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EL ESPACIO Y EL SILENCIO SON NECESARIOS PARA IR MÁS ALLÁ DE LAS LIMITACIONES DE LA CONCIENCIA

   “… El espacio y el silencio son necesarios para ir más allá de las limitaciones de la conciencia, pero ¿cómo puede una mente aquietarse si está incesantemente activa con sus propios intereses?

   … Este silencio es espacio, pero nosotros vivimos en un espacio muy reducido, en un espacio que la mente ha creado con sus propias ideas. La mente es el resultado del condicionamiento de una sociedad y cultura concretas, vive en un espacio muy pequeño y todas sus luchas, sus relaciones y sus ansiedades están dentro de ese espacio tan limitado. Sin embargo, en el momento en que la mente a través de la observación sin esfuerzo, de forma natural y simple, se vuelve silenciosa, sale de ese pequeño espacio; en el momento en que la mente permanece en completo silencio ve que nada limita el espacio, que la realidad no crea el espacio, sino que hay espacio, un espacio sin fin. Cuando eso sucede una mente así es la verdadera mente religiosa y de esa mente surge la acción. 

   … La mente comienza a conocerse a sí misma con todas sus desviaciones, sus resistencias, creencias, búsquedas, ambiciones, temores, su impulso por realizarse. Al darse cuenta la mente de todo esto, ¿no puede, aunque sólo sea por un instante, estar totalmente silenciosa, conocer un silencio en el cual hay libertad? Y cuando existe esa libertad del silencio, ¿acaso la mente misma no es eterna? Para experimentar lo desconocido, la mente misma debe ser lo desconocido. La mente, hasta aquí, es el resultado de lo conocido. ¿Qué son ustedes sino la acumulación de lo conocido, de todos sus infortunios, sus vanidades, sus ambiciones, penas, realizaciones y frustraciones? Todo eso es lo conocido, lo conocido en tiempo y espacio; y mientras la mente esté funcionando dentro del campo del tiempo, de lo conocido, nunca puede ser lo desconocido, sólo puede continuar experimentando lo que ha conocido. Por favor, esto no es nada complicado ni misterioso. Estoy describiendo hechos obvios de nuestra existencia cotidiana. Cargada con lo conocido, la mente busca descubrir lo desconocido. ¿Cómo es posible? Todos hablamos de Dios, en todas las religiones, en todas las iglesias y los templos se usa esa palabra, pero siempre es la imagen de lo conocido. Solo los muy, muy pocos que dejan todas las iglesias, los templos, los libros, van más allá y descubren. 

   … Otra cosa muy necesaria es darse cuenta cuán condicionados estamos por la sociedad, por las innumerables experiencias que hemos tenido, lo que significa que debemos darnos cuenta por completo de toda nuestra conciencia, no sólo de ciertas partes de ella. Darse cuenta implica observación a través del espacio; es decir, teniendo espacio en vuestra mente para que podáis observar sin opinión, sin valoración, sin conclusión. La mayoría de nosotros no tenemos espacio en nuestras mentes, porque llegamos a todo lo que observamos con una conclusión, con una idea, con una opinión, con un juicio o valoración; condenamos, aprobamos o justificamos lo que vemos, o nos identificamos con ello, de modo que no hay espacio alguno en que observar.

   … Silencio y espacio van juntos. La inmensidad del silencio es la inmensidad de la mente en la que no existe un centro.

   … Sólo hay una posibilidad de amor cuando comprendamos la verdadera relación entre uno y otro, pero el amor se desconoce cuando tenemos imágenes. Por tanto, es importante que usted comprenda no intelectualmente, sino de hecho en la vida diaria, cómo ha creado sus imágenes de la esposa, el esposo, el vecino, el hijo, el país, los líderes, los políticos, los dioses, y usted sólo tiene imágenes. Estas imágenes crean el espacio entre usted y lo que observa, y en ese espacio hay conflicto, de modo que vamos ahora a examinar juntos si es posible librarnos de ese espacio que creamos, no sólo fuera, sino también dentro de nosotros mismos, el espacio que divide a las personas en todas las relaciones.

   … Cuando hay destrucción del tiempo como pensamiento, no hay movimiento en ninguna dirección ni hay espacio que recorrer, sólo existe la inmovilidad del vacío. Esto es la total destrucción del tiempo como ayer, hoy y mañana, como memoria de la continuidad, del devenir. Entonces el ser es intemporal, sólo existe el presente activo, pero ese presente no es del tiempo. Es atención sin las fronteras del pensamiento y sin las palabras, los símbolos no tienen en sí mismos significado alguno. La vida está siempre en el presente activo; el tiempo pertenece siempre al pasado y, por lo tanto, al futuro. Y la muerte con respecto al tiempo es vida en el presente. Es esta vida la que es inmortal, no la que está dentro de la conciencia. El tiempo es el pensamiento en la conciencia, y la conciencia está contenida en su estructura. Hay siempre miedo y dolor dentro de la malla del pensamiento y del sentimiento. El fin del dolor es el cese del tiempo.

   … ¿Puede la mente mantenerse vacía? Entonces existe esa energía. Usted ni siquiera tiene que pedirla. Cuando hay espacio la mente está vacía y, por tanto, llena de energía. Así, al limpiar la casa, al terminar con las cosas que contiene, con el sufrimiento, ¿puede la mente hallarse por completo vacía, sin ningún motivo, sin ningún deseo? Cuando uno está trabajando en esto, manteniendo la casa limpia, las otras cosas llegan naturalmente. No es usted quien está preparando el terreno para ello. Eso es la meditación.

   … Para tener orden, que es el florecer de la bondad y de la belleza, debe haber libertad, y no hay libertad si no hay espacio.”

    J. Krishnamurti



LO QUE TRAERÁ LA PAZ ES LA TRANSFORMACIÓN INTERNA QUE CONDUCIRÁ LA ACCIÓN EXTERNA

    “… Casi todos actúan de manera mecánica en un sistema, por eso es esencial que se enfrenten cara a cara con estos valores e impedimentos de los que son inconscientes. En esto radica el despertar de la verdadera inteligencia, lo único que puede dar origen a la plenitud de realización. Esta inteligencia, que es única, revelará lo eterno. Tal como el Sol asoma claro y radiante a través de las nubes oscuras, así a través de nuestro propio discernimiento, y en la pureza de nuestra propia acción, surge la realización de esa vida que es renovación eterna.

   ¿Cuál es el incentivo que hay tras la búsqueda de Dios? ¿Es real esa búsqueda? Para la mayoría de nosotros es una manera de escapar de la realidad. Por lo tanto, debe estar muy claro en nosotros si este ir en busca de Dios es un escape o si es una búsqueda de la verdad en todo, la verdad en nuestras relaciones, la verdad en el valor de las cosas, la verdad en las ideas. Si estamos buscando a Dios meramente porque nos sentimos cansados de este mundo y sus desdichas, entonces esa búsqueda es un escape. Entonces creamos a Dios, por consiguiente, eso no es Dios. El Dios de los templos, de los libros, no es Dios, obviamente es un escape maravilloso. Pero si tratamos de encontrar la verdad, no en una serie exclusiva de acciones sino en todas nuestras acciones, ideas y relaciones, si buscamos la correcta evaluación del alimento, la ropa y la vivienda que necesitamos, entonces debido a que nuestras mentes son capaces de tener claridad y comprensión, cuando busquemos la realidad la encontraremos. No será un escape.

   … Confiar en los demás es absolutamente vano, los demás no nos traerán la paz. Ningún dirigente, ni gobierno, ni ejército, ni patria, va a darnos la paz. Lo que traerá la paz es la transformación interna que conducirá la acción externa. La transformación interna no es aislamiento, no consiste en retirarse de la acción externa. Por el contrario, sólo puede haber acción verdadera cuando hay verdadero pensar, y no hay pensar verdadero cuando no hay el conocimiento propio. Si no os conocéis a vosotros mismos no hay paz.

   … Es porque nuestra mente está llena de tecnicismos y supersticiosas musitaciones que nuestra vida es tan vacía, y es por eso por lo que buscamos un objeto más allá de nosotros mismos. Para encontrar el objeto de la vida debemos pasar por la puerta de nosotros mismos, pero consciente o inconscientemente evitamos enfrentar las cosas como son en sí mismas, y de ese modo deseamos que Dios nos abra una puerta que está más allá. Esta pregunta sobre el objeto de la vida la formula tan sólo aquel que no ama, y el amor sólo puede hallarse en la acción, que es relación.

   … La palabra sánscrita karma significa acción. Usted puede actuar profunda y plenamente sólo cuando la mente y el corazón no se hallan limitados. Cuando hay temor, este engendra por fuerza ilusión, limitación. Esta limitación crea insuficiencia en la acción y causa sufrimiento. La mente busca escapar de este sufrimiento mediante alguna ilusión, una creencia o un ideal, lo cual sólo crea una limitación mayor en el actuar y, por ende, más dolor. En este círculo vicioso se halla atrapada la mente. Mientras la acción emane del temor, que se origina en el egoísmo, tiene que haber insuficiencia. Toda acción que nazca de una mente y un corazón cerrados debe crear conflicto y sufrimiento. Como nuestras mentes están llenas de numerosas frustraciones causadas por el temor, es necesario darse cuenta de esas limitaciones, y la mente debe liberarse con espontaneidad de ellas a través de la acción. Entonces la acción es completa, hay plenitud de realización.

   … La acción surgida del pensamiento integral, exento de identificación e interpretación, despertará la inteligencia creativa. Si son profundamente observadores comenzarán a ver lo que es verdadero, entonces despertarán la inteligencia, la cual se halla libre del conflicto continuo de la opción. La mera conducta conforme a una norma es imitativa, no creativa. La acción inteligente no es imitación. Solo la mente condicionada está ajustándose siempre a normas porque teme conocer ‘lo que es’. Si uno percibe lo real con absoluta claridad, tal como es, sin interpretación ni identificación, entonces en el instante mismo de la percepción está el amanecer de la nueva inteligencia. Solo esta inteligencia podrá resolver los problemas tremendamente complicados, conflictivos y dolorosos de la vida.

   … Poner primero una cosa o la otra, el bienestar individual o la acción colectiva, debe finalmente obstaculizar la realización plena del hombre. La verdadera realización origina tanto el bienestar de la totalidad como el del individuo. ¿Qué es eso que llamamos la masa? Son ustedes. No puede haber una genuina acción colectiva sin la comprensión individual. Un movimiento de masas semejante es en realidad el resultado de un claro pensar y actuar por parte de cada individuo. Si cada uno de ustedes se limita a decir que debe haber una acción colectiva, entonces tal acción jamás tendrá lugar, porque estarán eludiendo la responsabilidad individual que les corresponde en la acción. Cuando un hombre depende de la acción de la masa, él mismo está, de hecho, temeroso de actuar.

   … Por eso es importante, como ya lo dije, que se comprenda el proceso, las modalidades de nuestro propio pensar. El conocimiento propio no puede adquirirse por intermedio de nadie, ni de ningún libro, ni de ninguna confesión, psicología o psicoanalista. Tiene que ser descubierto por vosotros mismos porque es nuestra vida, y sin ampliar y ahondar ese conocimiento del “yo”, hagáis lo que hagáis, así alteréis cualesquiera de las circunstancias e influencias externas o internas, ello será siempre una fuente de desesperación, de pena y de dolor. Para ir más allá de las actividades en que la mente se encierra a sí misma tenéis que comprenderlas, y el comprenderlas significa darse cuenta de la acción en la vida de relación, relación con las cosas, con las personas y con las ideas. En esa vida de relación, que es el espejo, empezamos a vernos a nosotros mismos sin condenación ni justificación, y partiendo de ese conocimiento más amplio y profundo de las modalidades de nuestra mente, es posible proseguir adelante. Entonces es posible que la mente esté quieta y reciba aquello que es lo real.”

    J. Krishnamurti


 

¿SENTIMOS LA TOTALIDAD DEL GÉNERO HUMANO?

  “… Hay que descubrir un modo de observar que nos permita ver todas las cosas que están ocurriendo dentro y fuera de nosotros, como un proceso unitario, como un movimiento total. O se mira el mundo desde un punto de vista particular, adoptando una postura verbal o ideológica, comprometiéndose con una acción particular, aislándose por tanto de todo lo demás, o bien se mira todo este fenómeno como un proceso vivo y en movimiento, un movimiento total del cual uno es parte y no está separado.

   Somos el resultado de la cultura, de la religión, de la educación, la propaganda, el clima, el alimento. Lo que somos, eso es el mundo. ¿Podemos ver la totalidad de esto, no lo que habría que hacerse al respecto? ¿Sentimos la totalidad del género humano? No es cuestión de identificarnos con el mundo, puesto que somos el mundo. La guerra es el resultado de lo que cada uno es. La violencia, el prejuicio, la brutalidad espantosa que hay en el mundo es parte de nosotros.

   A menudo uno se revela ante otros, pero ¿qué es lo que importa? ¿Importa que usted mismo se vea tal como es, o que se revele ante otro? He estado tratando de explicar que, si lo permitimos, toda relación actúa como un espejo en el cual podemos percibir claramente lo que está torcido y lo que está derecho. Ese espejo nos da el enfoque necesario para ver con exactitud, pero como lo expliqué, si estamos cegados por el prejuicio, las opiniones, las creencias, por intensa que sea la relación no podemos ver claramente, sin parcialidad; en tal caso, la relación humana no es un proceso de autorrevelación.

    Nuestra consideración fundamental es: ¿qué nos impide percibir con exactitud? No podemos percibir porque nuestras opiniones acerca de nosotros mismos, nuestros temores e ideales, nuestras creencias, esperanzas y tradiciones, todas estas cosas actúan como velos. Sin comprender las causas de estas perversiones tratamos de cambiar lo percibido o de aferrarnos a ello, y esto crea más resistencias y sufrimientos. Lo principal a tener en cuenta debería ser no el cambio o la aceptación de lo que percibimos, sino el estar atentos a las numerosas causas que dan origen a esta perversión. Algunos podrán decir que no tienen tiempo para estar atentos, que se hallan muy ocupados y demás, pero esto no es una cuestión de tiempo sino más bien de interés. Entonces, ese interés es el comienzo de la atención, sea lo que fuere en qué estén ocupados. Buscar resultados inmediatos es destruir la posibilidad de una comprensión completa.

   … Como sabéis, es una cosa extraordinaria descubrir por uno mismo lo que significa comprender algo inmediatamente, sin muchas palabras; ver un hecho como hecho, por completo, sin argumentación. Partiendo de ese acto de ver puede uno argumentar, discutir, entrar en detalles; pero primero tiene que tener esa asombrosa intensidad de ver, porque es el acto mismo de ver, ver sin pensamiento, que produce transformación. Esto puede parecer algo absurdo, mas no lo es. Miramos todo, escuchamos todo, como estáis escuchando ahora. Solo oís las palabras y estas producen ciertas reacciones, conscientes o inconscientes; y esas reacciones interpretan lo que oís. Ya sabéis de lo que está hablando el orador, porque lo habéis oído durante treinta años; o habéis leído mucho, no solo sobre lo que él dice, sino también sobre otras cosas. Desde ese trasfondo, las palabras hacen surgir una respuesta, y esta os impide escuchar, os impide ver.

   … El hecho real es que toda acción, todo sentimiento, todo pensamiento está amoldado, condicionado, influido. Por ejemplo: un buen hombre se le acerca y, con su retórica, sus gestos, su aspecto, citando esto y aquello, le influye. Queremos ser influenciados. Tenemos miedo de apartarnos de cualquier tipo de influencia, y de ver si podemos ir a lo profundo y descubrir si hay un estado de ser que no constituya el resultado de la influencia. ¿Por qué nos dejamos influir?

   En la política, como sabe usted, el trabajo de los políticos es el de influenciarnos; y todo libro, todo maestro, todo gurú, cuanto más poderoso y elocuente sea más nos gusta; nos impone su pensamiento, su modo de vida, su forma de conducta. Así que la vida es una batalla de ideas, una batalla de influencias, y su mente es el campo en el que se da esa batalla. Los políticos quieren su mente, el gurú también la quiere, el santo le dice: «haz esto y no hagas aquello», y también él quiere conseguir su mente; y toda tradición, toda forma de hábito o de costumbre, influencia, modela, guía y controla su mente. Creo que eso es muy evidente y sería absurdo negarlo. Los hechos están ahí.

   … Por tanto, ‘claridad’ es ver las cosas tal como son dentro de uno mismo, porque uno forma parte del mundo, uno es el movimiento del mundo, uno se expresa en la actividad externa dependiendo de su propia actividad interna, es como el flujo y reflujo de la marea. El mero concentrarse u observarse uno mismo separándose del mundo conduce al aislamiento y a toda clase de rarezas, neurosis, temor a la soledad, etc. Pero si uno observa y sigue el movimiento del mundo fluye con él, igual que si viniera de su propio interior, entonces no hay división entre uno y el mundo; uno no es un individuo separado de la colectividad.

   … Debemos tener esa capacidad de observar, que a la vez es investigar, explorar, y observar, escuchar y darse cuenta. Estoy utilizando la palabra ‘observar’ en ese sentido. El mismo acto de observar es el acto de investigar, y uno no puede investigar si no es libre. Por consiguiente, para investigar, para observar, debe haber claridad; investigar profundamente en uno mismo debe hacerse como si fuera la primera vez. En otras palabras, la investigación nunca puede buscar un resultado, nunca puede escalar posiciones, nunca puede decir: «ahora ya sé»; no hay posiciones que escalar. No obstante, si uno ha estado escalando debe bajar inmediatamente para que la mente tenga realmente la sensibilidad para observar, mirar y escuchar.” 

        J. Krishnamurti