“… Señores, sólo cuando empecemos a comprender este proceso total de nuestro ser, el estado real en el cual nos encontramos, sólo entonces hay la posibilidad de ser una persona equilibrada. Con toda seguridad, ese es el principio de la meditación, ¿no es así? La meditación no es la mera concentración en alguna idea, en alguna imagen o el deseo de ser algo, eso es inmaduro, infantil, no es meditación. La meditación es la comprensión total de este proceso, de observar, de darse cuenta de las respuestas del pensamiento condicionado en cada uno de los retos, de manera que la mente permanece atenta a su contenido, a su actividad, a sus búsquedas, a sus motivos ocultos; así, a través de ese constante darse cuenta sin elección hay libertad, hay equilibrio; todo este proceso es meditación.
… En una sociedad corrupta como es esta, ya sea en Europa, en la India o
en cualquier otra parte, tiene que haber cambios fundamentales en la propia
estructura social. Pero si el hombre permanece siendo corrupto en sí mismo, en
su actividad, se sobrepondrá a cualquier estructura por perfecta que sea. Por
lo tanto, es imperativo, es absolutamente esencial que el hombre cambie. ¿Ha de
efectuarse este cambio por medio de un proceso de tiempo, a través de logros
graduales, de un cambio progresivo? ¿O el cambio sólo ocurre en el instante?
… Ahora resulta claro que no podemos resolver ningún problema humano,
externo o íntimo, sin entendernos a nosotros mismos; y la comprensión de
nosotros mismos sólo es posible cuando no condenamos ni justificamos aquello de
lo cual nos damos cuenta. Darse cuenta sin condenación, justificación ni
comparación, de todo pensamiento, de toda disposición de ánimo, de toda
reacción, no exige aproximación a una idea. Lo que sí exige es seriedad, un
sentido de plena y completa penetración en el asunto. Pero la mayoría de
nosotros no desea entender ningún problema profundamente, plenamente.
Preferimos esquivarlo por medio de una idea, de una aproximación, comparación o
condenación; y por ello jamás resolvemos el problema que se nos plantea.
… No nos preocupemos acerca de lo que pueda ser la conciencia cósmica,
la verdad, etc. Aquello que es real será conocido cuando hayan cesado las
diversas formas de ilusión. Como la mente es capaz de contener tantos sutiles
engaños y tiene el poder de crear para sí tantas ilusiones, nuestro interés no
debe estar puesto en el estado que llamamos realidad, sino en disipar las
múltiples ilusiones que surgen todo el tiempo, ya sea consciente o
inconscientemente. Perteneciendo a una organización religiosa con sus dogmas,
creencias y doctrinas, o siendo uno de estos nuevos nacionalistas dogmáticos,
esperan ustedes realizar a Dios, la verdad o la felicidad humana. Pero, ¿cómo
puede la mente comprender la realidad, si está deformada por creencias,
prejuicios, dogmas y temores? Sólo cuando se disuelven estas limitaciones,
puede manifestarse la verdad. No tengan preconceptos acerca de lo que ‘es’ para
luego ajustar a ellos los propios deseos. Ustedes piensan que para amar al
hombre deben pertenecer a alguna nacionalidad; piensan que para amar la
realidad deben pertenecer a alguna religión organizada. Puesto que no somos
capaces de discernir la verdad entre las múltiples ilusiones que se agolpan en
nuestra mente, nos engañamos a nosotros mismos pensando que, tanto lo falso
como lo verdadero, tanto el odio como el amor, son partes esenciales de la
vida. Donde hay amor no puede existir el odio. Para comprender la realidad, uno
no necesita pasar por todas las experiencias de la ilusión.
… Para entendernos, pues, a nosotros mismos, resulta importante ¿no es
así?, que nos demos cuenta de toda reacción, de todo sentimiento, a medida que
surge; y esa alerta percepción no depende de ninguna fórmula, de ninguna
doctrina o creencia, las cuales son, simplemente, escapatorias proyectadas por
nosotros mismos. Para entender toda disposición de ánimo, todo sentido de
reacción, es indudable que uno debe darse cuenta sin optar; porque, no bien
optamos, ponemos en movimiento un proceso de conflicto. Es decir, cuando
optamos hay resistencia, y en la resistencia no hay entendimiento. La opción
consiste simplemente en fijar la mente en determinado interés, resistiendo a
otros intereses, a otras exigencias, a otros empeños y, evidentemente, tal
opción no nos ayudará a resolver ni a entender el proceso íntegro de nosotros
mismos. Cada uno de nosotros está formado de muchas entidades, tanto
conscientes como inconscientes; y optar por una de ellas, por determinado
deseo, dedicándonos a esa entidad o deseo, es sin duda un impedimento para la
comprensión de nosotros mismos.
… Sin lugar a duda, debemos poner fin a este mundo de imitación y
conformismo si queremos un mundo completamente diferente; eso significa que
debe darse un verdadero cambio, un cambio fundamental en nuestras vidas, en
nuestra forma de actuar, pensar y sentir. Sin embargo, a la mayoría no nos
interesa; no estamos interesados en comprender nuestros pensamientos, nuestros
sentimientos, nuestras actividades, porque sólo nos preocupa qué creer o qué no
creer, o a quién seguir; no sé qué asociación religiosa o partido político es
mejor, y todo ese sinsentido; nunca nos preocupamos profundamente,
internamente, por cambiar de forma radical nuestra vida cotidiana, cómo
hablamos, la delicadeza cuando pensamos en otra persona; estas cosas no nos
interesan. Cultivamos el intelecto y adquirimos conocimientos sobre
innumerables temas, pero internamente seguimos siendo igual de ambiciosos,
crueles, violentos, envidiosos, llenando la mente de toda la mezquindad
posible. Si nos damos cuenta de todo esto, ¿puede la mente dejar de ser
mezquina? Creo que este es el único y verdadero problema.
… La guerra, la guerra dentro de uno, el odio hacia el vecino, hacia otras personas no puede ser vencido por ninguna forma de violencia. Si usted comienza a ver ahora mismo la necesidad absoluta de un profundo pensar y sentir al respecto –sus prejuicios, su condicionamiento– que son la causa del odio y el temor, habrán de revelarse. En esta revelación hay un despertar del afecto, del amor
J. Krishnamurti