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¿SENTIMOS LA TOTALIDAD DEL GÉNERO HUMANO?

  “… Hay que descubrir un modo de observar que nos permita ver todas las cosas que están ocurriendo dentro y fuera de nosotros, como un proceso unitario, como un movimiento total. O se mira el mundo desde un punto de vista particular, adoptando una postura verbal o ideológica, comprometiéndose con una acción particular, aislándose por tanto de todo lo demás, o bien se mira todo este fenómeno como un proceso vivo y en movimiento, un movimiento total del cual uno es parte y no está separado.

   Somos el resultado de la cultura, de la religión, de la educación, la propaganda, el clima, el alimento. Lo que somos, eso es el mundo. ¿Podemos ver la totalidad de esto, no lo que habría que hacerse al respecto? ¿Sentimos la totalidad del género humano? No es cuestión de identificarnos con el mundo, puesto que somos el mundo. La guerra es el resultado de lo que cada uno es. La violencia, el prejuicio, la brutalidad espantosa que hay en el mundo es parte de nosotros.

   A menudo uno se revela ante otros, pero ¿qué es lo que importa? ¿Importa que usted mismo se vea tal como es, o que se revele ante otro? He estado tratando de explicar que, si lo permitimos, toda relación actúa como un espejo en el cual podemos percibir claramente lo que está torcido y lo que está derecho. Ese espejo nos da el enfoque necesario para ver con exactitud, pero como lo expliqué, si estamos cegados por el prejuicio, las opiniones, las creencias, por intensa que sea la relación no podemos ver claramente, sin parcialidad; en tal caso, la relación humana no es un proceso de autorrevelación.

    Nuestra consideración fundamental es: ¿qué nos impide percibir con exactitud? No podemos percibir porque nuestras opiniones acerca de nosotros mismos, nuestros temores e ideales, nuestras creencias, esperanzas y tradiciones, todas estas cosas actúan como velos. Sin comprender las causas de estas perversiones tratamos de cambiar lo percibido o de aferrarnos a ello, y esto crea más resistencias y sufrimientos. Lo principal a tener en cuenta debería ser no el cambio o la aceptación de lo que percibimos, sino el estar atentos a las numerosas causas que dan origen a esta perversión. Algunos podrán decir que no tienen tiempo para estar atentos, que se hallan muy ocupados y demás, pero esto no es una cuestión de tiempo sino más bien de interés. Entonces, ese interés es el comienzo de la atención, sea lo que fuere en qué estén ocupados. Buscar resultados inmediatos es destruir la posibilidad de una comprensión completa.

   … Como sabéis, es una cosa extraordinaria descubrir por uno mismo lo que significa comprender algo inmediatamente, sin muchas palabras; ver un hecho como hecho, por completo, sin argumentación. Partiendo de ese acto de ver puede uno argumentar, discutir, entrar en detalles; pero primero tiene que tener esa asombrosa intensidad de ver, porque es el acto mismo de ver, ver sin pensamiento, que produce transformación. Esto puede parecer algo absurdo, mas no lo es. Miramos todo, escuchamos todo, como estáis escuchando ahora. Solo oís las palabras y estas producen ciertas reacciones, conscientes o inconscientes; y esas reacciones interpretan lo que oís. Ya sabéis de lo que está hablando el orador, porque lo habéis oído durante treinta años; o habéis leído mucho, no solo sobre lo que él dice, sino también sobre otras cosas. Desde ese trasfondo, las palabras hacen surgir una respuesta, y esta os impide escuchar, os impide ver.

   … El hecho real es que toda acción, todo sentimiento, todo pensamiento está amoldado, condicionado, influido. Por ejemplo: un buen hombre se le acerca y, con su retórica, sus gestos, su aspecto, citando esto y aquello, le influye. Queremos ser influenciados. Tenemos miedo de apartarnos de cualquier tipo de influencia, y de ver si podemos ir a lo profundo y descubrir si hay un estado de ser que no constituya el resultado de la influencia. ¿Por qué nos dejamos influir?

   En la política, como sabe usted, el trabajo de los políticos es el de influenciarnos; y todo libro, todo maestro, todo gurú, cuanto más poderoso y elocuente sea más nos gusta; nos impone su pensamiento, su modo de vida, su forma de conducta. Así que la vida es una batalla de ideas, una batalla de influencias, y su mente es el campo en el que se da esa batalla. Los políticos quieren su mente, el gurú también la quiere, el santo le dice: «haz esto y no hagas aquello», y también él quiere conseguir su mente; y toda tradición, toda forma de hábito o de costumbre, influencia, modela, guía y controla su mente. Creo que eso es muy evidente y sería absurdo negarlo. Los hechos están ahí.

   … Por tanto, ‘claridad’ es ver las cosas tal como son dentro de uno mismo, porque uno forma parte del mundo, uno es el movimiento del mundo, uno se expresa en la actividad externa dependiendo de su propia actividad interna, es como el flujo y reflujo de la marea. El mero concentrarse u observarse uno mismo separándose del mundo conduce al aislamiento y a toda clase de rarezas, neurosis, temor a la soledad, etc. Pero si uno observa y sigue el movimiento del mundo fluye con él, igual que si viniera de su propio interior, entonces no hay división entre uno y el mundo; uno no es un individuo separado de la colectividad.

   … Debemos tener esa capacidad de observar, que a la vez es investigar, explorar, y observar, escuchar y darse cuenta. Estoy utilizando la palabra ‘observar’ en ese sentido. El mismo acto de observar es el acto de investigar, y uno no puede investigar si no es libre. Por consiguiente, para investigar, para observar, debe haber claridad; investigar profundamente en uno mismo debe hacerse como si fuera la primera vez. En otras palabras, la investigación nunca puede buscar un resultado, nunca puede escalar posiciones, nunca puede decir: «ahora ya sé»; no hay posiciones que escalar. No obstante, si uno ha estado escalando debe bajar inmediatamente para que la mente tenga realmente la sensibilidad para observar, mirar y escuchar.” 

        J. Krishnamurti