese intervalo de tiempo que es la idea. La respuesta es instantánea y esa respuesta instantánea es la verdadera acción.

   … Si la mente ve el hecho sin interpretarlo, basándose en lo viejo, entonces hay percepción inmediata.”

    J. Krishnamurti