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UNA MENTE QUE NO ES SENSIBLE, QUE NO ESTÁ ALERTA, PERCEPTIVA, ES INCAPAZ DE RECEPTIVIDAD, DE TODA ACCIÓN CREADORA


   “… No hay duda de que llegáis a lo interno al comprender lo externo, al descubrir por qué el conflicto, la lucha, el dolor, existen en el mundo exterior; y a medida que esto se investiga más y más, penetra uno naturalmente en los estados psicológicos que producen los conflictos y miserias externas. La expresión externa es mero indicio de nuestro estado interior, mas para comprender ese estado íntimo, uno ha de enfocarlo a través de lo externo. Eso es lo que casi todos hacemos. Y al comprender lo interno, no en forma exclusiva, ni rechazando lo externo, sino comprendiendo lo externo y de ese modo llegando a lo interno, encontraremos que, al proseguir investigando las íntimas complejidades de nuestro ser, nos hacemos cada vez más sensibles y más libres. Es esa sencillez interior la que resulta esencial, porque esa sencillez despierta sensibilidad. Una mente que no es sensible, que no está alerta, perceptiva, es incapaz de receptividad, de toda acción creadora. La conformidad, como medio de llegar a la sencillez, realmente embota e insensibiliza la mente y el corazón.

   Cualquier forma de compulsión autoritaria, impuesta por el gobierno, por uno mismo, por el ideal de realización y lo demás; cualquier tipo de conformidad tiene que contribuir a la insensibilidad, a que no seamos interiormente sencillos. Exteriormente podéis someteros y dar la impresión de sencillez como lo hacen muchas personas religiosas. Ellas practican diversas disciplinas, ingresan a distintas organizaciones, meditan de una manera especial y así sucesivamente, todo lo cual les confiere una apariencia de sencillez. Pero tal conformidad no contribuye a la sencillez. Ninguna forma de compulsión puede jamás conducir a la sencillez. Al contrario, cuanto más reprimís, cuanto más substituís, cuanto más sublimáis, menos sencillez existe. Cuanto mejor comprendáis, empero, el proceso de la sublimación, de la represión, de la substitución, mayor será la posibilidad de ser sencillos.

   Nuestros problemas sociales, ambientales, políticos, religiosos, son tan complejos, que solo podemos resolverlos, no volviéndonos extraordinariamente eruditos y sagaces, sino siendo nosotros sencillos. Porque una persona sencilla ve mucho más directamente que la persona compleja, su experiencia es más directa. Y nuestra mente está tan abarrotada con un infinito conocimiento de hechos, de lo que otros han dicho, que nos hemos incapacitado para ser sencillos y tener nosotros mismos experiencia directa. Estos problemas requieren un nuevo enfoque y tal enfoque solo es posible cuando somos sencillos, realmente sencillos en nuestro fuero íntimo. Esa sencillez llega tan sólo con el conocimiento propio, mediante la comprensión de nosotros mismos, de las modalidades de nuestro pensar y sentir, de la actividad de nuestros pensamientos, de nuestras respuestas; comprendiendo cómo nos sometemos, por miedo a la opinión pública, a lo que otros dicen, a lo que ha dicho Buda, Cristo, los grandes santos, todo lo cual indica nuestra tendencia natural a someternos, a ponernos a salvo, a estar seguros. Y cuando uno busca seguridad, es evidentemente porque uno se halla en un estado de temor. Y por lo tanto no hay sencillez.

   Si uno no es sencillo no puede ser sensible a los árboles, a los pájaros, a las montañas, al viento, a todas las cosas que ocurren alrededor de nosotros en el mundo. Y si no hay sencillez no puede uno ser sensible a las profundas insinuaciones de las cosas. La mayoría de nosotros vive muy superficialmente, en el nivel superior de la conciencia. Allí tratamos de ser reflexivos o inteligentes, lo cual es sinónimo de religiosidad; allí tratamos de que nuestra mente sea sencilla, mediante la compulsión, mediante la disciplina. Pero eso no es sencillez. Cuando forzamos la mente superficial a ser sencilla, tal compulsión solo consigue endurecer la mente, no la torna ágil, flexible, lista. Ser sencillo en el proceso íntegro, total, de nuestra conciencia, es extremadamente arduo. Porque no debe existir ninguna reserva interior, tiene que haber ansia por averiguar, por descubrir el proceso de nuestro ser. Y ello significa estar alerta a toda insinuación, a toda sugerencia; darnos cuenta de nuestros temores, de nuestras esperanzas, investigar y libertarnos de todo eso cada vez más y más. Sólo entonces, cuando la mente y el corazón sean realmente sencillos, cuando estén limpios de sedimentos, seremos capaces de resolver los múltiples problemas que se nos plantean.

   El saber no resolverá nuestros problemas. Podéis saber, por ejemplo, que existe la reencarnación, que hay continuidad después de la muerte. Puede que lo sepáis, no digo que lo sabéis, o puede que estéis convencidos de ello. Pero eso no resuelve el problema. A la muerte no podéis hacerla a un lado mediante vuestra teoría o información, o con vuestras convicciones. Es mucho más misteriosa, mucho más honda, mucho más creadora que todo eso. Hay que tener capacidad para investigar todas esas cosas de un modo nuevo, porque es sólo a través de la experiencia directa como se resuelven nuestros problemas; y para tener experiencia directa ha de haber sencillez, lo cual significa que tiene que haber sensibilidad. El peso del saber embota la mente. Asimismo, la embotan el pasado y el futuro. Solo una mente capaz de adaptarse de continuo al presente, de instante en instante, puede hacer frente a las poderosas influencias y presiones que el medio ejerce constantemente sobre nosotros.

   Por eso el hombre religioso no es, en realidad, el que viste una túnica o un taparrabos, el que come tan sólo una vez al día, o el que ha hecho innumerables votos de ser esto y de no ser aquello, sino aquel que es interiormente sencillo, aquel que no está “deviniendo” algo. Una mente así es capaz de extraordinaria receptividad, porque no tiene barreras, no tiene miedo, no va en pos de nada. Ella es, por lo tanto, capaz de recibir la gracia, de recibir a Dios, la verdad o como os plazca llamarle. Pero la mente que persigue la realidad no es una mente sencilla. La mente que busca, que escudriña, que anda a tientas, agitada, no es una mente sencilla. La mente que se ajusta a cualquier norma de autoridad, interior o externa, no puede ser sensible. Y solo cuando la mente es de veras sensible, cuando está alerta y es consciente de todo lo que en sí misma ocurre, de sus propias respuestas, de sus pensamientos, cuando ya ha cesado en su devenir, cuando ya no se modela a sí misma para ser algo, solo entonces es capaz de recibir aquello que es la verdad.”

    J. Krishnamurti                 

            Audiotexto:

           


CREEN QUE LA VERDAD TIENE CONTINUIDAD EN EL TIEMPO, PERO LA VERDAD NO ES CONTINUA, NO ES ALGO PERMANENTE QUE A TRAVÉS DEL TIEMPO PUEDA CONOCERSE

    

   “… El pensamiento es tiempo, y el tiempo es un proceso de aglutinación y producción. Desplazarse de un lugar a otro requiere tiempo, porque se ha de recorrer un espacio; y esa es la base del pensamiento, que ve la vida como un proceso, como un desplazamiento de un punto a otro. La cuestión en este momento es si hay una forma de vida en la que el tiempo no exista en absoluto, salvo en sentido cronológico. Porque lo que de verdad nos importa es el cambio, la revolución, la mutación total de la propia estructura de las células del cerebro, ya que sin esa transformación no será posible crear una cultura nueva, una forma de vida nueva, y vivir en una dimensión totalmente distinta. Preguntamos, por tanto... cómo, no es la palabra adecuada; preguntamos si existe un acto de percepción en que el pensamiento no intervenga, excepto en sentido técnico.

   … La codicia o la violencia causa dolor, perturbación en el mundo de nuestras relaciones con el prójimo, o sea en la sociedad; y siendo conscientes de ese estado de perturbación, que denominamos codicia o violencia, nos decimos a nosotros mismos: “me libraré de él con el tiempo, practicaré la no violencia, practicaré la no envidia, practicaré la paz”. Ahora bien, vosotros deseáis practicar la “no violencia” porque la violencia es un estado de perturbación, de conflicto, y creéis que con el tiempo lograréis la “no violencia” y os sobrepondréis al conflicto. ¿Qué ocurre pues, en realidad? Hallándoos en estado de conflicto, queréis lograr un estado en el que no haya conflicto. ¿Pero ese estado de “no conflicto” es el resultado del tiempo, de una duración? No, evidentemente. Porque, mientras estáis logrando un estado de “no violencia”, seguís siendo violentos y, por lo tanto, estáis todavía en conflicto.

   … Uno tiene que descubrir por sí mismo si existe la menor posibilidad de ser completamente libre de la estructura psicológica de la sociedad, lo cual es estar libre de ambición. Yo digo que es enteramente posible, pero no es fácil. Liberarse de la ambición es algo muy difícil. La ambición supone "el más", "el más" implica tiempo, y el tiempo significa llegar, conseguir. Negar el tiempo es liberarse de la ambición. No estoy hablando del tiempo cronológico, eso no se puede negar, porque en ese caso perdería el autobús. Pero el tiempo psicológico que nos hemos creado para nosotros mismos con el fin de convertirnos interiormente en algo, ese puede negarse. Lo que, de hecho, significa morir al mañana, sin desesperación. 

   … No pueden existir la disciplina, el orden, la libertad y el espacio sin la comprensión del tiempo. Es muy interesante inquirir sobre la naturaleza del tiempo, el tiempo del reloj, el tiempo en forma del ayer, el hoy y el mañana, el tiempo en que trabajáis y el tiempo en que dormís. Pero hay también el tiempo que no se mide por el reloj, y ese es mucho más difícil de comprender. Miramos el tiempo como medio de producir orden. Decimos: «dadnos unos pocos años más y seremos buenos, crearemos una nueva generación, un mundo maravilloso». O hablamos de crear un distinto tipo de ser humano, que sea del todo comunista, por completo esto o aquello. Consideramos pues, el tiempo como medio de producir orden; mas si uno observa, ve que el tiempo solo sirve para engendrar desorden.

   … El pensamiento es resultado del tiempo, ¿no es cierto? El pensamiento es un producto del medio ambiente, de las influencias sociales y religiosas, lo cual forma parte del tiempo. Ahora bien, ¿puede el pensamiento estar libre del tiempo? Es decir, el pensamiento, que es resultado del tiempo, ¿puede cesar y quedar libre del proceso del tiempo? El pensamiento puede ser dominado, regulado; pero esa regulación sigue estando en la esfera del tiempo, de modo que nuestra dificultad es esta, ¿cómo puede una mente que es resultado del tiempo, de muchos miles de “ayeres”, quedar instantáneamente libre de ese trasfondo complejo?

   … Pero, ¿cómo va a desprenderse de su carga sin llevar a cabo un esfuerzo, esa entidad que ha sido tan fuertemente condicionada durante tanto tiempo? Esta es la pregunta que nos estamos planteando. Pero el desprenderse de la carga no debe convertirse en otro problema, ya que, como ya señalé el otro día, un problema es algo que no comprendemos, algo cuya terminación no tenemos capacidad de alcanzar. Para producir esta mutación; no, “producir”, no es esa la palabra, tiene que haber mutación, y esta debe ocurrir ahora. Si introducen el tiempo en la mutación, el tiempo crea el problema, No hay mañana, no hay tiempo en absoluto para que uno cambie con él, pues el tiempo es pensamiento. Es ahora o nunca, ¿Comprenden?

   … La verdad, Dios o lo que fuere, no es algo que haya de experimentarse, pues el experimentador es resultado del tiempo, de la memoria, del pasado; y mientras haya experimentador no puede haber realidad. Solo hay realidad cuando la mente se halla completamente libre del analizador, del experimentador y lo experimentado. Entonces encontraréis la respuesta, entonces veréis que el cambio llega sin que lo pidáis, que el estado de vacío creador no es cosa que haya de cultivarse, está aquí, llega oscuramente, sin invitación. Y sólo en ese estado hay una posibilidad de renovación, de novedad, de revolución.

   … Sin embargo, la perfección no es el opuesto de ‘lo que es’, la perfección es ese estado de la mente cuando ha cesado toda comparación, cuando no existe un pensar en términos de ‘más’ y, por tanto, ha terminado todo esfuerzo. Si realmente pueden ver esa verdad, si pueden meramente escuchar y descubrirlo por sí mismos, entonces verán que están completamente libres del tiempo. La creación es de momento a momento, sin acumular ese momento, porque la creación es la verdad, y la verdad no tiene continuidad. Creen que la verdad tiene continuidad en el tiempo, pero la verdad no es continua, no es algo permanente que a través del tiempo pueda conocerse; no es nada de eso, es totalmente distinto, es algo que una mente atrapada en el campo del tiempo no puede comprender. Uno debe morir a todo lo de ayer, a todo el conocimiento acumulado, a todas las experiencias; solo entonces aquello que es inconmensurable, eterno, se manifiesta.”

    J. Krishnamurti

                
            Audiotexto:

           


CUALQUIERA QUE SEA LA CULTURA EN QUE HAYAMOS NACIDO, SOMOS EL RESULTADO DE ESA CULTURA

 

   “… Durante estas charlas debe preguntarse: ¿por qué este desastre, esta confusión? Si lo investigan con toda seriedad, descubrirán que el hombre es perezoso; el caos es producto de la pereza del hombre, de su indiferencia, de su desgana, de la aceptación; esa es la forma más fácil de vivir, aceptar, adaptarse al medio, a las circunstancias, a la cultura en la que viven, simplemente aceptar, y esa aceptación genera una espantosa pereza. Es muy importante si uno realmente escucha, comprender que como seres humanos somos muy perezosos. Pensamos que hemos resuelto el problema del vivir gracias a las creencias, diciendo «creo en esto o en aquello», pero la creencia se basa esencialmente en el miedo, y la incapacidad de resolver el problema del miedo indica que la pereza está profundamente arraigada.

   … Nuestro condicionamiento, consciente e inconsciente, es muy profundo y de mucho peso, ¿no es cierto? Somos cristianos, hindúes, ingleses, franceses, alemanes, indios, rusos; pertenecemos a esta o esa iglesia con todos sus dogmas, a esta o esa raza con su carga histórica. Nuestras mentes están superficialmente educadas. La mente consciente está educada según la cultura en que vivimos, y de eso uno acaso pueda desprenderse con bastante facilidad. No es demasiado difícil dejar de lado el ser inglés, indio, ruso, o lo que uno sea, o renunciar a una iglesia o religión en particular. Pero es mucho más difícil descondicionar el inconsciente, el cual juega un papel mucho mayor en nuestra vida que la mente consciente.

   … Vemos pues, que el esfuerzo es una porfía o una lucha por transformar aquello que es en aquello que deseáis que sea. Estoy hablando únicamente de la lucha psicológica, no de la lucha con un problema físico como los de la ingeniería, o de algún descubrimiento o transformación puramente técnica. Yo hablo tan solo de esa lucha que es psicológica, y que siempre se sobrepone a lo técnico. Puede que construyáis con gran esmero una sociedad maravillosa, empleando los infinitos conocimientos que la ciencia nos ha brindado. Pero mientras no hayamos comprendido el esfuerzo, la lucha y la batalla psicológica, y no hayamos vencido las corrientes e impulsos subconscientes, la estructura de la sociedad, por maravillosa que sea su construcción, tendrá por fuerza que derrumbarse, como ha ocurrido una y otra vez.

   … ¿Qué entendéis por individuo? ¿Qué es el “vosotros”? ¿Qué somos nosotros, en lo físico y en lo psicológico, por fuera y por dentro? ¿No somos el resultado de influencias ambientales? ¿No somos el resultado de nuestra cultura, nacionalidad, religión, etc.? El individuo pues, es el resultado de la educación técnica o clásica. Sois el resultado del medio ambiente. Y están los que dicen que vosotros no sois tan sólo físico, sino algo más; que en vosotros está la realidad, Dios. Esto, después de todo, no es más que una opinión, el resultado de la influencia de la sociedad. Es una respuesta condicionada, nada más. Aquí en la India creéis que sois algo más que el resultado de influencias materiales. Otros creen que no son nada más que eso. Ambas creencias son condicionadas. Ambas son el resultado de influencias sociales, económicas y otras, lo cual es bastante obvio. Tenemos primero que reconocer, por lo tanto, que somos el resultado de las influencias sociales que nos rodean. Sea que creáis en el hinduismo, en el cristianismo, en la ideología izquierdista, o en nada, vosotros sois el resultado de ese condicionamiento.

   … La mayoría estamos condicionados, condicionados como cristianos, como musulmanes o lo que sea, y dentro de esta área limitada tenemos nuestro ser. Nuestras mentes están condicionadas por la sociedad, la educación, la cultura, y sin comprender todo este proceso de condicionamiento, cualquier búsqueda, conocimiento, indagación, solo traerá más infortunio y más desdicha. Eso es exactamente lo que está sucediendo. El conocimiento propio no se basa en ninguna fórmula. Uno puede ir a un psicólogo o a un psicoanalista para conocerse, pero eso no es conocimiento propio; el conocimiento propio surge cuando nos damos cuenta de nosotros mismos en la relación, la cual nos muestra lo que somos en cada momento.

   … La grandeza es anonimato. Ser anónimo es la mayor de todas las grandezas. La gran catedral, las grandes cosas de la vida, la gran escultura, tienen que ser anónimas. No pertenecen a ninguna persona en particular. Como la verdad; la verdad no le pertenece ni me pertenece, es totalmente impersonal y anónima. Si usted dice que posee la verdad, cuando dice eso, no es usted anónimo, porque es mucho más importante que la verdad. Pero una persona anónima puede que nunca sea «grande». Probablemente nunca lo será porque no desea ser grande, grande en el sentido mundano, o ni siquiera en el sentido interno. Porque es nadie. No tiene seguidores. No tiene templo, no se pavonea ante los demás. Pero, desafortunadamente, casi todos queremos pavonearnos; queremos ser grandes, que se nos conozca, queremos tener éxito. El éxito lleva a la fama, pero esta es una cosa vacía, ¿verdad? Es como cenizas. Todo político es conocido y es su negocio ser conocido; por lo tanto, carece de grandeza. La verdadera grandeza radica en ser desconocido, en ser como la nada, interna y externamente; y eso requiere gran penetración, gran comprensión, gran afecto.

   … Pienso que esto es muy importante porque creo que no nos percatamos de este factor básico, de que somos el mundo y el mundo es lo que somos, de que el mundo no es algo separado de mí ni yo estoy separado del mundo. Cualquiera que sea la cultura en que hayamos nacido, somos el resultado de esa cultura. Y esa cultura ha producido este mundo. El mundo materialista de Occidente, si uno puede llamarlo así, que se está extendiendo por todo el Globo; todo está siendo barrido como resultado de la cultura occidental. Esta cultura ha producido a este ser humano y el ser humano ha creado esta cultura.

     … Un verdadero artista no es ni hindú ni cristiano, tampoco americano ni inglés, el artista que está condicionado por una tradición o un nacionalismo, no es un verdadero artista.”

    J. Kirshnamurti            
                
            Audiotexto:

           

CUANDO SE TORNE CONSCIENTE DE SÍ MISMO SABRÁ QUE FORMA PARTE DEL TODO

              

   “… Para explorar pues, en cualquier campo, tiene que haber libertad, libertad a fin de examinar de tal modo que, en el examen mismo, no haya distorsión alguna. Cuando hay distorsión, detrás de esa distorsión existe un motivo, un motivo para hallar una respuesta, un motivo para lograr un deseo, una solución a nuestros problemas, un motivo que puede tener su base en la experiencia pasada, en el conocimiento pasado, y todo conocimiento es el pasado. Dondequiera que haya un motivo tiene que haber distorsión. ¿Puede entonces nuestra mente estar libre de distorsión? Y examinar nuestra mente es examinar la mente común a toda la humanidad, porque el contenido de nuestra conciencia es el mismo que el de todos los seres humanos que, dondequiera que vivan, pasan por el mismo proceso de miedo, angustia, tortura, ansiedad y conflicto incesante, interna y externamente. Esa es la conciencia común de la humanidad.

   … Primero, reconozcamos que el cerebro ha evolucionado desde los tiempos primitivos hasta ahora. No es mi cerebro individual, es el cerebro de la humanidad. Lógicamente es así. Por consiguiente, la idea del «yo» es impuesta por el pensamiento para limitarse a sí mismo a una acción.

   … Somos como el resto de la humanidad, y en todo el mundo la humanidad sufre, experimenta una gran desdicha, incertidumbre, dolor. En consecuencia, psicológicamente uno es como el resto de la humanidad, uno es la humanidad. Entonces surge el problema: ¿puede eliminarse el contenido de la propia conciencia, todo el conocimiento adquirido acerca de uno mismo, que es la conciencia de la humanidad? Estamos tan condicionados por la idea de que uno mismo es un individuo psicológicamente diferente de otro, lo cual no es real, no es un hecho, que cuando decimos: “debo conocerme a mí mismo”, estamos diciendo: “debo conocer mi pequeña celda”. Y cuando uno investiga esa pequeña celda ve que es nada. Pero la verdad, lo real es que uno es la humanidad, uno es el resto de la humanidad. Investigar la enorme complejidad de la mente humana es leer la historia de uno mismo. Uno es historia y, si sabe cómo leer el libro, comienza a descubrir la naturaleza de esta conciencia, que es la conciencia de todos los seres humanos.

   … Cuando los gobiernos, los dictadores, las grandes empresas y el clericalismo poderoso comiencen a ver que este creciente antagonismo entre los hombres solo conduce a la destrucción general, y que por lo tanto ya no es provechoso, entonces nos podrán obligar por medio de legislación u otros métodos compulsivos, a reprimir nuestros anhelos y ambiciones personales y a cooperar al bienestar de la humanidad. Así como ahora nos educan y estimulan para competir sin misericordia, nos obligarán luego al mutuo respeto y a trabajar para la totalidad del mundo.

   … El interlocutor parece colocarse en oposición al mundo, y entonces se pregunta cuáles son sus derechos en relación con este. ¿Está él separado del mundo? ¿Tiene algún derecho independientemente del conjunto de la humanidad? Al colocarse aparte, ¿comprenderá lo que es el mundo? La parte no es el todo, pero para comprender el todo, la parte no debe situarse en oposición al todo. Comprendiendo la parte se comprenderá el todo. Cuando el individuo está en oposición al mundo, entonces reclama sus derechos; pero, ¿por qué debería ponerse en oposición al mundo? La actitud de oposición entre el "yo" y el "no yo", impide la comprensión. ¿No es el individuo parte del todo? ¿No son sus problemas los problemas del mundo? Sus conflictos, confusiones y desdichas, ¿no son los de su prójimo, cercano o distante? Cuando se torne consciente de sí mismo sabrá que forma parte del todo. Es un producto del pasado con sus temores, esperanzas, avideces, aspiraciones y demás. Este producto busca un derecho en su relación con el todo.

   … Un sannyasi ya no es más un sannyasi, sólo está siguiendo una tradición. Y los santos, ¿han creado por medio de sus historias, sus ídolos e ideales, un mundo diferente, una sociedad buena, un ser humano bueno? Ustedes son el resultado de todo esto. ¿Somos seres humanos buenos? Buenos en el sentido de totales, no fragmentados, no divididos; bueno significa también santo. No me refiero a buena conducta, a ser amable, eso es solo una parte. Ser bueno implica no estar dividido, no estar fragmentado, implica que uno es un ser humano armónico. ¿Somos así después de estos miles de años de santos y Upanishads y Gitas? ¿O somos exactamente como todos los demás? Somos la humanidad. Ser bueno es no seguir a nada ni a nadie. Ser bueno es tener la capacidad de comprender el movimiento de la vida.

   … Vean, hemos tratado de producir esta unidad; el mismo pensamiento ve que la unidad es necesaria y, por lo tanto, ha creado un centro. Tal como el Sol es el centro de este mundo, manteniendo todas las cosas unidas con su luz, así mismo este centro, creado por el pensamiento, espera unificar a toda la humanidad. Los grandes conquistadores, los grandes guerreros, han intentado hacerlo con derramamientos de sangre. Las religiones lo han intentado, y lo que han producido ha sido más división, con su crueldad, con sus guerras y sus torturas.

   … ¿Por qué el hombre no ha sido capaz de cambiar? Solo cambia un poco aquí y allá y, no obstante, demanda que haya una buena sociedad. Quiere orden, no solo en sí mismo y en sus relaciones, ya sean estas muy íntimas o de otra índole, sino que además quiere alguna clase de paz en el mundo; quiere que le dejen tranquilo para florecer, para tener alguna clase de beatitud. Si observa, esta ha sido la exigencia de la humanidad a lo largo de la historia, desde los tiempos antiguos. Y sin embargo, cuanto más civilizado se vuelve el hombre, más desorden crea, más guerras hay. La Tierra no ha conocido ningún periodo en el que no haya habido guerras, en el que el hombre no haya matado al hombre; una religión ha destruido a otra religión, una institución u organización ha dominado y suprimido a otras.

   … Si la vida, toda la vida, está contenida en el ahora, ¿ve usted lo que ello implica? Toda la humanidad es usted. Toda la humanidad. Porque usted sufre, él sufre; la conciencia de él es usted; la conciencia suya, su ser, es él. No existen un usted y un él que limiten el espacio.”

    J. Kirshnamurti            
                
            Audiotexto: