“… No es posible producir la sabiduría, la
sabiduría es algo natural, espontáneo, libre. No es una mercancía que se pueda
comprar a un gurú o a un maestro con la disciplina como precio. La sabiduría no
tiene nada que ver con el conocimiento.
… La observación implica que no haya
acumulación de conocimientos, aun cuando el conocimiento sea evidentemente
necesario en cierto nivel: El conocimiento de un médico, de un científico, el
de la historia de todas las cosas que han sido. Después de todo eso es el
conocimiento, información sobre las cosas que han sido. No hay conocimiento del
mañana, solo conjeturas sobre lo que puede ocurrir mañana basadas en vuestro
conocimiento de lo que ha sido. Una mente que observa con conocimiento es
incapaz de seguir velozmente la corriente del pensamiento. Es sólo observando
sin la pantalla del conocimiento que comenzáis a ver toda la estructura de
vuestro propio pensar. Y mientras observáis, cosa que no es condenar ni
aceptar, sino sólo estar atento, hallaréis que el pensamiento termina. Observar
ocasionalmente un pensamiento no conduce a ninguna parte. Pero si observáis el
proceso del pensar sin convertiros en un observador separado de lo observado,
si veis todo el movimiento del pensamiento sin aceptarlo ni condenarlo,
entonces esa misma observación pone fin inmediatamente al pensamiento, y por lo
tanto la mente es compasiva, se halla en estado de constante mutación.
… La acción no está separada de la
percepción. Cuando ve algo verdadero, esa misma percepción es acción. No se
trata de percibir o comprender y luego actuar, eso es tener un concepto
intelectual y posteriormente actuar en base a ese concepto. Ver es actuar. Ver
que el mundo está fragmentado por el tribalismo: El inglés, el alemán, el
suizo, el hindú, el budista; todo son tribus. Veréis el hecho de que somos
tribus glorificadas como naciones, y ese tribalismo hace estragos y genera
guerras en todo el mundo. Cada tribu piensa en su propia cultura como opuesta a
otra cultura, pero la raíz es el tribalismo y no la cultura. Observar ese hecho
es la acción que libera el cerebro de la condición del tribalismo. Se trata de
ver realmente el hecho de que el tribalismo glorificado como nación es una de
las causas de la guerra; verlo de verdad y no teórica o ideológicamente. Eso es
un hecho. Existen otras causas de la guerra: La economía, etc., pero una de las
causas es el tribalismo. Cuando uno se da cuenta, cuando lo percibe y ve que
eso no puede traer la paz, esa misma percepción libera el cerebro de su
condicionamiento tribal.
… En tanto tenga uno renuencia a ser nada,
que es lo que ocurre con ustedes, debe inevitablemente engendrar dolor y
antagonismo. La buena disposición a ser nada no es una cuestión de
renunciamiento, de esfuerzo interno o externo, sino de ver la verdad de ‘lo que
es’. El hecho de ver la verdad de lo que es nos libera del miedo a la
inseguridad, del miedo que engendra apego y nos lleva a la ilusión del
desapego, de la renunciación. El amor a ‘lo que es’, es el principio de la
sabiduría. Sólo el amor comparte, sólo en el amor hay comunión, pero el
renunciamiento y el autosacrificio son los caminos del aislamiento y de la
ilusión.
… Vamos a ver qué entendemos por
condicionamiento. ¿Cuándo nos damos cuenta de que estamos condicionados?
¿Alguna vez nos damos cuenta? ¿Se da cuenta de que está condicionado o tan sólo
se da cuenta del conflicto, de la lucha en los diferentes niveles de su ser? De
hecho, no podemos darnos cuenta de nuestro condicionamiento; sólo es posible
darse cuenta del conflicto, del dolor y del placer.
… No lo traduzcan rápidamente en términos de
lo que ahora creen o no creen, porque todo eso forma parte del ‘yo’; y el
pensamiento, que es la reacción del ‘yo’, no puede actuar sobre el ‘yo’ sin
agrandarlo, ¿entienden? Sin embargo, eso es lo que hacemos todo el tiempo; si
perciben la verdad de que el pensamiento no puede eliminar ese
condicionamiento, porque todo pensamiento, análisis, verificación e
introspección son una simple reacción al estado actual de uno, entonces sólo
observarán el condicionamiento. En la observación no hay elección, porque si
hay elección, de nuevo se introduce el pensamiento. Es decir, darse cuenta del
condicionamiento significa que no hay elección, condena, justificación ni
comparación, sino tan solo observación. Si observan de ese modo la mente se
libera del condicionamiento. Con el simple hecho de darse cuenta de todo el
proceso del condicionamiento, verán que surge algo completamente nuevo, algo
que no se identifica ni se opone al ‘yo’; ese algo libera, termina con todo el
condicionamiento. Por eso les sugiero que lo experimenten hasta que volvamos a
reunirnos, que observen de esa manera, que se den cuenta.
… Cuando ves lo que eres no hay aburrimiento. El aburrimiento surge solo cuando uno rechaza lo que ve y desea ser alguna otra cosa. De igual manera, cuando puedes mirarte internamente y ver exactamente lo que eres, el verlo no es aburrido. Es extraordinariamente interesante porque cuanto más ves, más hay para ver. Más puedes avanzar, entonces, en profundidad y anchura, y eso es algo que no termina nunca. En ello no existe el aburrimiento. Si puedes hacerlo, entonces amas lo que haces, y cuando uno ama lo que hace el tiempo no existe. Cuando plantas árboles y lo haces con amor porque te gusta hacerlo, los riegas, los cuidas, los proteges. Cuando sepas qué es lo que realmente te gusta hacer en la vida, verás que los días son demasiado cortos.
… La mente puede inquirir si hay en la vida permanencia psicológica, puede tratar de descubrir si de algún modo es posible tal estado. ¿O no puede ser que descubra que la vida es un constante movimiento, un estado en que siempre está ocurriendo lo nuevo? Pero la mente no puede ver lo nuevo porque constantemente está viviendo en el pasado. El pasado, que es el sistema. Cuando usted dice: ‘soy cristiano’ o ‘soy hindú’, el que habla es el pasado y usted no puede ver nada nuevo. Y la vida puede ser algo extraordinario en su movimiento mismo, precisamente ese movimiento que es lo nuevo y que nosotros rechazamos. Este movimiento es la libertad.”
J. Krishnamurti