“… Yo no puedo guiarle hacia la verdad, nadie puede hacerlo. Tiene que descubrirla en cada momento del día, mientras viva, encontrarla mientras camina por la calle o viaja en el metro, mientras discute con su esposa o su esposo, mientras está solo sentado tranquilamente o contemplando las estrellas. Cuando descubra lo que es la verdadera meditación sabrá lo que es la verdad; pero una mente que está preparada, supuestamente educada, condicionada para creer o no creer, que se autodenomina hindú, cristiana, comunista o budista, esa mente nunca descubrirá lo que es la verdad, aunque busque durante mil años. Así, ahora bien, lo importante es que la mente sea libre, ¿puede la mente ser libre?
¿Entienden la cuestión? ¿Puede la mente ser
completamente libre, o está condicionada por su misma naturaleza? Si la
naturaleza de la mente es estar condicionada, en ese caso no tiene ninguna
posibilidad de descubrir lo que es la verdad, aunque siga repitiendo que hay o
no hay un Dios, que esto es bueno y aquello es malo; todo esto estará dentro
del patrón de una determinada cultura. Para averiguar la verdad sobre esa
cuestión, uno debe investigar por sí mismo si la mente puede ser realmente
libre. Yo digo que puede serlo, que la mente puede ser realmente libre, pero no
se trata de que lo acepte o lo rechace. Puede que sea verdad o que solo sea una
opinión, una ilusión o una fantasía mía. Usted no puede basar su vida en el
descubrimiento, la fantasía, la ilusión de otro, o en una simple idea; usted
tiene que averiguarlo.
… La verdad es un hecho, y el hecho puede
comprenderse sólo cuando las distintas cosas que han sido puestas entre la
mente y el hecho son eliminadas. El hecho es la relación que tiene usted con la
propiedad, con su esposa, con los seres humanos, con la naturaleza y las ideas;
y en tanto no comprenda el hecho de la relación, su búsqueda de Dios sólo
aumenta la confusión, porque esa búsqueda es un sustituto, un escape, y no
tiene sentido. Mientras domine a su mujer y ella lo domine, mientras posea y
sea poseído, no puede usted conocer el amor, mientras esté reprimiendo,
sustituyendo, mientras sea ambicioso, no puede conocer la verdad.
Conoce la verdad sólo aquel que no busca,
que no lucha, que no trata de obtener un resultado [...]. La verdad no es continua,
no tiene lugar permanente, puede ser vista sólo de instante en instante. Es
siempre nueva, por lo tanto, es intemporal. Lo que fue verdad ayer no es verdad
hoy, lo que es verdad hoy no es verdad mañana. La verdad no tiene continuidad.
La mente es la que desea hacer continua la experiencia que ella llama verdad, y
una mente así no conocerá la verdad, que es siempre nueva, que está en ver la
misma sonrisa y ver esa sonrisa de un modo nuevo, en ver la misma persona y
verla de un modo nuevo, en ver de un modo nuevo las palmeras ondulantes; la
verdad está en enfrentarse de un modo nuevo a la vida.
… De modo que el problema es: Soy un hombre
lógico y, no obstante, siento que existe algo misterioso, pero no puedo
aprehenderlo. Puedo entenderlo, puedo verlo lógicamente, pero no puedo
contenerlo en mi corazón, en mi mente, en mis ojos, en mi sonrisa. El
interlocutor dice: ayúdeme. Si se me permite señalar algo, no pida ayuda a
nadie, porque todo el afán está en usted y en usted está todo el misterio, si
es que existe un misterio. Todo aquello por lo que el hombre ha luchado, todo
lo que ha buscado, encontrado, descartado como ilusión, todo eso forma parte de
su conciencia. Cuando usted pide ayuda, perdóneme si señalo esto, lo hago con
el mayor respeto, no cínicamente, cuando pide ayuda está solicitando algo de
afuera, solicita algo de otro. ¿Cómo sabe que el otro tiene esa condición de la
verdad? A menos que usted mismo la tenga, jamás sabrá si el otro la tiene o no.
Por lo tanto, y esto lo digo con gran afecto
y solicitud, lo primero es que, por favor, no pida ayuda. Si la pide, entonces
los sacerdotes, los gurús, los intérpretes, todos ellos lo ahogarán con su
verborrea. Mientras que, si mira el problema, ve que el problema es este: ‘El
hombre durante siglos y siglos ha estado a la búsqueda de algo sagrado, de algo
no corrompido por el tiempo, por todos los afanes del pensamiento. Lo ha
buscado, lo ha deseado con ansia, se ha sacrificado, se ha torturado
físicamente, ha ayunado por semanas, pero no lo ha encontrado’. Entonces viene
alguien y dice: “yo te lo mostraré, yo te ayudaré”. Con lo cual uno está
perdido. Vea, cuando usted pregunta si hay algo profundamente misterioso,
sagrado; el misterio existe sólo como un concepto, pero si lo descubre ya no es
más un misterio, es algo que está mucho más allá de todo concepto de misterio.
… No podéis hallar la verdad por intermedio de nadie. ¿Cómo lo podríais? La verdad, por cierto, no es cosa estática, no tiene morada fija, no es un fin, una meta. Por el contrario, ella es viviente, dinámica, alerta, animada. ¿Cómo podría ser un fin? Si la verdad es un punto fijo ya no es la verdad, es entonces una mera opinión. La verdad es lo desconocido, y una mente que busca la verdad jamás la encontrará. Porque la mente está formada de lo conocido, es el resultado del pasado, del tiempo; cosa que podéis observar por vosotros mismos. La mente es el instrumento de lo conocido, y de ahí que no puede hallar lo desconocido; sólo puede moverse de lo conocido a lo conocido.
Cuando la mente busca la verdad, la verdad sobre la que ha leído en libros, esa “verdad” es autoproyectada; pues entonces la mente sólo anda en busca de lo conocido, de algo “conocido” más satisfactorio que lo anterior. Cuando la mente busca la verdad, lo que busca es una proyección de sí misma, no la verdad. Un ideal, después de todo, es autoproyectado, es ficticio, irreal. Lo real es aquello que es, no lo opuesto. Pero una mente que busca la realidad, Dios, busca lo ya concebido, lo conocido. Cuando pensáis en Dios, vuestro Dios es la proyección de vuestra propia concepción, el resultado de influencias sociales. Sólo podéis pensar en lo conocido, no podéis pensar en lo desconocido, no podéis concentraros en la verdad. En el momento en que pensáis en lo desconocido, ello es simplemente lo conocido, una proyección de “mí mismo”. En Dios o en la verdad no se puede pensar. Si pensáis al respecto, no es la verdad.”
J. Krishnamurti
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