“… Lo que llamamos religión es simplemente
la organización de creencias, con sus dogmas, sus rituales, sus misterios y sus
supersticiones. Cada religión posee su propio libro sagrado, su mediador, sus
sacerdotes y sus formas de tratar y conservar a la gente. La mayoría de
nosotros hemos sido condicionados para todo ello, y esto se considera como
educación religiosa; pero este condicionamiento pone a los hombres uno contra
otro, crea antagonismos, no solamente entre los creyentes, sino también contra
los de otras creencias. Si bien todas las religiones afirman que adoran a Dios
y dicen que debemos amarnos los unos a los otros, infunden miedo a través de
sus doctrinas de recompensa y castigo, y a través de sus dogmas de competencia
que perpetúan la desconfianza y el antagonismo.
… Las religiones del mundo han perdido por
completo su significación. Todos los intelectuales las rehúyen, escapan de
ellas; por eso, cuando uno usa las palabras ‘mente religiosa’, tal como quien
les habla lo hace con mucha frecuencia, ellos preguntan: ¿por qué utiliza usted
esa palabra ‘religiosa’? Etimológicamente no está muy claro cuál es la raíz de
esa palabra. Originalmente significaba un estado del ser vinculado a aquello que
es noble, que tiene grandeza, y por eso uno tenía que vivir una vida diligente,
escrupulosa, honesta. Pero todo eso ha desaparecido, hemos perdido nuestra
integridad. Por lo tanto, si descartamos todo aquello en que han llegado a
convertirse las actuales tradiciones religiosas con sus imágenes y sus
símbolos; ¿qué es, entonces, la religión? Para descubrir qué es una mente
religiosa, tenemos que descubrir qué es la verdad; la verdad no tiene senderos
que conduzcan a ella. No hay sendero alguno. Cuando uno tiene compasión, la
compasión es inteligencia, dará con aquello que es eternamente verdadero. Pero
no existe una dirección, no hay capitán que nos dirija en este océano de la
vida. Como ser humano, uno ha de descubrir esto. Uno no puede pertenecer a
ningún culto, a ningún grupo, cualquiera que sea, si es que ha de dar con la
verdad. La mente religiosa no pertenece a ninguna organización, a ningún grupo,
a ninguna secta, y tiene la cualidad de una mente global.
La mente religiosa es una mente que se halla
por completo libre de toda atadura, de cualquier clase de conclusiones o
conceptos, sólo trata con lo que realmente es, no con lo que ‘debería ser’. Es
una mente que aborda, en todos los días de nuestra existencia cotidiana, lo que
de hecho está sucediendo tanto interna como externamente, y comprende todo el
complejo problema del vivir. La mente religiosa está libre de prejuicio, de
tradición, de todo sentido de dirección. Para dar con la verdad uno necesita
gran claridad de la mente, no una mente confusa.
… Aunque pertenecer a algo nos hace
sentirnos seguros, invariablemente genera inseguridad debido al carácter
intrínsecamente separativo de cualquier organización. Usted tiene su gurú, su
autoridad, otro es católico o protestante, un tercero es adepto a un grupo
distinto, y pese a que todas las religiones sistematizadas dicen estar
trabajando juntas por la verdad, jamás coinciden. Así que, ¿podemos, al
escucharnos uno a otro y escuchar este hecho, erradicar de nuestro pensamiento
toda aceptación de autoridad, de autoridad psicológica, y por consiguiente
todas las organizaciones creadas en torno a ella? ¿Qué sucede entonces? ¿He
abandonado la autoridad porque usted lo ha dicho, o porque veo la naturaleza
destructiva de las llamadas organizaciones? ¿Lo veo como un hecho, es decir,
con inteligencia, o lo acepto con sentimiento de vaguedad? No sé si me siguen.
Si uno ve el hecho, la misma percepción del hecho es inteligencia, y es en esa
inteligencia donde hay seguridad, no en alguna absurda superstición. ¿Lo ven
ustedes? Me gustaría que me respondieran, ¿estamos comunicándonos uno con otro?
… Solo el amor puede crear la comprensión de
los demás. Donde hay amor hay comunión instantánea con los otros, en el mismo
nivel y al mismo tiempo. Por ser nosotros mismos tan secos, tan vacíos, tan
faltos de amor, hemos permitido que los gobiernos y los sistemas se encarguen
de la educación de nuestros hijos y de la dirección de nuestras vidas; mas los
gobiernos quieren técnicos eficientes, y no seres humanos, porque los seres
humanos son peligrosos para los gobiernos, así como también para las religiones
organizadas. Por esto es que los gobiernos y las organizaciones religiosas
buscan el dominio sobre la educación.
… No nos preocupemos acerca de lo que pueda
ser la conciencia cósmica, la verdad, etc. Aquello que es real será conocido
cuando hayan cesado las diversas formas de ilusión. Como la mente es capaz de
contener tantos sutiles engaños y tiene el poder de crear para sí tantas
ilusiones, nuestro interés no debe estar puesto en el estado que llamamos
realidad, sino en disipar las múltiples ilusiones que surgen todo el tiempo, ya
sea consciente o inconscientemente. Perteneciendo a una organización religiosa
con sus dogmas, creencias y doctrinas, o siendo uno de estos nuevos
nacionalistas dogmáticos, esperan ustedes realizar a Dios, la verdad o la
felicidad humana. Pero, ¿cómo puede la mente comprender la realidad si está
deformada por creencias, prejuicios, dogmas y temores? Solo cuando se disuelven
estas limitaciones puede manifestarse la verdad. No tengan preconceptos acerca
de lo que es para luego ajustar a ellos los propios deseos.
Ustedes piensan que para amar al hombre
deben pertenecer a alguna nacionalidad, piensan que para amar la realidad deben
pertenecer a alguna religión organizada. Puesto que no somos capaces de
discernir la verdad entre las múltiples ilusiones que se agolpan en nuestra
mente, nos engañamos a nosotros mismos pensando que, tanto lo falso como lo
verdadero, tanto el odio como el amor, son partes esenciales de la vida. Donde
hay amor no puede existir el odio. Para comprender la realidad uno no necesita
pasar por todas las experiencias de la ilusión”.
J. Krishnamurti