Translate

VER LA VERDAD NO ES UNA CUESTIÓN DE TIEMPO, O LA VEMOS O NO LA VEMOS

   “… Estamos discutiendo acerca del conocimiento que se emplea como medio para la seguridad, para el deseo íntimo y psicológico de ser algo. ¿Qué obtenéis por medio del conocimiento? La autoridad del conocimiento, el peso del conocimiento, el sentido de importancia, de dignidad, el sentido de vitalidad y tantas otras cosas. Un hombre que dice: “yo sé”, “hay”, o “no hay”, ha dejado ciertamente de pensar, ha dejado de seguir todo este proceso del deseo.

   Entonces nuestro problema, tal como yo lo veo, es este: “estamos atados, oprimidos por la creencia, por el conocimiento, ¿y es posible para una mente estar libre del ayer, y de las creencias que han sido adquiridas a través del proceso del ayer?” ¿Comprendéis la pregunta? ¿Es posible para mí como individuo y para vosotros como individuos, vivir en esta sociedad y, sin embargo, estar libres de las creencias en que la mente ha sido educada? ¿Es posible para la mente estar libre de todo ese conocimiento, de toda esa autoridad? Leemos las diversas escrituras, los libros religiosos. Allí han descrito con mucho esmero qué se ha de hacer, qué no se ha de hacer, cómo se ha de alcanzar la meta, qué es la meta y qué es Dios; sabéis eso de memoria y eso habéis perseguido. Ese es vuestro conocimiento, eso es lo que habéis adquirido, eso es lo que habéis aprendido, por ese sendero seguís. Es obvio que lo que perseguís y veis, eso encontraréis. ¿Pero es ello la realidad? ¿No es la proyección de vuestro propio conocimiento? Eso no es la realidad. ¿Es posible comprender esto ahora, no mañana sino ahora, y decir: “veo la verdad de ello”, y no ocuparse más de ello, para que vuestra mente no esté mutilada por este proceso de imaginación, de proyección?

   … Creemos porque queremos asirnos de algo, porque queremos seguridad. En nosotros mismos estamos tan inciertos, tan descontentos; somos tan pobres interiormente, que necesitamos alguna riqueza como sostén. Así como el hombre mundano se aferra a sus propiedades, el que se denomina “creyente” se aferra a su creencia. No hay mucha diferencia entre uno y otro. Ambos quieren seguridad, ambos quieren comodidad, ambos quieren certeza. Y como esas creencias son autoproyectadas no conducen a la realidad.

   Nosotros creemos, al parecer, que siguiendo determinado sistema de filosofía, o una creencia, o un método de pensamiento, podremos no sólo disipar la confusión que hay en nosotros, sino también la que reina en torno nuestro. Tenemos innumerables creencias, doctrinas y esperanzas; y al tratar de seguirlas, al procurar ser sinceros con respecto a nuestros ideales, esperamos despejar el sendero hacia la felicidad, o el sendero del conocimiento y la comprensión. Hay, ciertamente, una diferencia entre sinceridad y seriedad. Uno puede ser fiel a una idea, a una esperanza, a una doctrina, a determinado sistema; pero el mero hecho de copiar, de seguir una idea, o de someternos a determinada doctrina, todo lo cual puede llamarse sinceridad, no nos ayudará, por cierto, a disipar la confusión en nosotros mismos, y con ello la confusión ambiente.

   … El cerebro funciona dentro de un área muy estrecha y depende de nuestros sentidos, los que también son limitados, parciales; los sentidos jamás son libres ni están despiertos en su totalidad. No sé si han hecho la prueba de observar algo con la totalidad de sus sentidos, observar el mar, los pájaros y, por la noche, la luz de la luna sobre el césped verde; en tal caso vean si observan parcialmente o si lo hacen con todos los sentidos plenamente despiertos. Ambos estados son por completo diferentes. Cuando uno observa algo parcialmente está afirmando más aún la actitud separativa, egoístamente centrada con respecto al vivir. Pero si ustedes observan esa luz lunar que traza un sendero de plata sobre el agua, si la observan con todos sus sentidos, o sea, con la mente, con el corazón, con los nervios, si a ese observar le dedican toda la atención, entonces verán por sí mismos que no hay un centro desde el cual estén escuchando.

   Nuestro ego, nuestra personalidad, toda nuestra estructura como individuos se ha formado enteramente a base de la memoria, somos memoria. Por favor, este es un tema que debe ser investigado, no lo acepten. Obsérvenlo, escuchen. Quien les habla está diciendo que el ‘tú’, el ego, el ‘yo’, es totalmente memoria. No hay sitio ni espacio donde haya claridad; pueden creer, tener esperanza, fe de que existe algo en ustedes que es incontaminado, que es Dios, que es una chispa de lo intemporal; pueden creer todo eso, pero tal creencia es meramente ilusoria. Todas las creencias lo son. Pero el hecho es que nuestra existencia se compone enteramente de memoria, de recuerdos. No hay un punto ni hay un espacio que, internamente, sea otra cosa que memoria. Ustedes pueden investigar esto; si están inquiriendo seriamente en sí mismos, verán que el ‘yo’, el ego es todo memoria, reminiscencias. Y esa es nuestra vida. Funcionamos, vivimos a base de memoria. Y para nosotros la muerte es el fin de esa memoria.

   … La meditación no es un truco de la mente que se enfrenta a un problema insoluble y entonces se obliga a sí misma a permanecer quieta. Es obvio que una mente aturdida se ha vuelto insensible, irresponsable y, por tanto, incapaz de ver nada nuevo. Y lo nuevo no es lo opuesto de lo viejo.

   La meditación es el descubrimiento de todo este proceso del devenir y del ser, la negación del devenir a fin de ser. Una mente meditativa puede ver todo esto de una sola mirada, y esta mirada no incluye en absoluto el tiempo. Ver la verdad no es una cuestión de tiempo, o la vemos o no la vemos. La incapacidad de ver no puede volverse capaz de ver.

   Por lo tanto, la negación es el movimiento de la meditación, y no hay camino ni sendero ni sistema que puedan conducir a una mente superficial y parlanchina hasta las alturas de la bienaventuranza. El ver esto instantáneamente es la verdad que libera de sí misma a la mente superficial.

   Y la humildad está siempre al principio, pero no hay principio ni final. Y esto es bienaventuranza más allá de toda medida.”

        J. Krishnamurti