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" Descubriendo Juntos" Sábado 1 de Abril de 2017

  " LA ATENCIÓN EN NUESTRO DIARIO VIVIR"

El sábado 1 de Abril nos reuniremos de nuevo para investigar y descubrir juntos, a través del diálogo y la visualización de vídeos de K.

"Tenemos que comprender la diferencia cualitativa que existe entre la concentración y la atención. La mayoría de nosotros conoce la concentración " (...); "Concentrarse implica reunir toda nuestra energía para enfocarla en un punto determinado;pero el pensamiento se distrae, y así tenemos una perpetua batalla entre el deseo de concentrarnos, de poner toda nuestra energía en el acto de mirar una página, y la mente que divaga y que tratamos de controlar.
Mientras que en la atención no hay control, no hay concentración. Es una atención completa, lo cual quiere decir que uno pone toda su energía, sus nervios, la capacidad, el poder del cerebro, el corazón, todo, en el acto de atender"
                                                           "La llama de la atención" J. Krisnhamurti


El horario de la actividad será de 10h a 15h


Es necesario confirmar la asistencia, a través del correo electrónico ya que el aforo es limitado. Gracias.

¡ Os esperamos en el Centro!



Nuevo encuentro de " Descubriendo Juntos"

" DARSE CUENTA DE LO QUE ES SIN ELECCIÓN. EL OBSERVADOR Y LO OBSERVADO"

El sábado día 14 de Enero de 2017, nos volvemos a reunir para investigar con todo detalle esta temática tan interesante y crucial. Durante el encuentro visualizaremos vídeos de K. y dialogaremos juntos.

 " Descubrirse a sí mismo no tiene fin y requiere constante investigación, percepción total, darse cuenta sin elección alguna. En realidad, este viaje consiste en abrir una puerta al individuo en su relación con el mundo". 


Madrás, 7.ª charla pública, 13 de diciembre de 1959 Obras completas, tomo XI.
 K. Krishnamurti

El horario de la actividad será de 11h a 14h y de 16h a 19h.

Rogamos que las personas que vengan lo hagan durante toda la jornada, o si no pueden, que asistan de 11 a 14h, o de 16 a 19h para no interrumpir el proceso de investigación.


Es necesario confirmar la asistencia, a través del correo electrónico ya que el aforo es limitado. Gracias.

¡ Os esperamos en el Centro!






Comentario de un asistente al grupo de diálogo " Dialogando juntos"


Este texto es una forma de agradecimiento por poder compartir con otros, en el diálogo, todo lo que en él se muestra.

¿Qué pasa…?
Si unas personas se reúnen a conversar de la vida.
Si, en ese conversar no hay necesidad de demostrar a nadie ni a si mismo nada, no hay que defender ninguna idea, creencia, postura, conclusión.
Si no hay necesidad de convencer a nadie de nada.
Si no queremos vender nada a nadie.
Si estamos un poco más libres de tener que desempeñar un papel, un personaje, una identidad, una apariencia, un estatus.
Si dejamos un poco de comparar y compararnos, de medirnos y medir a los demás.
Si nos fijamos juntos en la vida, si le prestamos atención a los contenidos de la vida, a eso que sucede mientras estamos vivos.

¿Qué ocurre si miramos lo que no solemos mirar?

Si lo cuestionamos juntos, más que decir como es o como tiene que ser.
Si no hay ninguna autoridad de ningún tipo en nosotros, ni entre nosotros.
Si somos seres humanos que hablan de igual a igual.
Si no hay guion, método, sistema, finalidad, objetivo, beneficio que buscar en el diálogo.
Si no hay ideología, creencia, religión, organización, ciencia, teoría, filosofía, o disciplina que sean la autoridad.

Si el conocimiento acumulado tampoco fuera la autoridad. Donde parece que la experiencia, lo que uno ha descubierto, lo que uno sabe es más un impedimento para ver juntos que una ayuda. Donde decir como son las cosas no permite descubrirlas con otros, cuestionarlas, preguntarlas.  El decirle a los demás como es la vida, como es la realidad, es impedir descubrirla, descubrir juntos. Es un monologo al cual estamos muy acostumbrados, que vemos a diario, es un cerrarse a la vida.

Si el dialogar nos permite ver, que de lo que se habla no solo son palabras e ideas, sí no que tiene que ver con nuestro diario vivir, de nuestro sentir en la vida, que no son meras diversiones intelectuales, evasiones ocurrentes, divertimentos mentales.

Si compartimos ese interés, esa atención, esa pasión.

¿Qué nace de todo esto?

Parece que ese pequeño espacio de libertad, sí lo permitimos en los diálogos.
Ese pequeño espacio de libertad se va metiendo sin querer en la vida diaria.

 Y esto cambia mucho las cosas.

El diálogo permite también ver que existe una capacidad que tenemos que no aprovechamos, en la cual no profundizamos y que es una invitación a ir más lejos del cómodo lugar en el cual nos encontramos.

José.









¿Por qué no aceptamos lo que es?

Tras oír hasta el aburrimiento neuronal lo de que ¿se puede observar sin el observador?... mi pequeño y humeante cerebro me devolvió una cuestión... y me dijo..: Oye cretino, como puedes pensar sin tu masa encefálica, ver sin tus ojos o agarrar algo sin manos.

Estas sesudas divagaciones más propias del humor corrosivo de los niños, me vienen al pelo para imaginarme una charla amistosa con Krishnamurti, y poner los puntos sobre las íes de divagaciones filosóficas que he oído en Gran Vía.

Sé que mi ironía puede rozar la falta de consideración a quien piensa de forma diferente a la mía... y pido sinceras disculpas. Ojalá mi acto de contrición resuene en algún corazón. Pero es que hablar con propiedad, mimando el léxico, me parece una forma de cortesía propia de todo intento de diálogo.

Dicho esto, mi mente está sinceramente agradecida del experimento afectivo de Diálogos en los lunes.

Aunque no siempre me reconforte escuchar lo oído, si me lo tomo como algo personal, reconozco que oír en templado silencio, es una buena experiencia. Cuando mis palabras hayan podido interpretarse como una forma de vanagloria intelectual, querría percibir del oyente mi más sincero deseo de jugar con los pensamientos, de forma lúdica e infantil. Al hablar desde la experiencia, solo trato de ser, sin más aspiraciones.

Abrazos de toda índole.

El ignorante sensato

El espíritu del diálogo

Interlocutor: Yo encuentro que un grupo que se reúne regularmente para discutir sus enseñanzas, tiende a volverse confuso y aburrido. ¿Es mejor pensar sobre estas cosas a solas o con otros?

Krishnamurti: ¿Qué es lo importante? ¿No es averiguar, descubrir por uno mismo las cosas respecto de uno mismo? Si eso constituye su necesidad urgente, inmediata, instintiva, entonces puede llevarlo a cabo con uno o con muchos, puede hacerlo solo o con dos o tres más. Pero cuando eso falta, los grupos se vuelven aburridos. Entonces las personas que llegan al grupo son dominadas por uno o dos de sus miembros, los que “lo saben todo”, los que están en contacto inmediato con la persona que ya ha dicho estas cosas. Así pues, hay uno que se vuelve la autoridad y, gradualmente, explota a los demás.
Conocemos todo este juego demasiado familiar. Pero las personas se someten a él porque les gusta reunirse, estar juntas. Les gusta hablar, ser portadoras del último chisme o de las últimas noticias. Y así es como la cosa pronto se deteriora. Uno comienza con una intención seria, y eso llega a convertirse en algo desagradable.
Pero si realmente, con insistencia, sentimos la necesidad de descubrir por nosotros mismos lo verdadero, entonces toda relación se torna importante. Pero personas así son la excepción. Porque no somos serios de verdad; por eso, a la larga hacemos de los grupos y de las organizaciones algo que debe ser evitado. Depende de usted, sin duda, ser verdaderamente serio como para descubrir estas cosas por sí mismo. Y este descubrimiento puede llegar en cualquier instante, no solamente en un grupo o cuando se encuentra a solas, sino cada vez que está atento y es sensible a las insinuaciones de su propio ser. Al observarse a sí mismo, la manera que habla durante la comida, o como habla con su vecino, con su subordinado, con su jefe, todas estas cosas, si usted está atento, indican sin duda el estado de su propio ser. Y ese descubrimiento es lo importante, porque ese descubrimiento es lo que nos libera.

“Sobre la verdad”, Jiddu Krishnamurti
Londres, 23 de abril de 1952

El espíritu del diálogo

Krishnaji dijo: "Hablemos del tiempo y del diálogo como dos personas religiosas. Religiosas en el sentido de estar libres de toda tradición, autoridad y sistema. En un diálogo así existe un preguntar y un responder; la respuesta genera una futura pregunta, y de ese modo la pregunta se mantiene en movimiento. En un diálogo como ese surge un estado de escuchar en el cual las dos personas desaparecen y sólo queda la pregunta."

J. Krishnamurti
Biografía
Hechos, relatos y vivencias de una profunda amistad
Pupul Jayakar
(página 577)

El diálogo y el pensamiento


Es importante que nos demos cuenta de que nuestras opiniones son el resultado del pensamiento pasado, de todas nuestras experiencias, de lo que otras personas han dicho o han dejado de decir. Y todo eso se halla inscrito en el programa de nuestra memoria. Podemos, pues, identificarnos con esas opiniones y reaccionar para defenderlas, aunque tal cosa carezca de sentido porque, si nuestra opinión es correcta, no necesitamos de tal reacción y ¿para qué habríamos de defenderla si estuviéramos equivocados? Sin embargo, cuando nos identificamos con nuestras creencias, no nos queda más remedio que defenderlas porque, en tal caso, experimentamos el ataque a nuestras creencias como una agresión personal. En tal caso, las opiniones tienden a ser experimentadas como «verdades», aunque sólo sean creencias sostenidas por usted y su entorno. Puede tratarse de creencias que nos ha transmitido un profesor, la familia, alguna lectura o lo que fuere pero, por una u otra razón, nos hemos identificado con ellas y nos sentimos en la obligación de defenderlas.

El verdadero objetivo del diálogo es el de penetrar en el proceso del pensamiento y transformar el proceso del pensamiento colectivo. Ciertamente, no hemos prestado mucha atención al pensamiento como proceso. Hemos participado del pensamiento y hemos prestado atención al contenido, pero no al proceso. ¿Y por qué deberíamos prestar atención al proceso del pensamiento? Porque, en realidad, todo requiere atención y hasta si manejamos una máquina sin prestarle la atención debida, terminaremos estropeándola. El pensamiento también es un proceso y, en consecuencia, exige toda nuestra atención, de otro modo terminaremos utilizándolo inadecuadamente. 

Veamos ahora algunos ejemplos de las dificultades del pensamiento. Una de ellas es la tendencia a la fragmentación. Todas las divisiones que hacemos se originan en el pensamiento, ya que el mundo, de hecho, es de una sola pieza. Somos nosotros quienes seleccionamos ciertas cosas, las separamos de otras y terminamos dando importancia a esa separación. Es nuestro pensamiento el que establece las fronteras entre las naciones y el que otorga una importancia suprema a esa separación. También es nuestro pensamiento el que divide a las religiones y el que establece las diferencias existentes en el seno de la familia. La estructura de la familia se debe a la forma en que pensamos sobre ella.

La fragmentación, una de las dificultades fundamentales del pensamiento, se asienta en una raíz más profunda porque, aunque creamos que no estamos haciendo nada en especial y que simplemente estamos describiendo las cosas como son, el hecho es que el proceso de nuestro pensamiento es muy activo. Casi todo lo que nos rodea, casi todo lo que podemos mencionar —los edificios, las fábricas, las granjas, los caminos, las escuelas, las naciones, la ciencia, la tecnología, la religión, etcétera— ha sido creado por el pensamiento. El problema ecológico que asola a nuestro mundo se debe al pensamiento, porque creemos que el mundo está aquí para explotarlo, creemos que es inagotable y que podemos hacer todo lo que queramos porque la contaminación terminará diluyéndose.

Cuando nos damos cuenta de la existencia de un «problema», la polución, el dióxido de carbono o lo que fuere, solemos decir: «Tenemos que resolver este problema». Pero el hecho es que la forma en que opera nuestro pensamiento está generando de continuo no sólo ese problema concreto sino todo tipo de problemas. Si creemos que el mundo está a nuestro servicio seguiremos explotándolo de una u otra manera y no haremos más que trasladar el problema a otra parte. Y, si no afrontamos adecuadamente las cosas, tal vez solucionemos el problema de la contaminación pero terminemos generando otro. La ingeniería genética, por ejemplo, puede solucionar determinados problemas, pero si la tecnología ordinaria genera tantos problemas, qué no ocurrirá si seguimos pensando del mismo modo con una tecnología tan sofisticada. Si no estamos suficientemente atentos, las personas terminarán recurriendo a la ingeniería genética para llevar a cabo cualquiera de sus más desbocadas fantasías. 

El hecho es que el pensamiento —aunque afirme que no ha estado activo— tiene sus efectos y que algunos de ellos son muy importantes y valiosos. El pensamiento, por ejemplo, dio lugar a las naciones y otorga un valor supremo al concepto de nación. Y lo mismo podríamos decir con respecto a la religión. Pero todo ello interfiere con la libertad de pensamiento porque el pensamiento de que la nación es lo más importante nos condicionará a seguir pensando del mismo modo. En tal caso, haremos todo lo posible para que todo el mundo piense lo mismo que nosotros sobre la nación, la religión, la familia o cualquier otra cosa a la que atribuyamos un valor supremo. Y además pondremos también todo nuestro empeño en defenderlo.

Pero no es posible defender algo sin pensar antes en la defensa y, para ello, tendremos que dejar de lado todos aquellos pensamientos que pongan en tela de juicio lo que tanto deseamos defender, lo cual puede conducir fácilmente al autoengaño, a eludir muchas cosas diciendo que son incorrectas, a distorsionar otras, etcétera. El pensamiento defiende con uñas y dientes sus creencias fundamentales ante cualquier evidencia de que pueda estar equivocado. 

Así pues, para hacer frente a esta situación, que se origina en el pensamiento, debemos prestar mucha atención al proceso del pensamiento. Normalmente, cuando tenemos un problema solemos decir: «Tengo que pensar en la forma de resolverlo», pero lo que yo estoy diciendo es que el pensamiento mismo es el problema. ¿Qué es, pues, lo que, en tal caso, deberíamos hacer? Convendría comenzar considerando la existencia de dos tipos de pensamiento, el pensamiento individual y el pensamiento colectivo. Es cierto que, individualmente, puedo pensar en varias cosas, pero la mayor parte de nuestro pensamiento procede de nuestro sustrato colectivo. El lenguaje es colectivo y también lo son la mayoría de nuestras creencias básicas (incluidas las creencias sobre el funcionamiento de nuestra sociedad, sobre la forma en que se supone que deben ser las personas, las relaciones, las instituciones, etcétera). Debemos, por tanto, prestar atención tanto al pensamiento individual como al pensamiento colectivo.

David Bohm

El espíritu del diálogo

¿Qué es la vida, después de todo? Es algo nuevo en cada instante, ¿verdad? Es algo que está siempre sufriendo un cambio, creando un nuevo sentir. El día de hoy nunca es igual al de ayer, y esa es la belleza de la vida. ¿Puedo yo, podéis vosotros, hacer frente a cualquier problema de un modo nuevo? ¿Podéis, cuando vais a vuestro hogar, encontraros con vuestra esposa y vuestro hijo de un modo nuevo, hacer frente al reto de un modo nuevo? No lo podréis si estáis cargados de los recuerdos de ayer. Por lo tanto, para comprender la verdad acerca de un problema, de una relación, debéis abordarla de un modo nuevo, no con “mente abierta”, pues eso carece de sentido. Debéis abordarla sin las cicatrices de los recuerdos de ayer, lo cual significa que, al surgir cada reto, os dais cuenta de todas las reacciones de ayer; y captando el residuo, los recuerdos de ayer, encontraréis que ellos se os desprenden sin lucha, y por lo tanto vuestra mente está fresca. ¿Puede uno, pues, darse cuenta de la verdad instantáneamente, sin preparación? Yo digo que sí, y no por alguna fantasía de mi parte, por alguna ilusión; haced con ello un experimento psicológico, y lo veréis. Tomad cualquier reto, cualquier pequeño incidente -no esperéis alguna gran crisis- y ved cómo reaccionáis ante él. Daos cuenta de ello, de vuestras respuestas, de vuestras intenciones, de vuestras actitudes, y las comprenderéis, comprenderéis el contenido de vuestra mente. Os aseguro que podéis hacerlo instantáneamente si dedicáis a ello toda vuestra atención. Es decir, si buscáis el pleno sentido de vuestro trasfondo, él rinde su significación; y entonces descubrís de un solo golpe la verdad, la comprensión del problema. La comprensión, por cierto, surge del “ahora”, del presente, que siempre es atemporal. Aunque pueda ser mañana, sigue siendo el “ahora”; y el no hacer más que diferir, que prepararos para recibir mañana lo que es, es impediros a vosotros mismos de comprender lo que es, ahora. Podéis, por cierto comprender al instante lo que es ahora, ¿verdad? Mas para comprender lo que es, tenéis que estar libres de perturbación, de distracción; tenéis que dedicar a ello vuestra mente y corazón. Ello tiene que ser vuestro único interés en ese momento, completamente. Entonces lo que es, os brinda su plena hondura, su pleno significado, y así os libráis del problema.

Krishnamurti
La Libertad Primera y Última

Una propuesta de diálogo (final)


Por último, quisiéramos indicar que no estamos proponiendo el diálogo como una panacea ni como un método o técnica diseñados para sustituir a todas las demás formas de interacción social. Desde luego no le resultará práctico a todo el mundo ni será de utilidad en todos los contextos. Hay muchas tareas que requieren un liderazgo firme y una estructura organizativa bien formada, al igual que hay otras que sólo requieren consenso y amistad.

Muchas de las ideas propuestas en este panfleto siguen siendo objeto de nuestra continuada exploración. No sugerimos que se tomen como algo fijo sino, al contrario, que se investiguen como parte de su propio diálogo. El espíritu del diálogo es de juego libre, una especie de danza colectiva de la mente que, no obstante, posee un poder inmenso. Una vez iniciado se convierte en una aventura continua que puede abrirle la puerta a un cambio significativo y creador.

David Bohm, Donald Factor, Peter Garrett
Una propuesta de diálogo

Diálogo en organizaciones establecidas


Hasta ahora hemos hablado principalmente del diálogo que reúne a individuos procedentes de multitud de orígenes distintos en vez de venir de organizaciones establecidas. Pero los miembros de una organización también pueden apreciar su valor como forma de incrementar y enriquecer su propia creatividad corporativa. 

En este caso el proceso del diálogo cambiará considerablemente. Los miembros de una organización establecida ya habrán desarrollado una variedad de formas de relacionarse entre sí y con la totalidad de su organización. Puede que haya una jerarquía preestablecida o una necesidad imperante de proteger al propio equipo o a la sección. Puede que haya miedo de expresar pensamientos que puedan parecer críticos de los cargos más altos de la organización o de las normas de la cultura organizativa. Las carreras o la aceptación social de los individuos miembros pueden sentirse amenazadas por la participación en un proceso que pone el acento en la transparencia, la apertura, la sinceridad, la espontaneidad y la clase de interés profundo en el prójimo que puede desvelar áreas de vulnerabilidad que acaso hayan permanecido ocultas durante mucho tiempo. 

Además, la mayoría de las organizaciones tienen propósitos y fines inherentes y predeterminados que raras veces se cuestionan. A primera vista esto parecería plantear inconsistencias relativas al juego libre y abierto del pensamiento que es tan intrínseco al proceso del diálogo. Sin embargo, esto se puede superar si desde un principio se les ayuda a los participantes a comprender que la consideración de tales temas es esencial para la salud de la organización, como también lo son cuestiones más personales. El potencial creativo del diálogo es lo suficientemente importante para que una suspensión provisional de todas las estructuras y relaciones que constituyen una organización se incluya de manera fructífera en la exploración. 

El diálogo probablemente tenga que comenzar con una exploración de todas las dudas y temores que la participación ciertamente suscitará. Los miembros de una organización establecida tendrán que empezar con una agenda bastante específica de la que, en un momento dado, se les puede animar a desviarse. Esto se diferencia del acercamiento adoptado con respecto a agrupaciones que se reúnen una sola vez o a las que se organizan ellas mismas y en las que los participantes son libres de empezar con cualquier tema. No obstante, y tal como hemos mencionado antes, no se debería excluir ningún contenido porque el impulso a excluir un tema es en sí materia fértil para una investigación. Por ejemplo, en un período de cambios circunstanciales, el diálogo podría demostrar que la capacidad de tolerar errores o de reconocer que una opinión divergente es una fuente potencial de creatividad, puede acabar siendo de gran valor en la investigación de cómo una organización puede hacerse más flexible y más capaz de adaptarse a su entorno específico. O un examen de los fines básicos de la organización puede conducir a esclarecimientos relativos a las actividades en curso y a posibles direcciones y propósitos nuevos.

David Bohm, Donald Factor, Peter Garrett
Una propuesta de diálogo

Cómo iniciar un diálogo


La suspensión de pensamientos, impulsos, juicios, etc., es uno de los aspectos nuevos y más importantes del diálogo y que se encuentra en su núcleo central. No es fácil captarlo porque la actividad es a la vez extraña y sutil. Tal suspensión comprende atención, escucha y observación y es esencial en la exploración. Hablar es necesario, por supuesto, pues de lo contrario habría muy poco que explorar en el diálogo. Pero el proceso activo de la exploración ocurre durante el acto de escuchar no sólo a los demás sino también de escucharse a sí mismo. La suspensión supone desplegar los propios impulsos, sentimientos y opiniones de tal manera que se puedan ver y sentir en el interior de la propia psique y también ser espejados por los demás en el grupo. No significa reprimir o suprimirlos, ni tan siquiera aplazarlos. Significa, sencillamente, prestarles una atención seria de modo que se puedan percibir sus estructuras mientras estén activas. 

Si un individuo es capaz de prestarle atención, pongamos por caso, a emociones fuertes que pudieran acompañar la expresión de un pensamiento específico, ya lo exprese él mismo o lo exprese otro, y de mantener dicha atención, la actividad del proceso de pensamiento se moverá con mayor lentitud. Esto puede permitirle a ese individuo empezar a ver el significado más profundo que subyace el proceso del pensamiento y a percibir la a menudo incoherente estructura de cualquier acción que, de lo contrario, podría ejecutarse de forma automática. De la misma manera, si un grupo es capaz de suspender tales sentimientos y de prestarles atención, entonces el flujo general que va del pensamiento al sentimiento a la actuación dentro del grupo también se puede hacer más lento y revelar su significado más profundo y sutil junto con cualesquiera de sus distorsiones implícitas, llevando de ese modo a lo que podría describirse como inteligencia despierta. 

Suspender el pensamiento, el impulso, el juicio, etc., requiere una atención seria a la totalidad del proceso que hemos estado examinando, tanto a solas como dentro del grupo. Esto implica lo que al principio parecería ser un trabajo de carácter arduo. Pero si este trabajo se mantiene, se desarrolla la capacidad de prestar dicha atención constantemente, de manera que requiere cada vez menos esfuerzo. 

Números: Un diálogo funciona óptimamente con entre veinte y cuarenta personas sentadas unas frente a otras en un solo círculo. Un grupo de este tamaño permite la aparición de diferentes subgrupos o subculturas que se pueden observar y que pueden revelar algunas de las formas en que el pensamiento funciona colectivamente. Esto es importante porque las diferencias entre tales subculturas a menudo son una de las causas no reconocidas del fracaso de la comunicación y del conflicto. Por otra parte, grupos más pequeños carecen de la diversidad requisita para revelar estas tendencias y en general pondrán el acento en roles y relaciones más acostumbrados, tanto personales como familiares. 

En unos cuantos grupos hemos contado con hasta sesenta participantes, pero con un grupo tan numeroso de personas el proceso se vuelve imposible de manejar. Se requieren dos grupos concéntricos para sentar a todo el mundo de forma que se puedan ver y escuchar los unos a los otros. Esto sitúa a los de la segunda fila en una posición de desventaja y un menor número de participantes tiene oportunidad de hablar. 

Podríamos mencionar que algunos participantes tienden a hablar mucho mientras que otros tienen dificultad para hablar en grupo. Vale la pena recordar, sin embargo, que la palabra ‘participación’ tiene dos sentidos: ‘participar en’ y ‘tomar parte en’. Escuchar es al menos tan importante como hablar. Y a menudo los participantes más callados acabarán interviniendo más conforme se familiarizan con la experiencia del diálogo, al igual que los individuos más dominantes tenderán a hablar menos y a escuchar más. 

Duración: Un diálogo necesita cierto tiempo para echar a andar. Es una forma poco común de compartir con otros y se requiere alguna clase de introducción en la que se comunique el significado de toda esta actividad. Pero incluso con una introducción clara, cuando el grupo empiece a conversar experimentará a menudo confusión, frustración y una preocupación autoconsciente respecto a si realmente está sosteniendo un diálogo o no. Sería muy optimista asumir que un diálogo comenzara a fluir o a avanzar hacia una gran profundidad durante la primera reunión. 

En la organización de diálogos es útil ponerse de acuerdo al inicio sobre la duración de la sesión y que alguien asuma la responsabilidad de marcar la hora al final. Hemos descubierto que  en torno a dos horas es óptimo. Sesiones más largas corren el riesgo de incurrir en un factor de fatiga que tiende a disminuir la calidad de la participación. Cuanto más regularmente se pueda reunir el grupo, más profundo y significativo será el territorio explorado. Se han empleado a menudo los fines de semana porque dan cabida a una serie de sesiones, pero si se espera que el diálogo continúe durante un período extenso de tiempo,  sugerimos que haya al menos una semana de intervalo entre cada una de las sesiones para dar tiempo a la reflexión individual y a una mayor ponderación. El tiempo que un grupo pueda dedicarle a la exploración no tiene límite. Pero su institucionalización sería algo contrario al espíritu del diálogo. 

Liderazgo: Un diálogo es esencialmente una conversación entre iguales. Cualquier autoridad controladora, no importa cuán cuidadosa o sensiblemente aplicada, tenderá a obstaculizar e inhibir la libertad de juego del pensamiento y los a menudo delicados y sutiles sentimientos que de otro modo serían compartidos. El diálogo es vulnerable y se presta a ser manipulado, pero esto no es compatible con su espíritu. La jerarquía tampoco tiene cabida en el diálogo. 

No obstante, en las fases iniciales se requiere cierta orientación para ayudar a los participantes a captar las diferencias sutiles entre el diálogo y otras formas de actividad grupal. Es esencial que haya al menos uno o, preferiblemente dos facilitadores o moderadores con experiencia. Su papel no debería ser impositivo sino que deberían ‘liderar desde atrás’ con la intención de hacer que su actividad se vuelva innecesaria lo antes posible. 

Esta propuesta no se plantea como un sustituto de dicha moderación. Pero sugerimos que se repasen sus contenidos con el grupo durante su encuentro inicial. 

Temática: Como ya hemos indicado, no se excluye ningún contenido. El diálogo puede comenzar con cualquier tópico de interés. Si hay intercambios o se plantean temas que los miembros del grupo consideran inapropiados, es importante que expresen estos pensamientos en el seno del diálogo. A menudo los participantes murmuran o se quejan después acerca de su frustración o malestar pero es exactamente esta clase de material el que ofrece el terreno más fértil para introducir el diálogo en ámbitos más sutiles de significado y coherencia más allá de la superficialidad de los buenos modales, el pensamiento grupal o la charla de sobremesa. 

David Bohm, Donald Factor, Peter Garrett
Una propuesta de diálogo

Lo que el diálogo no es


El diálogo no es una discusión, palabra que comparte su raíz etimológica con ‘percusión’ y ‘contusión’, las cuales implican la ruptura de cosas, ni tampoco es un debate. Estas formas de conversación contienen una tendencia implícita a apuntar hacia una meta, tal como someter un acuerdo a negociación, tratar de resolver un problema o asegurarse de que la opinión propia prevalezca. Aunque la palabra ‘diálogo’ ha sido empleada a menudo de forma similar, su significado etimológico más profundo implica que básicamente su interés no reside en nada de esto. 

El diálogo no es un nombre nuevo para terapias de grupo o talleres de sensibilidad, aunque muy bien pudiera tener consecuencias de carácter psicoterapéutico. No trata de concentrarse en la eliminación de los bloqueos emocionales de ninguno de los participantes ni enseñar, formar o analizar, aunque es un ámbito en el que el aprendizaje y la disolución de bloqueos pueden suceder y a menudo suceden. Ni tampoco es una técnica para la solución de problemas o la resolución de conflictos. Los problemas pueden no obstante ser resueltos en el transcurso del diálogo o acaso posteriormente como resultado de la mayor comprensión y amistad que se dan entre los participantes. El diálogo puede parecerse a otras formas de actividad grupal y puede a veces incluir aspectos de las mismas, pero en realidad es algo nuevo en nuestra cultura, algo que, nos atrevemos a sugerir, es de vital importancia para su futura salud. 

David Bohm, Donald Factor, Peter Garrett
Una propuesta de diálogo

Propósito y significado


Normalmente la gente se reúne o bien para realizar una tarea o para entretenerse, siendo ambas cosas lo que se podría calificar como propósitos predeterminados. Pero por su propia naturaleza el diálogo no es compatible con ningún propósito semejante más allá del profundo interés de sus participantes en la explicitación y revelación de sus significados colectivos. Estos pueden a menudo resultar entretenidos o esclarecedores, y a veces conducirán a nuevas percepciones o tratarán problemas de actualidad. Pero, sorprendentemente, en sus fases iniciales la experiencia del diálogo suele conducir a la frustración. 

Un grupo de personas invitadas a dedicarle seriamente su tiempo y atención a una tarea que aparentemente carece de toda meta y que no está siendo encaminada en ninguna dirección discernible, puede encontrarse rápidamente experimentando un alto grado de ansiedad o de irritación. Esto puede conducir al deseo por parte de algunos o bien de dividir el grupo o de tratar de asumir el control e imprimirle una dirección. De este modo se revelarán propósitos que no habían sido reconocidos con anterioridad. Se expresarán emociones fuertes, junto con los pensamientos que las subyacen. Puede que se adopten posturas fijas y que acabe en una polarización. Todo esto forma parte del proceso. Es lo que sostiene el diálogo y sigue expandiéndolo constante y creativamente en nuevos territorios. 

En un grupo de entre veinte y cuarenta personas se pueden contener situaciones extremas de conflicto, frustración, enfado y otras dificultades. Entonces esto mismo se convierte en el foco central de la exploración en lo que podría transformarse en un ‘meta-diálogo’ destinado a esclarecer el proceso del propio diálogo. Conforme aumentan la sensibilidad y la experiencia, surge una percepción de significado compartido en la que las personas descubren que ni se están resistiendo unas a otras ni tampoco están interactuando. Una mayor confianza entre los miembros del grupo y en el propio proceso conduce a la expresión del tipo de pensamientos y sentimientos que normalmente se dejan sin articular. No hay ningún consenso impuesto ni hay ningún intento de evitar el conflicto. Ningún individuo o subgrupo es capaz de hacerse con el mando porque todo tema, incluida la dominación y la sumisión, está siempre abierto para ser abordado. 

En este proceso los individuos descubren que están participando en un conjunto de significados compartidos que está en continua transformación y desarrollo. Surge un contenido compartido de la conciencia que permite un nivel de creatividad y comprensión que no está generalmente al alcance de los individuos o los grupos que interactúan de formas más acostumbradas. Esto revela un aspecto del diálogo que Patrick de Maré ha denominado ‘koinonía’, un término que significa ‘hermandad  o amistad impersonal’, que en sus orígenes fue empleado para denominar la forma arcaica de la democracia ateniense en la que los hombres libres de la ciudad se reunían para gobernarse. La misma palabra fue empleada más tarde en Los actos de los Apóstoles para describir la comunión entre los miembros de las comunidades cristianas primitivas. 

Conforme se va experimentando con el diálogo, esta amistad o comunión empieza a cobrar preferencia sobre el contenido más explícito de la conversación. Esta es una fase importante del diálogo, un momento de mayor coherencia en el que el grupo puede trascender sus bloqueos o limitaciones y adentrarse en un territorio nuevo. Pero también es en este punto en el que el grupo tiende a relajarse y a disfrutar de la euforia que acompaña a esa experiencia. Algunos participantes querrán mantener el grupo unido con el fin de conservar la sensación placentera de seguridad y de pertenencia que acompaña a este estado. Esto es similar a esa sensación de comunidad que se alcanza a menudo en grupos de terapia o en talleres de formación de equipo, en los que está considerada como la prueba del éxito del método empleado. Sin embargo, más allá de ese punto se encuentran ámbitos de creatividad, armonía e inteligencia todavía más significativos y sutiles a los que sólo se puede acceder persistiendo en el proceso de investigación y corriendo el riesgo de adentrarse de nuevo en áreas de incertidumbre potencialmente caótica o frustrante. 

David Bohm, Donald Factor, Peter Garrett
Una propuesta de diálogo

¿Por qué el diálogo?


El diálogo se propone ofrecer un espacio en el que se pueda prestar dicha atención. Permite un despliegue del pensamiento y del significado que facilita una especie de propiocepción colectiva o reflejo inmediato tanto del contenido del pensamiento como de las menos evidentes estructuras dinámicas que lo gobiernan. En el diálogo esto se puede experimentar tanto colectiva como individualmente. Cada oyente puede reflejar al que tiene la palabra y al resto del grupo algunos de los supuestos e implicaciones tácitas de lo que está siendo abordado junto con lo que se está evitando. Crea una oportunidad para que los participantes examinen sus supuestos, sus prejuicios y las pautas características que subyacen sus pensamientos, opiniones, creencias y sentimientos, junto con los papeles que tienden a interpretar habitualmente. 

La derivación de la palabra ‘diálogo’ consiste de dos raíces: ‘dia’, que significa ‘a través’, y ‘logos’, que significa ‘palabra’ o, más concretamente, ‘el significado de la palabra’. La imagen a que da lugar es la de una corriente de significado fluyendo alrededor y a través de los participantes. En el diálogo puede participar cualquier número de personas. Uno incluso puede sostener un diálogo consigo mismo. Pero el tipo de diálogo que estamos sugiriendo comprende un grupo de entre veinte y cuarenta personas sentadas en círculo y conversando entre sí. 

Cierta noción del significado de esta clase de diálogo puede encontrarse en informes referentes a grupos de cazadores y recolectores de un tamaño parecido quienes cuando se reunían para conversar aparentemente no tenían ningún programa ni ningún propósito determinados. No obstante, tales reuniones parecían proporcionar y reforzar cierto vínculo cohesivo o de hermandad que permitía a sus distintos integrantes saber lo que se esperaba de ellos sin necesidad de instrucción o de mucho intercambio verbal adicional. Dicho de otro modo, en el seno del grupo surgía lo que podría llamarse una cultura coherente de significado compartido.

Una labor pionera en el mismo sentido y en condiciones modernas ha sido llevada a cabo por el doctor Patrick de Maré, psiquiatra que practica en Londres. Estableció grupos de aproximadamente el mismo tamaño, cuyo valor describió en términos de terapia social. Desde su punto de vista, la causa primordial de la dolencia profunda y generalizada de nuestra sociedad puede encontrarse en el nivel sociocultural y sostiene que tales grupos pueden servir de micro-culturas a partir de las cuales se puede esclarecer la fuente de la enfermedad de nuestra civilización en su contexto más amplio. Nuestra experiencia nos ha llevado a extender esta noción de diálogo recalcando y prestando especial atención al papel fundamental de la actividad del pensamiento en la generación y mantenimiento de esta condición de la sociedad. 

Como microcosmo de la cultura en general, el diálogo permite un amplio abanico de posibles relaciones a descubrir. Puede revelar el impacto de la sociedad sobre el individuo y el impacto del individuo sobre la sociedad. Puede demostrar cómo se asume o se delega el poder y cuán ubicuas son las reglas por lo general inexplícitas del sistema constitutivo de nuestra cultura. Pero su propósito más profundo es comprender la dinámica de la manera en que el pensamiento concibe dichas conexiones. 

Sin embargo, uno de sus aspectos cruciales es que no se propone deliberadamente alterar o cambiar la conducta ni conseguir que los participantes se orienten hacia ningún objetivo predeterminado. Porque cualquier intento de ese estilo sólo tergiversaría y oscurecería los propios procesos que el diálogo explora. No obstante, sí ocurren cambios porque el pensamiento observado tiende a comportarse de otra manera que el pensamiento no observado. El diálogo puede pues convertirse en una oportunidad para que el pensamiento y el sentimiento se desplieguen libre y lúdicamente en un movimiento continuamente participativo. Tópicos de carácter específico o personal se entrelazarán con áreas de significado más profundo o más general. Se puede incluir cualquier tema y no se excluye ningún contenido. Es muy raro encontrar una actividad de este estilo en nuestra cultura.

David Bohm, Donald Factor, Peter Garrett
Una propuesta de diálogo

La propiocepción



La ‘propiocepción’ es la capacidad inherente de nuestro organismo físico de darse cuenta de lo que hace mientras lo está haciendo. Cuando uno alza el brazo sabe que está actuando por propia voluntad, que no es otro quien lo está haciendo por él. Pero por lo general el pensamiento carece de esta capacidad. Por ejemplo, no se percibe que la actitud que uno tiene en relación a otra persona está profundamente afectada por la forma de pensar y sentir respecto de la conducta de esa persona o respecto a la de otros que acaso compartan algunas características similares. Más bien uno asume que la actitud hacia la otra persona surge directamente de la conducta real de esa persona. El problema del pensamiento es que el tipo de atención que se requiere para darse cuenta de esta fuerte propensión hacia la incoherencia parece no estar a menudo disponible en el momento en que más se necesita.

David Bohm, Donald Factor, Peter Garrett
Una propuesta de diálogo

El pensamiento


Empleamos la palabra ‘pensamiento’ para referirnos no sólo a lo que produce nuestro intelecto consciente sino también a nuestros sentimientos, emociones, intenciones y deseos. Incluye resultados sutiles y condicionados del aprendizaje, tales como los que nos permiten entrelazar una serie de escenas diferentes en una película o interpretar los símbolos en las señales de tráfico. Y comprende esos procesos tácitos y no verbales empleados en el desarrollo de habilidades como caminar o montar en bicicleta. Esencialmente el pensamiento es la respuesta activa de la memoria en todas las fases de la vida. Y en este sentido de la palabra prácticamente todo nuestro conocimiento es producido, desplegado, comunicado, transformado y aplicado en el pensamiento.

Incluso se puede ver, prestándole un poco más de atención, que lo que se llama pensamiento racional consiste principalmente de respuestas condicionadas por pensamientos anteriores. Dichas respuestas se basan en supuestos inapercibidos que el contenido del pensamiento ofrece como una descripción objetiva de cómo son las cosas. Es decir que suponemos que es una percepción directa de la realidad tal cual es en vez de una amalgama de conceptos, recuerdos y reflejos con el colorido añadido por las necesidades, los temores y los deseos personales, todo lo cual está circunscrito y distorsionado por las limitaciones de nuestro idioma, historia y cultura. El proceso del pensamiento trata de justificar y defender sus propias actividades mediante la racionalización y de esta manera generalmente consigue mantener dichas actividades ocultas a nuestro escrutinio consciente.

David Bohm, Donald Factor, Peter Garrett
Una propuesta de diálogo

Una propuesta de diálogo


Diálogo, en el sentido en que estamos empleando la palabra, es una forma de explorar las raíces de las múltiples crisis a las que la humanidad se enfrenta en la actualidad. Permite una investigación y comprensión de los distintos procesos que fragmentan e interfieren con una comunicación auténtica entre individuos, naciones e incluso entre distintas partes de una misma organización. Esa fragmentación es destructiva y fomenta el tipo de violencia que vemos en todo nuestro entorno. Aparentemente en nuestra cultura moderna las personas son capaces de relacionarse entre sí de muchas maneras; pueden cantar, bailar o jugar juntas con poca dificultad pero su capacidad para conversar acerca de temas que les importan profundamente parece conducir invariablemente a escisiones y disputas. A nuestro parecer esto apunta a un defecto profundo y sistémico en el funcionamiento del propio pensamiento humano.

En el diálogo un grupo de personas puede explorar los supuestos, las ideas, las creencias y los sentimientos individuales y colectivos que sutilmente controlan sus interacciones. Conforme los miembros del grupo participan en este proceso sus éxitos y fracasos en la comunicación se ponen de manifiesto. Esto puede revelar las pautas a menudo desconcertantes de coherencia e incoherencia que llevan a la gente a evitar ciertas cuestiones o, por el contrario, a insistir, contra toda razón, en mantener y defender sus opiniones acerca de esos temas. El diálogo es pues una manera de observar cómo los valores e intenciones ocultos pueden controlar nuestra conducta y cómo las diferencias culturales inapercibidas pueden colisionar sin que nos demos cuenta de lo que está pasando. Puede verse como un ámbito en el que se da un aprendizaje de grupo y del cual puede surgir un sentimiento de mayor compañerismo y creatividad participativa.

Nuestro enfoque de esta forma de diálogo surgió a raíz de una serie de conversaciones iniciadas en 1983 en las que indagamos en la sugerencia de David Bohm relativa a que una incoherencia sistémica en el proceso del pensamiento humano es la causa esencial de las crisis interminables que afectan a la humanidad. Lo significativo de esta idea se hizo patente cuando reconocimos que incluso un examen perentorio es suficiente para demostrar que vivimos en un mundo producido casi en su totalidad por la actividad emprendedora de la humanidad y, en consecuencia, por el pensamiento humano. El cuarto en el que estamos sentados, el lenguaje en que están escritas estas palabras, nuestras fronteras nacionales e incluso nuestros sistemas de valores son esencialmente manifestaciones de nuestra manera actual de pensar y de lo que hemos pensado anteriormente los seres humanos.

Tales ideas nos llevaron, en años posteriores, a iniciar una serie de conversaciones y seminarios de mayor envergadura organizados en distintos países con diversos grupos de personas, los cuales a su vez comenzaron a cobrar la forma de diálogos. Conforme proseguíamos, se nos hizo patente que el proceso de diálogo es un medio potente de comprender cómo funciona el pensamiento. También se puso de manifiesto que sin una profunda comprensión de esta cuestión no se puede abordar la verdadera crisis de nuestro tiempo ni se pueden encontrar más que soluciones provisionales a la amplia gama de problemas humanos.

Debido a que la naturaleza del diálogo es exploratoria, su territorio sigue en expansión. Su esencia es aprender, no como resultado de asimilar un conjunto de información o una doctrina impartida por una autoridad, sino como parte del proceso evolutivo de una participación creadora. O sea que no se pueden establecer reglas fijas para emprender un diálogo. Sin embargo, sí es importante que se comprenda su significado y su relación con el pensamiento en general. 

David Bohm, Donald Factor, Peter Garrett
Una propuesta de diálogo

Introducción a "Dialogando Juntos"


Los Diálogos están  basados en la metodología y las  investigaciones que realizó el físico David Bohm y varios de sus  colaboradores en la década de los ochenta. David Bohm fue un destacado científico que trabajó como profesor de física teórica en el Birkbeck College de Londres. El Dr. Bohm  hizo importantes contribuciones en los campos de la física teórica, la filosofía y  la neuropsicología. Fue contemporáneo y amigo personal de Krishnamurti y muchas de sus obras surgieron de esta relación de diálogo entre el físico y el filósofo, entre las que destacamos: La totalidad y el Orden implicado, Sobre la Creatividad,  Sobre el Diálogo, entre otras. Sugerimos a los participantes de los Diálogos leer, aunque no es imprescindible, esta última obra.

El propósito de estos Diálogos es explorar y comprender los procesos que interfieren y fragmentan la auténtica comunicación entre los seres humanos. La fragmentación es destructiva y fomenta el tipo de violencia que vemos en nuestro entorno.

Resumimos esto con unas palabras de Jiddu Krishnamurti sobre el diálogo:

Para dialogar con inteligencia no solo debe haber afecto, sino también duda. Como saben, a menos que uno dude no puede haber investigación, porque investigar significa cuestionar, descubrir por si mismo, paso a paso. Si lo hacen  no necesitaran seguir a nadie, ni pedir a nadie que reafirme o constate el descubrimiento; pero todo eso exige de una inteligencia y sensibilidad extremas.  Se trata de tener una conversación entre amigos; no se trata de reafirmarnos, sino de hablar con naturalidad, con afecto, en una atmósfera de amistad, de compañerismo, tratando de descubrir; con esa actitud es como la mente realmente descubre. Sin embargo, les aseguro que lo que se descubre tiene muy poco valor, porque lo importante es descubrir y, después, seguir investigando. Es perjudicial quedarse con lo descubierto, porque en ese caso la mente se bloquea, se estanca. Pero si en el momento en que descubren algo mueren a eso que descubren, entonces pueden fluir como la corriente, como un río de abundante caudal.

En el transcurso de los encuentros, hablaremos y profundizaremos en esta novedosa forma de dialogar, sin temas ni contenidos predeterminados, sin metas a alcanzar, con la intensión de profundizar y revelar aquello que se nos oculta en las corrientes profundas de nuestra forma de pensar.