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EXISTE UNA REALIDAD ETERNA QUE PUEDE SER DESCUBIERTA SÓLO CUANDO LA MENTE ESTÁ LIBRE DE TODA ILUSIÓN

   “… Cada uno ha de preguntarse qué es lo que está buscando, o si sólo está siendo empujado por las circunstancias y las condiciones y, por lo tanto, si es irresponsable, irreflexivo. Aquellos de ustedes que de verdad están descontentos, que son críticos, deben haberse preguntado qué es lo que cada individuo está buscando. ¿Están ustedes buscando consuelo, seguridad, o buscan la comprensión de la vida? Muchos dirán que están buscando la verdad, pero si analizaran lo que anhelan, lo que buscan, verían que en realidad están buscando consuelo, seguridad, una manera de escapar del conflicto y el sufrimiento.

   Ahora bien, si están buscando consuelo, seguridad, esa búsqueda debe basarse en la adquisición y, por lo tanto, en la explotación y en la crueldad. Si dicen que buscan la verdad quedarán prisioneros de una ilusión, porque la verdad no puede ser perseguida, buscada, debe acaecer. O sea, el éxtasis de la verdad puede conocerse, solo cuando la mente está por completo despojada de todas las ilusiones que ha creado buscando su propia seguridad y su consuelo. Sólo entonces puede asomarse aquello que es la verdad.

   Para expresarlo de una manera diferente, tenemos que preguntarnos en qué se basan nuestra vida, nuestro pensamiento y nuestra acción. Si podemos responder a esto completamente, con verdad, entonces podremos descubrir por nosotros mismos quién es el creador de las ilusiones, de estas supuestas realidades que han llegado a convertirnos en sus prisioneros.

    Si reflexionan realmente sobre ello, verán que toda la vida de ustedes se basa en la persecución de la seguridad individual y el consuelo. Esta búsqueda de seguridad da origen, naturalmente, al temor. Cuando buscamos consuelo, cuando la mente trata de evadir la lucha, el conflicto, el dolor, tiene que crear diversas vías de escape, y estas vías de escape se convierten en nuestras ilusiones. De esa manera el temor, resultado de la búsqueda de seguridad, es el

engendrador de las ilusiones. Esto nos empuja de una secta religiosa a otra, de una filosofía a otra, de un maestro religioso a otro, siempre en busca de esa seguridad, de ese consuelo. A esto lo llaman ustedes la búsqueda de la verdad, de la felicidad.

   Y bien, no hay seguridad, no hay consuelo; sólo existe la claridad del pensar, la cual da origen a la comprensión de la causa fundamental del sufrimiento. Esta comprensión es lo único que liberará al hombre. En esta liberación se encuentra la bienaventuranza del presente. Yo digo que existe una realidad eterna que puede ser descubierta sólo cuando la mente está libre de toda ilusión. Así que cuídense de la persona que les ofrece consuelo, porque en esto tiene que haber explotación; esa persona crea un señuelo en el que ustedes quedan atrapados como peces en una red.

   … El descontento es esforzarse por conseguir ‘más’, y el contento es el cese de esa lucha; pero no puedes llegar al contento sin comprender todo el proceso del ‘más’, y el por qué la mente lo demanda. Estamos luchando por conseguir algo y nunca nos hemos detenido a investigar si vale la pena luchar por lo que perseguimos. Nunca nos hemos preguntado si merece el esfuerzo, así que todavía no hemos descubierto que no lo merece ni hemos rechazado la opinión de nuestros padres, de la sociedad, de todos los Maestros y gurúes. Solo cuando hayamos comprendido todo el significado del ‘más’, dejaremos de pensar en términos de éxito y fracaso.

   Tenemos mucho miedo de fracasar, de cometer errores. Cometer un error se considera algo terrible porque seremos criticados por ello, alguien nos reñirá. Pero, después de todo, ¿por qué no habrías de cometer un error? ¿No están cometiendo errores todas las personas del mundo? ¿Y dejaría el mundo de estar en este horrible desorden si nunca cometieras un error?

   La imitación es una forma de robo, tú no eres nada, pero él es alguien, así que vas a obtener un poco de su gloria copiándole. Esta corrupción se extiende a toda la vida humana y muy pocos están libres de ella. De modo que lo importante es descubrir si la vacuidad interior puede llenarse alguna vez. Mientras la mente esté buscando llenarse estará siempre vacía. Cuando la mente ya no está preocupada por llenar su propia vacuidad, sólo entonces deja de existir ese vacío.

   … Cuando salimos de la escuela o de la universidad muchos de nosotros echamos a un lado los libros, y nos parece que ya hemos terminado con todo lo que sea aprendizaje, y hay otros que sienten el estímulo de continuar pensando con más amplitud, que se mantienen leyendo y captando lo que otras personas han dicho y se convierten en adictos al conocimiento. Mientras exista el culto por el conocimiento o por la técnica, como medio para llegar al triunfo y al poder, tiene que haber rivalidad despiadada, antagonismo y lucha incesante por el pan.

   … La educación convencional hace sumamente difícil el pensamiento independiente. La conformidad conduce a la mediocridad. Ser diferente del grupo o resistir el ambiente no es fácil, y a menudo es peligroso mientras rindamos culto al éxito. La urgencia de alcanzar éxito en la vida, que es la recompensa que esperamos por nuestro trabajo, ya sea en lo material o en la llamada esfera espiritual, la búsqueda de seguridad interna o externa, el deseo de conformidad; todo este proceso ahoga el descontento, pone fin a la espontaneidad y engendra el temor, y el temor obstruye la inteligente comprensión de la vida”.

    J. Krishnamurti






LA GUERRA ES EL PROBLEMA DE LA HUMANIDAD. ¿CÓMO VAMOS A TERMINAR CON LAS BARBARIDADES COLECTIVAS E INDIVIDUALES?

   “… Todos queremos llegar a ser algo, ser pacifista, ser un héroe de guerra, ser millonario, ser un hombre virtuoso, o lo que sea. El mismo deseo de llegar a ser implica conflicto y ese conflicto produce guerra. Sólo puede haber paz cuando no existe un deseo de llegar a ser algo, ese es el único estado verdadero, porque tan sólo en ese estado hay creación, hay realidad. Sin embargo, eso resulta algo muy extraño para toda la estructura de la sociedad, la cual es una proyección de uno mismo. Uno adora el éxito, Dios es éxito, es quien da los títulos, el doctorado, la posición y la autoridad. Dentro de uno está esa batalla constante, esa lucha por conseguir lo que se quiere; nunca hay un instante de paz, de paz en el corazón, porque siempre está presente el esfuerzo por llegar a ser algo, por progresar. Ahora bien, no se deje engañar por la palabra ‘progreso’; aunque las cosas mecánicas progresen, el pensamiento nunca puede progresar, a menos que sea dentro del ámbito de su propio devenir.

   … No sé si alguna vez habéis pensado en este problema de la adquisición de conocimientos, si el conocimiento nos ayuda fundamentalmente a amar, a estar libres de esas cualidades que producen conflicto en nosotros y con el prójimo, si el conocimiento jamás libera a la mente de la ambición. Porque, después de todo, la ambición es una de las cualidades que destruyen la vida de relación, que colocan al hombre contra el hombre. Y si quisiéramos vivir en paz unos con otros, la ambición debe, por cierto, terminar completamente no solo la ambición política, económica, social, sino también la ambición más sutil y perniciosa, la ambición espiritual, la de ser algo. ¿Será alguna vez posible que la mente esté libre de este proceso acumulativo del conocimiento, de este deseo de saber?

   … ¿Puede la mente dejar de ser? Ese es el problema. La mente tal como la conocemos tiene tras de sí la creencia, el deseo, el impulso de estar en seguridad, conocimiento y acumulación de fuerza. Y si con todo su poder y superioridad uno no puede pensar por sí mismo, no es posible que haya paz en el mundo. Podréis hablar acerca de la paz, podréis organizar partidos políticos, podréis gritar desde los techos de las casas, pero no podréis tener paz, porque en la mente está la base misma que crea contradicción que aísla y separa. Un hombre de paz, un hombre de fervor no puede aislarse y, sin embargo, hablar de fraternidad y paz. Ello resulta un simple juego, político o religioso, un sentido de logro y ambición. Un hombre que toma esto con verdadero fervor, que quiere descubrir, debe enfrentar el problema del conocimiento y la creencia; tiene que ir tras él, descubrir todo el proceso del deseo en acción, deseo de estar en seguridad, deseo de certeza. Una mente que quisiera hallarse en ese estado en que lo nuevo puede acontecer, sea ello la verdad, Dios o lo que os plazca debe, por cierto, dejar de adquirir, de acopiar; debe dejar de lado todo conocimiento. Una mente cargada de conocimientos no puede en modo alguno, por cierto, comprender aquello que es real, inconmensurable.

   … La guerra es el problema de la humanidad. ¿Cómo vamos a terminar con las barbaridades colectivas e individuales? Para despertar una acción de masas contra los horrores, las crueldades y los absurdos de la presente civilización, tiene que haber una comprensión individual.

   Empiece consigo mismo. Arranque de raíz los espantosamente crueles prejuicios y deseos, y conocerá un mundo feliz. Extirpe sus ambiciones personales y las sutiles explotaciones, la codicia y el ansia de poder. Entonces tendrá un mundo ordenado e inteligente. En tanto haya crueldad y violencia en el individuo, el odio colectivo, el patriotismo y la lucha deben continuar.

   Cuando comprenda su responsabilidad individual en la acción habrá una posibilidad de paz, amor y relación armoniosa con su prójimo. Así será posible terminar con el horror de la contienda, el horror de la matanza entre seres humanos. 

   … Debemos pagar el precio de la paz. Hay que pagarlo de forma voluntaria y con gusto, y el precio es la liberación del deseo, de la mala voluntad, de lo mundano y de la ignorancia, del prejuicio y del odio. Si este cambio fundamental se hiciera en nosotros, podríamos contribuir a que se generara un mundo sano y pacífico. Para tener paz debemos ser compasivos y precavidos.

   … Tratan de ser sinceros respecto de este nuevo opuesto, glorificándolo con los nombres de paz, humildad, servicio, como opuestos a la seguridad, al poder. Abandonan cierto grupo de ideas, de conceptos, y crean unos nuevos que se convierten en la seguridad que buscan. Y los protegen tan cuidadosamente como el rico guarda su tesoro, tanto por parte del grupo como del individuo. Por lo tanto, han cambiado, si a esto se le puede llamar cambio en absoluto, meramente de un grupo de ideas a otro con nombres diferentes, pero bajo la nueva envoltura son los mismos deseos, las mismas esperanzas de seguridad.

   … Aquellos de nosotros que seamos sinceros debemos regenerarnos, pero no puede haber regeneración, sino cuando nos separamos completamente de los valores que hemos creado con nuestros deseos agresivos de propia protección. El conocimiento de uno mismo es el principio de la libertad, y es solo cuando nos conocemos que podemos crear el orden y la paz.

   … Cuanto más os conocéis a vosotros mismos más claridad existe. El conocimiento propio no tiene fin, no alcanzáis una realización, no llegáis a una conclusión. Es un río sin fin. Y a medida que se lo estudia, que en él se ahonda de más en más, encuéntrase la paz. Sólo cuando la mente está tranquila mediante el conocimiento propio, no mediante una autodisciplina impuesta, sólo entonces, en esa quietud, en ese silencio, puede advenir la realidad. Es sólo entonces cuando puede existir la beatitud, cuando puede haber acción creadora”.

    J. Krishnamurti 



¿PERO SERÁ POSIBLE UNIR A LAS PERSONAS DE UN MODO INTELIGENTE POR MEDIO DEL AFECTO?

   “… Para lograr una acción colectiva recurrimos a la fuerza o al autoritarismo, o a una forma de temor, amenaza o recompensa, con lo cual estamos todos familiarizados. El Estado, o un grupo de individuos, establece cierto propósito y entonces compele, coacciona o persuade a los demás para que cooperen, dándoles recompensas o castigos, todas las diversas formas de lograr la acción coordinada que conocemos. Y el interlocutor quiere saber si el énfasis en el individuo, implícito en la pregunta, impide la acción coordinada. Ello significa si hay un propósito común con el cual todos estamos de acuerdo, no debemos someternos a él, ¿dejando de lado nuestra propia voluntad?

   ¿Cómo es posible la cooperación? Eso es realmente lo esencial del asunto, ¿no es así? La cooperación, la acción coordinada, son obra del miedo o de la inteligencia y el amor. Cuando tal o cual nación está en guerra hay cooperación basada en el miedo y, al parecer, el miedo, el odio, los celos, unen a los hombres con más rapidez que la inteligencia y el amor. Los estadistas y políticos perspicaces se dan cuenta de ello y lo instigan, lo cual, asimismo, nos resulta familiar. ¿Pero será posible unir a las personas de un modo inteligente por medio del afecto? Ese es realmente el problema, ¿no es así? En efecto, vemos cada vez más que la gente se une por obra del odio, del miedo, de la coacción, movimientos de masa, uso de medios psicológicos para persuadir, propaganda y todo lo demás. Y si ese es el camino, entonces resulta vano todo lo que estamos discutiendo. Pero si no cooperáis, si no os unís por medio de la codicia, ¿hay alguna otra manera de hacerlo? Y si existe un medio, ¿no debéis subordinar la voluntad del individuo a un propósito más elevado?

   Digamos, por ejemplo, todos estamos de acuerdo en que debe haber paz en el mundo. ¿Y cómo es posible esa paz? La paz solo es posible cuando no hay egoísmo, por cierto, cuando el ‘yo’ no es importante. Como soy pacífico en mí mismo, mis actos serán pacíficos, no seré por lo tanto antisocial. Y alejaré de mí todo lo que contribuya al antagonismo. Por consiguiente, tengo que pagar el precio de la paz, ¿no es así? Pero la paz debe originarse en mí mismo. Y cuanto mayor sea el número de nosotros que tenga esa actitud, mayor será, por cierto, la posibilidad de paz en el mundo, lo cual no significa subordinación de la voluntad individual al todo, a un propósito, a un plan, a una utopía. Veo, en efecto, que no puede haber paz mientras yo no sea pacífico. Ello significa, nada de nacionalismo, nada de clase. Conocéis todas las cosas que implica el hecho de ser pacíficas, el cual significa ser completamente exento de egoísmo. Cuando eso exista, entonces cooperaremos. Entonces será inevitable que haya cooperación. Cuando hay coacción extraña para obligarme a cooperar con el Estado, con un grupo, puede que yo coopere, pero en mi fuero íntimo estaré en lucha, no habrá alivio alguno. O puede que yo me valga de la utopía como medio de hallar plena satisfacción, lo cual es también expansión de uno mismo.

   … La verdad no es algo que pueda seguirse, tiene que ser descubierta. Ustedes no pueden encontrar la verdad por medio de ningún libro, de ninguna acumulación de experiencias. Como lo discutimos el otro día, cuando la experiencia se convierte en un recuerdo, ese recuerdo destruye la comprensión creadora. Cualquier sentimiento de malicia o envidia, por leve que sea, es también destructivo de esta comprensión creadora sin la cual no existe la felicidad. La felicidad no puede comprarse ni llega cuando uno la persigue, está ahí cuando no hay conflicto.

   Ahora bien, ¿no es muy importante, especialmente cuando todavía estamos en la escuela, comenzar a comprender la significación de las palabras? La palabra, el símbolo, se ha vuelto para todos nosotros una cosa extraordinariamente destructiva y no nos percatamos de esto. ¿Saben qué entiendo por símbolo? El símbolo es la sombra de la verdad. El disco fonográfico, por ejemplo, no es la voz real, pero la voz ha sido registrada en el disco y eso es lo que escuchamos. La palabra, el símbolo, la imagen, la idea no es la verdad, pero adoramos la imagen, veneramos el símbolo, asignamos una gran significación a la palabra, y todo esto es muy destructivo, porque entonces la palabra, el símbolo, la imagen se vuelve sumamente importante. Así es como los templos, las iglesias y las distintas religiones organizadas con sus símbolos, creencias y dogmas se convierten en factores que impiden a la mente ir más allá y descubrir la verdad. De modo que no queden presos en las palabras, en los símbolos, que automáticamente cultivan el hábito. El hábito es un factor extremadamente destructivo, porque cuando quieren pensar creativamente, el hábito se pone en medio”. 

    J. Krishnamurti