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ES TAN FUERTE LA COMPULSIÓN DEL MEDIO AMBIENTE Y LAS CIRCUNSTANCIAS, QUE TODOS REACCIONÁIS A ELLA

   “… Lo que llamamos religión es simplemente la   organización de creencias, con sus dogmas, sus rituales, sus misterios y sus supersticiones. Cada religión posee su propio libro sagrado, su mediador, sus sacerdotes y sus formas de tratar y conservar a la gente. La mayoría de nosotros hemos sido condicionados para todo ello, y esto se considera como educación religiosa; pero este condicionamiento pone a los hombres uno contra otro, crea antagonismos, no solamente entre los creyentes, sino también contra los de otras creencias. Si bien todas las religiones afirman que adoran a Dios y dicen que debemos amarnos los unos a los otros, infunden miedo a través de sus doctrinas de recompensa y castigo, y a través de sus dogmas de competencia que perpetúan la desconfianza y el antagonismo.

   … ¿Comprendéis el problema, señores? Las religiones, los líderes políticos o religiosos, los libros, la propaganda, las creencias, las doctrinas, los salvadores, todo ello ha perdido su sentido. Para cualquier hombre realmente intelectual y serio, consciente por completo de estos problemas, todas las cosas de las que hemos dependido han perdido significación. Ya no sois los hombres religiosos que pretendéis ser. Y no sois seres humanos, porque habéis perdido el propósito, el sentido, el significado de vuestra existencia. Podéis asistir al trabajo durante los próximos cuarenta años, rutinariamente para ganaros el sustento, pero eso tampoco resuelve el problema.

   Para descubrir pues, la totalidad de este asunto, para comprender este inmenso problema, tenemos que verlo en forma nueva, no con los ojos de un cristiano, de un hindú, de un musulmán o de un comunista. Tenemos que mirarlo de una manera totalmente nueva; lo que significa, en primer lugar, que no debemos dejarnos llevar por las circunstancias, ni responder sólo al problema inmediato, aunque sí tenemos que actuar con respecto al problema inmediato, pero no como si ello fuera la única cosa en la vida. Tenemos que darnos cuenta de las circunstancias, pero no permitir que ellas nos compelan a actuar.

    ¿Comprendéis la cuestión? En este país los hombres se querellan por pedacitos de tierra, y están dispuestos a quemarse y matarse unos a los otros por el hecho de ser sikhs, musulmanes o Dios sabe qué. Y es tan fuerte la compulsión del medio ambiente y las circunstancias, que todos reaccionáis a ella.

   Por consiguiente, uno tiene que darse cuenta de las circunstancias y de lo que en ellas está implícito, y actuar lo menos posible presionado por las mismas. Además, uno tiene que estar alerta a su propio temperamento y no dejarse guiar por él, ni tampoco actuar por su propia inclinación. Estas tres cosas son de importancia esencial cuando nos enfrentamos a un problema inmenso: primero hemos de comprender que no debemos seguir nuestra inclinación personal, por agradable y apremiante que sea, ni actuar según ella. Asimismo, no debemos permitir que nuestro temperamento, intelectual o emocional, o nuestra idiosincrasia, rijan nuestra vida y nuestra acción. Finalmente, no hemos de ser movidos por las circunstancias. Si podemos comprender estas cosas plenamente, estas tres cosas, entonces podemos enfrentar este inmenso reto, este enorme problema: que el ser humano está en peligro.  ¿Comprendéis, señores? El considerar la cuestión de una parcela de tierra o de algún gobernador, etc., esto es demasiado inmaduro e infantil, demasiado aterrador.

   Así pues, lo que tenemos que hacer, si es que tenemos un poco de seriedad, y ser serios es absolutamente necesario porque la casa está ardiendo, no solo la casa que se llama India, sino el mundo está en llamas, lo que tenemos que hacer es responder al reto en su totalidad y no traer un pequeño balde de arena con la esperanza de extinguir el fuego. Tenemos que ser enormemente serios. Y me temo que no lo hemos sido; hemos disipado nuestras energías por haber respondido a circunstancias triviales, por haberlas malgastado en todas direcciones. Os volvisteis seguidores de Gandhiji, o de alguna otra persona, y disipasteis vuestras energías; cuando estáis ante un inmenso problema sois incapaces de responder a él en forma total.

   Por lo tanto, uno tiene que comprender este inmenso problema del hombre: Que el hombre está en peligro, el ser humano está en peligro, no cualquier individuo en particular, sino el ser humano en su totalidad está en peligro. Y para comprender este inmenso problema, primeramente, no debéis guiaros por vuestras inclinaciones, ni por lo que os gusta o disgusta; tenéis que mirar el problema. Pero no podéis hacerlo si dependéis de vuestras inclinaciones personales u os dejáis guiar por vuestro temperamento. Como sabéis, muchos de nosotros somos muy listos, porque hemos leído mucho, hemos aprobado muchos exámenes. Nuestra mente, nuestro intelecto es muy agudo, engañador, hipócrita, y nuestro temperamento tiene esta capacidad de engañarse y afirmarse a sí mismo, de funcionar a lo largo de una línea particular de acuerdo con su especial demanda. Y por supuesto, cuando sois arrastrados o compelidos a actuar según las circunstancias, no es posible interesaros en el ser humano total.

   … ¿Qué entiende usted por ministro? ¿Uno que le da lo que usted desea espiritualmente, o sea, consuelo? La pregunta ya ha sido, por cierto, contestada. Usted acude a mediadores para que le ayuden. Me convierte también a mí en un ministro, un ministro sin doctrinas, pero piensa en mí como en un ministro. Me temo que no lo soy. No puedo darle nada. Una de las doctrinas convencionalmente aceptadas es que otros pueden conducirlo a uno hacia la verdad, que uno puede comprenderla mediante el sufrimiento de otro. Pero yo digo que nadie puede conducirlo a uno hacia la verdad”.

    J. Krishnamurti



AVERIGÜEN SI ES POSIBLE VIVIR SIN MEDIR, LO QUE EQUIVALE A VIVIR SIN COMPARAR

   “… La meditación no es lo que todo el mundo hace: repetición de palabras, sentarse en una cierta postura, respirar de un determinado modo y repetir algunos sloka o mantram una vez y otra. Por su propia naturaleza, ello hará de la mente algo estúpido y torpe, y en esa estupidez y torpeza la mente se volverá silenciosa, lo cual nos hará pensar que hemos logrado el silencio. Ese tipo de meditación es simplemente una autohipnosis. No es en absoluto meditación. Esa es la más destructiva forma de meditar.

   … Estamos investigando todo esto a fin de poner orden en nuestra vida, orden en nuestra ‘casa’, que carece de orden. ¡Hay tanto desorden en nuestra vida! Y sin establecer un orden completo, íntegro, la meditación no tiene ningún sentido. Si nuestra ‘casa’ no está en orden podemos sentarnos a meditar con la esperanza de conseguir el orden a través de esa meditación, pero ¿qué sucede cuando vivimos en desorden y meditamos? Tenemos sueños fantasiosos, ilusiones y toda clase de resultados absurdos. Pero un hombre cuerdo, inteligente, lógico, debe primero establecer orden en su vida diaria y, a partir de ahí, puede penetrar en las profundidades de la meditación, en su significado y belleza, en su grandeza y excelencia.

   La meditación no está separada de la vida, es la esencia misma de la vida, es la verdadera esencia del vivir cotidiano. Escuchar esas campanas, oír la risa del campesino mientras pasea con su esposa, escuchar el timbre de la bicicleta de la niña cuando pasa a nuestro lado; esa totalidad de la vida y no sólo un fragmento de ella es lo que la meditación abre ante nosotros.

   Tenemos que cambiar la estructura de nuestra sociedad, su injusticia, su aterradora moralidad, las divisiones que ha creado entre los hombres, las guerras, la tremenda falta de afecto y de amor que está destruyendo el mundo. Si nuestra meditación es solo un asunto personal, algo que disfrutamos personalmente, entonces no es meditación. La meditación implica un completo cambio radical de la mente y el corazón, y eso sólo es posible cuando existe esta extraordinaria sensación de silencio interior, y tan sólo ese silencio es lo que da origen a una mente religiosa. Una mente así sabe lo que es sagrado.

   … La mayoría de vosotros se entrega a la meditación porque no se interesa en lo que hace a diario. La meditación pues, os aleja de la vida y no forma parte de vuestra diaria existencia. La concentración que llamáis ‘meditación’, por consiguiente, es implemente una evasión de la vida; y si podéis eludir completamente la vida, creéis haber ganado algo. Pero si examináis todo pensamiento, todo sentimiento a medida que surge, sin condenación, justificación ni resistencia, entonces, por esa comprensión y nuevo descubrimiento constantes, la mente llega a estar muy quieta, silenciosa y libre. De suerte que la meditación no es concentración ni es oración.

   … ¿Es, por tanto, posible vivir sin medir, sin comparar? Esta es una cuestión tremendamente complicada. Porque la palabra ‘mejor’ implica medida. La palabra ‘más’ implica medida. El mejoramiento de uno mismo implica medida. Averigüen si es posible vivir sin medir, lo que equivale a vivir sin comparar. Forma parte de la meditación investigar el significado del no devenir; el devenir, el llegar a ser, implica medida. ¿Es posible que, en nuestra relación de unos con otros, por intima que sea, no intervenga la medida? Eso quiere decir que nuestro cerebro debe estar activo en la relación, debe investigar nuestra relación, investigar si en esa relación hay heridas psicológicas, y ver que esas heridas producen más temor, más encierro en uno mismo y, por consiguiente, más aislamiento. Y mientras haya aislamiento, sea externa o internamente, tiene que haber conflicto.

   … Todo el mundo asiático habla de meditación, es uno de sus hábitos, como lo es creer en Dios o en alguna otra cosa. Se sientan durante diez minutos al día en una habitación tranquila y ‘meditan’, se concentran, fijan su mente en una imagen creada por ellos mismos o por otro que la ha ofrecido mediante la propaganda. Durante esos diez minutos tratan de controlar la mente, la mente quiere ir de un lado a otro y batallan con ella. Practican este juego interminablemente y a eso lo llaman meditación. Si uno no sabe nada de meditación, entonces tiene que descubrir lo que es realmente, no según otro, y eso puede conducirle a uno a todo o a nada. Uno debe indagar, plantear esa pregunta sin expectativa alguna.

   … Viviendo en este mundo con todos sus afanes, tan atrapados en la desdicha, el dolor y la violencia, ¿es posible producir en la mente un estado de altísima sensibilidad e inteligencia? Ese es el punto primero y esencial en la meditación. El segundo es una mente capaz de percibir con lógica y orden, de ninguna manera una mente distorsionada o neurótica. El tercero, una mente disciplinada en alto grado. La palabra ‘disciplina’ significa ‘aprender’; una mente disciplinada no es una mente adiestrada. La disciplina está en el acto de aprender, la propia raíz de la palabra lo indica. Una mente disciplinada lo ve todo muy claramente, objetivamente, no de manera emocional o sentimental. Esas son las necesidades básicas para descubrir aquello que está más allá de la medida de pensamiento, para descubrir algo que el pensamiento no ha producido, algo que es la más elevada forma de amor, una dimensión que no es la proyección de nuestra propia mente trivial y mezquina.

   … La meditación es siempre nueva. No tiene la sensación del pasado porque carece de continuidad. La palabra «nueva» no transmite la cualidad de una frescura que no ha existido antes. Es como la luz de una vela que ha sido apagada y encendida otra vez. La nueva luz no es la vieja, aunque la vela sea la misma. La meditación solo tiene continuidad cuando el pensamiento la tiñe, le da forma y le atribuye un propósito. El propósito y significado que el pensamiento le da a la meditación se convierten en un cautiverio del tiempo. Pero la meditación que no está afectada por el pensamiento posee su propio movimiento que no es del tiempo”. 

    J. Krishnamurti



TODA ACCIÓN, TODO PENSAMIENTO, TODA IDEA HA DE DIMANAR DE LA VERDAD QUE POR VOSOTROS MISMOS DESCUBRÁIS Y COMPRENDÁIS

   “… Debéis tener claramente entendido que nuestro único fin ha de ser el logro del íntimo convencimiento de una verdad incapaz de duda ni quebranto. No es posible infundiros esta Verdad; habéis de alcanzarla por vosotros mismos, y sólo la alcanzaréis si despertáis y escucháis la interna Voz. Toda acción, todo pensamiento, toda idea ha de dimanar de la Verdad que por vosotros mismos descubráis y comprendáis. Esta verdad no puede ser comunicada ni transmitida de uno a otro. Todos los grandes Instructores han insistido en este punto, en que habéis de hallar la Verdad por vosotros mismos, y que después de hallarla y comprenderla habéis de vivir de acuerdo con ella. Entonces seréis la personificación de esta Verdad y al propio tiempo el predicador, el signo indicador en el camino de la Eterna Felicidad.

   Para comprender esta idea, debéis vivir de acuerdo con los dictados de la Verdad y dignos de ella han de ser vuestros deseos. Debéis tener el impulso para crecer en vuestro natural ambiente como hermosa y naturalmente crece una flor, que mientras está en capullo seguramente conoce cuál ha de ser su plenitud, que un día verá el fulgor del sol y que perfumará al mundo. Así cada uno de vosotros, durante el periodo de crecimiento ha de pensar y meditar en la luz y verdad que os sobrevendrá en el momento de vuestra plena floración.

   Sólo podréis gozar de aquel fulgor, de aquella energía, de aquella delectación si escucháis la Voz y no aceptáis ciegamente la autoridad y la tradición ajenas, de las cuales habéis de prescindir. Dicho de otro modo, habéis de ser vuestro propio legislador y vivir de conformidad con vuestras ideas e intuiciones que son el resultado de la experiencias de esta y otras vidas. Sólo hay una ley, sólo un Nirvana, sólo un Reino de la Felicidad, sólo una Esencia; y si comprendéis esto cumplidamente actuaréis de conformidad con esta comprensión. Cuanto más adelantéis y más penséis y más sufráis, más cerca llegaréis de esta Esencia, de esta Unidad, de esta eterna Verdad. Estaréis propensos a dudar, a discutir, a una gran agitación interior hasta que por vosotros mismos escuchéis y adquiráis esta verdad.

   Mientras procuramos comprender, debemos tener la conciencia del sabio y no del loco; debemos tener la conciencia de quienes percibieron la Visión del más noble aspecto de la vida y no la conciencia de las gentes ruines e ignorantes con sus ideas y conceptos.

   Y si queréis evitar esta ruin coincidencia, este débil susurro de la voz, debéis comprender enteramente lo que significa el Reino de la Felicidad, lo que significa la ley, lo que significa la verdad.

   Así como la lluvia cae en la tierra y alimenta toda clase de árboles, toda especie de plantas y todas las flores, así esta única Esencia fluye por todas las cosas sin distinción. Las manos del alfarero moldean la arcilla y dan forma a hermosas y útiles vasijas, algunas de las cuales servirán de florero, otras para contener arroz o requesones, mientras que otras serán vasos de impureza. Pero todas salen de las mismas manos y son de la misma arcilla, el producto del mismo torno que incesantemente gira. Todos somos los mismos en esencia, pero diferentes en el mundo de las formas, y según esta diferencia varía nuestra comprensión de la Verdad. Cuanto más grandes seáis y más hayáis sufrido y más hayáis gozado, más cerca estaréis de la unidad de esta Esencia. Esta es la única Ley, la única aspiración que puede guiaros al Reino de la Felicidad. Únicamente podrá proporcionarnos duradera felicidad el reconocimiento de una misma Esencia en todas las cosas, diferentes en su externa forma, y de la vida a la luz de este conocimiento.

   … Todos hemos tenido la experiencia de la tremenda soledad, donde los libros, la religión, todo se ha ido y en lo interno nos sentimos tremendamente solos, vacíos. Muy pocos podemos enfrentarnos con esa vacuidad, esa soledad, y escapamos de ella. La dependencia es una de las cosas a las que acudimos; queremos depender de algo, porque no podemos permanecer a solas con nosotros mismos. Debemos tener la radio o los libros, o la charla, el parloteo incesante acerca de esto y aquello, acerca del arte y de la cultura. Así es como llegamos a ese punto en que conocemos esta sensación extraordinaria de autoaislamiento. Podemos tener un empleo muy bueno, trabajar furiosamente, escribir libros, pero dentro de nosotros existe este vacío tremendo. Queremos llenarlo, y uno de los recursos es la dependencia.

   Usamos la dependencia, el entretenimiento, la labor en la iglesia, las religiones, la bebida, las mujeres, muchísimas cosas para llenar ese vacío, para disimularlo.

  … Para poner fin a la guerra externa, debéis empezar por poner fin a la guerra en vosotros mismos. Algunos de vosotros moverán la cabeza y dirán “estoy de acuerdo”, y saldrán y harán exactamente lo mismo que han estado haciendo durante los últimos diez o veinte años. Vuestra conformidad es puramente verbal y carece de significación, pues las miserias y las guerras del mundo no van a ser detenidas por vuestro fortuito asentimiento. Sólo serán detenidas cuando os deis cuenta del peligro, cuando percibáis vuestra responsabilidad, cuando no dejéis eso en manos de otros. Si os dais cuenta del sufrimiento, si veis la urgencia de la acción inmediata y no la aplazáis, entonces os transformaréis; y la paz vendrá tan sólo cuando vosotros mismos seáis pacíficos, cuando vosotros mismos estéis en paz con vuestro prójimo”.

    J. Krishnamurti