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PRIMERO DIVIDIMOS LA VIDA EN LO EXTERNO Y LO INTERNO Y LUEGO TRATAMOS DE INTEGRARLOS

   “… Si dejo a un lado lo interno e intensifico lo tecnológico, cualquier cosa que haga será desequilibrada. Así es que debo encontrar la manera, debo descubrir un movimiento que abarque los dos campos. Hasta ahora los hemos separado, y al separarlos hemos puesto énfasis en uno olvidando el otro. Lo que ahora intentamos hacer es unirlos, y si la educación es como debe ser, el estudiante no los enfocará como si fueran dos campos separados, sino que tendrá la capacidad de moverse en ambos como lo que son: un movimiento único. ¿Estamos de acuerdo? Al capacitarse excelentemente en lo técnico, también se convertirá en un valioso ser humano. ¿Les transmite algo todo eso, o no?

   Un río no es siempre el mismo, varían sus riberas y el agua puede ser utilizada industrialmente o para otros propósitos, pero siempre es agua. Por tanto, ¿por qué hemos separado el mundo tecnológico del otro mundo? Hemos dicho: «Si pudiéramos lograr un mundo tecnológico perfecto tendríamos alimento, ropa y techo para todos, de modo que vamos a interesarnos por lo tecnológico». Y por otro lado están aquellos que sólo se interesan por el mundo interno, que sólo ponen énfasis en el llamado mundo interior, y se aíslan cada vez más, se vuelven cada vez más egocéntricos, más evasivos, persiguiendo sus propias creencias, dogmas y visiones. Por tanto, existe esta tremenda división y lo que estamos diciendo es que, de algún modo, debemos unir ambos mundos. Primero dividimos la vida en lo externo y lo interno y luego tratamos de integrarlos; a mi entender, este camino crea aún más conflicto. Mientras que si pudiéramos encontrar una sola unidad, un solo movimiento, un enfoque que no divida, funcionaríamos por igual en ambos mundos, el interno y el externo.

   … Ante todo, comprendamos esto. Ahora basa usted sus ideas en el amoldamiento. Piensa que hay un patrón, un camino mediante el cual puede encontrar la verdad; pero si examina esto, descubrirá que no hay sendero que conduzca a la verdad. Para poder ser conducido a la verdad, usted debe saber qué es la verdad, y el líder que lo conduce también debe saberlo. ¿No es así? Yo digo que un hombre que enseña la verdad puede ser que la tenga, pero si ofrece conducirlo hacia la verdad y usted es conducido, entonces ambos están en una ilusión. ¿Cómo puede uno conocer la verdad si todavía está preso en la ilusión? Si la verdad está ahí se expresa a sí misma. Un gran poeta tiene el deseo, la llama del escribir creativo y escribe. Si usted tiene ese deseo aprende la técnica. Yo siento que nadie puede conducir a otro hacia la verdad, porque la verdad es infinita, es una tierra sin senderos, y nadie puede decirle a usted cómo encontrarla. Nadie puede enseñarle a ser un artista; otro sólo puede darle los pinceles y la tela y mostrarle los colores que hay que usar. Nadie me enseñó, se lo aseguro, ni he aprendido de los libros lo que digo. Pero he observado, me he abierto paso y he tratado de descubrir. Sólo cuando usted está absolutamente desnudo, libre de todas las técnicas, libre de todos los maestros, puede descubrir.

   … A mi entender, el pasado es una carga, siendo el pasado nada más que vacíos en la comprensión; y si usted basa realmente su acción en el pasado, en la así llamada intuición, esa acción le hará errar el camino. Mientras que si hay una acción espontánea en el siempre móvil presente, en esa acción hay inteligencia y esa inteligencia es intuición. A la mayoría de las personas le gusta separar la intuición de la inteligencia, porque la intuición da a la gente cierta seguridad y esperanza. Muchos dicen que actúan ‘por intuición’, o sea, que actúan sin razonar, sin una reflexión profunda. Muchas personas aceptan una teoría, una idea, porque sostienen que su ‘intuición’ les dice que es verdadera. No hay raciocinio tras ello, meramente aceptan esa teoría o idea porque les provee alguna solución, alguna modalidad. La razón no está realmente funcionando, sino que son sólo sus propias esperanzas, sus propios anhelos los que gobiernan sus mentes. Mientras que la inteligencia es independiente del medio y, por lo tanto, tras ella está la razón, la reflexión profunda.

   … Mirad lo que ocurre. Más y más gobiernos están tomando a su cargo la educación, lo cual significa que quieren producir seres humanos eficientes, ya sea como técnicos o para la guerra; y por eso hay que ‘regimentar’ a los niños, hay que enseñarles, no a pensar, sino qué han de pensar.

   Se les enseña a vivir de propaganda, de ‘slogans’. Como los que están en el poder no desean ser molestados y quieren mantenerse en el poder, ha llegado a ser función de gobierno la de conservar el statu quo con pequeñas alteraciones acá y allá. Tomando en cuenta pues, todo estos factores, tenéis que averiguar cuál es el significado de la existencia, por qué vivís, por qué engendráis hijos; y debéis descubrir cómo crear un nuevo medio ambiente, porque lo que el ambiente es, eso es vuestro hijo.

    Él os escucha hablar y repite lo que sus mayores piensan y hacen. Tenéis pues, que crear un ambiente propicio, no sólo en el hogar sino fuera de él, o sea en la sociedad; y tenéis que crear un nuevo tipo de gobierno que sea radicalmente diferente, que no se base en el nacionalismo, en el Estado soberano con sus ejércitos y sus métodos eficaces de asesinar a la gente. Ello implica ver vuestra responsabilidad en la convivencia, y esa responsabilidad en la convivencia sólo la veis realmente cuando amáis a alguien. Cuando vuestro corazón es pleno halláis el camino. Esto es urgente, debe ser inminente; no podéis aguardar que los expertos vengan a deciros cómo hay que educar a vuestro hijo.

    Sólo vosotros, los que amáis, hallaréis el camino; pues son vacuos los corazones que algo esperan de los expertos”. 

    J. Krishnamurti



EXISTE UNA REALIDAD ETERNA QUE PUEDE SER DESCUBIERTA SÓLO CUANDO LA MENTE ESTÁ LIBRE DE TODA ILUSIÓN

   “… Cada uno ha de preguntarse qué es lo que está buscando, o si sólo está siendo empujado por las circunstancias y las condiciones y, por lo tanto, si es irresponsable, irreflexivo. Aquellos de ustedes que de verdad están descontentos, que son críticos, deben haberse preguntado qué es lo que cada individuo está buscando. ¿Están ustedes buscando consuelo, seguridad, o buscan la comprensión de la vida? Muchos dirán que están buscando la verdad, pero si analizaran lo que anhelan, lo que buscan, verían que en realidad están buscando consuelo, seguridad, una manera de escapar del conflicto y el sufrimiento.

   Ahora bien, si están buscando consuelo, seguridad, esa búsqueda debe basarse en la adquisición y, por lo tanto, en la explotación y en la crueldad. Si dicen que buscan la verdad quedarán prisioneros de una ilusión, porque la verdad no puede ser perseguida, buscada, debe acaecer. O sea, el éxtasis de la verdad puede conocerse, solo cuando la mente está por completo despojada de todas las ilusiones que ha creado buscando su propia seguridad y su consuelo. Sólo entonces puede asomarse aquello que es la verdad.

   Para expresarlo de una manera diferente, tenemos que preguntarnos en qué se basan nuestra vida, nuestro pensamiento y nuestra acción. Si podemos responder a esto completamente, con verdad, entonces podremos descubrir por nosotros mismos quién es el creador de las ilusiones, de estas supuestas realidades que han llegado a convertirnos en sus prisioneros.

    Si reflexionan realmente sobre ello, verán que toda la vida de ustedes se basa en la persecución de la seguridad individual y el consuelo. Esta búsqueda de seguridad da origen, naturalmente, al temor. Cuando buscamos consuelo, cuando la mente trata de evadir la lucha, el conflicto, el dolor, tiene que crear diversas vías de escape, y estas vías de escape se convierten en nuestras ilusiones. De esa manera el temor, resultado de la búsqueda de seguridad, es el

engendrador de las ilusiones. Esto nos empuja de una secta religiosa a otra, de una filosofía a otra, de un maestro religioso a otro, siempre en busca de esa seguridad, de ese consuelo. A esto lo llaman ustedes la búsqueda de la verdad, de la felicidad.

   Y bien, no hay seguridad, no hay consuelo; sólo existe la claridad del pensar, la cual da origen a la comprensión de la causa fundamental del sufrimiento. Esta comprensión es lo único que liberará al hombre. En esta liberación se encuentra la bienaventuranza del presente. Yo digo que existe una realidad eterna que puede ser descubierta sólo cuando la mente está libre de toda ilusión. Así que cuídense de la persona que les ofrece consuelo, porque en esto tiene que haber explotación; esa persona crea un señuelo en el que ustedes quedan atrapados como peces en una red.

   … El descontento es esforzarse por conseguir ‘más’, y el contento es el cese de esa lucha; pero no puedes llegar al contento sin comprender todo el proceso del ‘más’, y el por qué la mente lo demanda. Estamos luchando por conseguir algo y nunca nos hemos detenido a investigar si vale la pena luchar por lo que perseguimos. Nunca nos hemos preguntado si merece el esfuerzo, así que todavía no hemos descubierto que no lo merece ni hemos rechazado la opinión de nuestros padres, de la sociedad, de todos los Maestros y gurúes. Solo cuando hayamos comprendido todo el significado del ‘más’, dejaremos de pensar en términos de éxito y fracaso.

   Tenemos mucho miedo de fracasar, de cometer errores. Cometer un error se considera algo terrible porque seremos criticados por ello, alguien nos reñirá. Pero, después de todo, ¿por qué no habrías de cometer un error? ¿No están cometiendo errores todas las personas del mundo? ¿Y dejaría el mundo de estar en este horrible desorden si nunca cometieras un error?

   La imitación es una forma de robo, tú no eres nada, pero él es alguien, así que vas a obtener un poco de su gloria copiándole. Esta corrupción se extiende a toda la vida humana y muy pocos están libres de ella. De modo que lo importante es descubrir si la vacuidad interior puede llenarse alguna vez. Mientras la mente esté buscando llenarse estará siempre vacía. Cuando la mente ya no está preocupada por llenar su propia vacuidad, sólo entonces deja de existir ese vacío.

   … Cuando salimos de la escuela o de la universidad muchos de nosotros echamos a un lado los libros, y nos parece que ya hemos terminado con todo lo que sea aprendizaje, y hay otros que sienten el estímulo de continuar pensando con más amplitud, que se mantienen leyendo y captando lo que otras personas han dicho y se convierten en adictos al conocimiento. Mientras exista el culto por el conocimiento o por la técnica, como medio para llegar al triunfo y al poder, tiene que haber rivalidad despiadada, antagonismo y lucha incesante por el pan.

   … La educación convencional hace sumamente difícil el pensamiento independiente. La conformidad conduce a la mediocridad. Ser diferente del grupo o resistir el ambiente no es fácil, y a menudo es peligroso mientras rindamos culto al éxito. La urgencia de alcanzar éxito en la vida, que es la recompensa que esperamos por nuestro trabajo, ya sea en lo material o en la llamada esfera espiritual, la búsqueda de seguridad interna o externa, el deseo de conformidad; todo este proceso ahoga el descontento, pone fin a la espontaneidad y engendra el temor, y el temor obstruye la inteligente comprensión de la vida”.

    J. Krishnamurti






LA GUERRA ES EL PROBLEMA DE LA HUMANIDAD. ¿CÓMO VAMOS A TERMINAR CON LAS BARBARIDADES COLECTIVAS E INDIVIDUALES?

   “… Todos queremos llegar a ser algo, ser pacifista, ser un héroe de guerra, ser millonario, ser un hombre virtuoso, o lo que sea. El mismo deseo de llegar a ser implica conflicto y ese conflicto produce guerra. Sólo puede haber paz cuando no existe un deseo de llegar a ser algo, ese es el único estado verdadero, porque tan sólo en ese estado hay creación, hay realidad. Sin embargo, eso resulta algo muy extraño para toda la estructura de la sociedad, la cual es una proyección de uno mismo. Uno adora el éxito, Dios es éxito, es quien da los títulos, el doctorado, la posición y la autoridad. Dentro de uno está esa batalla constante, esa lucha por conseguir lo que se quiere; nunca hay un instante de paz, de paz en el corazón, porque siempre está presente el esfuerzo por llegar a ser algo, por progresar. Ahora bien, no se deje engañar por la palabra ‘progreso’; aunque las cosas mecánicas progresen, el pensamiento nunca puede progresar, a menos que sea dentro del ámbito de su propio devenir.

   … No sé si alguna vez habéis pensado en este problema de la adquisición de conocimientos, si el conocimiento nos ayuda fundamentalmente a amar, a estar libres de esas cualidades que producen conflicto en nosotros y con el prójimo, si el conocimiento jamás libera a la mente de la ambición. Porque, después de todo, la ambición es una de las cualidades que destruyen la vida de relación, que colocan al hombre contra el hombre. Y si quisiéramos vivir en paz unos con otros, la ambición debe, por cierto, terminar completamente no solo la ambición política, económica, social, sino también la ambición más sutil y perniciosa, la ambición espiritual, la de ser algo. ¿Será alguna vez posible que la mente esté libre de este proceso acumulativo del conocimiento, de este deseo de saber?

   … ¿Puede la mente dejar de ser? Ese es el problema. La mente tal como la conocemos tiene tras de sí la creencia, el deseo, el impulso de estar en seguridad, conocimiento y acumulación de fuerza. Y si con todo su poder y superioridad uno no puede pensar por sí mismo, no es posible que haya paz en el mundo. Podréis hablar acerca de la paz, podréis organizar partidos políticos, podréis gritar desde los techos de las casas, pero no podréis tener paz, porque en la mente está la base misma que crea contradicción que aísla y separa. Un hombre de paz, un hombre de fervor no puede aislarse y, sin embargo, hablar de fraternidad y paz. Ello resulta un simple juego, político o religioso, un sentido de logro y ambición. Un hombre que toma esto con verdadero fervor, que quiere descubrir, debe enfrentar el problema del conocimiento y la creencia; tiene que ir tras él, descubrir todo el proceso del deseo en acción, deseo de estar en seguridad, deseo de certeza. Una mente que quisiera hallarse en ese estado en que lo nuevo puede acontecer, sea ello la verdad, Dios o lo que os plazca debe, por cierto, dejar de adquirir, de acopiar; debe dejar de lado todo conocimiento. Una mente cargada de conocimientos no puede en modo alguno, por cierto, comprender aquello que es real, inconmensurable.

   … La guerra es el problema de la humanidad. ¿Cómo vamos a terminar con las barbaridades colectivas e individuales? Para despertar una acción de masas contra los horrores, las crueldades y los absurdos de la presente civilización, tiene que haber una comprensión individual.

   Empiece consigo mismo. Arranque de raíz los espantosamente crueles prejuicios y deseos, y conocerá un mundo feliz. Extirpe sus ambiciones personales y las sutiles explotaciones, la codicia y el ansia de poder. Entonces tendrá un mundo ordenado e inteligente. En tanto haya crueldad y violencia en el individuo, el odio colectivo, el patriotismo y la lucha deben continuar.

   Cuando comprenda su responsabilidad individual en la acción habrá una posibilidad de paz, amor y relación armoniosa con su prójimo. Así será posible terminar con el horror de la contienda, el horror de la matanza entre seres humanos. 

   … Debemos pagar el precio de la paz. Hay que pagarlo de forma voluntaria y con gusto, y el precio es la liberación del deseo, de la mala voluntad, de lo mundano y de la ignorancia, del prejuicio y del odio. Si este cambio fundamental se hiciera en nosotros, podríamos contribuir a que se generara un mundo sano y pacífico. Para tener paz debemos ser compasivos y precavidos.

   … Tratan de ser sinceros respecto de este nuevo opuesto, glorificándolo con los nombres de paz, humildad, servicio, como opuestos a la seguridad, al poder. Abandonan cierto grupo de ideas, de conceptos, y crean unos nuevos que se convierten en la seguridad que buscan. Y los protegen tan cuidadosamente como el rico guarda su tesoro, tanto por parte del grupo como del individuo. Por lo tanto, han cambiado, si a esto se le puede llamar cambio en absoluto, meramente de un grupo de ideas a otro con nombres diferentes, pero bajo la nueva envoltura son los mismos deseos, las mismas esperanzas de seguridad.

   … Aquellos de nosotros que seamos sinceros debemos regenerarnos, pero no puede haber regeneración, sino cuando nos separamos completamente de los valores que hemos creado con nuestros deseos agresivos de propia protección. El conocimiento de uno mismo es el principio de la libertad, y es solo cuando nos conocemos que podemos crear el orden y la paz.

   … Cuanto más os conocéis a vosotros mismos más claridad existe. El conocimiento propio no tiene fin, no alcanzáis una realización, no llegáis a una conclusión. Es un río sin fin. Y a medida que se lo estudia, que en él se ahonda de más en más, encuéntrase la paz. Sólo cuando la mente está tranquila mediante el conocimiento propio, no mediante una autodisciplina impuesta, sólo entonces, en esa quietud, en ese silencio, puede advenir la realidad. Es sólo entonces cuando puede existir la beatitud, cuando puede haber acción creadora”.

    J. Krishnamurti