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PRIMERO DIVIDIMOS LA VIDA EN LO EXTERNO Y LO INTERNO Y LUEGO TRATAMOS DE INTEGRARLOS

   “… Si dejo a un lado lo interno e intensifico lo tecnológico, cualquier cosa que haga será desequilibrada. Así es que debo encontrar la manera, debo descubrir un movimiento que abarque los dos campos. Hasta ahora los hemos separado, y al separarlos hemos puesto énfasis en uno olvidando el otro. Lo que ahora intentamos hacer es unirlos, y si la educación es como debe ser, el estudiante no los enfocará como si fueran dos campos separados, sino que tendrá la capacidad de moverse en ambos como lo que son: un movimiento único. ¿Estamos de acuerdo? Al capacitarse excelentemente en lo técnico, también se convertirá en un valioso ser humano. ¿Les transmite algo todo eso, o no?

   Un río no es siempre el mismo, varían sus riberas y el agua puede ser utilizada industrialmente o para otros propósitos, pero siempre es agua. Por tanto, ¿por qué hemos separado el mundo tecnológico del otro mundo? Hemos dicho: «Si pudiéramos lograr un mundo tecnológico perfecto tendríamos alimento, ropa y techo para todos, de modo que vamos a interesarnos por lo tecnológico». Y por otro lado están aquellos que sólo se interesan por el mundo interno, que sólo ponen énfasis en el llamado mundo interior, y se aíslan cada vez más, se vuelven cada vez más egocéntricos, más evasivos, persiguiendo sus propias creencias, dogmas y visiones. Por tanto, existe esta tremenda división y lo que estamos diciendo es que, de algún modo, debemos unir ambos mundos. Primero dividimos la vida en lo externo y lo interno y luego tratamos de integrarlos; a mi entender, este camino crea aún más conflicto. Mientras que si pudiéramos encontrar una sola unidad, un solo movimiento, un enfoque que no divida, funcionaríamos por igual en ambos mundos, el interno y el externo.

   … Ante todo, comprendamos esto. Ahora basa usted sus ideas en el amoldamiento. Piensa que hay un patrón, un camino mediante el cual puede encontrar la verdad; pero si examina esto, descubrirá que no hay sendero que conduzca a la verdad. Para poder ser conducido a la verdad, usted debe saber qué es la verdad, y el líder que lo conduce también debe saberlo. ¿No es así? Yo digo que un hombre que enseña la verdad puede ser que la tenga, pero si ofrece conducirlo hacia la verdad y usted es conducido, entonces ambos están en una ilusión. ¿Cómo puede uno conocer la verdad si todavía está preso en la ilusión? Si la verdad está ahí se expresa a sí misma. Un gran poeta tiene el deseo, la llama del escribir creativo y escribe. Si usted tiene ese deseo aprende la técnica. Yo siento que nadie puede conducir a otro hacia la verdad, porque la verdad es infinita, es una tierra sin senderos, y nadie puede decirle a usted cómo encontrarla. Nadie puede enseñarle a ser un artista; otro sólo puede darle los pinceles y la tela y mostrarle los colores que hay que usar. Nadie me enseñó, se lo aseguro, ni he aprendido de los libros lo que digo. Pero he observado, me he abierto paso y he tratado de descubrir. Sólo cuando usted está absolutamente desnudo, libre de todas las técnicas, libre de todos los maestros, puede descubrir.

   … A mi entender, el pasado es una carga, siendo el pasado nada más que vacíos en la comprensión; y si usted basa realmente su acción en el pasado, en la así llamada intuición, esa acción le hará errar el camino. Mientras que si hay una acción espontánea en el siempre móvil presente, en esa acción hay inteligencia y esa inteligencia es intuición. A la mayoría de las personas le gusta separar la intuición de la inteligencia, porque la intuición da a la gente cierta seguridad y esperanza. Muchos dicen que actúan ‘por intuición’, o sea, que actúan sin razonar, sin una reflexión profunda. Muchas personas aceptan una teoría, una idea, porque sostienen que su ‘intuición’ les dice que es verdadera. No hay raciocinio tras ello, meramente aceptan esa teoría o idea porque les provee alguna solución, alguna modalidad. La razón no está realmente funcionando, sino que son sólo sus propias esperanzas, sus propios anhelos los que gobiernan sus mentes. Mientras que la inteligencia es independiente del medio y, por lo tanto, tras ella está la razón, la reflexión profunda.

   … Mirad lo que ocurre. Más y más gobiernos están tomando a su cargo la educación, lo cual significa que quieren producir seres humanos eficientes, ya sea como técnicos o para la guerra; y por eso hay que ‘regimentar’ a los niños, hay que enseñarles, no a pensar, sino qué han de pensar.

   Se les enseña a vivir de propaganda, de ‘slogans’. Como los que están en el poder no desean ser molestados y quieren mantenerse en el poder, ha llegado a ser función de gobierno la de conservar el statu quo con pequeñas alteraciones acá y allá. Tomando en cuenta pues, todo estos factores, tenéis que averiguar cuál es el significado de la existencia, por qué vivís, por qué engendráis hijos; y debéis descubrir cómo crear un nuevo medio ambiente, porque lo que el ambiente es, eso es vuestro hijo.

    Él os escucha hablar y repite lo que sus mayores piensan y hacen. Tenéis pues, que crear un ambiente propicio, no sólo en el hogar sino fuera de él, o sea en la sociedad; y tenéis que crear un nuevo tipo de gobierno que sea radicalmente diferente, que no se base en el nacionalismo, en el Estado soberano con sus ejércitos y sus métodos eficaces de asesinar a la gente. Ello implica ver vuestra responsabilidad en la convivencia, y esa responsabilidad en la convivencia sólo la veis realmente cuando amáis a alguien. Cuando vuestro corazón es pleno halláis el camino. Esto es urgente, debe ser inminente; no podéis aguardar que los expertos vengan a deciros cómo hay que educar a vuestro hijo.

    Sólo vosotros, los que amáis, hallaréis el camino; pues son vacuos los corazones que algo esperan de los expertos”. 

    J. Krishnamurti



EXISTE UNA REALIDAD ETERNA QUE PUEDE SER DESCUBIERTA SÓLO CUANDO LA MENTE ESTÁ LIBRE DE TODA ILUSIÓN

   “… Cada uno ha de preguntarse qué es lo que está buscando, o si sólo está siendo empujado por las circunstancias y las condiciones y, por lo tanto, si es irresponsable, irreflexivo. Aquellos de ustedes que de verdad están descontentos, que son críticos, deben haberse preguntado qué es lo que cada individuo está buscando. ¿Están ustedes buscando consuelo, seguridad, o buscan la comprensión de la vida? Muchos dirán que están buscando la verdad, pero si analizaran lo que anhelan, lo que buscan, verían que en realidad están buscando consuelo, seguridad, una manera de escapar del conflicto y el sufrimiento.

   Ahora bien, si están buscando consuelo, seguridad, esa búsqueda debe basarse en la adquisición y, por lo tanto, en la explotación y en la crueldad. Si dicen que buscan la verdad quedarán prisioneros de una ilusión, porque la verdad no puede ser perseguida, buscada, debe acaecer. O sea, el éxtasis de la verdad puede conocerse, solo cuando la mente está por completo despojada de todas las ilusiones que ha creado buscando su propia seguridad y su consuelo. Sólo entonces puede asomarse aquello que es la verdad.

   Para expresarlo de una manera diferente, tenemos que preguntarnos en qué se basan nuestra vida, nuestro pensamiento y nuestra acción. Si podemos responder a esto completamente, con verdad, entonces podremos descubrir por nosotros mismos quién es el creador de las ilusiones, de estas supuestas realidades que han llegado a convertirnos en sus prisioneros.

    Si reflexionan realmente sobre ello, verán que toda la vida de ustedes se basa en la persecución de la seguridad individual y el consuelo. Esta búsqueda de seguridad da origen, naturalmente, al temor. Cuando buscamos consuelo, cuando la mente trata de evadir la lucha, el conflicto, el dolor, tiene que crear diversas vías de escape, y estas vías de escape se convierten en nuestras ilusiones. De esa manera el temor, resultado de la búsqueda de seguridad, es el

engendrador de las ilusiones. Esto nos empuja de una secta religiosa a otra, de una filosofía a otra, de un maestro religioso a otro, siempre en busca de esa seguridad, de ese consuelo. A esto lo llaman ustedes la búsqueda de la verdad, de la felicidad.

   Y bien, no hay seguridad, no hay consuelo; sólo existe la claridad del pensar, la cual da origen a la comprensión de la causa fundamental del sufrimiento. Esta comprensión es lo único que liberará al hombre. En esta liberación se encuentra la bienaventuranza del presente. Yo digo que existe una realidad eterna que puede ser descubierta sólo cuando la mente está libre de toda ilusión. Así que cuídense de la persona que les ofrece consuelo, porque en esto tiene que haber explotación; esa persona crea un señuelo en el que ustedes quedan atrapados como peces en una red.

   … El descontento es esforzarse por conseguir ‘más’, y el contento es el cese de esa lucha; pero no puedes llegar al contento sin comprender todo el proceso del ‘más’, y el por qué la mente lo demanda. Estamos luchando por conseguir algo y nunca nos hemos detenido a investigar si vale la pena luchar por lo que perseguimos. Nunca nos hemos preguntado si merece el esfuerzo, así que todavía no hemos descubierto que no lo merece ni hemos rechazado la opinión de nuestros padres, de la sociedad, de todos los Maestros y gurúes. Solo cuando hayamos comprendido todo el significado del ‘más’, dejaremos de pensar en términos de éxito y fracaso.

   Tenemos mucho miedo de fracasar, de cometer errores. Cometer un error se considera algo terrible porque seremos criticados por ello, alguien nos reñirá. Pero, después de todo, ¿por qué no habrías de cometer un error? ¿No están cometiendo errores todas las personas del mundo? ¿Y dejaría el mundo de estar en este horrible desorden si nunca cometieras un error?

   La imitación es una forma de robo, tú no eres nada, pero él es alguien, así que vas a obtener un poco de su gloria copiándole. Esta corrupción se extiende a toda la vida humana y muy pocos están libres de ella. De modo que lo importante es descubrir si la vacuidad interior puede llenarse alguna vez. Mientras la mente esté buscando llenarse estará siempre vacía. Cuando la mente ya no está preocupada por llenar su propia vacuidad, sólo entonces deja de existir ese vacío.

   … Cuando salimos de la escuela o de la universidad muchos de nosotros echamos a un lado los libros, y nos parece que ya hemos terminado con todo lo que sea aprendizaje, y hay otros que sienten el estímulo de continuar pensando con más amplitud, que se mantienen leyendo y captando lo que otras personas han dicho y se convierten en adictos al conocimiento. Mientras exista el culto por el conocimiento o por la técnica, como medio para llegar al triunfo y al poder, tiene que haber rivalidad despiadada, antagonismo y lucha incesante por el pan.

   … La educación convencional hace sumamente difícil el pensamiento independiente. La conformidad conduce a la mediocridad. Ser diferente del grupo o resistir el ambiente no es fácil, y a menudo es peligroso mientras rindamos culto al éxito. La urgencia de alcanzar éxito en la vida, que es la recompensa que esperamos por nuestro trabajo, ya sea en lo material o en la llamada esfera espiritual, la búsqueda de seguridad interna o externa, el deseo de conformidad; todo este proceso ahoga el descontento, pone fin a la espontaneidad y engendra el temor, y el temor obstruye la inteligente comprensión de la vida”.

    J. Krishnamurti






LA GUERRA ES EL PROBLEMA DE LA HUMANIDAD. ¿CÓMO VAMOS A TERMINAR CON LAS BARBARIDADES COLECTIVAS E INDIVIDUALES?

   “… Todos queremos llegar a ser algo, ser pacifista, ser un héroe de guerra, ser millonario, ser un hombre virtuoso, o lo que sea. El mismo deseo de llegar a ser implica conflicto y ese conflicto produce guerra. Sólo puede haber paz cuando no existe un deseo de llegar a ser algo, ese es el único estado verdadero, porque tan sólo en ese estado hay creación, hay realidad. Sin embargo, eso resulta algo muy extraño para toda la estructura de la sociedad, la cual es una proyección de uno mismo. Uno adora el éxito, Dios es éxito, es quien da los títulos, el doctorado, la posición y la autoridad. Dentro de uno está esa batalla constante, esa lucha por conseguir lo que se quiere; nunca hay un instante de paz, de paz en el corazón, porque siempre está presente el esfuerzo por llegar a ser algo, por progresar. Ahora bien, no se deje engañar por la palabra ‘progreso’; aunque las cosas mecánicas progresen, el pensamiento nunca puede progresar, a menos que sea dentro del ámbito de su propio devenir.

   … No sé si alguna vez habéis pensado en este problema de la adquisición de conocimientos, si el conocimiento nos ayuda fundamentalmente a amar, a estar libres de esas cualidades que producen conflicto en nosotros y con el prójimo, si el conocimiento jamás libera a la mente de la ambición. Porque, después de todo, la ambición es una de las cualidades que destruyen la vida de relación, que colocan al hombre contra el hombre. Y si quisiéramos vivir en paz unos con otros, la ambición debe, por cierto, terminar completamente no solo la ambición política, económica, social, sino también la ambición más sutil y perniciosa, la ambición espiritual, la de ser algo. ¿Será alguna vez posible que la mente esté libre de este proceso acumulativo del conocimiento, de este deseo de saber?

   … ¿Puede la mente dejar de ser? Ese es el problema. La mente tal como la conocemos tiene tras de sí la creencia, el deseo, el impulso de estar en seguridad, conocimiento y acumulación de fuerza. Y si con todo su poder y superioridad uno no puede pensar por sí mismo, no es posible que haya paz en el mundo. Podréis hablar acerca de la paz, podréis organizar partidos políticos, podréis gritar desde los techos de las casas, pero no podréis tener paz, porque en la mente está la base misma que crea contradicción que aísla y separa. Un hombre de paz, un hombre de fervor no puede aislarse y, sin embargo, hablar de fraternidad y paz. Ello resulta un simple juego, político o religioso, un sentido de logro y ambición. Un hombre que toma esto con verdadero fervor, que quiere descubrir, debe enfrentar el problema del conocimiento y la creencia; tiene que ir tras él, descubrir todo el proceso del deseo en acción, deseo de estar en seguridad, deseo de certeza. Una mente que quisiera hallarse en ese estado en que lo nuevo puede acontecer, sea ello la verdad, Dios o lo que os plazca debe, por cierto, dejar de adquirir, de acopiar; debe dejar de lado todo conocimiento. Una mente cargada de conocimientos no puede en modo alguno, por cierto, comprender aquello que es real, inconmensurable.

   … La guerra es el problema de la humanidad. ¿Cómo vamos a terminar con las barbaridades colectivas e individuales? Para despertar una acción de masas contra los horrores, las crueldades y los absurdos de la presente civilización, tiene que haber una comprensión individual.

   Empiece consigo mismo. Arranque de raíz los espantosamente crueles prejuicios y deseos, y conocerá un mundo feliz. Extirpe sus ambiciones personales y las sutiles explotaciones, la codicia y el ansia de poder. Entonces tendrá un mundo ordenado e inteligente. En tanto haya crueldad y violencia en el individuo, el odio colectivo, el patriotismo y la lucha deben continuar.

   Cuando comprenda su responsabilidad individual en la acción habrá una posibilidad de paz, amor y relación armoniosa con su prójimo. Así será posible terminar con el horror de la contienda, el horror de la matanza entre seres humanos. 

   … Debemos pagar el precio de la paz. Hay que pagarlo de forma voluntaria y con gusto, y el precio es la liberación del deseo, de la mala voluntad, de lo mundano y de la ignorancia, del prejuicio y del odio. Si este cambio fundamental se hiciera en nosotros, podríamos contribuir a que se generara un mundo sano y pacífico. Para tener paz debemos ser compasivos y precavidos.

   … Tratan de ser sinceros respecto de este nuevo opuesto, glorificándolo con los nombres de paz, humildad, servicio, como opuestos a la seguridad, al poder. Abandonan cierto grupo de ideas, de conceptos, y crean unos nuevos que se convierten en la seguridad que buscan. Y los protegen tan cuidadosamente como el rico guarda su tesoro, tanto por parte del grupo como del individuo. Por lo tanto, han cambiado, si a esto se le puede llamar cambio en absoluto, meramente de un grupo de ideas a otro con nombres diferentes, pero bajo la nueva envoltura son los mismos deseos, las mismas esperanzas de seguridad.

   … Aquellos de nosotros que seamos sinceros debemos regenerarnos, pero no puede haber regeneración, sino cuando nos separamos completamente de los valores que hemos creado con nuestros deseos agresivos de propia protección. El conocimiento de uno mismo es el principio de la libertad, y es solo cuando nos conocemos que podemos crear el orden y la paz.

   … Cuanto más os conocéis a vosotros mismos más claridad existe. El conocimiento propio no tiene fin, no alcanzáis una realización, no llegáis a una conclusión. Es un río sin fin. Y a medida que se lo estudia, que en él se ahonda de más en más, encuéntrase la paz. Sólo cuando la mente está tranquila mediante el conocimiento propio, no mediante una autodisciplina impuesta, sólo entonces, en esa quietud, en ese silencio, puede advenir la realidad. Es sólo entonces cuando puede existir la beatitud, cuando puede haber acción creadora”.

    J. Krishnamurti 



¿PERO SERÁ POSIBLE UNIR A LAS PERSONAS DE UN MODO INTELIGENTE POR MEDIO DEL AFECTO?

   “… Para lograr una acción colectiva recurrimos a la fuerza o al autoritarismo, o a una forma de temor, amenaza o recompensa, con lo cual estamos todos familiarizados. El Estado, o un grupo de individuos, establece cierto propósito y entonces compele, coacciona o persuade a los demás para que cooperen, dándoles recompensas o castigos, todas las diversas formas de lograr la acción coordinada que conocemos. Y el interlocutor quiere saber si el énfasis en el individuo, implícito en la pregunta, impide la acción coordinada. Ello significa si hay un propósito común con el cual todos estamos de acuerdo, no debemos someternos a él, ¿dejando de lado nuestra propia voluntad?

   ¿Cómo es posible la cooperación? Eso es realmente lo esencial del asunto, ¿no es así? La cooperación, la acción coordinada, son obra del miedo o de la inteligencia y el amor. Cuando tal o cual nación está en guerra hay cooperación basada en el miedo y, al parecer, el miedo, el odio, los celos, unen a los hombres con más rapidez que la inteligencia y el amor. Los estadistas y políticos perspicaces se dan cuenta de ello y lo instigan, lo cual, asimismo, nos resulta familiar. ¿Pero será posible unir a las personas de un modo inteligente por medio del afecto? Ese es realmente el problema, ¿no es así? En efecto, vemos cada vez más que la gente se une por obra del odio, del miedo, de la coacción, movimientos de masa, uso de medios psicológicos para persuadir, propaganda y todo lo demás. Y si ese es el camino, entonces resulta vano todo lo que estamos discutiendo. Pero si no cooperáis, si no os unís por medio de la codicia, ¿hay alguna otra manera de hacerlo? Y si existe un medio, ¿no debéis subordinar la voluntad del individuo a un propósito más elevado?

   Digamos, por ejemplo, todos estamos de acuerdo en que debe haber paz en el mundo. ¿Y cómo es posible esa paz? La paz solo es posible cuando no hay egoísmo, por cierto, cuando el ‘yo’ no es importante. Como soy pacífico en mí mismo, mis actos serán pacíficos, no seré por lo tanto antisocial. Y alejaré de mí todo lo que contribuya al antagonismo. Por consiguiente, tengo que pagar el precio de la paz, ¿no es así? Pero la paz debe originarse en mí mismo. Y cuanto mayor sea el número de nosotros que tenga esa actitud, mayor será, por cierto, la posibilidad de paz en el mundo, lo cual no significa subordinación de la voluntad individual al todo, a un propósito, a un plan, a una utopía. Veo, en efecto, que no puede haber paz mientras yo no sea pacífico. Ello significa, nada de nacionalismo, nada de clase. Conocéis todas las cosas que implica el hecho de ser pacíficas, el cual significa ser completamente exento de egoísmo. Cuando eso exista, entonces cooperaremos. Entonces será inevitable que haya cooperación. Cuando hay coacción extraña para obligarme a cooperar con el Estado, con un grupo, puede que yo coopere, pero en mi fuero íntimo estaré en lucha, no habrá alivio alguno. O puede que yo me valga de la utopía como medio de hallar plena satisfacción, lo cual es también expansión de uno mismo.

   … La verdad no es algo que pueda seguirse, tiene que ser descubierta. Ustedes no pueden encontrar la verdad por medio de ningún libro, de ninguna acumulación de experiencias. Como lo discutimos el otro día, cuando la experiencia se convierte en un recuerdo, ese recuerdo destruye la comprensión creadora. Cualquier sentimiento de malicia o envidia, por leve que sea, es también destructivo de esta comprensión creadora sin la cual no existe la felicidad. La felicidad no puede comprarse ni llega cuando uno la persigue, está ahí cuando no hay conflicto.

   Ahora bien, ¿no es muy importante, especialmente cuando todavía estamos en la escuela, comenzar a comprender la significación de las palabras? La palabra, el símbolo, se ha vuelto para todos nosotros una cosa extraordinariamente destructiva y no nos percatamos de esto. ¿Saben qué entiendo por símbolo? El símbolo es la sombra de la verdad. El disco fonográfico, por ejemplo, no es la voz real, pero la voz ha sido registrada en el disco y eso es lo que escuchamos. La palabra, el símbolo, la imagen, la idea no es la verdad, pero adoramos la imagen, veneramos el símbolo, asignamos una gran significación a la palabra, y todo esto es muy destructivo, porque entonces la palabra, el símbolo, la imagen se vuelve sumamente importante. Así es como los templos, las iglesias y las distintas religiones organizadas con sus símbolos, creencias y dogmas se convierten en factores que impiden a la mente ir más allá y descubrir la verdad. De modo que no queden presos en las palabras, en los símbolos, que automáticamente cultivan el hábito. El hábito es un factor extremadamente destructivo, porque cuando quieren pensar creativamente, el hábito se pone en medio”. 

    J. Krishnamurti

    


AQUELLO QUE ES REAL SERÁ CONOCIDO CUANDO HAYAN CESADO LAS DIVERSAS FORMAS DE ILUSIÓN

   “… Lo que llamamos religión es simplemente la organización de creencias, con sus dogmas, sus rituales, sus misterios y sus supersticiones. Cada religión posee su propio libro sagrado, su mediador, sus sacerdotes y sus formas de tratar y conservar a la gente. La mayoría de nosotros hemos sido condicionados para todo ello, y esto se considera como educación religiosa; pero este condicionamiento pone a los hombres uno contra otro, crea antagonismos, no solamente entre los creyentes, sino también contra los de otras creencias. Si bien todas las religiones afirman que adoran a Dios y dicen que debemos amarnos los unos a los otros, infunden miedo a través de sus doctrinas de recompensa y castigo, y a través de sus dogmas de competencia que perpetúan la desconfianza y el antagonismo.

   … Las religiones del mundo han perdido por completo su significación. Todos los intelectuales las rehúyen, escapan de ellas; por eso, cuando uno usa las palabras ‘mente religiosa’, tal como quien les habla lo hace con mucha frecuencia, ellos preguntan: ¿por qué utiliza usted esa palabra ‘religiosa’? Etimológicamente no está muy claro cuál es la raíz de esa palabra. Originalmente significaba un estado del ser vinculado a aquello que es noble, que tiene grandeza, y por eso uno tenía que vivir una vida diligente, escrupulosa, honesta. Pero todo eso ha desaparecido, hemos perdido nuestra integridad. Por lo tanto, si descartamos todo aquello en que han llegado a convertirse las actuales tradiciones religiosas con sus imágenes y sus símbolos; ¿qué es, entonces, la religión? Para descubrir qué es una mente religiosa, tenemos que descubrir qué es la verdad; la verdad no tiene senderos que conduzcan a ella. No hay sendero alguno. Cuando uno tiene compasión, la compasión es inteligencia, dará con aquello que es eternamente verdadero. Pero no existe una dirección, no hay capitán que nos dirija en este océano de la vida. Como ser humano, uno ha de descubrir esto. Uno no puede pertenecer a ningún culto, a ningún grupo, cualquiera que sea, si es que ha de dar con la verdad. La mente religiosa no pertenece a ninguna organización, a ningún grupo, a ninguna secta, y tiene la cualidad de una mente global.

   La mente religiosa es una mente que se halla por completo libre de toda atadura, de cualquier clase de conclusiones o conceptos, sólo trata con lo que realmente es, no con lo que ‘debería ser’. Es una mente que aborda, en todos los días de nuestra existencia cotidiana, lo que de hecho está sucediendo tanto interna como externamente, y comprende todo el complejo problema del vivir. La mente religiosa está libre de prejuicio, de tradición, de todo sentido de dirección. Para dar con la verdad uno necesita gran claridad de la mente, no una mente confusa.

   … Aunque pertenecer a algo nos hace sentirnos seguros, invariablemente genera inseguridad debido al carácter intrínsecamente separativo de cualquier organización. Usted tiene su gurú, su autoridad, otro es católico o protestante, un tercero es adepto a un grupo distinto, y pese a que todas las religiones sistematizadas dicen estar trabajando juntas por la verdad, jamás coinciden. Así que, ¿podemos, al escucharnos uno a otro y escuchar este hecho, erradicar de nuestro pensamiento toda aceptación de autoridad, de autoridad psicológica, y por consiguiente todas las organizaciones creadas en torno a ella? ¿Qué sucede entonces? ¿He abandonado la autoridad porque usted lo ha dicho, o porque veo la naturaleza destructiva de las llamadas organizaciones? ¿Lo veo como un hecho, es decir, con inteligencia, o lo acepto con sentimiento de vaguedad? No sé si me siguen. Si uno ve el hecho, la misma percepción del hecho es inteligencia, y es en esa inteligencia donde hay seguridad, no en alguna absurda superstición. ¿Lo ven ustedes? Me gustaría que me respondieran, ¿estamos comunicándonos uno con otro?

   … Solo el amor puede crear la comprensión de los demás. Donde hay amor hay comunión instantánea con los otros, en el mismo nivel y al mismo tiempo. Por ser nosotros mismos tan secos, tan vacíos, tan faltos de amor, hemos permitido que los gobiernos y los sistemas se encarguen de la educación de nuestros hijos y de la dirección de nuestras vidas; mas los gobiernos quieren técnicos eficientes, y no seres humanos, porque los seres humanos son peligrosos para los gobiernos, así como también para las religiones organizadas. Por esto es que los gobiernos y las organizaciones religiosas buscan el dominio sobre la educación.

   … La educación no es meramente asunto de adiestrar la mente. La instrucción contribuye a la eficiencia, pero no produce integración. Una mente educada de esta manera es la continuación del pasado, y no está en condiciones de descubrir lo nuevo. Es por eso que para averiguar en qué consiste la verdadera educación tenemos que examinar la total significación de la vida.

   … No nos preocupemos acerca de lo que pueda ser la conciencia cósmica, la verdad, etc. Aquello que es real será conocido cuando hayan cesado las diversas formas de ilusión. Como la mente es capaz de contener tantos sutiles engaños y tiene el poder de crear para sí tantas ilusiones, nuestro interés no debe estar puesto en el estado que llamamos realidad, sino en disipar las múltiples ilusiones que surgen todo el tiempo, ya sea consciente o inconscientemente. Perteneciendo a una organización religiosa con sus dogmas, creencias y doctrinas, o siendo uno de estos nuevos nacionalistas dogmáticos, esperan ustedes realizar a Dios, la verdad o la felicidad humana. Pero, ¿cómo puede la mente comprender la realidad si está deformada por creencias, prejuicios, dogmas y temores? Solo cuando se disuelven estas limitaciones puede manifestarse la verdad. No tengan preconceptos acerca de lo que es para luego ajustar a ellos los propios deseos.

    Ustedes piensan que para amar al hombre deben pertenecer a alguna nacionalidad, piensan que para amar la realidad deben pertenecer a alguna religión organizada. Puesto que no somos capaces de discernir la verdad entre las múltiples ilusiones que se agolpan en nuestra mente, nos engañamos a nosotros mismos pensando que, tanto lo falso como lo verdadero, tanto el odio como el amor, son partes esenciales de la vida. Donde hay amor no puede existir el odio. Para comprender la realidad uno no necesita pasar por todas las experiencias de la ilusión”.

    J. Krishnamurti




ES TAN FUERTE LA COMPULSIÓN DEL MEDIO AMBIENTE Y LAS CIRCUNSTANCIAS, QUE TODOS REACCIONÁIS A ELLA

   “… Lo que llamamos religión es simplemente la   organización de creencias, con sus dogmas, sus rituales, sus misterios y sus supersticiones. Cada religión posee su propio libro sagrado, su mediador, sus sacerdotes y sus formas de tratar y conservar a la gente. La mayoría de nosotros hemos sido condicionados para todo ello, y esto se considera como educación religiosa; pero este condicionamiento pone a los hombres uno contra otro, crea antagonismos, no solamente entre los creyentes, sino también contra los de otras creencias. Si bien todas las religiones afirman que adoran a Dios y dicen que debemos amarnos los unos a los otros, infunden miedo a través de sus doctrinas de recompensa y castigo, y a través de sus dogmas de competencia que perpetúan la desconfianza y el antagonismo.

   … ¿Comprendéis el problema, señores? Las religiones, los líderes políticos o religiosos, los libros, la propaganda, las creencias, las doctrinas, los salvadores, todo ello ha perdido su sentido. Para cualquier hombre realmente intelectual y serio, consciente por completo de estos problemas, todas las cosas de las que hemos dependido han perdido significación. Ya no sois los hombres religiosos que pretendéis ser. Y no sois seres humanos, porque habéis perdido el propósito, el sentido, el significado de vuestra existencia. Podéis asistir al trabajo durante los próximos cuarenta años, rutinariamente para ganaros el sustento, pero eso tampoco resuelve el problema.

   Para descubrir pues, la totalidad de este asunto, para comprender este inmenso problema, tenemos que verlo en forma nueva, no con los ojos de un cristiano, de un hindú, de un musulmán o de un comunista. Tenemos que mirarlo de una manera totalmente nueva; lo que significa, en primer lugar, que no debemos dejarnos llevar por las circunstancias, ni responder sólo al problema inmediato, aunque sí tenemos que actuar con respecto al problema inmediato, pero no como si ello fuera la única cosa en la vida. Tenemos que darnos cuenta de las circunstancias, pero no permitir que ellas nos compelan a actuar.

    ¿Comprendéis la cuestión? En este país los hombres se querellan por pedacitos de tierra, y están dispuestos a quemarse y matarse unos a los otros por el hecho de ser sikhs, musulmanes o Dios sabe qué. Y es tan fuerte la compulsión del medio ambiente y las circunstancias, que todos reaccionáis a ella.

   Por consiguiente, uno tiene que darse cuenta de las circunstancias y de lo que en ellas está implícito, y actuar lo menos posible presionado por las mismas. Además, uno tiene que estar alerta a su propio temperamento y no dejarse guiar por él, ni tampoco actuar por su propia inclinación. Estas tres cosas son de importancia esencial cuando nos enfrentamos a un problema inmenso: primero hemos de comprender que no debemos seguir nuestra inclinación personal, por agradable y apremiante que sea, ni actuar según ella. Asimismo, no debemos permitir que nuestro temperamento, intelectual o emocional, o nuestra idiosincrasia, rijan nuestra vida y nuestra acción. Finalmente, no hemos de ser movidos por las circunstancias. Si podemos comprender estas cosas plenamente, estas tres cosas, entonces podemos enfrentar este inmenso reto, este enorme problema: que el ser humano está en peligro.  ¿Comprendéis, señores? El considerar la cuestión de una parcela de tierra o de algún gobernador, etc., esto es demasiado inmaduro e infantil, demasiado aterrador.

   Así pues, lo que tenemos que hacer, si es que tenemos un poco de seriedad, y ser serios es absolutamente necesario porque la casa está ardiendo, no solo la casa que se llama India, sino el mundo está en llamas, lo que tenemos que hacer es responder al reto en su totalidad y no traer un pequeño balde de arena con la esperanza de extinguir el fuego. Tenemos que ser enormemente serios. Y me temo que no lo hemos sido; hemos disipado nuestras energías por haber respondido a circunstancias triviales, por haberlas malgastado en todas direcciones. Os volvisteis seguidores de Gandhiji, o de alguna otra persona, y disipasteis vuestras energías; cuando estáis ante un inmenso problema sois incapaces de responder a él en forma total.

   Por lo tanto, uno tiene que comprender este inmenso problema del hombre: Que el hombre está en peligro, el ser humano está en peligro, no cualquier individuo en particular, sino el ser humano en su totalidad está en peligro. Y para comprender este inmenso problema, primeramente, no debéis guiaros por vuestras inclinaciones, ni por lo que os gusta o disgusta; tenéis que mirar el problema. Pero no podéis hacerlo si dependéis de vuestras inclinaciones personales u os dejáis guiar por vuestro temperamento. Como sabéis, muchos de nosotros somos muy listos, porque hemos leído mucho, hemos aprobado muchos exámenes. Nuestra mente, nuestro intelecto es muy agudo, engañador, hipócrita, y nuestro temperamento tiene esta capacidad de engañarse y afirmarse a sí mismo, de funcionar a lo largo de una línea particular de acuerdo con su especial demanda. Y por supuesto, cuando sois arrastrados o compelidos a actuar según las circunstancias, no es posible interesaros en el ser humano total.

   … ¿Qué entiende usted por ministro? ¿Uno que le da lo que usted desea espiritualmente, o sea, consuelo? La pregunta ya ha sido, por cierto, contestada. Usted acude a mediadores para que le ayuden. Me convierte también a mí en un ministro, un ministro sin doctrinas, pero piensa en mí como en un ministro. Me temo que no lo soy. No puedo darle nada. Una de las doctrinas convencionalmente aceptadas es que otros pueden conducirlo a uno hacia la verdad, que uno puede comprenderla mediante el sufrimiento de otro. Pero yo digo que nadie puede conducirlo a uno hacia la verdad”.

    J. Krishnamurti



AVERIGÜEN SI ES POSIBLE VIVIR SIN MEDIR, LO QUE EQUIVALE A VIVIR SIN COMPARAR

   “… La meditación no es lo que todo el mundo hace: repetición de palabras, sentarse en una cierta postura, respirar de un determinado modo y repetir algunos sloka o mantram una vez y otra. Por su propia naturaleza, ello hará de la mente algo estúpido y torpe, y en esa estupidez y torpeza la mente se volverá silenciosa, lo cual nos hará pensar que hemos logrado el silencio. Ese tipo de meditación es simplemente una autohipnosis. No es en absoluto meditación. Esa es la más destructiva forma de meditar.

   … Estamos investigando todo esto a fin de poner orden en nuestra vida, orden en nuestra ‘casa’, que carece de orden. ¡Hay tanto desorden en nuestra vida! Y sin establecer un orden completo, íntegro, la meditación no tiene ningún sentido. Si nuestra ‘casa’ no está en orden podemos sentarnos a meditar con la esperanza de conseguir el orden a través de esa meditación, pero ¿qué sucede cuando vivimos en desorden y meditamos? Tenemos sueños fantasiosos, ilusiones y toda clase de resultados absurdos. Pero un hombre cuerdo, inteligente, lógico, debe primero establecer orden en su vida diaria y, a partir de ahí, puede penetrar en las profundidades de la meditación, en su significado y belleza, en su grandeza y excelencia.

   La meditación no está separada de la vida, es la esencia misma de la vida, es la verdadera esencia del vivir cotidiano. Escuchar esas campanas, oír la risa del campesino mientras pasea con su esposa, escuchar el timbre de la bicicleta de la niña cuando pasa a nuestro lado; esa totalidad de la vida y no sólo un fragmento de ella es lo que la meditación abre ante nosotros.

   Tenemos que cambiar la estructura de nuestra sociedad, su injusticia, su aterradora moralidad, las divisiones que ha creado entre los hombres, las guerras, la tremenda falta de afecto y de amor que está destruyendo el mundo. Si nuestra meditación es solo un asunto personal, algo que disfrutamos personalmente, entonces no es meditación. La meditación implica un completo cambio radical de la mente y el corazón, y eso sólo es posible cuando existe esta extraordinaria sensación de silencio interior, y tan sólo ese silencio es lo que da origen a una mente religiosa. Una mente así sabe lo que es sagrado.

   … La mayoría de vosotros se entrega a la meditación porque no se interesa en lo que hace a diario. La meditación pues, os aleja de la vida y no forma parte de vuestra diaria existencia. La concentración que llamáis ‘meditación’, por consiguiente, es implemente una evasión de la vida; y si podéis eludir completamente la vida, creéis haber ganado algo. Pero si examináis todo pensamiento, todo sentimiento a medida que surge, sin condenación, justificación ni resistencia, entonces, por esa comprensión y nuevo descubrimiento constantes, la mente llega a estar muy quieta, silenciosa y libre. De suerte que la meditación no es concentración ni es oración.

   … ¿Es, por tanto, posible vivir sin medir, sin comparar? Esta es una cuestión tremendamente complicada. Porque la palabra ‘mejor’ implica medida. La palabra ‘más’ implica medida. El mejoramiento de uno mismo implica medida. Averigüen si es posible vivir sin medir, lo que equivale a vivir sin comparar. Forma parte de la meditación investigar el significado del no devenir; el devenir, el llegar a ser, implica medida. ¿Es posible que, en nuestra relación de unos con otros, por intima que sea, no intervenga la medida? Eso quiere decir que nuestro cerebro debe estar activo en la relación, debe investigar nuestra relación, investigar si en esa relación hay heridas psicológicas, y ver que esas heridas producen más temor, más encierro en uno mismo y, por consiguiente, más aislamiento. Y mientras haya aislamiento, sea externa o internamente, tiene que haber conflicto.

   … Todo el mundo asiático habla de meditación, es uno de sus hábitos, como lo es creer en Dios o en alguna otra cosa. Se sientan durante diez minutos al día en una habitación tranquila y ‘meditan’, se concentran, fijan su mente en una imagen creada por ellos mismos o por otro que la ha ofrecido mediante la propaganda. Durante esos diez minutos tratan de controlar la mente, la mente quiere ir de un lado a otro y batallan con ella. Practican este juego interminablemente y a eso lo llaman meditación. Si uno no sabe nada de meditación, entonces tiene que descubrir lo que es realmente, no según otro, y eso puede conducirle a uno a todo o a nada. Uno debe indagar, plantear esa pregunta sin expectativa alguna.

   … Viviendo en este mundo con todos sus afanes, tan atrapados en la desdicha, el dolor y la violencia, ¿es posible producir en la mente un estado de altísima sensibilidad e inteligencia? Ese es el punto primero y esencial en la meditación. El segundo es una mente capaz de percibir con lógica y orden, de ninguna manera una mente distorsionada o neurótica. El tercero, una mente disciplinada en alto grado. La palabra ‘disciplina’ significa ‘aprender’; una mente disciplinada no es una mente adiestrada. La disciplina está en el acto de aprender, la propia raíz de la palabra lo indica. Una mente disciplinada lo ve todo muy claramente, objetivamente, no de manera emocional o sentimental. Esas son las necesidades básicas para descubrir aquello que está más allá de la medida de pensamiento, para descubrir algo que el pensamiento no ha producido, algo que es la más elevada forma de amor, una dimensión que no es la proyección de nuestra propia mente trivial y mezquina.

   … La meditación es siempre nueva. No tiene la sensación del pasado porque carece de continuidad. La palabra «nueva» no transmite la cualidad de una frescura que no ha existido antes. Es como la luz de una vela que ha sido apagada y encendida otra vez. La nueva luz no es la vieja, aunque la vela sea la misma. La meditación solo tiene continuidad cuando el pensamiento la tiñe, le da forma y le atribuye un propósito. El propósito y significado que el pensamiento le da a la meditación se convierten en un cautiverio del tiempo. Pero la meditación que no está afectada por el pensamiento posee su propio movimiento que no es del tiempo”. 

    J. Krishnamurti



TODA ACCIÓN, TODO PENSAMIENTO, TODA IDEA HA DE DIMANAR DE LA VERDAD QUE POR VOSOTROS MISMOS DESCUBRÁIS Y COMPRENDÁIS

   “… Debéis tener claramente entendido que nuestro único fin ha de ser el logro del íntimo convencimiento de una verdad incapaz de duda ni quebranto. No es posible infundiros esta Verdad; habéis de alcanzarla por vosotros mismos, y sólo la alcanzaréis si despertáis y escucháis la interna Voz. Toda acción, todo pensamiento, toda idea ha de dimanar de la Verdad que por vosotros mismos descubráis y comprendáis. Esta verdad no puede ser comunicada ni transmitida de uno a otro. Todos los grandes Instructores han insistido en este punto, en que habéis de hallar la Verdad por vosotros mismos, y que después de hallarla y comprenderla habéis de vivir de acuerdo con ella. Entonces seréis la personificación de esta Verdad y al propio tiempo el predicador, el signo indicador en el camino de la Eterna Felicidad.

   Para comprender esta idea, debéis vivir de acuerdo con los dictados de la Verdad y dignos de ella han de ser vuestros deseos. Debéis tener el impulso para crecer en vuestro natural ambiente como hermosa y naturalmente crece una flor, que mientras está en capullo seguramente conoce cuál ha de ser su plenitud, que un día verá el fulgor del sol y que perfumará al mundo. Así cada uno de vosotros, durante el periodo de crecimiento ha de pensar y meditar en la luz y verdad que os sobrevendrá en el momento de vuestra plena floración.

   Sólo podréis gozar de aquel fulgor, de aquella energía, de aquella delectación si escucháis la Voz y no aceptáis ciegamente la autoridad y la tradición ajenas, de las cuales habéis de prescindir. Dicho de otro modo, habéis de ser vuestro propio legislador y vivir de conformidad con vuestras ideas e intuiciones que son el resultado de la experiencias de esta y otras vidas. Sólo hay una ley, sólo un Nirvana, sólo un Reino de la Felicidad, sólo una Esencia; y si comprendéis esto cumplidamente actuaréis de conformidad con esta comprensión. Cuanto más adelantéis y más penséis y más sufráis, más cerca llegaréis de esta Esencia, de esta Unidad, de esta eterna Verdad. Estaréis propensos a dudar, a discutir, a una gran agitación interior hasta que por vosotros mismos escuchéis y adquiráis esta verdad.

   Mientras procuramos comprender, debemos tener la conciencia del sabio y no del loco; debemos tener la conciencia de quienes percibieron la Visión del más noble aspecto de la vida y no la conciencia de las gentes ruines e ignorantes con sus ideas y conceptos.

   Y si queréis evitar esta ruin coincidencia, este débil susurro de la voz, debéis comprender enteramente lo que significa el Reino de la Felicidad, lo que significa la ley, lo que significa la verdad.

   Así como la lluvia cae en la tierra y alimenta toda clase de árboles, toda especie de plantas y todas las flores, así esta única Esencia fluye por todas las cosas sin distinción. Las manos del alfarero moldean la arcilla y dan forma a hermosas y útiles vasijas, algunas de las cuales servirán de florero, otras para contener arroz o requesones, mientras que otras serán vasos de impureza. Pero todas salen de las mismas manos y son de la misma arcilla, el producto del mismo torno que incesantemente gira. Todos somos los mismos en esencia, pero diferentes en el mundo de las formas, y según esta diferencia varía nuestra comprensión de la Verdad. Cuanto más grandes seáis y más hayáis sufrido y más hayáis gozado, más cerca estaréis de la unidad de esta Esencia. Esta es la única Ley, la única aspiración que puede guiaros al Reino de la Felicidad. Únicamente podrá proporcionarnos duradera felicidad el reconocimiento de una misma Esencia en todas las cosas, diferentes en su externa forma, y de la vida a la luz de este conocimiento.

   … Todos hemos tenido la experiencia de la tremenda soledad, donde los libros, la religión, todo se ha ido y en lo interno nos sentimos tremendamente solos, vacíos. Muy pocos podemos enfrentarnos con esa vacuidad, esa soledad, y escapamos de ella. La dependencia es una de las cosas a las que acudimos; queremos depender de algo, porque no podemos permanecer a solas con nosotros mismos. Debemos tener la radio o los libros, o la charla, el parloteo incesante acerca de esto y aquello, acerca del arte y de la cultura. Así es como llegamos a ese punto en que conocemos esta sensación extraordinaria de autoaislamiento. Podemos tener un empleo muy bueno, trabajar furiosamente, escribir libros, pero dentro de nosotros existe este vacío tremendo. Queremos llenarlo, y uno de los recursos es la dependencia.

   Usamos la dependencia, el entretenimiento, la labor en la iglesia, las religiones, la bebida, las mujeres, muchísimas cosas para llenar ese vacío, para disimularlo.

  … Para poner fin a la guerra externa, debéis empezar por poner fin a la guerra en vosotros mismos. Algunos de vosotros moverán la cabeza y dirán “estoy de acuerdo”, y saldrán y harán exactamente lo mismo que han estado haciendo durante los últimos diez o veinte años. Vuestra conformidad es puramente verbal y carece de significación, pues las miserias y las guerras del mundo no van a ser detenidas por vuestro fortuito asentimiento. Sólo serán detenidas cuando os deis cuenta del peligro, cuando percibáis vuestra responsabilidad, cuando no dejéis eso en manos de otros. Si os dais cuenta del sufrimiento, si veis la urgencia de la acción inmediata y no la aplazáis, entonces os transformaréis; y la paz vendrá tan sólo cuando vosotros mismos seáis pacíficos, cuando vosotros mismos estéis en paz con vuestro prójimo”.

    J. Krishnamurti


 

UNA MENTE QUE SE RINDE CULTO A SÍ MISMA NO PUEDE CONOCER LA VERDAD

   “… Estamos manteniendo un diálogo, lo cual quiere decir una conversación entre personas que están interesadas por ciertos problemas de los seres humanos, y desean profundizar en ellos con cuidado y afecto, no con imposiciones y discusiones. Un método dialéctico trata de averiguar la verdad mediante opiniones.

   Pero aquí no estamos investigando dialécticamente. Más bien somos como dos amigos que hablan juntos sobre los problemas humanos, con la esperanza de poder resolverlos y descubrir la verdad.

   Me temo que existe una gran equivocación al tratar de encontrar una técnica para alcanzar la verdad, lo cual significa aprender, practicar un método que nos ayude a alcanzarla. Rechazamos el que exista tal técnica. Por favor, tengan esto muy claro. La técnica implica aprender un método. Evidentemente, para enviar una nave a Marte, lo que constituye una hazaña extraordinaria, se necesita mucha tecnología, una gran acumulación de conocimientos científicos. Pero como la verdad es una tierra sin caminos, no se puede trazar una vía, una dirección, un sendero hacia ella, y después practicar, establecer una disciplina, aprender una técnica.

   Aquí no se ofrece una técnica ni hablamos de técnicas, de métodos o de sistemas. Estamos mentalizados de una manera tan mecánica que creemos que, al practicar una técnica, una repetición verbal o un silencio, eso liberará de algún modo la mente de toda su actividad mecánica, y me temo que no es así. Lo que decimos es que debemos tener el interés, el impulso, la intensidad para averiguar, para averiguar por uno mismo, y no que sea otro quien le diga cómo hacerlo. Entonces lo que descubra será suyo; entonces estará libre de todos los gurúes, de todas las técnicas, de toda autoridad. Por favor, tenga esto presente mientras dialogamos sobre estos temas.

   … Creer que hay un camino que los «maestros» enseñan a sus «discípulos» es también algo fantástico, ¿no es cierto? Porque la sabiduría no se encuentra en el discípulo o en el maestro. La felicidad no se logra a menos que se abandone la idea de que nosotros estamos entre los pocos elegidos que caminan por una senda especial. Esta idea solo nos proporciona una sensación de seguridad, de engrandecimiento. La idea de que el suyo es el camino directo y de que el nuestro nos llevará más tiempo, es el resultado de una forma de pensar inmadura. ¿No se divide así a la humanidad en caminos sistematizados?

   Aquellos que son sensatos encontrarán la verdad. Aquel que es sensato nunca seguirá el camino de los «maestros», o el camino del conocimiento, de la ciencia, de la devoción o de la acción. Una persona que se ha comprometido con un determinado camino es inmadura, y tal persona jamás encontrará lo eterno, lo intemporal, porque ese determinado camino con el que se ha comprometido pertenece al tiempo. Mediante el tiempo nunca se podrá alcanzar lo eterno. Mediante el sufrimiento nunca se podrá alcanzar la felicidad. Hay que apartar el sufrimiento si se quiere que haya felicidad. Si uno ama, en ese amor no puede haber controversia ni conflicto. En medio de la oscuridad no hay luz, pero cuando uno se libera de la oscuridad obtiene la luz. De igual modo, hay amor cuando no existe posesión, cuando no existe condena, cuando no existe realización de las ambiciones personales.

   Aquellos de nosotros que se han comprometido con un camino tienen intereses personales, mentales, emocionales o físicos, y por ese motivo se nos hace extremadamente difícil llegar a ser personas sensatas. ¿Cómo podremos abandonar aquello a lo que hemos estado aferrados durante cincuenta o sesenta años? ¿Cómo podrá dejar uno su casa y convertirse nuevamente en un mendigo, que es lo que era cuando estaba realmente buscando? Ahora uno se ha comprometido con una organización de la cual es el jefe, el secretario o un simple afiliado. Para la persona que está buscando, esa misma búsqueda es amor, es devoción, es conocimiento. La persona que se ha comprometido con una determinada acción o con un determinado camino se ve atrapada en un sistema, y no encontrará la verdad. A través de la parte nunca se encontrará el todo. A través de una pequeña rendija de la ventana no podemos ver el cielo, el claro y maravilloso cielo; la persona que puede ver con claridad el cielo es la que está en campo abierto, lejos de todos los caminos, lejos de todas las tradiciones.

   … Así pues, no existen caminos hacia la verdad ni tampoco existen dos verdades. La verdad no pertenece al pasado ni al presente, es intemporal. El hombre que cita la verdad de Buda, de Shankara, de Cristo, o simplemente repite lo que digo, no encontrará la verdad porque la repetición no es la verdad, la repetición es mentira. La verdad es un estado de ser que surge cuando la mente, que trata de dividir, de excluir, que sólo es capaz de pensar en términos de resultados, de logros, deja de intervenir; únicamente entonces la verdad existe. La mente que se esfuerza, que se autodisciplina para alcanzar una meta, no puede conocer la verdad porque esa meta es su propia proyección, y perseguir esa proyección, por más noble que sea, es una forma de culto a sí misma. Una mente que se rinde culto a sí misma no puede conocer la verdad.

   La verdad sólo puede conocerse cuando uno comprende el proceso completo de la mente, es decir, cuando no hay conflicto. La verdad es un hecho, y el hecho sólo puede comprenderse cuando se han eliminado las diferentes interferencias entre el hecho y la mente. El hecho es la relación de uno con la propiedad, su esposa, los seres humanos, la naturaleza, las ideas; y mientras uno no comprenda el hecho de la relación, la búsqueda de Dios sólo incrementará la confusión porque es una sustitución, una forma de evasión y, por consiguiente, no tiene ningún valor.

   … La mente serena no es una mente que se condicione o que se entrene para serenarse. La quietud llega sólo cuando la mente comprende sus propios caminos que son los caminos de la personalidad”.

    J. Krishnamurti

 



LA INVESTIGACIÓN ES LA LLAMA DE LA ATENCIÓN

   “… El descontento general que casi todos, jóvenes o viejos, experimentamos, pronto encuentra una vía de satisfacción y, de esa manera, nuestras mentes se echan a dormir. El descontento se despierta de vez en cuando a causa del sufrimiento, pero la mente vuelve a buscar una solución gratificadora. Se halla atrapada en esta rueda de la insatisfacción y la gratificación, y el constante despertar a través del dolor es parte de nuestro descontento. El descontento es la vía de la investigación, pero no puede haber investigación si la mente está atada a la tradición, a los ideales. La investigación es la llama de la atención. 

   Por descontento entiendo el estado en que la mente comprende ‘lo que es’, lo real e investiga constantemente para descubrir más. Es un movimiento para ir más allá de las limitaciones de lo que es, y si uno encuentra caminos y medios con los cuales sofocar o superar el descontento, entonces aceptará las limitaciones de la actividad egocéntrica y de la sociedad en que vive.

   El descontento es la llama que quema los desechos de la satisfacción, pero la mayoría de nosotros busca disiparla de diversas maneras. Nuestro descontento se convierte entonces en la persecución del ‘más’, en el deseo de una casa más grande, un automóvil mejor, etc., todo lo cual se halla dentro del campo de la envidia, y es la envidia la que sostiene un descontento semejante. Estoy hablando de un descontento en el que no existen la envidia ni la codicia del ‘más’, un descontento que no está alimentado por ningún deseo de satisfacción. Este descontento es un estado puro que existe en cada uno de nosotros, si no se lo apaga a causa de una mala educación, mediante soluciones gratificadoras, la ambición o la persecución de un ideal. Cuando comprendamos la naturaleza del verdadero descontento, veremos que la atención forma parte de esa llama ardiente que consume la pequeñez, y deja a la mente libre de las limitaciones que implican las búsquedas y gratificaciones que la encierran dentro de sí misma.

   Así, la atención surge solamente cuando existe una investigación que no se basa en el progreso propio o en la gratificación. Esta atención debe ser cultivada en el niño desde el comienzo mismo. Ustedes encontrarán que cuando hay amor, que se expresa mediante la humildad, la cortesía, la paciencia, la delicadeza, ya están libres de las barreras que erige la insensibilidad; de ese modo están ayudando a generar este estado de atención en el niño desde una edad muy temprana.

   La atención no es algo que pueda aprenderse, pero ustedes pueden ayudar a despertarla en el estudiante, no creando a su alrededor ese sentido de compulsión que produce una existencia contradictoria en sí misma. Entonces, la atención del niño puede ser enfocada en cualquier momento sobre un tema determinado, y no será la estrecha concentración producida por el impulso compulsivo de adquisición o logro.

   … Surge pues, la cuestión, ¿por qué estamos siempre buscando satisfacción? En todas nuestras relaciones y en cualquier cosa que hagamos siempre está el deseo de quedar satisfechos, de quedar complacidos y de seguir con esa satisfacción. Lo que llamamos descontento sólo surge cuando las cosas no nos complacen, y tal descontento no hace sino engendrar otra serie de reacciones.

   Pues bien, yo pienso que una persona que sea muy seria y vea todo esto, la forma en que los seres humanos han vivido durante miles de años en completa confusión y desdicha, nunca en una acción completa, tiene que descubrir por sí misma si es capaz de desenvolverse con una mente que no esté contaminada por la sociedad; y eso sólo lo puede averiguar cuando esté libre de la sociedad. Hablo de la liberación de la estructura psicológica de la sociedad, que es 1a codicia, la envidia, la ambición y el afán de engreimiento. Cuando se ha comprendido y desechado toda esa estructura psicológica, uno está libre de la sociedad y puede seguir yendo a la oficina, comprando pantalones, etc., pero uno está libre de la estructura psicológica que tanto distorsiona la mente.

   Llega uno pues, a un punto en que descubre por sí mismo que la completa liberación de la estructura psicológica de la sociedad es inacción total, y esa inacción completa es acción total que no crea contradicción y, por tanto, tampoco deterioro.

   … Es la investigación constante, la verdadera insatisfacción, lo que despierta la inteligencia creadora, pero mantener despierto el espíritu de investigación y descontento es extremadamente difícil, y la mayor parte de la gente no quiere que sus hijos tengan esa clase de inteligencia, porque es muy embarazoso vivir con alguien que constantemente está cuestionando los valores aceptados.

   …Sólo estimulando al niño a que cuestione el libro, cualquiera que sea, a que investigue la validez de los valores sociales existentes, de las tradiciones, de las formas de gobierno, de las creencias religiosas, etc., pueden los educadores y los padres de familia tener la esperanza de despertar y mantener la comprensión crítica y la profunda intuición del niño”

    J. Krishnamurti



O SEA, QUE LO PRIMERO QUE TIENE QUE HACER ES DETENERSE, INVESTIGAR, MIRAR, ESCUCHAR

   “… Miren lo que está sucediendo en el mundo, estamos condicionados por la sociedad, por la cultura en la cual vivimos, y la cultura es un producto de la humanidad; no hay nada sagrado, divino, eterno en la cultura. La cultura, la sociedad, los libros, la radio, todo eso que vemos y escuchamos, las múltiples influencias que recibimos, tanto conscientes como inconscientes, nos estimulan a vivir en un pequeño fragmento de este enorme campo de la mente.

   … Pero, como se puede ver, nuestra dificultad es que estamos tan fuertemente condicionados que nunca miramos, nunca preguntamos, nunca cuestionamos, nunca ponemos en duda. Somos todos seguidores, unos conformistas. Y la crisis actual requiere que usted no sea seguidor de nadie. Usted, debido a su confusión, no puede seguir a nadie, pues cuando está confuso y sigue a alguien lo está siguiendo debido a la confusión, no porque posee claridad. Si tiene las cosas claras no seguirá nunca a nadie. Y cuando siga a alguien porque está confuso ocasionará mayor confusión. O sea, que lo primero que tiene que hacer es detenerse, investigar, mirar, escuchar.

   … Así condicionados, somos agresivos. Los sociólogos, los antropólogos y los economistas explican esta agresión. Hay dos teorías: o ha heredado usted del animal este espíritu agresivo, o bien la sociedad que cada ser humano ha contribuido a establecer, le impele, le obliga, le fuerza a ser agresivo. Pero el hecho es más importante que la teoría. No importa si la agresión viene del animal o de la sociedad. Somos agresivos, brutales, no somos capaces de mirar y examinar imparcialmente las sugerencias, el punto de vista o el pensamiento de otro.

   … Desgraciadamente, este país tiene una larga historia en lo que respecta a su supuesta cultura. «Cultura» es una palabra excelente, pero ha sido desprestigiada por los políticos, por la gente que tiene muy poca capacidad de reflexión o muy poco que decir que sea original. Así que han empleado la palabra «cultura» para encubrir su propia falta de inteligencia. Pero para producir una cultura diferente, cultura significa crecer, florecer, no permanecer estancado, y para comprenderla uno tiene que empezar consigo mismo. Porque usted es el resultado de esta cultura, de la cultura de la India con todas sus tradiciones, con todas sus supersticiones, todos sus miedos; la cultura en la que existen la religión, las divisiones sociales y lingüísticas. Usted forma parte de todo eso, usted es eso, usted no es distinto de eso. De modo que en el momento en que se da cuenta y presta su total atención a lo que usted es, entonces verá que ha descartado todo eso instantáneamente. Entonces está por completo libre del pasado. Sólo cuando es consciente de su condicionamiento este se desprende de usted de forma natural, no mediante ningún acto de voluntad, ni por medio de hábito alguno, de ninguna reacción, sino que simplemente se desprende porque usted está prestando atención.

   … Sabiendo lo que es el mundo que ha creado cada uno de nosotros, con toda su fragmentación y su división, con sus brutalidades, trapacerías, engaños, con su violencia, sus guerras y todos los horrores que ocurren, tenemos dos problemas fundamentales. El primero, si es posible volver la espalda a este mundo, o sea, rechazar la cultura, la civilización, todo lo que el hombre ha producido a través de los siglos, y así liberar la mente de ese condicionamiento. Ese es un problema. El segundo es si en el proceso mismo de liberar la mente es posible vivir en este mundo y, sin embargo, no pertenecer a él, no estar involucrado en él.

   … Ahora bien, ¿puede la mente, nuestra mente, liberarse de esta cultura? Y, ¿qué quiere decir liberarse de la cultura? ¿Es una cuestión de análisis? ¿Es una cuestión de tiempo? ¿Es cuestión de conclusiones más racionales y lógicas del pensamiento? ¿O es un no-movimiento del pensar? Por favor, penetren un poquito en esto junto con quien les habla. Puede que sea algo difícil, puede que no estén habituados a esta clase de pensar, puede que no hayan pensado en ello para nada. Así que, por favor, tengan un poco de paciencia y compartamos juntos este interrogante extraordinario. El condicionamiento de la mente, que ha tenido su origen en el tiempo, en la experiencia y el conocimiento, ¿puede ser disuelto por el análisis? Ese es un punto.

  … Como pueden ver, la investigación del conocimiento de sí mismo es un movimiento hacia el exterior, que luego se vuelve hacia el interior; primero miramos a las estrellas y luego miramos dentro de nosotros mismos. Del mismo modo, buscamos la realidad, Dios, la seguridad y la felicidad en el mundo objetivo, y cuando no se encuentra ahí nos volvemos hacia el interior. Esta búsqueda del Dios interno, del yo superior o lo que sea, cesa por completo mediante el conocimiento de uno mismo, y luego la mente se vuelve muy tranquila, no por medio de la disciplina, sino simplemente a través del entendimiento, de la observación, de la conciencia no selectiva de sí misma en todo momento. No diga: «tengo que estar atento en todo momento», porque esa es otra manifestación de nuestra idiotez cuando queremos llegar a alguna parte, cuando queremos alcanzar un determinado estado. Lo que importa es darse cuenta de uno mismo y seguir dándose cuenta sin acumular, porque en el momento en que se acumula, se juzga desde ese centro. La autognosis no es un proceso de acumulación, es un proceso de descubrimiento, de instante en instante, en la relación.

    … Si vemos que un problema no puede ser resuelto desde el pasado, que en ninguna circunstancia puede uno responder plenamente, totalmente, a este reto inmenso en términos del pasado; si vemos esto, la acción que emerge es completamente nueva. ¿Han comprendido? ¿Alcanzan a ver esa respuesta? ¿O sólo la ven intelectualmente, vale decir verbalmente? Si la ven verbalmente la están viendo de una manera fragmentaria y, por lo tanto, no es una respuesta total. Pero si realmente ven el peligro del propio condicionamiento, de la cultura en que fueron educados, hay una acción inmediata de la libertad.”

    J. Krishnamurti

    

LA VIDA ES INTERRELACIÓN. LA VIDA ES COOPERACIÓN

   “… Solamente el hombre que es libre es el que puede cooperar, y es el hombre libre el que dice no cooperaré. La cooperación, como generalmente se entiende, implica cooperar en torno de una persona, de una idea, o de una utopía alrededor de la autoridad de una persona o la autoridad de una idea, como la del Estado. Si lo observáis, esa clase de cooperación no es en absoluto cooperación, es un beneficio mutuo, y cuando cambia la autoridad cambiáis con el fin de derivar de ello vuestro beneficio, por lo cual es una forma compulsiva de ajuste. Hablamos de una cooperación que es enteramente distinta porque el hombre debe cooperar. No podemos vivir sin cooperación. La vida es interrelación, la vida es cooperación. No es posible que vos y yo podamos existir sin cooperación. Pero, para cooperar debe haber libertad. Vos debéis ser libre y yo debo ser libre para cooperar. Libertad no quiere decir hacer lo que a uno le place, ser despiadado y todo el resto de la reacción estúpida conectada con esa palabra. Solamente el hombre que es libre para amar, que no abriga celos ni odio, es el que no quiere nada para sí mismo, para su familia, para su raza, su grupo. Sólo el hombre que es libre y conoce la significación plena del amor y la belleza, es el que puede cooperar.

   Así, lo que es necesario es comprender esta libertad. El pensamiento no trae como resultado esta libertad, nunca es libre el pensamiento. El pensamiento es simplemente una reacción al conocimiento acumulado como memoria, como experiencia; por tanto, nunca puede libertar al hombre. No obstante, todo lo que hacemos, cada acción, cada motivo, cada apremio, está basado en el pensamiento. Así que uno tiene que ver por sí mismo la significación del pensamiento, dónde es necesario y cuándo es veneno.

   La mutación puede efectuarse únicamente cuando la mente está totalmente vacía de todo pensamiento. Es como la matriz; una criatura se concibe en la matriz porque está vacía, y de ello surge un nuevo nacimiento. Del mismo modo, la mente debe estar vacía; solamente en lo vacío es donde una cosa nueva puede efectuarse, una cosa totalmente nueva, no algo que ha continuado durante milenios.

   De modo que el asunto, entonces, es cómo vaciar la mente. No el sistema. Cuando uso la palabra ‘cómo’, no es ‘haced estas cosas y vaciaréis la mente’. No hay sistema, ninguna fórmula. Tenéis que ver la verdad de eso, que la mutación es absolutamente necesaria para la salvación del hombre, para vos y para mí, para nuestra salvación, para nuestra libertad, para estar por completo libres del dolor de la agonía de la vida.

   Debéis tener una mutación, una mente que sea por completo diferente, que no sea el producto del ambiente, de la sociedad, de la reacción, del conocimiento, de la experiencia; todo ello no produce inocencia, no trae libertad, no da ese amplio sentido de espacio en la mente. Solamente en ese espacio es donde el movimiento de la mutación tiene lugar, y solo esa mutación es lo que puede salvar al hombre, porque esa mutación es la que trae como consecuencia lo individual.

   … Es importante saber lo que es la cooperación y cuándo cooperar, o cuándo no hacerlo. Para conocer el estado de la mente que no quiere cooperar, tiene uno que aprender también lo que significa cooperar, ambas cosas son importantes. Seguramente la mayor parte de nosotros cooperamos cuando tenemos un interés personal, cuando vemos provecho, placer o ganancia en hacerlo. Entonces sí cooperamos generalmente, ponemos en ello nuestro corazón y nuestro entendimiento. Nos entregamos a un compromiso, a algo en que creemos; con esa autoridad, con ese ideal cooperamos en efecto. Pero también es muy importante aprender cuándo no cooperar. Muchos no estamos dispuestos a averiguar lo que es no cooperar, cuándo estamos en actitud de cooperar. Ambas cosas van juntas realmente.

   Es importante saber que, si cooperamos con una idea, con una persona, si adoptamos una actitud hacia aquello con que cooperamos, entonces cesa la cooperación. Cuando termina el interés por esa idea, por esa autoridad, rompemos con ella, y entonces tratamos de cooperar con otra idea o autoridad. Todo eso, seguramente, se basa en el propio interés, y cuando esa cooperación que es interés propio ya no trae ganancia, beneficio o placer, entonces dejamos de cooperar.

   Saber cuándo no cooperar es tan importante como saber cuándo hacerlo. La cooperación tiene realmente que surgir de una dimensión del todo distinta.

   … Cuando usted dice que quiere aprender en una comunidad, en una escuela como esta, existe un problema. Están las personas de mayor edad y la generación más joven, el maestro y los estudiantes, y otros que vienen aquí; debe haber un modo de vivir felizmente, inteligentemente, activamente, con muchísima energía. Uno debe tener este sentimiento, de otro modo todos tiraremos en diferentes direcciones. De manera que deseo aprender, y lo primero que haré al aprender será investigar a fin de descubrir si realmente quiero cooperar, si realmente tengo ese sentimiento. ¿Lo tiene usted? Si no es así averigüe por qué no lo tiene. Esta cualidad extraordinaria, este sentimiento de cooperación, de construir juntos, de hacer las cosas juntos, esto es lo que ha edificado este mundo".

    J. Krishnamurti