Carta de Enrique - Encuentro en Segovia

Queridos todos/as.

Me acerqué a Krishnamurti hace unos pocos años por pura casualidad. Para mi, K.... es una excusa, con perdón. Oí hace poco de alguien que fue al Himalaya a escalar montañas y lo que lo ocurrió fue que conoció personas. Supongo, que desde la sinceridad de mi corazón, aceptar que me olvido del maestro en la medida en que disfruto de las personas afines a él, es toda una declaración de principios sobre mi motivación de volver este año a Segovia.

Más que aprender o enseñar, lo que me mueve es la mera experimentación en cordial compañía, una simple certeza de mutuo enriquecimiento. Más no hallo ni busco. Mi corazón volvió colmado de sensaciones, y mi mente rejuvenecida a base de reflexionar desde una humilde aspiración de la inteligencia.

No tengo ni idea de si volveré el año que viene a Segovia. Lo consultaré en sesudo congreso entre mi almohada y la persona que me acompañó este año a la reunión. Lo que tengo claro, es que no esperaré nada de nadie, y mis únicas expectativas trataré de elaborarlas en base a mi buena voluntad de ejercer la noble tarea de ser yo mismo, bueno, y dichoso. Con estas faenas, ya tengo para el resto de mi vida. Que la posteridad y las personas a las que amo, digan si mis palabras enraizaron en la madre tierra.

Besos y abrazos.
Enrique

Carta de Miguel - Comentarios sobre el Encuentro de Segovia

Quisiera compartir algo más sobre el encuentro de Segovia, aunque va más bien dirigido al grupo que se creó con Alfonso. Intento expresarme con franqueza y respeto, pensando que puedo ser subjetivo, y que estoy completamente abierto a escuchar otras opiniones con el fin de llegar a algo más real.

Era  la primera vez que acudía a este encuentro. Desde el primer instante todo resultaba  motivador, estimulante y me iba sorprendiendo. La dinámica y como se conducía, era agradable. Los pensamientos poco a poco se difuminaban y mi atención se concentraba de forma natural en lo importante.

Llegamos a la reunión del domingo. Desde un principio delicadamente dirigida con la colaboración de lo que se compartía y las preguntas que se planteaban.

Las imperfecciones se transformaban en perfectas en cada instante, hasta que parecía haber llegado a un momento muy especial. Alguien expresó que daba la impresión de estar rozando un momento casi mágico. Solo algunos pensamientos mantenían la distancia y había que alejarlos o imaginar la existencia de un fuego en el centro donde echarlos y se consumieran. Era latente, casi palpable la existencia de un momento de revelación creada por la energía del grupo, que se concentraba en ese instante.

Aún en este momento, casi puedo confundir entre sí os estoy imaginando aquí o si aún me encuentro ahí junto a vosotros.

Escucho como algunos habláis tratando de razonar o preguntaros la causa de no llegar a ese instante perfecto. Y como las preguntas de uno de los compañeros  intenta motivar para indagar hacia adentro y encontrar la respuesta tras las sombras y llegar al otro lado para descubrir lo verdadero.

Eran preguntas directas y conscientes, y aunque no fueran dirigidas hacia mí, me puse nervioso y pedí a quien las hacía, que no siguiera preguntando.

Luego me sentí mal y pedí disculpas. Después abandoné la reunión entre sentimientos contradictorios de vergüenza y orgullo, que no me hacían sentir bien.  Dicha imperfección se me quedó anclada y quisiera resolverla en este instante para que el tiempo la libere.

También he tenido la suerte de poder mantener la intensidad del instante tan especial creado, que supongo es lo que me ha permitido descubrir con claridad lo sucedido.

Mi reacción, solo fue una expresión de defensa ante reminiscencias del pasado. cuando esas preguntas de la infancia en que el profesor te preguntaba y te entraba una sensación de pánico si no sabías la respuesta, o esas, tan inquisitivas de los curas, con los que estuve varios años conviviendo, en que si decías la verdad eras castigado o pegado por ellos y si mentías sería Dios el encargado”, quien sabe después, cuántas veces a lo largo de la vida, me he engañado y no he sabido, ni podido mostrar abiertamente quien era, por estar escondido, detrás de esas inseguridades o miedos creados.
En este caso no supe comprender que las preguntas eran hechas con sabiduría y cariño, con el único fin de descubrir y expresar la verdad, no como en todos esos años en que aprendí a ocultarla por sentirme atacado. Aunque es curioso que a mí, a quien molestaban las preguntas, sea a uno de los que más se ha beneficiado.

Por eso amigo y amig@s, en este instante en que podría pedir disculpas sinceras desde mi corazón, el sentimiento que me acompaña, es el de un profundo agradecimiento, por cuanto viví en Segovia. Y que estupendo resultaría, si la reunión pudiera continuar a partir de este instante.

Gracias amigos,
Miguel

Una propuesta de diálogo (final)


Por último, quisiéramos indicar que no estamos proponiendo el diálogo como una panacea ni como un método o técnica diseñados para sustituir a todas las demás formas de interacción social. Desde luego no le resultará práctico a todo el mundo ni será de utilidad en todos los contextos. Hay muchas tareas que requieren un liderazgo firme y una estructura organizativa bien formada, al igual que hay otras que sólo requieren consenso y amistad.

Muchas de las ideas propuestas en este panfleto siguen siendo objeto de nuestra continuada exploración. No sugerimos que se tomen como algo fijo sino, al contrario, que se investiguen como parte de su propio diálogo. El espíritu del diálogo es de juego libre, una especie de danza colectiva de la mente que, no obstante, posee un poder inmenso. Una vez iniciado se convierte en una aventura continua que puede abrirle la puerta a un cambio significativo y creador.

David Bohm, Donald Factor, Peter Garrett
Una propuesta de diálogo

Diálogo en organizaciones establecidas


Hasta ahora hemos hablado principalmente del diálogo que reúne a individuos procedentes de multitud de orígenes distintos en vez de venir de organizaciones establecidas. Pero los miembros de una organización también pueden apreciar su valor como forma de incrementar y enriquecer su propia creatividad corporativa. 

En este caso el proceso del diálogo cambiará considerablemente. Los miembros de una organización establecida ya habrán desarrollado una variedad de formas de relacionarse entre sí y con la totalidad de su organización. Puede que haya una jerarquía preestablecida o una necesidad imperante de proteger al propio equipo o a la sección. Puede que haya miedo de expresar pensamientos que puedan parecer críticos de los cargos más altos de la organización o de las normas de la cultura organizativa. Las carreras o la aceptación social de los individuos miembros pueden sentirse amenazadas por la participación en un proceso que pone el acento en la transparencia, la apertura, la sinceridad, la espontaneidad y la clase de interés profundo en el prójimo que puede desvelar áreas de vulnerabilidad que acaso hayan permanecido ocultas durante mucho tiempo. 

Además, la mayoría de las organizaciones tienen propósitos y fines inherentes y predeterminados que raras veces se cuestionan. A primera vista esto parecería plantear inconsistencias relativas al juego libre y abierto del pensamiento que es tan intrínseco al proceso del diálogo. Sin embargo, esto se puede superar si desde un principio se les ayuda a los participantes a comprender que la consideración de tales temas es esencial para la salud de la organización, como también lo son cuestiones más personales. El potencial creativo del diálogo es lo suficientemente importante para que una suspensión provisional de todas las estructuras y relaciones que constituyen una organización se incluya de manera fructífera en la exploración. 

El diálogo probablemente tenga que comenzar con una exploración de todas las dudas y temores que la participación ciertamente suscitará. Los miembros de una organización establecida tendrán que empezar con una agenda bastante específica de la que, en un momento dado, se les puede animar a desviarse. Esto se diferencia del acercamiento adoptado con respecto a agrupaciones que se reúnen una sola vez o a las que se organizan ellas mismas y en las que los participantes son libres de empezar con cualquier tema. No obstante, y tal como hemos mencionado antes, no se debería excluir ningún contenido porque el impulso a excluir un tema es en sí materia fértil para una investigación. Por ejemplo, en un período de cambios circunstanciales, el diálogo podría demostrar que la capacidad de tolerar errores o de reconocer que una opinión divergente es una fuente potencial de creatividad, puede acabar siendo de gran valor en la investigación de cómo una organización puede hacerse más flexible y más capaz de adaptarse a su entorno específico. O un examen de los fines básicos de la organización puede conducir a esclarecimientos relativos a las actividades en curso y a posibles direcciones y propósitos nuevos.

David Bohm, Donald Factor, Peter Garrett
Una propuesta de diálogo

Cómo iniciar un diálogo


La suspensión de pensamientos, impulsos, juicios, etc., es uno de los aspectos nuevos y más importantes del diálogo y que se encuentra en su núcleo central. No es fácil captarlo porque la actividad es a la vez extraña y sutil. Tal suspensión comprende atención, escucha y observación y es esencial en la exploración. Hablar es necesario, por supuesto, pues de lo contrario habría muy poco que explorar en el diálogo. Pero el proceso activo de la exploración ocurre durante el acto de escuchar no sólo a los demás sino también de escucharse a sí mismo. La suspensión supone desplegar los propios impulsos, sentimientos y opiniones de tal manera que se puedan ver y sentir en el interior de la propia psique y también ser espejados por los demás en el grupo. No significa reprimir o suprimirlos, ni tan siquiera aplazarlos. Significa, sencillamente, prestarles una atención seria de modo que se puedan percibir sus estructuras mientras estén activas. 

Si un individuo es capaz de prestarle atención, pongamos por caso, a emociones fuertes que pudieran acompañar la expresión de un pensamiento específico, ya lo exprese él mismo o lo exprese otro, y de mantener dicha atención, la actividad del proceso de pensamiento se moverá con mayor lentitud. Esto puede permitirle a ese individuo empezar a ver el significado más profundo que subyace el proceso del pensamiento y a percibir la a menudo incoherente estructura de cualquier acción que, de lo contrario, podría ejecutarse de forma automática. De la misma manera, si un grupo es capaz de suspender tales sentimientos y de prestarles atención, entonces el flujo general que va del pensamiento al sentimiento a la actuación dentro del grupo también se puede hacer más lento y revelar su significado más profundo y sutil junto con cualesquiera de sus distorsiones implícitas, llevando de ese modo a lo que podría describirse como inteligencia despierta. 

Suspender el pensamiento, el impulso, el juicio, etc., requiere una atención seria a la totalidad del proceso que hemos estado examinando, tanto a solas como dentro del grupo. Esto implica lo que al principio parecería ser un trabajo de carácter arduo. Pero si este trabajo se mantiene, se desarrolla la capacidad de prestar dicha atención constantemente, de manera que requiere cada vez menos esfuerzo. 

Números: Un diálogo funciona óptimamente con entre veinte y cuarenta personas sentadas unas frente a otras en un solo círculo. Un grupo de este tamaño permite la aparición de diferentes subgrupos o subculturas que se pueden observar y que pueden revelar algunas de las formas en que el pensamiento funciona colectivamente. Esto es importante porque las diferencias entre tales subculturas a menudo son una de las causas no reconocidas del fracaso de la comunicación y del conflicto. Por otra parte, grupos más pequeños carecen de la diversidad requisita para revelar estas tendencias y en general pondrán el acento en roles y relaciones más acostumbrados, tanto personales como familiares. 

En unos cuantos grupos hemos contado con hasta sesenta participantes, pero con un grupo tan numeroso de personas el proceso se vuelve imposible de manejar. Se requieren dos grupos concéntricos para sentar a todo el mundo de forma que se puedan ver y escuchar los unos a los otros. Esto sitúa a los de la segunda fila en una posición de desventaja y un menor número de participantes tiene oportunidad de hablar. 

Podríamos mencionar que algunos participantes tienden a hablar mucho mientras que otros tienen dificultad para hablar en grupo. Vale la pena recordar, sin embargo, que la palabra ‘participación’ tiene dos sentidos: ‘participar en’ y ‘tomar parte en’. Escuchar es al menos tan importante como hablar. Y a menudo los participantes más callados acabarán interviniendo más conforme se familiarizan con la experiencia del diálogo, al igual que los individuos más dominantes tenderán a hablar menos y a escuchar más. 

Duración: Un diálogo necesita cierto tiempo para echar a andar. Es una forma poco común de compartir con otros y se requiere alguna clase de introducción en la que se comunique el significado de toda esta actividad. Pero incluso con una introducción clara, cuando el grupo empiece a conversar experimentará a menudo confusión, frustración y una preocupación autoconsciente respecto a si realmente está sosteniendo un diálogo o no. Sería muy optimista asumir que un diálogo comenzara a fluir o a avanzar hacia una gran profundidad durante la primera reunión. 

En la organización de diálogos es útil ponerse de acuerdo al inicio sobre la duración de la sesión y que alguien asuma la responsabilidad de marcar la hora al final. Hemos descubierto que  en torno a dos horas es óptimo. Sesiones más largas corren el riesgo de incurrir en un factor de fatiga que tiende a disminuir la calidad de la participación. Cuanto más regularmente se pueda reunir el grupo, más profundo y significativo será el territorio explorado. Se han empleado a menudo los fines de semana porque dan cabida a una serie de sesiones, pero si se espera que el diálogo continúe durante un período extenso de tiempo,  sugerimos que haya al menos una semana de intervalo entre cada una de las sesiones para dar tiempo a la reflexión individual y a una mayor ponderación. El tiempo que un grupo pueda dedicarle a la exploración no tiene límite. Pero su institucionalización sería algo contrario al espíritu del diálogo. 

Liderazgo: Un diálogo es esencialmente una conversación entre iguales. Cualquier autoridad controladora, no importa cuán cuidadosa o sensiblemente aplicada, tenderá a obstaculizar e inhibir la libertad de juego del pensamiento y los a menudo delicados y sutiles sentimientos que de otro modo serían compartidos. El diálogo es vulnerable y se presta a ser manipulado, pero esto no es compatible con su espíritu. La jerarquía tampoco tiene cabida en el diálogo. 

No obstante, en las fases iniciales se requiere cierta orientación para ayudar a los participantes a captar las diferencias sutiles entre el diálogo y otras formas de actividad grupal. Es esencial que haya al menos uno o, preferiblemente dos facilitadores o moderadores con experiencia. Su papel no debería ser impositivo sino que deberían ‘liderar desde atrás’ con la intención de hacer que su actividad se vuelva innecesaria lo antes posible. 

Esta propuesta no se plantea como un sustituto de dicha moderación. Pero sugerimos que se repasen sus contenidos con el grupo durante su encuentro inicial. 

Temática: Como ya hemos indicado, no se excluye ningún contenido. El diálogo puede comenzar con cualquier tópico de interés. Si hay intercambios o se plantean temas que los miembros del grupo consideran inapropiados, es importante que expresen estos pensamientos en el seno del diálogo. A menudo los participantes murmuran o se quejan después acerca de su frustración o malestar pero es exactamente esta clase de material el que ofrece el terreno más fértil para introducir el diálogo en ámbitos más sutiles de significado y coherencia más allá de la superficialidad de los buenos modales, el pensamiento grupal o la charla de sobremesa. 

David Bohm, Donald Factor, Peter Garrett
Una propuesta de diálogo

Lo que el diálogo no es


El diálogo no es una discusión, palabra que comparte su raíz etimológica con ‘percusión’ y ‘contusión’, las cuales implican la ruptura de cosas, ni tampoco es un debate. Estas formas de conversación contienen una tendencia implícita a apuntar hacia una meta, tal como someter un acuerdo a negociación, tratar de resolver un problema o asegurarse de que la opinión propia prevalezca. Aunque la palabra ‘diálogo’ ha sido empleada a menudo de forma similar, su significado etimológico más profundo implica que básicamente su interés no reside en nada de esto. 

El diálogo no es un nombre nuevo para terapias de grupo o talleres de sensibilidad, aunque muy bien pudiera tener consecuencias de carácter psicoterapéutico. No trata de concentrarse en la eliminación de los bloqueos emocionales de ninguno de los participantes ni enseñar, formar o analizar, aunque es un ámbito en el que el aprendizaje y la disolución de bloqueos pueden suceder y a menudo suceden. Ni tampoco es una técnica para la solución de problemas o la resolución de conflictos. Los problemas pueden no obstante ser resueltos en el transcurso del diálogo o acaso posteriormente como resultado de la mayor comprensión y amistad que se dan entre los participantes. El diálogo puede parecerse a otras formas de actividad grupal y puede a veces incluir aspectos de las mismas, pero en realidad es algo nuevo en nuestra cultura, algo que, nos atrevemos a sugerir, es de vital importancia para su futura salud. 

David Bohm, Donald Factor, Peter Garrett
Una propuesta de diálogo

Propósito y significado


Normalmente la gente se reúne o bien para realizar una tarea o para entretenerse, siendo ambas cosas lo que se podría calificar como propósitos predeterminados. Pero por su propia naturaleza el diálogo no es compatible con ningún propósito semejante más allá del profundo interés de sus participantes en la explicitación y revelación de sus significados colectivos. Estos pueden a menudo resultar entretenidos o esclarecedores, y a veces conducirán a nuevas percepciones o tratarán problemas de actualidad. Pero, sorprendentemente, en sus fases iniciales la experiencia del diálogo suele conducir a la frustración. 

Un grupo de personas invitadas a dedicarle seriamente su tiempo y atención a una tarea que aparentemente carece de toda meta y que no está siendo encaminada en ninguna dirección discernible, puede encontrarse rápidamente experimentando un alto grado de ansiedad o de irritación. Esto puede conducir al deseo por parte de algunos o bien de dividir el grupo o de tratar de asumir el control e imprimirle una dirección. De este modo se revelarán propósitos que no habían sido reconocidos con anterioridad. Se expresarán emociones fuertes, junto con los pensamientos que las subyacen. Puede que se adopten posturas fijas y que acabe en una polarización. Todo esto forma parte del proceso. Es lo que sostiene el diálogo y sigue expandiéndolo constante y creativamente en nuevos territorios. 

En un grupo de entre veinte y cuarenta personas se pueden contener situaciones extremas de conflicto, frustración, enfado y otras dificultades. Entonces esto mismo se convierte en el foco central de la exploración en lo que podría transformarse en un ‘meta-diálogo’ destinado a esclarecer el proceso del propio diálogo. Conforme aumentan la sensibilidad y la experiencia, surge una percepción de significado compartido en la que las personas descubren que ni se están resistiendo unas a otras ni tampoco están interactuando. Una mayor confianza entre los miembros del grupo y en el propio proceso conduce a la expresión del tipo de pensamientos y sentimientos que normalmente se dejan sin articular. No hay ningún consenso impuesto ni hay ningún intento de evitar el conflicto. Ningún individuo o subgrupo es capaz de hacerse con el mando porque todo tema, incluida la dominación y la sumisión, está siempre abierto para ser abordado. 

En este proceso los individuos descubren que están participando en un conjunto de significados compartidos que está en continua transformación y desarrollo. Surge un contenido compartido de la conciencia que permite un nivel de creatividad y comprensión que no está generalmente al alcance de los individuos o los grupos que interactúan de formas más acostumbradas. Esto revela un aspecto del diálogo que Patrick de Maré ha denominado ‘koinonía’, un término que significa ‘hermandad  o amistad impersonal’, que en sus orígenes fue empleado para denominar la forma arcaica de la democracia ateniense en la que los hombres libres de la ciudad se reunían para gobernarse. La misma palabra fue empleada más tarde en Los actos de los Apóstoles para describir la comunión entre los miembros de las comunidades cristianas primitivas. 

Conforme se va experimentando con el diálogo, esta amistad o comunión empieza a cobrar preferencia sobre el contenido más explícito de la conversación. Esta es una fase importante del diálogo, un momento de mayor coherencia en el que el grupo puede trascender sus bloqueos o limitaciones y adentrarse en un territorio nuevo. Pero también es en este punto en el que el grupo tiende a relajarse y a disfrutar de la euforia que acompaña a esa experiencia. Algunos participantes querrán mantener el grupo unido con el fin de conservar la sensación placentera de seguridad y de pertenencia que acompaña a este estado. Esto es similar a esa sensación de comunidad que se alcanza a menudo en grupos de terapia o en talleres de formación de equipo, en los que está considerada como la prueba del éxito del método empleado. Sin embargo, más allá de ese punto se encuentran ámbitos de creatividad, armonía e inteligencia todavía más significativos y sutiles a los que sólo se puede acceder persistiendo en el proceso de investigación y corriendo el riesgo de adentrarse de nuevo en áreas de incertidumbre potencialmente caótica o frustrante. 

David Bohm, Donald Factor, Peter Garrett
Una propuesta de diálogo

¿Por qué el diálogo?


El diálogo se propone ofrecer un espacio en el que se pueda prestar dicha atención. Permite un despliegue del pensamiento y del significado que facilita una especie de propiocepción colectiva o reflejo inmediato tanto del contenido del pensamiento como de las menos evidentes estructuras dinámicas que lo gobiernan. En el diálogo esto se puede experimentar tanto colectiva como individualmente. Cada oyente puede reflejar al que tiene la palabra y al resto del grupo algunos de los supuestos e implicaciones tácitas de lo que está siendo abordado junto con lo que se está evitando. Crea una oportunidad para que los participantes examinen sus supuestos, sus prejuicios y las pautas características que subyacen sus pensamientos, opiniones, creencias y sentimientos, junto con los papeles que tienden a interpretar habitualmente. 

La derivación de la palabra ‘diálogo’ consiste de dos raíces: ‘dia’, que significa ‘a través’, y ‘logos’, que significa ‘palabra’ o, más concretamente, ‘el significado de la palabra’. La imagen a que da lugar es la de una corriente de significado fluyendo alrededor y a través de los participantes. En el diálogo puede participar cualquier número de personas. Uno incluso puede sostener un diálogo consigo mismo. Pero el tipo de diálogo que estamos sugiriendo comprende un grupo de entre veinte y cuarenta personas sentadas en círculo y conversando entre sí. 

Cierta noción del significado de esta clase de diálogo puede encontrarse en informes referentes a grupos de cazadores y recolectores de un tamaño parecido quienes cuando se reunían para conversar aparentemente no tenían ningún programa ni ningún propósito determinados. No obstante, tales reuniones parecían proporcionar y reforzar cierto vínculo cohesivo o de hermandad que permitía a sus distintos integrantes saber lo que se esperaba de ellos sin necesidad de instrucción o de mucho intercambio verbal adicional. Dicho de otro modo, en el seno del grupo surgía lo que podría llamarse una cultura coherente de significado compartido.

Una labor pionera en el mismo sentido y en condiciones modernas ha sido llevada a cabo por el doctor Patrick de Maré, psiquiatra que practica en Londres. Estableció grupos de aproximadamente el mismo tamaño, cuyo valor describió en términos de terapia social. Desde su punto de vista, la causa primordial de la dolencia profunda y generalizada de nuestra sociedad puede encontrarse en el nivel sociocultural y sostiene que tales grupos pueden servir de micro-culturas a partir de las cuales se puede esclarecer la fuente de la enfermedad de nuestra civilización en su contexto más amplio. Nuestra experiencia nos ha llevado a extender esta noción de diálogo recalcando y prestando especial atención al papel fundamental de la actividad del pensamiento en la generación y mantenimiento de esta condición de la sociedad. 

Como microcosmo de la cultura en general, el diálogo permite un amplio abanico de posibles relaciones a descubrir. Puede revelar el impacto de la sociedad sobre el individuo y el impacto del individuo sobre la sociedad. Puede demostrar cómo se asume o se delega el poder y cuán ubicuas son las reglas por lo general inexplícitas del sistema constitutivo de nuestra cultura. Pero su propósito más profundo es comprender la dinámica de la manera en que el pensamiento concibe dichas conexiones. 

Sin embargo, uno de sus aspectos cruciales es que no se propone deliberadamente alterar o cambiar la conducta ni conseguir que los participantes se orienten hacia ningún objetivo predeterminado. Porque cualquier intento de ese estilo sólo tergiversaría y oscurecería los propios procesos que el diálogo explora. No obstante, sí ocurren cambios porque el pensamiento observado tiende a comportarse de otra manera que el pensamiento no observado. El diálogo puede pues convertirse en una oportunidad para que el pensamiento y el sentimiento se desplieguen libre y lúdicamente en un movimiento continuamente participativo. Tópicos de carácter específico o personal se entrelazarán con áreas de significado más profundo o más general. Se puede incluir cualquier tema y no se excluye ningún contenido. Es muy raro encontrar una actividad de este estilo en nuestra cultura.

David Bohm, Donald Factor, Peter Garrett
Una propuesta de diálogo

La propiocepción



La ‘propiocepción’ es la capacidad inherente de nuestro organismo físico de darse cuenta de lo que hace mientras lo está haciendo. Cuando uno alza el brazo sabe que está actuando por propia voluntad, que no es otro quien lo está haciendo por él. Pero por lo general el pensamiento carece de esta capacidad. Por ejemplo, no se percibe que la actitud que uno tiene en relación a otra persona está profundamente afectada por la forma de pensar y sentir respecto de la conducta de esa persona o respecto a la de otros que acaso compartan algunas características similares. Más bien uno asume que la actitud hacia la otra persona surge directamente de la conducta real de esa persona. El problema del pensamiento es que el tipo de atención que se requiere para darse cuenta de esta fuerte propensión hacia la incoherencia parece no estar a menudo disponible en el momento en que más se necesita.

David Bohm, Donald Factor, Peter Garrett
Una propuesta de diálogo

El pensamiento


Empleamos la palabra ‘pensamiento’ para referirnos no sólo a lo que produce nuestro intelecto consciente sino también a nuestros sentimientos, emociones, intenciones y deseos. Incluye resultados sutiles y condicionados del aprendizaje, tales como los que nos permiten entrelazar una serie de escenas diferentes en una película o interpretar los símbolos en las señales de tráfico. Y comprende esos procesos tácitos y no verbales empleados en el desarrollo de habilidades como caminar o montar en bicicleta. Esencialmente el pensamiento es la respuesta activa de la memoria en todas las fases de la vida. Y en este sentido de la palabra prácticamente todo nuestro conocimiento es producido, desplegado, comunicado, transformado y aplicado en el pensamiento.

Incluso se puede ver, prestándole un poco más de atención, que lo que se llama pensamiento racional consiste principalmente de respuestas condicionadas por pensamientos anteriores. Dichas respuestas se basan en supuestos inapercibidos que el contenido del pensamiento ofrece como una descripción objetiva de cómo son las cosas. Es decir que suponemos que es una percepción directa de la realidad tal cual es en vez de una amalgama de conceptos, recuerdos y reflejos con el colorido añadido por las necesidades, los temores y los deseos personales, todo lo cual está circunscrito y distorsionado por las limitaciones de nuestro idioma, historia y cultura. El proceso del pensamiento trata de justificar y defender sus propias actividades mediante la racionalización y de esta manera generalmente consigue mantener dichas actividades ocultas a nuestro escrutinio consciente.

David Bohm, Donald Factor, Peter Garrett
Una propuesta de diálogo

Una propuesta de diálogo


Diálogo, en el sentido en que estamos empleando la palabra, es una forma de explorar las raíces de las múltiples crisis a las que la humanidad se enfrenta en la actualidad. Permite una investigación y comprensión de los distintos procesos que fragmentan e interfieren con una comunicación auténtica entre individuos, naciones e incluso entre distintas partes de una misma organización. Esa fragmentación es destructiva y fomenta el tipo de violencia que vemos en todo nuestro entorno. Aparentemente en nuestra cultura moderna las personas son capaces de relacionarse entre sí de muchas maneras; pueden cantar, bailar o jugar juntas con poca dificultad pero su capacidad para conversar acerca de temas que les importan profundamente parece conducir invariablemente a escisiones y disputas. A nuestro parecer esto apunta a un defecto profundo y sistémico en el funcionamiento del propio pensamiento humano.

En el diálogo un grupo de personas puede explorar los supuestos, las ideas, las creencias y los sentimientos individuales y colectivos que sutilmente controlan sus interacciones. Conforme los miembros del grupo participan en este proceso sus éxitos y fracasos en la comunicación se ponen de manifiesto. Esto puede revelar las pautas a menudo desconcertantes de coherencia e incoherencia que llevan a la gente a evitar ciertas cuestiones o, por el contrario, a insistir, contra toda razón, en mantener y defender sus opiniones acerca de esos temas. El diálogo es pues una manera de observar cómo los valores e intenciones ocultos pueden controlar nuestra conducta y cómo las diferencias culturales inapercibidas pueden colisionar sin que nos demos cuenta de lo que está pasando. Puede verse como un ámbito en el que se da un aprendizaje de grupo y del cual puede surgir un sentimiento de mayor compañerismo y creatividad participativa.

Nuestro enfoque de esta forma de diálogo surgió a raíz de una serie de conversaciones iniciadas en 1983 en las que indagamos en la sugerencia de David Bohm relativa a que una incoherencia sistémica en el proceso del pensamiento humano es la causa esencial de las crisis interminables que afectan a la humanidad. Lo significativo de esta idea se hizo patente cuando reconocimos que incluso un examen perentorio es suficiente para demostrar que vivimos en un mundo producido casi en su totalidad por la actividad emprendedora de la humanidad y, en consecuencia, por el pensamiento humano. El cuarto en el que estamos sentados, el lenguaje en que están escritas estas palabras, nuestras fronteras nacionales e incluso nuestros sistemas de valores son esencialmente manifestaciones de nuestra manera actual de pensar y de lo que hemos pensado anteriormente los seres humanos.

Tales ideas nos llevaron, en años posteriores, a iniciar una serie de conversaciones y seminarios de mayor envergadura organizados en distintos países con diversos grupos de personas, los cuales a su vez comenzaron a cobrar la forma de diálogos. Conforme proseguíamos, se nos hizo patente que el proceso de diálogo es un medio potente de comprender cómo funciona el pensamiento. También se puso de manifiesto que sin una profunda comprensión de esta cuestión no se puede abordar la verdadera crisis de nuestro tiempo ni se pueden encontrar más que soluciones provisionales a la amplia gama de problemas humanos.

Debido a que la naturaleza del diálogo es exploratoria, su territorio sigue en expansión. Su esencia es aprender, no como resultado de asimilar un conjunto de información o una doctrina impartida por una autoridad, sino como parte del proceso evolutivo de una participación creadora. O sea que no se pueden establecer reglas fijas para emprender un diálogo. Sin embargo, sí es importante que se comprenda su significado y su relación con el pensamiento en general. 

David Bohm, Donald Factor, Peter Garrett
Una propuesta de diálogo

Introducción a "Dialogando Juntos"


Los Diálogos están  basados en la metodología y las  investigaciones que realizó el físico David Bohm y varios de sus  colaboradores en la década de los ochenta. David Bohm fue un destacado científico que trabajó como profesor de física teórica en el Birkbeck College de Londres. El Dr. Bohm  hizo importantes contribuciones en los campos de la física teórica, la filosofía y  la neuropsicología. Fue contemporáneo y amigo personal de Krishnamurti y muchas de sus obras surgieron de esta relación de diálogo entre el físico y el filósofo, entre las que destacamos: La totalidad y el Orden implicado, Sobre la Creatividad,  Sobre el Diálogo, entre otras. Sugerimos a los participantes de los Diálogos leer, aunque no es imprescindible, esta última obra.

El propósito de estos Diálogos es explorar y comprender los procesos que interfieren y fragmentan la auténtica comunicación entre los seres humanos. La fragmentación es destructiva y fomenta el tipo de violencia que vemos en nuestro entorno.

Resumimos esto con unas palabras de Jiddu Krishnamurti sobre el diálogo:

Para dialogar con inteligencia no solo debe haber afecto, sino también duda. Como saben, a menos que uno dude no puede haber investigación, porque investigar significa cuestionar, descubrir por si mismo, paso a paso. Si lo hacen  no necesitaran seguir a nadie, ni pedir a nadie que reafirme o constate el descubrimiento; pero todo eso exige de una inteligencia y sensibilidad extremas.  Se trata de tener una conversación entre amigos; no se trata de reafirmarnos, sino de hablar con naturalidad, con afecto, en una atmósfera de amistad, de compañerismo, tratando de descubrir; con esa actitud es como la mente realmente descubre. Sin embargo, les aseguro que lo que se descubre tiene muy poco valor, porque lo importante es descubrir y, después, seguir investigando. Es perjudicial quedarse con lo descubierto, porque en ese caso la mente se bloquea, se estanca. Pero si en el momento en que descubren algo mueren a eso que descubren, entonces pueden fluir como la corriente, como un río de abundante caudal.

En el transcurso de los encuentros, hablaremos y profundizaremos en esta novedosa forma de dialogar, sin temas ni contenidos predeterminados, sin metas a alcanzar, con la intensión de profundizar y revelar aquello que se nos oculta en las corrientes profundas de nuestra forma de pensar.

XXIV Encuentro amigos de Krishnamurti en Segovia


¡Gracias a todos por compartir estos dias juntos!



Estuvimos reunidos durante este fin de semana 27 personas venidas de toda España, muchas de ellas por primera vez.. ¡como más nos gusta! ¿Por qué? Porque es uno de los propósitos que tenemos desde el Centro de Información JK de Madrid, queremos dar la oportunidad de conocerse en directo a muchas personas interesadas en las Enseñanzas que, por lo que nos vienen contando, encuentran con dificultad personas interesadas en dialogar en libertad entorno a las Enseñanzas. Desde aquí siempre trataremos de cumplir con esa labor en la medida de nuestras posibilidades, favoreciendo las relaciones a un mismo nivel, como solemos decir: "Nadie sabe mas que nadie". Comprobado está que los años acumulados de investigación no dan en este caso ninguna garantía de conocimiento profundo aplicado al día a día, en el que sobre todo después de un encuentro de estas características, en el que se dialoga varias veces al día y se comparten paseos y comidas y vemos algún vídeo, queda al descubierto la importancia de las relaciones genuinas. 
Solo desde la pasión que uno mismo entregue al grupo es posible relacionarse; sea con la palabra, los gestos, las emociones o el silencio, toda comunicación es enriquecedora... También en el desacuerdo y en la frustración, porque esa es la realidad y no es necesariamente un estorbo para la comprensión y el afecto.
Desde la imperfección y lo mucho que queda por aprender juntos: gracias a todos.

Marta, colaboradora Centro Información Krishnamurti de Madrid.


Aquí compartimos algunas fotos mas para los que estáis lejos. Gran alegría de que los grupos sean lo mas ricos posible en términos de experiencias y momentos vitales. 





Convento Segovia


Paseos en los alrededores 


Momentos de descanso

Iremos compartiendo reflexiones de los participantes que decidan enviarnos sus impresiones.