“… Primero debemos ver la importancia, la necesidad de comprenderse uno mismo, porque sin comprenderse uno mismo no puede resolverse ningún problema y, por tanto, las guerras, los antagonismos, la envidia y las luchas seguirán.
… Tenemos que aprender a ver las cosas como
son realmente, no como ustedes están programados para mirarlas. Vean la
diferencia. ¿Podemos estar libres de la programación y mirar? Si miramos como
cristianos, demócratas, comunistas, socialistas, católicos o protestantes, que
son todos prejuicios, no podremos comprender entonces la enormidad del peligro,
de la crisis que estamos afrontando.
… Mi cuerpo puede ser diferente de otro
cuerpo, el organismo físico puede ser diferente de otro organismo físico, pero
el cuerpo nunca dice: “yo soy”; el cuerpo nunca dice: “yo soy algo especial”;
nunca dice: “mi progreso, mi éxito, yo debo encontrar a Dios”, y todas esas
cosas. El cuerpo jamás es consciente de que está separado de alguna otra
persona. Es el pensamiento el que dice que yo soy diferente. Es importante ver
cómo el pensamiento divide. Por lo tanto, lo que primero uno advierte cuando
mira este vasto movimiento de la vida, es cómo el hombre se ha dividido, cómo
se ha separado de los otros hombres al considerarse a sí mismo como americano,
judío, ruso, árabe, hindú, y así sucesivamente. ¿No reparan ustedes en esta
extraordinariamente dividida entidad humana? ¿Se dan cuenta de eso? Si lo
hacen, lo primero que ven es cómo el mundo se halla dividido geográfica,
nacional, racial y religiosamente. Esta división está causando inmensos
conflictos, está originando las guerras, el hindú contra el musulmán, el ruso
contra el afgano, etc. Acaso no es eso lo primero que ven ustedes en este mundo,
¿cómo el hombre ha creado esta división? Esta división tiene que existir
inevitablemente porque es el pensamiento el que la ha creado.
… Si uno es realmente sencillo, de ahí puede
comprender la enorme complejidad de las cosas. Pero empezamos con todas las
complejidades y nunca vemos la sencillez. Nos han educado así. Hemos entrenado
nuestro cerebro para ver la complejidad, y luego encontrar una respuesta a esa
complejidad. No vemos esa extraordinaria sencillez de la vida, de los hechos,
mejor dicho.
… Ver o comprender no es una cuestión de
tiempo, no es una cuestión de niveles, lo ve, o no lo ve. Y no es posible ver
sin darse cuenta profundamente de sus propias reacciones, de su propio
condicionamiento. Cuando uno se da cuenta de su condicionamiento, debe observarlo
sin elección, debe ver el hecho sin opinión o juicio alguno acerca del hecho.
En otras palabras, uno debe mirar el hecho sin pensamiento. Entonces surge el
darse cuenta, ese estado de atención sin centro, sin fronteras, donde lo
conocido no interfiere.
… Estamos en constante lucha con nosotros
mismos y con nuestro prójimo; somos ambiciosos, queremos más poder, más
prestigio, la mejor posición; y esta adquisividad se expresa a través del
grupo, de la nación. Queremos ser poderosos para defendernos, o para ser
agresivos; y así continúa todo ello. Lo importante pues, no es lo que vosotros
o yo pensemos del comunismo o de la democracia, sino descubrir cómo libertar la
mente, porque solo la mente libre es la que puede comprender lo que es la
verdad, lo que es Dios, y sin esa comprensión la vida tiene muy poco sentido.
Es la realización de la verdad, o de Dios, la experiencia efectiva, no la
creencia en ella, lo que es de la más alta importancia, especialmente ahora que
el mundo está en semejante caos y miseria.
… Uno puede ver cómo las creencias
religiosas, políticas, nacionales y de diversos otros tipos, separan a los
hombres, cómo crean conflicto, confusión y antagonismo, lo cual es un hecho
evidente y, sin embargo, no estamos dispuestos a renunciar a ellas. Os gusta
creer que hay un Dios que atiende con solicitud a vuestras pequeñeces. Es obvio
que este pensamiento es infantil y sin madurez. Creéis que el Gran Padre está
observando a cada uno de nosotros. Eso es simple proyección de vuestro gusto
personal. La verdad debe ser algo enteramente diferente.
… Solo la verdadera educación, y no las
ideologías, los líderes y las revoluciones económicas, puede ofrecernos una
solución duradera para nuestros problemas y miserias; y ver la verdad de este
hecho no es cuestión de persuasión intelectual o emocional, ni de argumentos
perspicaces.
… Ahora bien, ¿puede haber una sociedad que
ayude al hombre, al individuo a ser bueno, a no ser codicioso, a estar libre de
envidia, de ambición? Seguramente eso es lo que importa. El hombre puede ser
bueno sólo cuando es libre, no para hacer lo que quiera, sino libre para
comprender todo el movimiento de la vida. Eso requiere una diferente clase de
escuela, otra clase de educación; exige padres y maestros que comprendan todas
las implicaciones de la libertad. De lo contrario tendremos más tiranía, no menos,
porque el Estado reclama eficiencia. Tenéis que ser eficientes para tener una
nación industrializada, debéis ser eficientes para luchar, para matar, para
destruir, y eso es todo lo que persiguen los gobiernos tales como son ahora.
Y los gobiernos están separados, además, por
lo que llamamos religiones. Ninguna religión organizada se atreve a romper con
el gobierno y decirle: ‘estáis equivocados’; al contrario, ellas bendicen los
cañones y los acorazados. Durante la última guerra, un hombre que arrojó bombas
que mataron a millares de personas escribió un libro titulado: ‘Dios fue mi
copiloto’. Por supuesto, aquí en Madanapalla no tenéis que ver directamente con
todo eso, pero seguramente la guerra es tan solo una expresión extremada de
nuestra vida diaria.
… Toda nuestra vida se basa en el
pensamiento que es mensurable. Toma la medida de Dios, de su relación con otro
a través de la imagen. Trata de mejorarse de acuerdo con lo que cree que
debería ser. De modo que vivimos innecesariamente en un mundo de medición, y
con ese mundo queremos entrar en el mundo en el que no hay medida alguna. La
meditación es ver ‘lo que es’, ir más allá, ver y trascender la medida.”
J. Krishnamurti