“… Debéis tener claramente entendido que
nuestro único fin ha de ser el logro del íntimo convencimiento de una verdad
incapaz de duda ni quebranto. No es posible infundiros esta Verdad; habéis de
alcanzarla por vosotros mismos, y sólo la alcanzaréis si despertáis y escucháis
la interna Voz. Toda acción, todo pensamiento, toda idea ha de dimanar de la
Verdad que por vosotros mismos descubráis y comprendáis. Esta verdad no puede
ser comunicada ni transmitida de uno a otro. Todos los grandes Instructores han
insistido en este punto, en que habéis de hallar la Verdad por vosotros mismos,
y que después de hallarla y comprenderla habéis de vivir de acuerdo con ella.
Entonces seréis la personificación de esta Verdad y al propio tiempo el
predicador, el signo indicador en el camino de la Eterna Felicidad.
Para comprender esta idea, debéis vivir de
acuerdo con los dictados de la Verdad y dignos de ella han de ser vuestros
deseos. Debéis tener el impulso para crecer en vuestro natural ambiente como
hermosa y naturalmente crece una flor, que mientras está en capullo seguramente
conoce cuál ha de ser su plenitud, que un día verá el fulgor del sol y que
perfumará al mundo. Así cada uno de vosotros, durante el periodo de crecimiento
ha de pensar y meditar en la luz y verdad que os sobrevendrá en el momento de vuestra
plena floración.
Sólo podréis gozar de aquel fulgor, de
aquella energía, de aquella delectación si escucháis la Voz y no aceptáis
ciegamente la autoridad y la tradición ajenas, de las cuales habéis de
prescindir. Dicho de otro modo, habéis de ser vuestro propio legislador y vivir
de conformidad con vuestras ideas e intuiciones que son el resultado de la
experiencias de esta y otras vidas. Sólo hay una ley, sólo un Nirvana, sólo un
Reino de la Felicidad, sólo una Esencia; y si comprendéis esto cumplidamente
actuaréis de conformidad con esta comprensión. Cuanto más adelantéis y más
penséis y más sufráis, más cerca llegaréis de esta Esencia, de esta Unidad, de
esta eterna Verdad. Estaréis propensos a dudar, a discutir, a una gran
agitación interior hasta que por vosotros mismos escuchéis y adquiráis esta
verdad.
Mientras procuramos comprender, debemos
tener la conciencia del sabio y no del loco; debemos tener la conciencia de
quienes percibieron la Visión del más noble aspecto de la vida y no la
conciencia de las gentes ruines e ignorantes con sus ideas y conceptos.
Y si queréis evitar esta ruin coincidencia,
este débil susurro de la voz, debéis comprender enteramente lo que significa el
Reino de la Felicidad, lo que significa la ley, lo que significa la verdad.
Así como la lluvia cae en la tierra y
alimenta toda clase de árboles, toda especie de plantas y todas las flores, así
esta única Esencia fluye por todas las cosas sin distinción. Las manos del
alfarero moldean la arcilla y dan forma a hermosas y útiles vasijas, algunas de
las cuales servirán de florero, otras para contener arroz o requesones,
mientras que otras serán vasos de impureza. Pero todas salen de las mismas
manos y son de la misma arcilla, el producto del mismo torno que incesantemente
gira. Todos somos los mismos en esencia, pero diferentes en el mundo de las
formas, y según esta diferencia varía nuestra comprensión de la Verdad. Cuanto
más grandes seáis y más hayáis sufrido y más hayáis gozado, más cerca estaréis
de la unidad de esta Esencia. Esta es la única Ley, la única aspiración que
puede guiaros al Reino de la Felicidad. Únicamente podrá proporcionarnos
duradera felicidad el reconocimiento de una misma Esencia en todas las cosas,
diferentes en su externa forma, y de la vida a la luz de este conocimiento.
… Todos hemos tenido la experiencia de la
tremenda soledad, donde los libros, la religión, todo se ha ido y en lo interno
nos sentimos tremendamente solos, vacíos. Muy pocos podemos enfrentarnos con
esa vacuidad, esa soledad, y escapamos de ella. La dependencia es una de las
cosas a las que acudimos; queremos depender de algo, porque no podemos
permanecer a solas con nosotros mismos. Debemos tener la radio o los libros, o
la charla, el parloteo incesante acerca de esto y aquello, acerca del arte y de
la cultura. Así es como llegamos a ese punto en que conocemos esta sensación
extraordinaria de autoaislamiento. Podemos tener un empleo muy bueno, trabajar
furiosamente, escribir libros, pero dentro de nosotros existe este vacío
tremendo. Queremos llenarlo, y uno de los recursos es la dependencia.
Usamos la dependencia, el entretenimiento, la labor en la iglesia, las religiones, la bebida, las mujeres, muchísimas cosas para llenar ese vacío, para disimularlo.
… Para poner fin a la guerra externa, debéis
empezar por poner fin a la guerra en vosotros mismos. Algunos de vosotros
moverán la cabeza y dirán “estoy de acuerdo”, y saldrán y harán exactamente lo
mismo que han estado haciendo durante los últimos diez o veinte años. Vuestra
conformidad es puramente verbal y carece de significación, pues las miserias y
las guerras del mundo no van a ser detenidas por vuestro fortuito asentimiento.
Sólo serán detenidas cuando os deis cuenta del peligro, cuando percibáis vuestra
responsabilidad, cuando no dejéis eso en manos de otros. Si os dais cuenta del
sufrimiento, si veis la urgencia de la acción inmediata y no la aplazáis,
entonces os transformaréis; y la paz vendrá tan sólo cuando vosotros mismos
seáis pacíficos, cuando vosotros mismos estéis en paz con vuestro prójimo”.
J. Krishnamurti