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LA ESTRUCTURA DE NUESTRO PENSAMIENTO SE BASA EN LA IMITACIÓN RELIGIOSA O MUNDANA

   "… Para una mente agobiada por el miedo, por la conformidad, por el pensador, no puede haber comprensión de eso que puede llamarse lo original. Y la mente necesita saber qué es lo original. Hemos dicho que es Dios, pero esa es también una palabra que los seres humanos han inventado en su temor, en su infelicidad, en su deseo de escapar de la vida. Cuando la mente humana está libre de todo temor, entonces, en su exigencia de conocer lo original, no busca su propio placer, ni medios de escapar; por lo tanto, en esa investigación cesa toda autoridad. ¿Comprenden? La autoridad del que habla, la autoridad de la iglesia, de la opinión, del conocimiento, de la experiencia, de lo que dice la gente; todo eso llega por completo a su fin, y no existe la obediencia. Solo una mente así puede descubrir por sí misma qué es lo original –descubrirlo, no como una mente individual, sino como un ser humano total–. No existe en absoluto la mente ‘individual’; estamos todos completamente relacionados.

   Por favor, comprendan esto. La mente no es algo separado, es una mente total; todos nos estamos amoldando, todos sentimos miedo, todos escapamos. Para comprender, no como individuo, sino como ser humano total qué es lo original, uno debe comprender la totalidad de la desdicha humana; todos los conceptos, todas las fórmulas que el hombre ha inventado en el curso de los siglos. Sólo cuando nos liberamos de todo esto, podemos descubrir si existe algo que sea original. De lo contrario, somos seres de segunda mano; y como somos seres de segunda mano, seres humanos falsificados, el dolor no termina jamás. Por lo tanto, la terminación del dolor es, en esencia, el principio de lo original. Pero la comprensión que da origen a la terminación del dolor no es tan solo la comprensión de mi dolor particular o del dolor particular de ustedes, porque el dolor de cada uno de ustedes y mi dolor están relacionados con todo el dolor de la humanidad. Esto no es mero sentimentalismo o emocionalismo; es un hecho crudo, real. Cuando comprendemos toda la estructura del dolor y, de tal modo, ponemos fin al dolor, existe entonces una posibilidad de dar con ese ‘algo’ extraño que es el origen de toda la vida; dar con ello no en un tubo de ensayo, como intenta descubrirlo el científico, sino que surge a la existencia esa extraña energía que no tiene movimiento en dirección alguna y que, por eso, se halla en estado permanente de explosión.

   … Afortunadamente hay unos pocos que son sinceros; que están deseosos de examinar los problemas humanos sin prejuicios de ninguna clase; pero en la gran mayoría de nosotros no existe el espíritu de la conformidad ni el de la rebeldía. Cuando sin la actitud de comprensión cedemos a las circunstancias del ambiente, el espíritu de rebeldía que pudiéramos haber tenido desaparece y nuestras responsabilidades pronto le ponen fin.

    … La verdad es una experiencia disociada del pasado. El apego al pasado, con sus recuerdos y tradiciones, es la continuación de un centro estático que impide la experiencia de la verdad.

   … La verdad es descubierta en el inexplorado mar del conocimiento propio. Pero, ¿por qué formula esta pregunta? ¿No es por miedo de extraviarse? ¿No implica eso que usted anhela realizarse, tener éxito. Estar siempre en lo correcto? Anhelamos estar seguros, y este anhelo impide la libertad que la verdad trae consigo. Aquellos que ahondan en el conocimiento propio son flexibles. Vemos que una de las causas de resistencia es la especialización, y otra es la imitación. El deseo de copiar es complejo y sutil. La estructura de nuestro pensamiento se basa en la imitación, religiosa o mundana. Los diarios, las radios, las revistas, los libros, la educación, los gobiernos, las religiones organizadas, todos estos factores y otros contribuyen a que el pensamiento se amolde. Además, cada uno desea amoldarse, porque es más fácil amoldarse que estar alerta. El amoldamiento, la conformidad es la base de nuestra estructura social, y nosotros tememos estar solos. El miedo y la irreflexión originan aceptación de la autoridad, amoldamiento. Ocurre tanto con el individuo como con el grupo, con la nación.

   El amoldamiento es uno de los muchos medios por los cuales el ‘yo’ se mantiene a sí mismo. El pensamiento se mueve de lo conocido a lo conocido, siempre temeroso de lo desconocido, de lo incierto; sin embargo, sólo cuando hay incertidumbre, cuando la mente no está atada a la esclavitud de lo conocido, existe el éxtasis de lo real. A través del conocimiento propio llega a su fin el proceso imitativo.

   … Es sólo en la libertad individual que el amor y la bondad pueden florecer; y sólo la verdadera clase de educación puede ofrecer esa libertad. Ni la conformidad con la sociedad del presente, ni la promesa de una utopía futura, podrán dar jamás al individuo la intuición, sin la cual está creando problemas constantemente.

   … La experiencia puede condicionar aún más el pensamiento o puede liberarlo de sus limitaciones. Nosotros experimentamos conforme a nuestro condicionamiento, pero podemos abrirnos paso por ese condicionamiento, lo cual puede dar a todo nuestro ser una libertad integral. La moralidad, que debería ser algo espontáneo, se ha establecido para seguir una norma, un principio que se convierte en bueno o malo según sean las creencias que uno sustenta. Para cambiar dicha norma, algunos recurren a la violencia, esperando así crear una norma ‘verdadera’, y otros acuden a la ley para reformarla. Tanto unos como otros esperan crear una moralidad ‘justa’ mediante la fuerza y la conformidad. Pero una imposición semejante deja de ser moralidad.

   … La violencia es considerada en cierta forma como un medio necesario para un fin pacífico. Pero no vemos que el fin es controlado y moldeado por el medio que empleamos.

   … Cuando la mente no está cargada de creencias, deseos, apegos; cuando se halla creativamente vacía, existe una posibilidad de experimentar lo real.”

    J. Krishnamurti



EL PENSAR IMPLICA CONOCIMIENTO. PREGÚNTENSE QUÉ LUGAR TIENE EL CONOCIMIENTO EN LA VIDA.

   “… Por lo general, aprendemos mediante el estudio, los libros, la experiencia o cuando nos educan. Son los medios habituales de aprender. Aprendemos de memoria lo que debemos hacer y no hacer, lo que debemos pensar y no pensar, cómo sentir, cómo reaccionar. A través de la experiencia, del estudio, del análisis, de la investigación, del examen introspectivo, almacenamos conocimientos como memoria; y la memoria responde, entonces, a los futuros retos, a las futuras exigencias, desde lo cual aprendemos más y más. Lo que hemos aprendido es confiado como conocimiento a la memoria, y ese conocimiento funciona cada vez que hay un reto o cada vez que debemos hacer algo.

   Ahora bien, yo entiendo que hay una forma totalmente distinta de aprender, y voy a hablar un poco acerca de ello; pero para comprenderlo y para aprender de esta manera diferente, usted debe estar por completo libre de la autoridad; de lo contrario, será meramente adoctrinado y repetirá lo que ha oído. Por eso es muy importante comprender la naturaleza de la autoridad. La autoridad impide el aprender, el aprender que no es la acumulación de conocimientos como memoria. La memoria responde siempre en patrones, no hay libertad. Un hombre cargado de conocimientos, de enseñanzas, agobiado por las cosas que ha aprendido, jamás es libre. Puede ser extraordinariamente erudito, pero su acumulación de conocimientos le impide ser libre; por lo tanto, es incapaz de aprender.

   … Si ustedes dicen: “Dígame cómo terminar con el pensamiento”, entonces hacen de ello un problema, porque nuestro cerebro está adiestrado, educado para resolver problemas. Tal como un experto en computadoras está adiestrado para resolver los problemas que ahí se suscitan, ese mismo movimiento lo extendemos introduciéndolo en el mundo psicológico. Si el pensamiento es la causa de esto, la cuestión no es cómo terminar con él, sino comprender todo el movimiento del pensar. Si uno aborda ese movimiento como ‘su’ pensar y algún otro hace lo mismo, entonces las consecuencias son por completo diferentes, ello conduce a toda clase de ilusiones. Las supersticiones carecen de realidad, pero el pensar es el suelo sobre el que están parados todos los seres humanos: el negro, el blanco, el rojo, el musulmán, el hindú, el aldeano, el hombre inculto, el hombre de ciencia. Entonces uno abandona la idea de que ese es su pensar; uno se interesa entonces en el pensar global, no en el modo indio de pensar. Se interesa realmente en el mundo, en toda la humanidad a la que pertenece. Uno no es un individuo. ‘Individuo’ significa único, indiviso.

   Nosotros no somos únicos, estamos totalmente divididos, fragmentados en lo interno, somos el resultado de todas las generaciones pasadas. Nuestro cerebro no es ‘nuestro’. Ha evolucionado a través de miles y miles de años. Pero nuestra religión, nuestras escrituras, la vida cotidiana que llevamos nos dicen que cada uno de nosotros está separado de todos los demás, y nos han educado para aceptar eso. Nunca lo hemos investigado, no lo hemos cuestionado, no lo hemos puesto en duda, sino que lo aceptamos y en esa aceptación radican nuestros problemas. Pero si ustedes ven todo esto como un vasto movimiento de la vida del cual forman parte, este movimiento que es ilimitado, que no tiene principio ni fin, entonces comienzan a investigar la naturaleza del pensamiento.

   ¿Cuál es, entonces, el origen del pensamiento? ¿Por qué el pensamiento está dividido en su naturaleza misma? ¿Por qué el propio movimiento del pensar es divisivo, fragmentario, limitado? Puesto que el pensamiento es tal vez la causa, no pidan: “Por favor, dígame cómo terminar con la causa”, porque en ese caso están de vuelta en el viejo campo de los problemas. Si tratan de resolver este problema tienen otros problemas. El pensamiento está creando problemas, así que ustedes piden: “Díganos cómo detenerlos, díganos cómo detener el pensamiento”; y hay muchísimas personas que les dirán cómo hay que detener el pensar. Y esas personas varían de una a otra: “mediten, no mediten, intenten este sistema, etc.”; ya conocen ustedes todo eso. Y así es como multiplicamos los problemas uno tras otro. Observen, en cambio, este movimiento del pensar con que el hombre ha vivido por miles y miles de años, y pregúntense no cómo terminar con el pensamiento, sino cuál es la naturaleza del pensamiento, por qué el pensamiento se ha vuelto tan importante. El pensar implica conocimiento. Pregúntense qué lugar tiene el conocimiento en la vida.

   … Nosotros creemos, al parecer, que siguiendo determinado sistema de filosofía, o una creencia, o un método de pensamiento, podremos no sólo disipar la confusión que hay en nosotros, sino también la que reina en torno nuestro. Tenemos innumerables creencias, doctrinas y esperanzas; y al tratar de seguirlas, al procurar ser sinceros con respecto a nuestros ideales, esperamos despejar el sendero hacia la felicidad, o el sendero del conocimiento y la comprensión. Hay, ciertamente, una diferencia entre sinceridad y seriedad. Uno puede ser fiel a una idea, a una esperanza, a una doctrina, a determinado sistema; pero el mero hecho de copiar, de seguir una idea o de someternos a determinada doctrina –todo lo cual puede llamarse sinceridad– no nos ayudará, por cierto, a disipar la confusión en nosotros mismos, y con ello la confusión ambiente.

   Paréceme pues, que lo que hace falta es seriedad, no la seriedad que resulta simplemente de seguir determinada tendencia, determinado sendero, sino esa seriedad que es esencial para la comprensión de nosotros mismos. Para entendernos a nosotros mismos no es necesario ningún sistema ni idea en particular. Uno es sincero tan sólo con respecto a una cosa, a una idea determinada, a tal o cual creencia, pero esa sinceridad no puede ayudarnos, ya que podemos ser sinceros y, sin embargo, estar confusos, ser tontos e ignorantes. La sinceridad es un estorbo cuando ella sólo consiste en copiar, en tratar de seguir un ideal determinado; pero la seriedad es algo enteramente diverso. Ser serio, decidido, es esencial, no para buscar cosa alguna, sino para la comprensión del proceso de nosotros mismos.”

    J. Krishnamurti





¿ESTÁ QUIETA ALGUNA VEZ LA MENTE DE USTEDES?

    “… Estoy planteando este problema para que lo resuelvan ustedes, para que ejerciten su capacidad, su cerebro, a fin de descubrir si nuestra mente puede estar absolutamente quieta, lo cual implica la cesación del tiempo, la cesación del pensamiento sin ninguna clase de esfuerzo, de control o represión. ¿Está quieta alguna vez la mente de ustedes? No soñando despierta, no en blanco, sino quieta, atenta, perceptiva. ¿Han experimentado eso ocasionalmente? Para ver cualquier cosa, para escuchar algo, la mente tiene que estar quieta, ¿no es así? El interés mismo que ustedes tienen en lo que se está diciendo genera esta quietud de la mente que quiere escuchar. Estoy interesado en lo que se habla porque ello afecta mi vida, mi manera de vivir, y yo quiero prestar atención completa, no sólo a las palabras, al movimiento semántico del pensar, sino a lo que está detrás. Quiero descubrir exactamente lo que se dice, no interpretarlo, no traducirlo conforme a mi placer o a mi vanidad. Así, en la intensidad misma de mi escuchar lo que se está diciendo, debo tener una mente quieta. No sé si ustedes ven esto.

   No he obligado a mi mente a estar quieta, la atención misma del escuchar es la quietud. La atención misma que pongo en descubrir si la mente puede estar completamente quieta es la quietud. Y este silencio de la mente es esencial; un silencio que no es producto del adiestramiento, porque en ese caso el silencio es ruido, carece de significación. Por lo tanto, la meditación no es una actividad controlada o dirigida, es una actividad de “no pensamiento”.

   Entonces descubrirán ustedes por sí mismos si existe o no existe algo innominable, algo que no está dentro del campo del tiempo. Sin descubrir eso, sin dar con eso, sin ver la verdad de ello o su falsedad, la vida se vuelve una cosa superficial y vacía.

   Podemos tener un orden perfecto dentro de nosotros mismos, podemos estar libres de conflicto porque nos hemos vuelto muy alertas, muy observadores, pero todo esto llega a ser algo completamente superficial sin lo otro. De modo que la meditación, la contemplación –no en el sentido cristiano o en el asiático– significa que el pensamiento opera únicamente en el campo de lo conocido y que se da cuenta por sí mismo de que no puede penetrar en ningún otro campo. Por lo tanto, la terminación del pensamiento implica la terminación del tiempo.

   … Quien les habla puede decir con facilidad que hay un terminar, pero eso sería una gran tontería, porque a menos que realmente lo investiguemos, lo experimentemos, lo afrontemos, lo examinemos profundamente, no es posible descubrir esa sensación extraordinaria de lo eterno.

   ¿Cómo puede un cerebro limitado captar lo ilimitado? No puede, porque es limitado. ¿Podemos captar el significado, la profundidad, la cualidad del cerebro y reconocer el hecho, el hecho no la idea, de que nuestros cerebros están limitados por el conocimiento, por las habilidades, por ciertas disciplinas, por pertenecer a un grupo, a una nacionalidad? Todo esto, básicamente, es interés propio, es esconderse, es camuflarse con todo tipo de cosas, ropas, coronas, rituales, y esa limitación surge cuando hay interés propio, es obvio; cuando estoy interesado en mi propia felicidad, en mi propia realización, en mi propio éxito, ese interés propio limita la cualidad y la energía del cerebro.

   El cerebro, durante millones de años, ha evolucionado en el tiempo, con la muerte y el pensamiento, y esa evolución significa una serie de sucesos en el tiempo; para crear todos los rituales religiosos se necesita tiempo. De modo que el cerebro ha sido condicionado, limitado por su propia voluntad, ha buscado su propia seguridad, se ha mantenido dentro de su propia parcela diciendo: «Creo», «no creo», «estoy de acuerdo», «no estoy de acuerdo», «esa es mi opinión», «esa es mi valoración». Todo esto es interés propio, tanto si es en la jerarquía religiosa, entre los más destacados políticos, en la persona que busca poder a través del dinero, en el profesor o la profesora con su tremendo conocimiento académico, en todos los gurús que hablan de bondad y de paz; todo eso sigue siendo parte del interés propio.

   … Cuando se viaja alrededor del mundo, se observa hasta qué grado extraordinario la naturaleza humana es la misma, ya sea en India o en América, en Europa o Australia. Puede corroborarse este hecho especialmente en los colegios y universidades. Estamos produciendo, como por molde, un tipo de ser humano cuyo principal interés en la vida es encontrar seguridad, llegar a ser un personaje importante, o meramente divertirse con la mínima reflexión posible.

   … La mente está acostumbrada a analizar el pasado, a disecar la acción con el fin de comprenderla. Pero yo digo que no pueden comprender de este modo, porque un análisis semejante limita siempre la acción. Ejemplos concretos de tal limitación pueden verse aquí en la India y en otras partes, casos donde la acción casi ha cesado. No traten de analizar su acción. Antes bien, para descubrir si tienen conciencia de clase, si son hipócritas, nacionalistas, fanáticos, si están sometidos a la autoridad, si son imitadores –si realmente les interesa descubrir estos impedimentos– estén completamente atentos, vuélvanse totalmente conscientes de lo que están haciendo. No sean meros observadores, no consideren su acción de manera puramente objetiva, desde afuera, sino estén plenamente alerta, mental y emocionalmente, con la totalidad del ser, en el instante de la acción. Entonces verán que los numerosos recuerdos que los estorban, irrumpen por sí mismos en la mente impidiéndoles actuar de manera completa, plena. En esa percepción alerta, en esa llama, la mente será capaz de liberarse, sin esfuerzo alguno, de los obstáculos del pasado. No pregunten ‘cómo’. Simplemente inténtenlo. Sus mentes están siempre preguntando por un método, preguntando cómo hacer esto o aquello. Pero no hay ‘cómo’. Experimenten y descubrirán.”

    J. Krishnamurti