“… ¿Cómo se miran a sí mismos y cómo miran el mundo? Les ruego que observen, que estén atentos a lo que sucede en ustedes cuando hago esta pregunta. ¿Cómo se ven a sí mismos? ¿Desde dónde miran el mundo? Si lo miran como hindúes o comunistas no están observando el hecho, están mirando desde sus prejuicios, desde un determinado punto de vista o desde su conclusión particular y, por tanto, son incapaces de mirar de verdad este inmenso problema. Y si miran esta inmensidad que es la vida desde su estrecha perspectiva de hindúes, musulmanes o budistas, serán incapaces de ver la extraordinaria belleza de la vida con toda su complejidad. Así pues, ¿cómo lo miran?, ¿desde el punto de vista de su tradición?, ¿con mirada de científico, de ingeniero o de miembro de una determinada secta?, ¿cómo? Deben ustedes ver la falta de lógica, el sinsentido de identificarse con algo. La casa está en llamas, el mundo entero está en llamas y siguen empeñados en apagar el fuego como hindúes, musulmanes, parsis o Dios sabe qué. De manera que antes de preguntar qué pueden hacer como seres humanos respecto a la locura del mundo, lo más importante es que comprendan lo que significa mirar el mundo. ¿Seguimos caminando juntos o se han quedado en su territorio hindú o comunista?
… Cuando uno está aprendiendo tiene la mente
despejada, abierta, no es una mente vieja, marchita, deteriorada. Sin importar
la edad que uno tenga, cuando aprende, la suya es una mente inmaculada, una
mente que acaba de nacer. Por eso la costumbre, la tradición, es una carga tan
letal porque impide que uno aprenda. Así pues, ¿qué es el amor? No se formen
ninguna opinión al respecto, no lleguen a ninguna conclusión, ya que en ese
caso habrán dejado de aprender.
… Este país, casi todos los países, está
agobiado por el peso de la tradición, que se atrinchera en lugares de alto
rango y en la choza de la aldea. No hay nada sagrado en la tradición, ya sea
antigua o moderna. El cerebro contiene la memoria del ayer, que es la
tradición, y teme perderla porque no puede enfrentarse a algo nuevo. La
tradición se convierte en nuestra seguridad y cuando la mente se siente segura
está deteriorándose. Uno debe emprender el viaje sin carga alguna, con gusto y
sin esfuerzo; jamás ha de detenerse ante ningún altar, ante monumento alguno, o
por ningún héroe social o religioso, sólo acompañado de la belleza y el amor.
… La creencia jamás puede conducir a la
realidad. La creencia es el producto del condicionamiento, o consecuencia del
miedo, o el resultado de una autoridad externa o interna que conforta. La
realidad no es ninguna de estas cosas. Es algo totalmente distinto, y no hay
tránsito de una a la otra. El teólogo parte de una posición fija. Cree en Dios,
en un Salvador, o en Krishna, o en Cristo, y entonces hilvana teorías de
acuerdo con su condicionamiento y con la destreza de su mente. Como el teórico
comunista, está atado a un concepto, a una fórmula, y lo que discurre es el
resultado de sus propias deliberaciones. Los incautos son apresados en ello, de
igual manera que la mosca imprudente es atrapada en la tela de araña. La
creencia nace del temor o de la tradición. De dos mil a diez mil años de
propaganda, está hecha la estructura religiosa de palabras, con sus rituales,
dogmas y creencias. La palabra llega a ser entonces
extremadamente importante, y su repetición hipnotiza al crédulo. Este siempre
desea creer, aceptar, obedecer, sea malo o bueno lo que se le ofrezca, dañino o
beneficioso. La mente creyente no es inquisitiva, y por eso permanece dentro de
los límites de la fórmula o del principio. Es como el animal que, atado a un
poste, camina sólo hasta el límite que le fija la soga.
… La libertad está fuera de los muros, fuera
del patrón de la sociedad; sin embargo, para liberarse de ese patrón uno tiene
que comprender todo su contenido, lo cual significa comprender la propia mente.
La mente ha creado la civilización actual, esa cultura y esa sociedad esclavas
de la tradición, y sin comprender la mente misma, el simple hecho de rebelarse
como comunista, socialista, esto o aquello, tiene muy poco valor. Por esa razón
es tan importante conocerse uno mismo, darse cuenta de todas las actividades,
de nuestros pensamientos y sentimientos; en esto consiste la educación,
¿verdad? Porque si uno se da plena cuenta de sí mismo, la mente se vuelve muy
sensible y atenta. Haga la prueba, no algún día en un futuro lejano, sino
mañana o esta tarde.
… El hombre que dice «lo intentaré» está
perdido porque el tiempo no existe, únicamente existe el ahora. En caso de que
lo estén haciendo en este momento verán que, si entregan su corazón, eso es una
acción total, no una acción fragmentaria, forzada, ni una acción conforme a
determinado patrón, modelo o fórmula. Si entrega todo su corazón a algo verá
que lo comprende de inmediato, al instante, lo cual no tiene nada que ver con
el sentimentalismo, la emotividad o la devoción, todo eso es demasiado pueril.
Para entregar el corazón se necesita inmensa comprensión, energía, mucha
claridad, y uno no puede ver con claridad si no está libre de su tradición,
autoridad, cultura, civilización y de todos los modelos de la sociedad. No se
trata de escapar de la sociedad, de retirarse a las
montañas o hacerse ermitaño si quiere comprender la vida, todo lo contrario. Para comprender hasta el final el extraordinario
movimiento de la vida, el cual es relación, acción, uno debe tener esa libertad
que sólo llega cuando entrega su mente, su corazón y todo su ser. En ese estado
hay comprensión, y cuando hay comprensión no hay esfuerzo, es un acto
instantáneo.