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AVERIGÜEN SI ES POSIBLE VIVIR SIN MEDIR, LO QUE EQUIVALE A VIVIR SIN COMPARAR

   “… La meditación no es lo que todo el mundo hace: repetición de palabras, sentarse en una cierta postura, respirar de un determinado modo y repetir algunos sloka o mantram una vez y otra. Por su propia naturaleza, ello hará de la mente algo estúpido y torpe, y en esa estupidez y torpeza la mente se volverá silenciosa, lo cual nos hará pensar que hemos logrado el silencio. Ese tipo de meditación es simplemente una autohipnosis. No es en absoluto meditación. Esa es la más destructiva forma de meditar.

   … Estamos investigando todo esto a fin de poner orden en nuestra vida, orden en nuestra ‘casa’, que carece de orden. ¡Hay tanto desorden en nuestra vida! Y sin establecer un orden completo, íntegro, la meditación no tiene ningún sentido. Si nuestra ‘casa’ no está en orden podemos sentarnos a meditar con la esperanza de conseguir el orden a través de esa meditación, pero ¿qué sucede cuando vivimos en desorden y meditamos? Tenemos sueños fantasiosos, ilusiones y toda clase de resultados absurdos. Pero un hombre cuerdo, inteligente, lógico, debe primero establecer orden en su vida diaria y, a partir de ahí, puede penetrar en las profundidades de la meditación, en su significado y belleza, en su grandeza y excelencia.

   La meditación no está separada de la vida, es la esencia misma de la vida, es la verdadera esencia del vivir cotidiano. Escuchar esas campanas, oír la risa del campesino mientras pasea con su esposa, escuchar el timbre de la bicicleta de la niña cuando pasa a nuestro lado; esa totalidad de la vida y no sólo un fragmento de ella es lo que la meditación abre ante nosotros.

   Tenemos que cambiar la estructura de nuestra sociedad, su injusticia, su aterradora moralidad, las divisiones que ha creado entre los hombres, las guerras, la tremenda falta de afecto y de amor que está destruyendo el mundo. Si nuestra meditación es solo un asunto personal, algo que disfrutamos personalmente, entonces no es meditación. La meditación implica un completo cambio radical de la mente y el corazón, y eso sólo es posible cuando existe esta extraordinaria sensación de silencio interior, y tan sólo ese silencio es lo que da origen a una mente religiosa. Una mente así sabe lo que es sagrado.

   … La mayoría de vosotros se entrega a la meditación porque no se interesa en lo que hace a diario. La meditación pues, os aleja de la vida y no forma parte de vuestra diaria existencia. La concentración que llamáis ‘meditación’, por consiguiente, es implemente una evasión de la vida; y si podéis eludir completamente la vida, creéis haber ganado algo. Pero si examináis todo pensamiento, todo sentimiento a medida que surge, sin condenación, justificación ni resistencia, entonces, por esa comprensión y nuevo descubrimiento constantes, la mente llega a estar muy quieta, silenciosa y libre. De suerte que la meditación no es concentración ni es oración.

   … ¿Es, por tanto, posible vivir sin medir, sin comparar? Esta es una cuestión tremendamente complicada. Porque la palabra ‘mejor’ implica medida. La palabra ‘más’ implica medida. El mejoramiento de uno mismo implica medida. Averigüen si es posible vivir sin medir, lo que equivale a vivir sin comparar. Forma parte de la meditación investigar el significado del no devenir; el devenir, el llegar a ser, implica medida. ¿Es posible que, en nuestra relación de unos con otros, por intima que sea, no intervenga la medida? Eso quiere decir que nuestro cerebro debe estar activo en la relación, debe investigar nuestra relación, investigar si en esa relación hay heridas psicológicas, y ver que esas heridas producen más temor, más encierro en uno mismo y, por consiguiente, más aislamiento. Y mientras haya aislamiento, sea externa o internamente, tiene que haber conflicto.

   … Todo el mundo asiático habla de meditación, es uno de sus hábitos, como lo es creer en Dios o en alguna otra cosa. Se sientan durante diez minutos al día en una habitación tranquila y ‘meditan’, se concentran, fijan su mente en una imagen creada por ellos mismos o por otro que la ha ofrecido mediante la propaganda. Durante esos diez minutos tratan de controlar la mente, la mente quiere ir de un lado a otro y batallan con ella. Practican este juego interminablemente y a eso lo llaman meditación. Si uno no sabe nada de meditación, entonces tiene que descubrir lo que es realmente, no según otro, y eso puede conducirle a uno a todo o a nada. Uno debe indagar, plantear esa pregunta sin expectativa alguna.

   … Viviendo en este mundo con todos sus afanes, tan atrapados en la desdicha, el dolor y la violencia, ¿es posible producir en la mente un estado de altísima sensibilidad e inteligencia? Ese es el punto primero y esencial en la meditación. El segundo es una mente capaz de percibir con lógica y orden, de ninguna manera una mente distorsionada o neurótica. El tercero, una mente disciplinada en alto grado. La palabra ‘disciplina’ significa ‘aprender’; una mente disciplinada no es una mente adiestrada. La disciplina está en el acto de aprender, la propia raíz de la palabra lo indica. Una mente disciplinada lo ve todo muy claramente, objetivamente, no de manera emocional o sentimental. Esas son las necesidades básicas para descubrir aquello que está más allá de la medida de pensamiento, para descubrir algo que el pensamiento no ha producido, algo que es la más elevada forma de amor, una dimensión que no es la proyección de nuestra propia mente trivial y mezquina.

   … La meditación es siempre nueva. No tiene la sensación del pasado porque carece de continuidad. La palabra «nueva» no transmite la cualidad de una frescura que no ha existido antes. Es como la luz de una vela que ha sido apagada y encendida otra vez. La nueva luz no es la vieja, aunque la vela sea la misma. La meditación solo tiene continuidad cuando el pensamiento la tiñe, le da forma y le atribuye un propósito. El propósito y significado que el pensamiento le da a la meditación se convierten en un cautiverio del tiempo. Pero la meditación que no está afectada por el pensamiento posee su propio movimiento que no es del tiempo”. 

    J. Krishnamurti



TODA ACCIÓN, TODO PENSAMIENTO, TODA IDEA HA DE DIMANAR DE LA VERDAD QUE POR VOSOTROS MISMOS DESCUBRÁIS Y COMPRENDÁIS

   “… Debéis tener claramente entendido que nuestro único fin ha de ser el logro del íntimo convencimiento de una verdad incapaz de duda ni quebranto. No es posible infundiros esta Verdad; habéis de alcanzarla por vosotros mismos, y sólo la alcanzaréis si despertáis y escucháis la interna Voz. Toda acción, todo pensamiento, toda idea ha de dimanar de la Verdad que por vosotros mismos descubráis y comprendáis. Esta verdad no puede ser comunicada ni transmitida de uno a otro. Todos los grandes Instructores han insistido en este punto, en que habéis de hallar la Verdad por vosotros mismos, y que después de hallarla y comprenderla habéis de vivir de acuerdo con ella. Entonces seréis la personificación de esta Verdad y al propio tiempo el predicador, el signo indicador en el camino de la Eterna Felicidad.

   Para comprender esta idea, debéis vivir de acuerdo con los dictados de la Verdad y dignos de ella han de ser vuestros deseos. Debéis tener el impulso para crecer en vuestro natural ambiente como hermosa y naturalmente crece una flor, que mientras está en capullo seguramente conoce cuál ha de ser su plenitud, que un día verá el fulgor del sol y que perfumará al mundo. Así cada uno de vosotros, durante el periodo de crecimiento ha de pensar y meditar en la luz y verdad que os sobrevendrá en el momento de vuestra plena floración.

   Sólo podréis gozar de aquel fulgor, de aquella energía, de aquella delectación si escucháis la Voz y no aceptáis ciegamente la autoridad y la tradición ajenas, de las cuales habéis de prescindir. Dicho de otro modo, habéis de ser vuestro propio legislador y vivir de conformidad con vuestras ideas e intuiciones que son el resultado de la experiencias de esta y otras vidas. Sólo hay una ley, sólo un Nirvana, sólo un Reino de la Felicidad, sólo una Esencia; y si comprendéis esto cumplidamente actuaréis de conformidad con esta comprensión. Cuanto más adelantéis y más penséis y más sufráis, más cerca llegaréis de esta Esencia, de esta Unidad, de esta eterna Verdad. Estaréis propensos a dudar, a discutir, a una gran agitación interior hasta que por vosotros mismos escuchéis y adquiráis esta verdad.

   Mientras procuramos comprender, debemos tener la conciencia del sabio y no del loco; debemos tener la conciencia de quienes percibieron la Visión del más noble aspecto de la vida y no la conciencia de las gentes ruines e ignorantes con sus ideas y conceptos.

   Y si queréis evitar esta ruin coincidencia, este débil susurro de la voz, debéis comprender enteramente lo que significa el Reino de la Felicidad, lo que significa la ley, lo que significa la verdad.

   Así como la lluvia cae en la tierra y alimenta toda clase de árboles, toda especie de plantas y todas las flores, así esta única Esencia fluye por todas las cosas sin distinción. Las manos del alfarero moldean la arcilla y dan forma a hermosas y útiles vasijas, algunas de las cuales servirán de florero, otras para contener arroz o requesones, mientras que otras serán vasos de impureza. Pero todas salen de las mismas manos y son de la misma arcilla, el producto del mismo torno que incesantemente gira. Todos somos los mismos en esencia, pero diferentes en el mundo de las formas, y según esta diferencia varía nuestra comprensión de la Verdad. Cuanto más grandes seáis y más hayáis sufrido y más hayáis gozado, más cerca estaréis de la unidad de esta Esencia. Esta es la única Ley, la única aspiración que puede guiaros al Reino de la Felicidad. Únicamente podrá proporcionarnos duradera felicidad el reconocimiento de una misma Esencia en todas las cosas, diferentes en su externa forma, y de la vida a la luz de este conocimiento.

   … Todos hemos tenido la experiencia de la tremenda soledad, donde los libros, la religión, todo se ha ido y en lo interno nos sentimos tremendamente solos, vacíos. Muy pocos podemos enfrentarnos con esa vacuidad, esa soledad, y escapamos de ella. La dependencia es una de las cosas a las que acudimos; queremos depender de algo, porque no podemos permanecer a solas con nosotros mismos. Debemos tener la radio o los libros, o la charla, el parloteo incesante acerca de esto y aquello, acerca del arte y de la cultura. Así es como llegamos a ese punto en que conocemos esta sensación extraordinaria de autoaislamiento. Podemos tener un empleo muy bueno, trabajar furiosamente, escribir libros, pero dentro de nosotros existe este vacío tremendo. Queremos llenarlo, y uno de los recursos es la dependencia.

   Usamos la dependencia, el entretenimiento, la labor en la iglesia, las religiones, la bebida, las mujeres, muchísimas cosas para llenar ese vacío, para disimularlo.

  … Para poner fin a la guerra externa, debéis empezar por poner fin a la guerra en vosotros mismos. Algunos de vosotros moverán la cabeza y dirán “estoy de acuerdo”, y saldrán y harán exactamente lo mismo que han estado haciendo durante los últimos diez o veinte años. Vuestra conformidad es puramente verbal y carece de significación, pues las miserias y las guerras del mundo no van a ser detenidas por vuestro fortuito asentimiento. Sólo serán detenidas cuando os deis cuenta del peligro, cuando percibáis vuestra responsabilidad, cuando no dejéis eso en manos de otros. Si os dais cuenta del sufrimiento, si veis la urgencia de la acción inmediata y no la aplazáis, entonces os transformaréis; y la paz vendrá tan sólo cuando vosotros mismos seáis pacíficos, cuando vosotros mismos estéis en paz con vuestro prójimo”.

    J. Krishnamurti


 

UNA MENTE QUE SE RINDE CULTO A SÍ MISMA NO PUEDE CONOCER LA VERDAD

   “… Estamos manteniendo un diálogo, lo cual quiere decir una conversación entre personas que están interesadas por ciertos problemas de los seres humanos, y desean profundizar en ellos con cuidado y afecto, no con imposiciones y discusiones. Un método dialéctico trata de averiguar la verdad mediante opiniones.

   Pero aquí no estamos investigando dialécticamente. Más bien somos como dos amigos que hablan juntos sobre los problemas humanos, con la esperanza de poder resolverlos y descubrir la verdad.

   Me temo que existe una gran equivocación al tratar de encontrar una técnica para alcanzar la verdad, lo cual significa aprender, practicar un método que nos ayude a alcanzarla. Rechazamos el que exista tal técnica. Por favor, tengan esto muy claro. La técnica implica aprender un método. Evidentemente, para enviar una nave a Marte, lo que constituye una hazaña extraordinaria, se necesita mucha tecnología, una gran acumulación de conocimientos científicos. Pero como la verdad es una tierra sin caminos, no se puede trazar una vía, una dirección, un sendero hacia ella, y después practicar, establecer una disciplina, aprender una técnica.

   Aquí no se ofrece una técnica ni hablamos de técnicas, de métodos o de sistemas. Estamos mentalizados de una manera tan mecánica que creemos que, al practicar una técnica, una repetición verbal o un silencio, eso liberará de algún modo la mente de toda su actividad mecánica, y me temo que no es así. Lo que decimos es que debemos tener el interés, el impulso, la intensidad para averiguar, para averiguar por uno mismo, y no que sea otro quien le diga cómo hacerlo. Entonces lo que descubra será suyo; entonces estará libre de todos los gurúes, de todas las técnicas, de toda autoridad. Por favor, tenga esto presente mientras dialogamos sobre estos temas.

   … Creer que hay un camino que los «maestros» enseñan a sus «discípulos» es también algo fantástico, ¿no es cierto? Porque la sabiduría no se encuentra en el discípulo o en el maestro. La felicidad no se logra a menos que se abandone la idea de que nosotros estamos entre los pocos elegidos que caminan por una senda especial. Esta idea solo nos proporciona una sensación de seguridad, de engrandecimiento. La idea de que el suyo es el camino directo y de que el nuestro nos llevará más tiempo, es el resultado de una forma de pensar inmadura. ¿No se divide así a la humanidad en caminos sistematizados?

   Aquellos que son sensatos encontrarán la verdad. Aquel que es sensato nunca seguirá el camino de los «maestros», o el camino del conocimiento, de la ciencia, de la devoción o de la acción. Una persona que se ha comprometido con un determinado camino es inmadura, y tal persona jamás encontrará lo eterno, lo intemporal, porque ese determinado camino con el que se ha comprometido pertenece al tiempo. Mediante el tiempo nunca se podrá alcanzar lo eterno. Mediante el sufrimiento nunca se podrá alcanzar la felicidad. Hay que apartar el sufrimiento si se quiere que haya felicidad. Si uno ama, en ese amor no puede haber controversia ni conflicto. En medio de la oscuridad no hay luz, pero cuando uno se libera de la oscuridad obtiene la luz. De igual modo, hay amor cuando no existe posesión, cuando no existe condena, cuando no existe realización de las ambiciones personales.

   Aquellos de nosotros que se han comprometido con un camino tienen intereses personales, mentales, emocionales o físicos, y por ese motivo se nos hace extremadamente difícil llegar a ser personas sensatas. ¿Cómo podremos abandonar aquello a lo que hemos estado aferrados durante cincuenta o sesenta años? ¿Cómo podrá dejar uno su casa y convertirse nuevamente en un mendigo, que es lo que era cuando estaba realmente buscando? Ahora uno se ha comprometido con una organización de la cual es el jefe, el secretario o un simple afiliado. Para la persona que está buscando, esa misma búsqueda es amor, es devoción, es conocimiento. La persona que se ha comprometido con una determinada acción o con un determinado camino se ve atrapada en un sistema, y no encontrará la verdad. A través de la parte nunca se encontrará el todo. A través de una pequeña rendija de la ventana no podemos ver el cielo, el claro y maravilloso cielo; la persona que puede ver con claridad el cielo es la que está en campo abierto, lejos de todos los caminos, lejos de todas las tradiciones.

   … Así pues, no existen caminos hacia la verdad ni tampoco existen dos verdades. La verdad no pertenece al pasado ni al presente, es intemporal. El hombre que cita la verdad de Buda, de Shankara, de Cristo, o simplemente repite lo que digo, no encontrará la verdad porque la repetición no es la verdad, la repetición es mentira. La verdad es un estado de ser que surge cuando la mente, que trata de dividir, de excluir, que sólo es capaz de pensar en términos de resultados, de logros, deja de intervenir; únicamente entonces la verdad existe. La mente que se esfuerza, que se autodisciplina para alcanzar una meta, no puede conocer la verdad porque esa meta es su propia proyección, y perseguir esa proyección, por más noble que sea, es una forma de culto a sí misma. Una mente que se rinde culto a sí misma no puede conocer la verdad.

   La verdad sólo puede conocerse cuando uno comprende el proceso completo de la mente, es decir, cuando no hay conflicto. La verdad es un hecho, y el hecho sólo puede comprenderse cuando se han eliminado las diferentes interferencias entre el hecho y la mente. El hecho es la relación de uno con la propiedad, su esposa, los seres humanos, la naturaleza, las ideas; y mientras uno no comprenda el hecho de la relación, la búsqueda de Dios sólo incrementará la confusión porque es una sustitución, una forma de evasión y, por consiguiente, no tiene ningún valor.

   … La mente serena no es una mente que se condicione o que se entrene para serenarse. La quietud llega sólo cuando la mente comprende sus propios caminos que son los caminos de la personalidad”.

    J. Krishnamurti