“… Solamente el hombre que es libre es el que puede cooperar, y es el hombre libre el que dice no cooperaré. La cooperación, como generalmente se entiende, implica cooperar en torno de una persona, de una idea, o de una utopía alrededor de la autoridad de una persona o la autoridad de una idea, como la del Estado. Si lo observáis, esa clase de cooperación no es en absoluto cooperación, es un beneficio mutuo, y cuando cambia la autoridad cambiáis con el fin de derivar de ello vuestro beneficio, por lo cual es una forma compulsiva de ajuste. Hablamos de una cooperación que es enteramente distinta porque el hombre debe cooperar. No podemos vivir sin cooperación. La vida es interrelación, la vida es cooperación. No es posible que vos y yo podamos existir sin cooperación. Pero, para cooperar debe haber libertad. Vos debéis ser libre y yo debo ser libre para cooperar. Libertad no quiere decir hacer lo que a uno le place, ser despiadado y todo el resto de la reacción estúpida conectada con esa palabra. Solamente el hombre que es libre para amar, que no abriga celos ni odio, es el que no quiere nada para sí mismo, para su familia, para su raza, su grupo. Sólo el hombre que es libre y conoce la significación plena del amor y la belleza, es el que puede cooperar.
Así, lo que es necesario es
comprender esta libertad. El pensamiento no trae como resultado esta libertad,
nunca es libre el pensamiento. El pensamiento es simplemente una reacción al
conocimiento acumulado como memoria, como experiencia; por tanto, nunca puede
libertar al hombre. No obstante, todo lo que hacemos, cada acción, cada motivo,
cada apremio, está basado en el pensamiento. Así que uno tiene que ver por sí
mismo la significación del pensamiento, dónde es necesario y cuándo es veneno.
La mutación puede efectuarse
únicamente cuando la mente está totalmente vacía de todo pensamiento. Es como
la matriz; una criatura se concibe en la matriz porque está vacía, y de ello
surge un nuevo nacimiento. Del mismo modo, la mente debe estar vacía; solamente
en lo vacío es donde una cosa nueva puede efectuarse, una cosa totalmente
nueva, no algo que ha continuado durante milenios.
De modo que el asunto,
entonces, es cómo vaciar la mente. No el sistema. Cuando uso la palabra ‘cómo’,
no es ‘haced estas cosas y vaciaréis la mente’. No hay sistema, ninguna
fórmula. Tenéis que ver la verdad de eso, que la mutación es absolutamente
necesaria para la salvación del hombre, para vos y para mí, para nuestra
salvación, para nuestra libertad, para estar por completo libres del dolor de
la agonía de la vida.
Debéis tener una mutación, una
mente que sea por completo diferente, que no sea el producto del ambiente, de
la sociedad, de la reacción, del conocimiento, de la experiencia; todo ello no
produce inocencia, no trae libertad, no da ese amplio sentido de espacio en la
mente. Solamente en ese espacio es donde el movimiento de la mutación tiene
lugar, y solo esa mutación es lo que puede salvar al hombre, porque esa
mutación es la que trae como consecuencia lo individual.
… Es importante saber lo que es
la cooperación y cuándo cooperar, o cuándo no hacerlo. Para conocer el estado
de la mente que no quiere cooperar, tiene uno que aprender también lo que
significa cooperar, ambas cosas son importantes. Seguramente la mayor parte de
nosotros cooperamos cuando tenemos un interés personal, cuando vemos provecho,
placer o ganancia en hacerlo. Entonces sí cooperamos generalmente, ponemos en
ello nuestro corazón y nuestro entendimiento. Nos entregamos a un compromiso, a
algo en que creemos; con esa autoridad, con ese ideal cooperamos en efecto.
Pero también es muy importante aprender cuándo no cooperar. Muchos no estamos
dispuestos a averiguar lo que es no cooperar, cuándo estamos en actitud de
cooperar. Ambas cosas van juntas realmente.
Es importante saber que, si
cooperamos con una idea, con una persona, si adoptamos una actitud hacia
aquello con que cooperamos, entonces cesa la cooperación. Cuando termina el
interés por esa idea, por esa autoridad, rompemos con ella, y entonces tratamos
de cooperar con otra idea o autoridad. Todo eso, seguramente, se basa en el
propio interés, y cuando esa cooperación que es interés propio ya no trae
ganancia, beneficio o placer, entonces dejamos de cooperar.
Saber cuándo no cooperar es tan
importante como saber cuándo hacerlo. La cooperación tiene realmente que surgir
de una dimensión del todo distinta.
… Cuando usted dice que quiere
aprender en una comunidad, en una escuela como esta, existe un problema. Están
las personas de mayor edad y la generación más joven, el maestro y los
estudiantes, y otros que vienen aquí; debe haber un modo de vivir felizmente,
inteligentemente, activamente, con muchísima energía. Uno debe tener este
sentimiento, de otro modo todos tiraremos en diferentes direcciones. De manera
que deseo aprender, y lo primero que haré al aprender será investigar a fin de
descubrir si realmente quiero cooperar, si realmente tengo ese sentimiento. ¿Lo
tiene usted? Si no es así averigüe por qué no lo tiene. Esta cualidad
extraordinaria, este sentimiento de cooperación, de construir juntos, de hacer
las cosas juntos, esto es lo que ha edificado este mundo".
J. Krishnamurti