“… La conciencia del hombre es el resultado del tiempo. Es el resultado de la cultura en la que vive, la cual incluye la literatura, la música, la religión; todo eso lo ha condicionado. Y ha constituido una sociedad de la que ahora es esclavo. ¿Está claro? De modo que el hombre está condicionado por la sociedad que él ha creado, y esa sociedad lo condiciona todavía más. El hombre le está siempre buscando una salida a esto, ya sea consciente o inconscientemente. Usted medita conscientemente, lee, asiste a ceremonias religiosas y todo lo demás, tratando de escapar de este condicionamiento. Inconsciente o conscientemente hay un tantear a ciegas, una búsqueda de algo más allá de las limitaciones de la conciencia.
¿Significa algo la religión para ustedes? No
las ceremonias, sino el sentimiento religioso, la bendición de lo religioso, el
carácter sagrado de algo. Religión, miedo, amor, ¿no están acaso muy
relacionados entre sí? No es posible comprender lo uno sin lo otro. Existe el
miedo, existe esta espantosa carencia de amor, quiero decir la pasión del amor,
su intensidad, y luego está este sentimiento de bendición que no es mera
recompensa, que no es un premio en pago de alguna acción virtuosa, que nada
tiene que ver con las organizaciones religiosas.
En tanto exista este espíritu adquisitivo, esta búsqueda de seguridad propia, habrá guerras, habrá distinciones de castas. Ustedes no pueden librarse del veneno mediante la mera discusión, hablando, organizando. Cuando, como individuos, despierten al absurdo, a la falsedad, a lo horrible de todas estas cosas, cuando realmente sientan dentro de ustedes la vulgar crueldad de todo esto, sólo entonces crearán organizaciones de las que no se convertirán en esclavos. Pero si no despiertan, nacerán organizaciones que habrán de esclavizarles. Eso es lo que está sucediendo en todo el mundo. Por Dios, estén despiertos a la percepción de estas cosas. Al menos háganlo aquellos de ustedes que piensan. No inventen nuevas ceremonias, no creen nuevos templos, nuevas órdenes secretas, que son meramente otras formas de exclusividad. No puede haber comprensión, sabiduría, mientras exista este espíritu de exclusividad, mientras están buscando seguridad, ganancia. La sabiduría no es proporcional al progreso, existe en la plenitud de la realización.
… No soy duro con ustedes, honestamente les
digo que no me importa si practican ceremonias. Es lo que quiero decir. No es
que sea tolerante, porque comprendo, al menos así lo pienso, por qué practican
ceremonias, por qué las ceremonias son tan importantes para ustedes, al igual
que la búsqueda del Maestro, el discipulado y todas esas cosas. Comprendo que
es porque les proporciona cierta clase de sensación esta idea de que son
cuidados, de que tienen un Dios personal, seguridad, certidumbre, consuelo.
… Nuestro pensar se basa actualmente en el
miedo, en la ganancia, en la recompensa, en la autoridad; pensamos de acuerdo
con una fórmula, y ese pensar es positivo, con sus propias negaciones. Pero
nosotros estamos hablando de negar lo falso sin saber qué es verdadero.
¿Podemos decirnos: ‘sé que el análisis es falso, que no destruirá las
limitaciones de la conciencia ni producirá una mutación, de modo que no lo
consentiré’? O bien: ‘Sé que el nacionalismo es un veneno, tanto si es el de
Francia como el de Rusia o la India, de modo que lo rechazo. Sin saber qué otra
cosa puede haber, puedo ver que el nacionalismo es un mal’. Y para ver que los
dioses, los salvadores, las ceremonias que el hombre ha inventado, tanto si son
de hace diez mil años, de dos mil años, o de los últimos cuarenta años, para
ver que carecen de validez y para rechazarlos por completo, para eso hace falta
una mente, un cerebro muy claro, que no tengan miedo en su negación. Y
entonces, al negar lo que es falso, estáis ya empezando a ver lo que es
verdadero, ¿no es así? Para ver lo verdadero tiene que haber primero negación,
la negación de lo que es falso. No sé si estáis siguiendo todo esto.
Lo total deben abordarlo completamente y sus
acciones tienen que ser completas. Eso significa que pensar es actuar, no
pueden separarlos, sentir es actuar. No es posible dividirlos y decir: ‘Sentiré
una cosa y haré otra’, o ‘pensaré una cosa y sentiré otra’. En una acción así
hay siempre una finalidad y, en consecuencia, hay miedo a la muerte, a las
oportunidades no realizadas; por lo tanto, hay un permanente mirar hacia el
futuro.
Pero cuando uno actúa completamente, esa
acción es infinita, y ustedes no comprenderán qué es esa acción hasta que sus
vidas en los negocios, en lo social y en lo religioso estén completamente
armonizadas. Tal vez no teman a lo que pueda haber en el más allá o a la
autoridad espiritual, puede que hayan abandonado todas sus religiones y sus
ceremonias, pero tienen miedo de lo que pueda pasar cuando envejezcan; por lo
tanto, dicen: ‘Tengo que guardar para el futuro’. O temen inconscientemente a
lo que otro pueda decir. Vean, cuando abordan el temor como algo total, este
desaparece. No lo dividan en temor espiritual, social y económico. Es temor.
Así, cuando aborden el temor y traten de comprenderlo, sus acciones no serán
separativas.
Por lo tanto, amigos, la verdad no es una
cosa que pueda ser encontrada, obtenida o realizada. Puedo haber utilizado esas
palabras en el pasado, y las he utilizado, pero no implicaban que la verdad
fuera un objetivo que debía lograrse, tal como ustedes las interpretaron. No
estaba en mi mente o en mi corazón darles el significado de que es una meta por
alcanzar. Además, mi deseo es que ustedes desechen todo el pasado y empiecen de
nuevo. Esa plenitud de la vida tampoco puede ser descubierta por medio de una
acción, sino que ese perfume, esa riqueza, ese éxtasis, sólo puede ser
descubierto en la plenitud de la acción; no por medio de la acción, sino en la
acción misma, cualquiera que sea esa acción, sus ganancias, sus ceremonias, sus
problemas sexuales. Es en la acción misma donde radica toda la gloria de la
vida. No a través de la acción. La gloria se encuentra intrínsecamente en la
acción misma, cuando ustedes la encaran, con plena percepción alerta, en el
movimiento de la experiencia".
J. Krishnamurti