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ENTONCES YA NO HAY UNA LUCHA, SINO MÁS BIEN UNA LUZ QUE DISIPA LA OSCURIDAD


   “…No hay camino alguno que nos conduzca a la verdad, y no hay dos verdades. La verdad no es del pasado ni del presente, es intemporal; y el hombre que cita la verdad del Buda, de Shankara, de Cristo, o aquel que meramente repite lo que yo digo, no encontrará la verdad, porque la repetición no es la verdad. La repetición es una mentira. La verdad es un estado del ser que surge cuando la mente que busca dividir, ser exclusiva, que sólo puede pensar en términos de resultados, de logros, ha llegado a su fin. Sólo entonces existirá la verdad. La mente que hace esfuerzos, que se disciplina a fin de lograr un objetivo, esa mente no puede conocer la verdad, porque el objetivo es su propia proyección, y el hecho de perseguir esa proyección, por noble que sea, es una forma de culto de sí misma. Un ser así es un ególatra y, por lo tanto, no puede conocer la verdad. La verdad es para conocerse sólo cuando comprendemos el proceso total de la mente; es decir, cuando no luchamos.

    … Conoce la verdad sólo aquel que no busca, que no lucha, que no trata de obtener un resultado... La verdad no es continua, no tiene lugar permanente, puede ser vista sólo de instante en instante. Es siempre nueva; por lo tanto, es intemporal. Lo que fue verdad ayer no es verdad hoy, lo que es verdad hoy no es verdad mañana. La verdad no tiene continuidad. La mente es la que desea hacer continua la experiencia que ella llama verdad, y una mente así no conocerá la verdad, que es siempre nueva, que está en ver la misma sonrisa y ver esa sonrisa de un modo nuevo, en ver la misma persona y verla de un modo nuevo, en ver de un modo nuevo las palmeras ondulantes; la verdad está en enfrentarse de un modo nuevo a la vida.

    … Sólo hay esfuerzo cuando uno escapa a ese vacío interior por medio de la acción, de la contemplación, de la adquisición, del logro, del poder y lo demás. Esa es nuestra diaria existencia. Yo me doy cuenta de mi insuficiencia, de mi pobreza interna, y lucho para huir de ella o para llenarla. Esto de huir, de evitar el vacío o de procurar encubrirlo, ocasiona lucha, rivalidad, esfuerzo.

   Bueno, ¿por qué existe el deseo de colmarnos? Es obvio que el deseo de realizarnos, de llegar a ser algo, surge cuando existe la percepción de que uno nada es. Como no soy nada, como soy insuficiente, vacío, interiormente pobre, hecho por llegar a ser algo, externa o internamente, lucho para llenar mi vacío con una persona, con una cosa, con una idea. Llenar ese vacío es todo el proceso de nuestra existencia. Dándonos cuenta de que somos vacíos, interiormente pobres, luchamos por acumular cosas en lo externo o por cultivar la riqueza interior.

    … ¿Y qué sucede si uno no hace un esfuerzo para huir? Que uno vive con esa soledad, con esa vacuidad; y al aceptar esa vacuidad, uno hallará que adviene un estado de ser creador, que no tiene nada que hacer con la lucha, con el esfuerzo. El esfuerzo sólo existe mientras tratamos de evitar esa soledad, ese vacío interior; mas cuando lo miramos y lo observamos, cuando aceptamos lo que es, sin esquivarlo, hallaremos que surge un estado de ser en el que cesa toda lucha. Ese estado de ser es creatividad y no es resultado del esfuerzo.

    … Pero cuando hay comprensión de lo que es; o sea, del vacío, de la insuficiencia interior; cuando uno vive con esa insuficiencia y la comprende plenamente, adviene la realidad creadora, la inteligencia creadora que es lo único que trae felicidad.

    … Algunos buscan la seguridad física mediante la riqueza, el confort y el poder sobre los demás que la riqueza les otorga; ellos se interesan en las diferencias sociales, y en los privilegios sociales que les aseguran una posición de la cual derivan su satisfacción personal. La seguridad física es una forma cruda de seguridad, pero puesto que para la mayor parte de la humanidad ha sido imposible obtenerla, el hombre se ha vuelto hacia formas sutiles de seguridad que él llama espiritual o religiosa. Debido al deseo de escapar del conflicto, ustedes buscan y establecen la seguridad física o espiritual. El anhelo de seguridad física se revela en el deseo de tener una sustanciosa cuenta bancaria, una buena posición social, en el deseo de ser considerado alguien en la ciudad, en la lucha por grados y títulos, y en todo ese tipo de insensatas estupideces.

    … Cada uno tiene que averiguar qué es lo que está buscando; si no está buscando nada, entonces hay satisfacción y deterioro. Si hay conflicto, está el deseo de superar ese conflicto, de escapar de él, de dominarlo. Como he dicho, el conflicto puede existir solamente entre dos cosas falsas, entre esa supuesta realidad que ustedes llaman el "yo", que para mí es nada más que el resultado del medio, y el medio mismo. En consecuencia, si nuestra mente se interesa tan sólo en superar esa lucha, entonces estamos perpetuando la falsedad y, por esto, hay más conflicto, más dolor. Pero si comprendemos el significado del medio; es decir, la riqueza, la pobreza, la explotación, la opresión, las nacionalidades, las religiones y todas las insensateces de la vida social en la existencia moderna, no tratando de superar esas cosas, sino viendo su significado, entonces tiene que haber una acción individual, y una revolución completa en las ideas y en el pensamiento. Entonces ya no hay una lucha, sino más bien una luz que disipa la oscuridad. No hay conflicto entre la luz y la oscuridad. No hay conflicto entre la verdad y aquello que es falso. El conflicto existe sólo donde hay opuestos.”

   J. Krishnamurti 


TODA ACCIÓN VERDADERA SÓLO PUEDE SURGIR DEL INDIVIDUO QUE COMPRENDE

 

   “… En cualquier acción creativa, el individuo es quien importa. Estoy hablando al individuo, porque sólo el individuo puede cambiar, no la masa; sólo uno puede transformarse a sí mismo. Por tanto, el individuo es infinitamente importante. Sé que está de moda hablar de grupos, de masa, de raza, como si el individuo no importara en absoluto; pero en cualquier acción creativa, el individuo es quien importa. Toda acción verdadera, toda decisión importante, como la búsqueda de libertad, el investigar lo que es la verdad, sólo puede surgir del individuo que comprende…; si alguno de nosotros es realmente un individuo, en el sentido de que está tratando de comprender el proceso completo de su mente, entonces será una entidad creativa, una persona libre, no condicionada, capaz de buscar la verdad por sí misma y no como un resultado.

   … Mientras uno sea codicioso, envidioso, ambicioso, busque poder, posición y prestigio, la sociedad le apoyará, y uno basará su acción en eso; esa acción se considerará respetable, moral, pero no tiene nada de moral. El poder en cualquiera de sus formas es dañino, ya sea el poder del esposo sobre su esposa, de la esposa sobre su esposo o el poder de los políticos. Cuanto más tiránica, más fanática sea y más fuerza tenga la religión, más dañina será, lo cual es un hecho, un hecho que puede observarse y comprobarse. La sociedad lo aprueba; todos veneran a la persona que tiene poder y actúa con poder. Si uno observa que su propia acción se basa en la ambición de poder, en el deseo de triunfar, de ser alguien en este mundo corrupto, entonces, si afronta ese hecho, actuará de forma completamente diferente; ésa será la verdadera acción, y no la acción que la sociedad impone al individuo. De modo que la moralidad social no es moralidad en absoluto; es inmoral, es otra forma de defendernos a nosotros mismos, y de esa manera destruimos la sociedad de forma gradual.

   El hombre que quiera comprender lo que es la libertad, debe dejar de depender de la sociedad con determinación, no física, sino psicológicamente. Físicamente, uno no puede dejar de depender de la sociedad, porque para cualquier cosa necesita a la sociedad, para conseguir la ropa que lleva, para tener dinero, etc.; en lo externo, no en lo psicológico, uno depende de la sociedad. Sin embargo, no depender psicológicamente de la sociedad significa tener libertad, es decir, estar completamente libre de ambición, envidia, codicia, deseo de poder, de posición y de prestigio.

   … Cualquier clase de conflicto, el conflicto entre naciones, entre distintos grupos sociales, entre individuos, o el conflicto dentro de uno mismo. ¿No es inevitable el conflicto mientras no haya una integración entre el actor y su acción, entre el reto y la respuesta? Nuestro problema es el conflicto, ¿verdad? No un conflicto en particular, sino cualquier conflicto, la lucha entre ideas, entre creencias, entre ideologías, entre opuestos. Si no hubiera conflicto no habría problemas.

   … Sufro. Psicológicamente estoy terriblemente perturbado y tengo una idea al respecto, qué debería hacer, qué no debería hacer, cómo debería cambiarse eso. Esa idea, esa fórmula, ese concepto me impide mirar el hecho de lo que es. La ideación y la fórmula son maneras de escapar de lo que es. Cuando existe un gran peligro, hay acción inmediata. Entonces no tengo una idea al respecto. No formulo una idea y después actúo conforme a esa idea. La mente se ha vuelto perezosa, floja, a causa de una fórmula, la cual le ha proporcionado un medio para escapar de la acción con respecto a lo que es. Viendo por nosotros mismos toda la estructura de lo que se ha dicho, y no porque ello nos haya sido señalado, ¿es posible enfrentarse al hecho, al hecho de que somos violentos, por ejemplo? Somos seres humanos violentos, y hemos elegido la violencia como nuestro estilo de vida, la guerra y todo eso.

El escuchar es, en sí mismo, una acción completa; el puro acto de escuchar trae su propia libertad. Pero, ¿estamos realmente interesados en escuchar, en transformar nuestra confusión interna? Si usted escuchara... en el sentido de estar alerta a sus conflictos y contradicciones, sin forzarlos dentro de ningún patrón particular de pensamiento, tal vez estos conflictos y estas contradicciones podrían cesar por completo. Vea, estamos constantemente tratando de ser esto o aquello, de lograr un estado especial, de capturar una clase de experiencia y de evitar otra, de modo tal que la mente está siempre ocupada con algo, jamás está quieta para escuchar el ruido de sus propias luchas y dificultades. Sea sencillo... y no trate de llegar a ser alguna cosa o de capturar alguna experiencia.

   … Únicamente cuando la mente se comprende totalmente a sí misma, tan profundamente que muere a todo lo conocido y no queda en ella ninguna barrera, sólo entonces la verdad se manifiesta. De manera que la transformación del individuo sólo puede suceder cuando se comprenden por completo los movimientos de la mente, lo cual es meditación. Comprenderse uno mismo es un proceso en el cual no hay condena ni justificación; significa simplemente ver lo que uno es, observando sin juicio, sin interferencia, sin control y sin distorsión. Percibir lo que uno es, sin ninguna valoración, lleva a la mente hacia una extraordinaria profundidad, y sólo en esa profundidad puede haber transformación. Como es lógico, esa acción que surge de una comprensión profunda, nada tiene que ver con la acción de adaptarse.

   … Cuando tenéis una clara conciencia, veis el proceso total de vuestro pensar y de vuestra acción; pero esto puede ocurrir tan sólo cuando no hay condenación alguna. Cuando yo condeno algo, no lo comprendo; y este es un modo de evitar toda comprensión. Creo que la mayoría de nosotros lo hace adrede; condenamos inmediatamente y creemos haber comprendido. Si en vez de condenar algo, lo consideramos, nos damos cuenta de lo que es, entonces el contenido de esa acción, su significado, empieza a revelarse. Experimentad con esto y lo veréis por vosotros mismos. Daos cuenta simplemente, sin sentido alguno de justificación, lo cual podría aparecer más bien negativo, pero no lo es. Por el contrario, tiene la cualidad de la pasividad, que es acción directa. Esto lo descubriréis si lo ponéis a prueba.”

   J. Krishnamurti


DEBE HABER UN CAMBIO FUNDAMENTAL EN NUESTROS PROPIOS VALORES Y EN NUESTRA VISIÓN DE LA VIDA


   “… Vemos cómo la estructura actual de la sociedad en India, en Europa, en América, en cualquier parte del mundo, se está desintegrando rápidamente. También lo vemos en nosotros mismos. Podemos observarlo paseando por la calle. No necesitamos grandes historiadores que nos revelen el hecho de que nuestra sociedad se desintegra; necesitamos nuevos arquitectos y constructores para crear una nueva sociedad. Es preciso levantar una nueva estructura sobre nuevos cimientos, sobre hechos y valores nuevos. Estos arquitectos y constructores aún no existen; no hay nadie que, al observar, al darse cuenta del hecho de que la estructura se desploma, se transforme a sí mismo y se convierta en arquitecto. Ésa es nuestra responsabilidad, ver que la sociedad se derrumba y nosotros, usted y yo, tenemos que ser los arquitectos; tenemos que redescubrir los valores y edificar sobre cimientos más profundos y más sólidos, porque si recurrimos a los arquitectos profesionales, a los constructores políticos y religiosos, seguiremos exactamente igual que siempre. 

   … No podemos ser inteligentes sustituyendo simplemente un gobierno por otro, un partido o grupo por otro, un explotador por otro. Las revoluciones sangrientas no pueden resolver jamás nuestros problemas. Sólo una profunda revolución interna que altere todos nuestros valores puede crear un ambiente diferente, una estructura social inteligente; y tal revolución sólo la podemos hacer usted y yo. Ningún nuevo orden surgirá hasta que individualmente destruyamos nuestras barreras psicológicas y nos liberemos.

   … Lo que es el individuo, eso es la sociedad. Lo que uno es tiene una importancia infinita, y no se trata de un simple eslogan. Si profundizamos de verdad, descubriremos la importancia de nuestras acciones, veremos cómo lo que somos influye en el mundo en el que vivimos, ese mundo de relaciones, por muy pequeño o limitado que sea. Si somos capaces de producir un cambio fundamental, una revolución radical en nosotros, en nuestro interior, entonces podremos crear un mundo diferente, un conjunto de valores distintos. 

   … Para descubrir la mente nueva, no sólo es necesario que comprendamos las respuestas del viejo cerebro, sino que también es indispensable que el viejo cerebro esté quieto. Debe estar activo, pero quieto. ¿Entiende lo que estoy diciendo? Mire, señor, si usted quiere descubrir por sí mismo, de primera mano, no según lo que dice algún otro, si hay una realidad, si existe una cosa como Dios, la palabra Dios no es el hecho, su viejo cerebro, nutrido en una tradición, ya sea esta anti-Dios o pro-Dios, en una cultura, en una influencia ambiental y propagandística, en siglos de afirmación social; ese viejo cerebro debe estar quieto. De lo contrario, sólo proyectará sus propias imágenes, sus propios conceptos y valores. Pero esos valores, esos conceptos, esas creencias son el resultado de lo que a usted le han dicho, o son el resultado de sus propias reacciones a lo que le han dicho; de modo que, inconscientemente, usted dice: «Ésta es mi experiencia».

   Tiene que cuestionar, pues, la verdadera validez de la experiencia, de su experiencia o de la experiencia ajena, no importa de quién sea. Así, mediante el cuestionar, investigar, interrogar, requerir, mirar, escuchar atentamente, el viejo cerebro se aquieta. Pero el cerebro no está dormido; se halla muy activo, aunque quieto. Ha llegado a esa quietud a través de la observación, de la investigación. Y para investigar, para observar, usted debe tener luz; la luz es su constante estado de alerta.

   … Para entendernos nosotros mismos debemos estar alertas a nuestras relaciones, no sólo con la gente, sino con la propiedad, con las ideas y con la naturaleza. Si hemos de hacer una verdadera revolución con respecto a las relaciones humanas, que son la base de toda la sociedad, debe haber un cambio fundamental en nuestros propios valores y en nuestra visión de la vida; pero evitamos la necesaria y fundamental transformación de nosotros mismos, y tratamos de provocar revoluciones políticas en el mundo, lo que sólo trae desastres y derramamiento de sangre. 

   … La existencia es relación; y tanto si pertenecemos a una organización religiosa o no, o si somos mundanos o idealistas, nuestros sufrimientos sólo podrán resolverse entendiéndonos a nosotros mismos en nuestras relaciones. Sólo el autoconocimiento puede traer tranquilidad y felicidad al hombre, porque el autoconocimiento es el principio de la inteligencia y de la integración. La inteligencia no es un simple ajuste superficial; no es el cultivo de la mente, ni la adquisición de conocimientos. La inteligencia es la capacidad para entender los procesos de la vida; es percepción de los verdaderos valores. 

   Es la investigación constante, la verdadera insatisfacción, lo que despierta la inteligencia creadora; pero mantener despierto el espíritu de investigación y descontento es extremadamente difícil; y la mayor parte de la gente no quiere que sus hijos tengan esa clase de inteligencia, porque es muy embarazoso vivir con alguien que constantemente está cuestionando los valores aceptados.

   J. Krishnamurti