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PERO EN LO PSICOLÓGICO, EL TIEMPO Y EL PENSAMIENTO GENERAN MIEDO

   “… No podemos ser nosotros mismos cuando amamos a instancias del miedo; entonces es miedo, no amor; miedo que se expresa de muchas maneras, aunque podamos disimularlo llamándolo amor. El miedo no puede permitirnos ser nosotros mismos. El intelecto tan solo guía al miedo, lo controla, pero jamás puede destruirlo, porque el intelecto es la causa misma del miedo.

   Como el miedo no puede permitir que seamos nosotros mismos, ¿de qué modo podremos, entonces, vencer este miedo, toda clase de miedos, no un tipo de miedo en particular? ¿Cómo ha de liberarse uno mismo de este miedo del cual puede o no estar consciente? Si no tienen conciencia del miedo tórnense conscientes de él, dense cuenta de sus pensamientos y acciones, y pronto tendrán conciencia del miedo. Y si están conscientes del miedo, ¿cómo van a liberarse de él? ¿Van a liberarse del miedo mecánicamente, por medio de la voluntad? ¿O el miedo comenzará a disolverse por su cuenta, espontáneamente? El proceso mecánico o volitivo no puede sino ocultar el miedo más y más, vigilarlo y restringirlo cuidadosamente, permitiendo solo las reacciones de la moralidad controlada. Debajo de estos patrones controlados de conducta el miedo debe, por fuerza, continuar siempre. Este es el resultado inevitable del proceso mecánico de la voluntad, con sus disciplinas, deseos, controles y demás.

   … Cuando digo que conozco los efectos del miedo, ¿qué significa? Los conozco verbalmente, es decir, intelectualmente; los conozco como recuerdo, como algo que ha sucedido en el pasado y digo: ‘esto sucedió’. De modo que el pasado me informa cuáles son sus efectos, pero no los veo en el momento del hecho. Por lo tanto, se trata de algo recordado y no real. Por el contrario, ‘conocer’ significa ver sin acumulación, sin reconocer, sino ver el hecho. ¿He logrado comunicarles esto? Cuando digo: ‘tengo hambre’, ¿me lo informa el recuerdo de haber tenido hambre ayer o el hecho real del hambre ahora? Ser realmente consciente de que tengo hambre ahora es del todo diferente de la respuesta de un recuerdo que me dice: has tenido hambre y, por tanto, quizás puedas tenerla ahora. ¿Está el pasado informándome de los efectos del temor o se da cuenta de los efectos reales del temor? Las acciones en ambos casos son enteramente distintas, ¿no? Una, dándose cuenta completamente de los efectos del temor ahora actúa instantáneamente. Pero, si es la memoria la que me habla de los efectos, entonces la acción es distinta. ¿Me he explicado con claridad? Ahora bien, ¿de cuál se trata? 

   … Eso era lo que estaba tratando de explicar. La acción en los dos casos es del todo diferente. ¿Lo ve? Por favor, si no lo ve no diga ‘sí’, no juguemos. Es muy importante comprender esto. ¿Está el pasado informándole de los efectos del temor o hay una percepción directa, un darse cuenta de los efectos del temor ahora? Si el pasado le está diciendo cuáles son los efectos del temor la acción es incompleta y, por lo tanto, contradictoria, engendra conflicto. Pero si uno se da cuenta completamente de los efectos del temor ahora, la acción es total.  

   …Si tengo miedo busco valor. Entonces mi valor es lo opuesto del miedo, lo cual no me libra del miedo. Sólo escapo hacia lo que llamo valor. Pero si estoy libre del miedo, del miedo mismo, entonces estoy libre tanto del miedo como del valor. Por eso, donde hay opción, todo el tiempo hay conflicto como ayer, hoy y mañana; y donde la acción está exenta de opciones, el tiempo es una totalidad, no existen el ayer, el hoy y el mañana. Eso es eternidad, es inmortalidad.

   … Ahora ustedes están buscando constantemente opuestos; cuando tienen miedo buscan valor como un sustituto para el miedo, pero ese sustituto no los libera realmente del miedo. En lo fundamental siguen atemorizados, ese miedo básico lo han tapado meramente con la idea del valor. El hombre que persigue el valor o cualquier otra virtud está actuando superficialmente, mientras que si tratara de comprender inteligentemente esta persecución del valor, ello lo conduciría al descubrimiento de la verdadera causa del miedo, descubrimiento que lo liberaría tanto del miedo como de su opuesto. Y ese no es un estado negativo, es el único modo dinámico y positivo de vivir.

   ¿Cuál es, por ejemplo, nuestro interés inmediato cuando experimentamos un dolor físico? Queremos alivio instantáneo, ¿no es así? No pensamos en los momentos en que no sentíamos dolor ni en los momentos en que no sentiremos dolor. Solo nos interesa el alivio inmediato de ese dolor. Buscamos el opuesto. Estamos tan consumidos por ese dolor que anhelamos librarnos de él. La misma actitud existe cuando todo nuestro ser se halla consumido por el miedo. Cuando ese miedo surja no escapen de él. Afróntenlo completamente con todo el ser, no traten de desarrollar valor. Solo entonces comprenderán su causa fundamental y con eso liberarán del miedo a la mente y al corazón.

   … ¿Cómo voy a deshacerme del miedo? Por favor, señores, presten atención. Este es nuestro problema, suyo y mío, de todo ser humano que desee librarse del miedo, porque si puedo deshacerme de él, entonces el yo, el ego que está creando tanto desorden, tanta desdicha en el mundo, puede desaparecer. ¿No es el ego en su naturaleza misma la causa del miedo? Porque quiero sentirme seguro si no tengo seguridad económica, quiero estar seguro en el ámbito político, social, en mi reputación; quiero sentirme seguro en el otro mundo; quiero tener el respaldo de Dios, que me dé una palmadita en el hombro y me diga: ‘tendrás una mejor oportunidad en la próxima vida’; quiero que alguien me diga lo que tengo que hacer, que me anime, que me dé amparo, que me ofrezca un refugio. Así que, en tanto siga buscando seguridad en cualquiera de sus formas tiene que haber miedo, del cual surgen todos los impulsos básicos. De modo que, si puedo comprender lo que es el miedo, tal vez entonces pueda haber un desprendimiento de esa constante elección.

   … El pasado está siempre deseando dar nacimiento al presente, y eso se convierte en la memoria que identifica al ‘yo’ y ‘lo mío’. El ‘yo’ es la raíz de todo miedo.”

        J. Krishnamurti



LA VERDAD ES UNA CONTINUA RENOVACIÓN, UN DEVENIR ETERNO

    “… Si durante esta disertación algo de lo que se dice resulta opuesto a vuestro modo de pensar y a vuestra creencia, escuchad nada más, no resistáis. Podréis tener razón y yo podré no estar en lo cierto, pero escuchando y considerando esto juntos, vamos a descubrir qué es la verdad. La verdad no puede dárosla nadie. Tenéis que descubrirla, y para descubrir es preciso que haya un estado mental en el que existe la percepción directa. No hay percepción directa cuando hay una resistencia, un resguardo, una protección. La comprensión llega dándose uno cuenta de ‘lo que es’. Saber exactamente lo que es, lo real, lo efectivo, sin interpretarlo, sin condenarlo ni justificarlo es, por cierto, el comienzo de la sabiduría. Sólo cuando empezamos a interpretar, a traducir de acuerdo con nuestro condicionamiento, a nuestro prejuicio, pasamos por alto la verdad.

   Un hombre puede tener conocimiento sólo sobre cosas conocidas, no puede tener conocimiento sobre lo desconocido. Lo desconocido surge de instante en instante, no se lo puede juntar, acumular. Siendo atemporal, no puede ser acumulado y usado. El gurú, el llamado maestro, que afirma que sabe, no puede conocer más que las cosas que ha experimentado, y lo que ha experimentado está condicionado, es del tiempo y, por consiguiente, no es verdadero. Es pues esencial, si vosotros y yo queremos comprendernos unos a los otros, establecer la justa relación entre nosotros desde el principio mismo. No estáis escuchando para que yo os enseñe, estáis escuchando para aprender. La vida es un proceso de aprender, pero no se puede aprender mientras la mente está acumulando. ¿Cómo podéis aprender si la mente se interesa en acumular, y en utilizar lo recién adquirido para aumentar su acumulación?

    Él puede ser veraz, pero un hombre así no sabe qué es la verdad. ¿Por qué prestan atención al hombre que dice: “yo sé que Dios existe, que existen la verdad, la inmortalidad, ¿que hay un Maestro?” ¿Por qué le prestan atención? Porque están buscando certidumbre.

   Uno sólo puede conocer lo que es estático, no lo que es dinámico, lo que se mueve. Uno no puede decir: conozco una cosa que se mueve. La verdad es eso, es algo viviente. Ustedes pueden describirla, ponerla en un marco y decir: esta es la verdad. A causa de que estamos buscando esta constante certidumbre, esta certeza, esta seguridad, entregamos todo nuestro amor, nuestra devoción, nuestra confianza, todo, al hombre que dice: “yo sé”. Nosotros mismos deseamos estar tranquilos, nosotros mismos deseamos esta constante seguridad, la cual pensamos que va a librarnos del conflicto. No lo hace, tan solo nos embota.

   La verdad no es para ser conocida, no es estática, no es una finalidad, una meta. Es una continua renovación, un devenir eterno. Por lo tanto, cuídese del hombre que dice: yo sé. No del hombre, sino de usted mismo, porque respeta a ese hombre, quien le da lo que usted necesita, consuelo. En eso reside la explotación. Usted está creando al hombre que va a explotarlo.

   … El propagandista es simple repetidor, él no dice la verdad. Es por eso por lo que la propaganda hace en el mundo un daño infinito. El conferenciante que sale a hacer propaganda por una idea, es en realidad un destructor del pensamiento porque se limita a repetir su propia experiencia o la de otro. Pero la verdad no puede ser repetida, la verdad tiene que ser experimentada de instante en instante por cada uno. Comprendiendo eso, ¿qué podéis hacer para ayudar, para promover esta enseñanza? Todo lo que podéis hacer es vivirla; por poco que sea lo que comprendéis, por ínfima parte que sea, vividla completamente, no de un modo superficial sino profundamente, plenamente, tan vitalmente, tan intrínsecamente y con tanto entusiasmo como os sea posible. Entonces, como una flor en un jardín, ese vivir exhala de por sí su perfume. No necesitáis hacerle propaganda a un jazmín. El jazmín mismo la hace, su belleza, su perfume, su encanto cuenta su historia. Cuando no tenéis ese encanto, esa belleza, hacéis propaganda por ella. Pero no bien habéis entendido un poco, habláis al respecto, lo predicáis, lo gritáis porque con vuestra propia comprensión ayudáis a otro a comprender, y por lo tanto la comprensión se difunde de más en más, avanza cada vez más lejos.

   … Para mí no existe tal cosa como una técnica para vivir, una técnica para la realización de la verdad. Si hubiera una técnica así para que ustedes la aprendieran, serían meramente esclavizados por otro sistema.

   La realización de la verdad llega solamente cuando hay integridad de acción sin esfuerzo. Y la cesación del esfuerzo llega mediante la percepción alerta de los obstáculos, no cuando tratamos de vencerlos. O sea, cuando somos plenamente conscientes, cuando estamos plenamente atentos, con nuestra mente y nuestro corazón, con la totalidad del ser; entonces, mediante ese estado de atención plena y alerta, podremos vernos libres de los obstáculos. Experimenten y lo verán. Todo aquello que han conquistado los ha hecho esclavos. Solo cuando han comprendido un impedimento, con todo el ser, solo cuando han comprendido realmente la ilusión de seguridad, ya no luchan más contra el impedimento. Pero si solo son intelectualmente conscientes de los obstáculos, continuarán luchando contra ellos.

   La concepción que tienen de la vida se basa en este principio. El esfuerzo que hacen para alcanzar el logro espiritual, la evolución espiritual, es el resultado del deseo que sienten por nuevas seguridades, nuevos engrandecimientos, nuevas glorias y, de aquí, esta lucha continua e incesante.

   Digo pues, que no busquen un camino, un método. No hay método ni camino hacia la verdad. No busquen un camino, más bien tomen conciencia de los impedimentos. La percepción alerta no es algo meramente intelectual, es tanto mental como emocional, es integridad en la acción. Entonces, en esa llama de la percepción alerta se disuelven todos estos impedimentos porque uno los penetra. Al hacerlo, puede percibir directamente, sin opción, aquello que es verdadero. Nuestra acción nacerá entonces de esa integridad, no de la insuficiencia de la seguridad; y en esa integridad, en esa armonía de mente y corazón, está la realización de lo eterno.”

        J. Krishnamurti



COMUNICARSE SIGNIFICA CONSTRUIR, CREAR JUNTOS, Y ESA ES LA BELLEZA DE LA COMUNICACIÓN

    “… Esta es una plática informal, no preparada; es más o menos un inquirir en uno mismo; y entrar en ello en una charla pública es una cosa, pero penetrar uno solo en todo esto es muy distinto. Lo que estamos tratando de hacer es comunicarnos mutuamente este viaje en el tiempo. El inquirir implica también tiempo y el reunir palabras implica tiempo, y toda comunicación se basa en el tiempo. Y tal vez haya comprensión de lo que es el tiempo y qué es lo atemporal, no por medio de palabras ni por comunicación verbal o intelectual, sino acaso pasando por alto todo el proceso. Pero, desgraciadamente tenemos primero que indagar el tiempo verbalmente, intelectualmente. Mas esta indagación es en el sentido de aprender sobre ello, que no es recordar lo que habéis leído ni simplemente oír las palabras que estoy diciendo, sino su percepción, el verlo directamente por vosotros mismos. Y creo que esto puede tener un inmenso valor.

   … No sé si tengo una opinión. He observado mucho, conversado con muchísima gente a lo largo de mi vida y hay muy pocos que se preocupan de verdad, que se comprometen a averiguar si existe una forma distinta de vivir, una relación, una intercomunicación global, no enfrentándose meramente por cuestiones de idioma, las divisiones religiosas y políticas y todo ese absurdo, sino descubriendo realmente si podemos vivir pacíficamente en esta Tierra, sin matarnos incesantemente los unos a los otros. Me parece que esa es la verdadera cuestión a la que nos enfrentamos actualmente. Y creemos que la crisis se encuentra fuera de nosotros, pero está en nuestro interior, en nuestra conciencia.

    … La mente necesita comprender la naturaleza y estructura de la conciencia; es decir, lo que uno es, lo cual es su conciencia. Esa conciencia con su contenido constituye la totalidad de lo que se llama el ‘yo’, el ego, la persona, la estructura psicológica de su temperamento, su idiosincrasia, su condicionamiento. Uno tiene que entender esto muy bien no de forma verbal, aunque tengamos que utilizar palabras. La comunión entre dos personas se da solo cuando existe una relación en la que ambos se encuentran al mismo tiempo, profunda e intensamente involucrados en el problema. Entonces no solo hay una comunicación verbal, sino también no verbal. Y eso es lo que debemos hacer ahora aquí.

   … Sin una transformación radical del individuo la sociedad se convierte en una carga, en una irresponsable continuidad en la que el individuo no es más que una pieza del engranaje. Existe una fuerte tendencia a pensar que el individuo tiene muy poca trascendencia en la sociedad moderna actual, y que la sociedad debe hacer todo lo posible para controlar al individuo moldeando su pensamiento a través de propaganda, restricciones y de los diversos medios de comunicación masiva. El individuo en sí mismo se pregunta qué puede hacer en esa sociedad tan opresiva que se le viene encima como el peso de una montaña, y hace que se sienta prácticamente impotente. Al tener que afrontar esa cantidad de dificultades, deterioro, guerra, hambre y desdicha, el individuo, como es natural, se pregunta: ¿qué puedo hacer? Creo que la respuesta es que no puede hacer nada, lo cual es un hecho obvio, porque no puede impedir las guerras, no puede hacer mucho contra el hambre, no puede detener el fanatismo religioso o el proceso histórico del nacionalismo y todos sus conflictos.

   … ¿Por qué el hombre, que ha vivido durante tantos miles y miles de años, llega a semejante desdicha y conflictos? ¿Por qué? Este caos se ha vuelto muy alarmante. ¿Cuál es la razón de ello? Ustedes dirán: es la superpoblación, doce millones y medio de personas nacen cada año en la India, que ya está superpoblada. Dirán: es el tipo de moralidad que acompaña al conocimiento tecnológico. Dirán: es la falta de comunicación. Estas son las respuestas hábiles, cómodas. En respuestas cómodas como esas no encontrarán ustedes la profundidad o la verdad de este problema. Realmente, ¿por qué ustedes, en este país, habiendo vivido por tanto tiempo con sus maestros, sus Shankara, Gitas, gurús, con sus inmaduros santos, por qué se encuentran hoy en este estado de desorden, en esta confusión? ¿Por qué?

   Si descartan las explicaciones fáciles de la superpoblación, de la falta de moralidad que acompaña al conocimiento tecnológico, y de esta falta de comunicación directa, que puede ser cierta; ¿cuál es, entonces, la razón fundamental de esta desdicha? ¿Por qué un país como este, que ha tenido la tradición de la bondad, de la amabilidad, de no matar, de no ser crueles (no es que lo vivieran así), por qué, habiendo tenido todos estos maestros, algo ha resultado totalmente mal? ¿Cuál es y de dónde proviene la causa de ello? Para investigarlo deben ustedes examinar muy detenidamente; para examinar no deben tener prejuicios; para poder descubrir tienen que ser libres y estar exentos de temor. ¿Están ustedes trabajando tan intensamente como el que les habla o meramente escuchan las palabras?

   … Comunicarse significa construir, crear juntos, y esa es la belleza de la comunicación. Y eso se acaba cuando el que habla se vuelve una autoridad y ustedes escuchan meramente como estudiantes o discípulos. No hay maestro ni discípulo, sólo existe el aprender. Lo que han aprendido pertenece al pasado y actuar desde lo que ha sido acumulado es un proceso de adquisición, mientras que el aprender debe ser un movimiento, no una acumulación. Si comprendieran esto con la mente y el corazón llevarían ustedes una clase diferente de vida. La prueba y el examen del aprender son la vida que llevan.

   … La armonía de la belleza es la capacidad de percepción, la capacidad de percibir, lo cual significa que uno debe ser realmente sensible, y la sensibilidad viene de la profundidad del silencio. No es aconsejable ir a la escuela o a la universidad para aprender lo que es ser sensible, o ir a que alguien nos enseñe a ser sensibles. No es posible percibir si no hay cierta profundidad de silencio; si uno mira un árbol en silencio hay una comunicación que no es simplemente verbal, sino una comunicación, una comunión con la naturaleza. La mayoría de nosotros hemos perdido esa relación con la naturaleza, con los árboles, con las montañas, con todas las cosas vivas de la Tierra.”

        J. Krishnamurti



LA GENUINA SENCILLEZ ES LA SUPREMA FORMA DE ESPIRITUALIDAD

   “… En un mundo extraordinariamente cambiante, en un mundo de revoluciones científicas, de presiones económicas y guerras inminentes, me parece que nuestras propias vidas tienen que sufrir un cambio enorme. El cambio que hace falta no se limita a lo exterior, no es simplemente cosa de adquirir cada vez más y mejor alimento, ropas y albergues, sino que es necesario descubrir lo que uno necesita en realidad, prescindiendo del alimento, las ropas y el albergue. La vida en el mundo moderno se va volviendo complicadísima, y por ello tiene uno que simplificar extraordinariamente la propia vida humana, y esa sencillez requiere mucha inteligencia. Como ser humano que vive en este mundo cambiante en el que hay toda clase de presiones, ansiedad, trastorno, dolor, me parece que tiene uno que descubrir por sí mismo qué es lo que en realidad necesita. Pues bien, al enfrentarse con esta cuestión, cada persona dirá lo que son sus necesidades con arreglo a su particular temperamento, posición económica, prestigio social, etc. Mas yo creo que para descubrir lo que uno necesita ha de tener paz. No es que uno descubra primero lo que necesita, sino más bien que ante todo debe uno tener paz. Los más de nosotros la queremos en lo exterior, en todas nuestras relaciones, pero yo creo que la paz empieza en alguna otra cosa, no en lo exterior, y que sin ella nada puede prosperar, nada puede florecer.

   La paz no es una huida del mundo, de nuestras actividades cotidianas, sino que más bien tiene uno que descubrir lo que es aquella mientras viva efectivamente en este mundo. Como ser humano que vive en un mundo en confusión, contradictorio, que sufre, ¿con qué profundidad reclama uno paz? Seguramente que nuestra manera de vivir, de conducirnos, la naturaleza de nuestras actividades diarias, producirán paz de modo espontáneo, si es que la queremos. Mas me temo que muy pocos de nosotros la queremos y cuando efectivamente queremos paz, lo que realmente deseamos es seguridad, consuelo, un estado en que no se nos perturbe nada. Está claro que no podemos seguir como estamos, con esta manera de pensar, de obrar; no es posible que sigamos de la forma en que vamos ahora. O va a haber un terrible estallido, o los seres humanos despertarán a una manera distinta de pensar, un modo diferente de vivir.

   … A medida que vamos creciendo es importante que tengamos la capacidad de pensar muy sencillamente. ¿Qué es la sencillez? ¿Quién es una persona sencilla? Un hombre que hace vida de ermitaño, que tiene muy pocas pertenencias, ¿es verdaderamente sencillo? ¿Acaso la sencillez no es algo por completo diferente? La sencillez es de la mente y del corazón. Casi todos somos muy complejos, tenemos muchas necesidades y muchos deseos. Por ejemplo, ustedes desean aprobar sus exámenes, desean conseguir un buen empleo, tienen ideales y quieren desarrollar un buen carácter, etc., ¡la mente tiene tantas exigencias! ¿Contribuye eso a la sencillez? ¿No es muy importante descubrirlo? Una mente compleja no puede descubrir la verdad de nada, no puede descubrir lo real, y esa es nuestra dificultad. Desde la infancia nos educan para que nos amoldemos y no sabemos cómo transformar la complejidad en simplicidad, en sencillez. Es solo la mente muy sencilla y directa la que puede encontrar lo real, lo verdadero. Conocemos más y más, pero nuestras mentes nunca son sencillas. Y sólo la mente sencilla es creativa. Cuando ustedes pintan el cuadro de un árbol, ¿qué es lo que están pintando? ¿Sólo una representación del árbol tal cual se ve, con sus hojas, sus ramas, su tronco, el árbol completo en todos sus detalles? ¿O lo pintan desde el sentimiento que el árbol ha despertado en ustedes? Si el árbol les dice algo y lo pintan desde esa experiencia interna, aunque lo que sienten pueda ser muy complejo, el cuadro que pintan será el resultado de una gran sencillez. Es indispensable cuando son jóvenes que mantengan la mente muy sencilla, incontaminada, aunque puedan tener toda la información que necesitan.

   … La vida, la verdad es para ser vivida, pero la expresión requiere una técnica. Para pintar usted necesita aprender una técnica, pero un gran artista, si siente la llama del impulso creativo no será un esclavo de la técnica. Si uno es rico internamente su vida es sencilla. Pero ustedes quieren llegar a esa riqueza completa mediante recursos externos tales como la sencillez en el vestir, la sencillez en la vivienda, el ascetismo y la autodisciplina. En otras palabras, la sencillez que resulta de la riqueza interna ustedes quieren obtenerla por medio de la técnica. No hay técnica que pueda guiarlos hacia la sencillez, no hay sendero que los conduzca a la tierra de la verdad. Cuando usted comprenda eso con todo su ser, entonces la técnica tomará el lugar apropiado en su vida.

   … Sólo cuando la mente es sencilla y vulnerable es posible ver las cosas de manera clara en su verdadera proporción. De igual forma, la sencillez de la mente es esencial para la sencillez de la vida, El monasterio no es la solución. La sencillez llega cuando la mente no tiene apegos, cuando la mente no está adquiriendo, cuando la mente acepta lo que es. El hombre de conocimiento, el hombre de opinión, el hombre de experiencia nunca encontrará la verdad, porque la mente debe ser muy sencilla para encontrar la verdad, y la sencillez no se logra a través del aprendizaje. Partiendo de las innumerables complejidades debemos crecer en sencillez, volvernos sencillos en nuestra vida interna y en nuestras necesidades exteriores.

   … Una mente sencilla comprenderá en qué consiste la perfección porque es parte de la misma perfección. Una mente retorcida no puede comprender la Verdad. Una mente complicada y repleta de conocimientos entresacados de los libros, aunque estos conocimientos valgan algo, está propensa a cristalizarse. En todas las grandes obras de arquitectura, pintura y escultura, hay sencillez y sobriedad. La sencillez mental es, por lo valiosísima, muy difícil de adquirir, y para ello se necesita mucha experiencia. La genuina sencillez es la suprema forma de espiritualidad.”

        J. Krishnamurti



CUANDO ESTAMOS APENADOS, EN CONFLICTO PSICOLÓGICO, RECURRIMOS A ALGUIEN

   “…Veamos qué entendemos por oración, luego averiguaremos cuál es su objeto. ¿Qué entendéis por oración? ¿Cuándo oráis? No cuando sois felices, ni cuando estáis deleitados, ni cuando en vosotros hay alegría o placer. Rezáis tan solo cuando os halláis en confusión, en dificultades, y entonces vuestra plegaria es una petición. Un hombre en dificultades reza, lo cual significa que él implora, que necesita ayuda. Suplica, pide que se le consuele. De suerte que el hombre que está contento, que es feliz, el hombre que ve muy claramente y comprende la realidad en la acción de cada día, un hombre así no tiene necesidad de rezar. No rezáis cuando estáis gozosos, no rezáis cuando hay deleite en vuestro corazón. Solo rezáis cuando hay confusión, o bien vuestro rezo es una súplica mendicante, un pedido de ayuda, de consuelo, de alivio. ¿No es así? En otros términos, estáis confusos, y queréis que alguna fuerza externa os saque de esa confusión. Deseáis que alguien os ayude, y cuantos más elementos psicológicos hay en vuestro problema tanto más urgente es el reclamo de ayuda exterior. De suerte que imploráis a Dios o si sois personas modernas recurrís a un psicólogo; o bien, para escapar a esa confusión, repetís una cantidad de palabras.

   Asistís a diversas reuniones donde se reza, y donde sois pastoreados y colocados en cierto estado hipnótico, y creéis que tenéis la respuesta. Se trata de hechos reales. No estoy inventando, no hago sino mostrar lo que implica eso que entendéis por oración. Así como recurrimos a un médico en caso de dolencia física, cuando nos hallamos en estado de confusión psicológica nos evadimos hacia el hipnotismo en masa, o imploramos ayuda a alguna fuerza externa. Es eso lo que hacemos, ¿verdad? Estoy pensando en alta voz por vosotros, nada os impongo. De suerte que nuestra oración no va dirigida a la verdad, sino a una fuerza externa que llamamos guía, 'gurú' o Dios. Esto es, cuando estamos apenados, en conflicto psicológico, recurrimos a alguien. Es el instinto natural de un chico que recurre a su padre para que lo ayude. Cuando no comprendo mis relaciones con la gente, cuando me hallo en estado de confusión, llamo a alguien que me ayude. Eso es un instinto natural, ¿no es cierto? 

   … ¿Qué sucede cuando rezáis? ¿Qué hacéis cuando rezáis? Repetís ciertas palabras, ciertas frases. ¿Qué le ocurre a la mente cuando repetís sin cesar ciertas oraciones? Mediante la repetición de frases la mente es aquietada. No está quieta, sino aquietada. Hay una diferencia entre una mente quieta y una mente aquietada. La mente aquietada por la repetición ha sido hipnotizada, compelida al silencio. ¿Y qué ocurre cuando la mente hipnotizada entra en silencio? ¿Qué sucede cuando la mente es aquietada de un modo artificial? ¿Lo habéis pensado? Pensadlo bien y ved adónde ello conduce. Tenéis que prestar un poco de atención, que experimentar con vosotros mismos, y no ser distraídos por los que entran y salen.

   Bueno, ¿qué le sucede a una mente que es aquietada? Esto es, tenéis un problema y deseáis hallar una respuesta. Por eso rezáis, lo cual es una repetición de ciertas frases, y gracias a eso la mente se ve aquietada. ¿Qué relación hay entre esa mente hipnotizada y el problema? Os ruego prestéis a esto un poco de atención. Deseáis hallar una respuesta al problema, y por lo tanto empleáis, cantáis ciertas palabras para aquietar la mente; es decir, queréis una respuesta satisfactoria al problema, una respuesta que resulte grata, no una respuesta que os contradiga. Así pues, cuando oráis y aquietáis la mente por medio de palabras buscáis una respuesta que sea satisfactoria. Ya habéis concebido la respuesta, que tiene que ser satisfactoria; hallaréis, por consiguiente, tal respuesta. Ved, señores, por favor, la importancia de esto. Vosotros creáis lo que deseáis, embotando y aquietando la mente. Forzando la mente a rezar ya habéis establecido lo que queréis, una respuesta que sea satisfactoria, apacible, completamente grata. Por lo tanto, la mente que busca una respuesta al problema mediante la oración encontrará la respuesta que sea satisfactoria; ello está pues, arreglado, y decís que la respuesta es de Dios. Es por eso, que los dirigentes políticos gritan que ellos representan a Dios, o que Dios les ha hablado directamente; por haberse identificado con el país, obtienen una respuesta satisfactoria.

   ¿Qué le sucede pues a una mente que no está dispuesta a comprender el problema y de ese modo busca la respuesta de una fuerza externa? Consciente o inconscientemente ella consigue una respuesta satisfactoria, de otro modo rechazaría la respuesta. Esto es, los que rezan buscan satisfacción, y son por lo tanto incapaces de comprender el problema en sí. Cuando la mente es aquietada mediante la oración, lo inconsciente, que es el residuo de vuestras propias conclusiones satisfactorias, se proyecta en la mente consciente, y por eso vuestra oración recibe respuesta. Cuando rezáis pues, buscáis una evasión, la felicidad; y la fuerza externa que os responde es vuestra propia satisfacción, vuestra propia identificación, consciente o inconsciente, con un determinado deseo que queréis satisfacer.

   … Así pues, el hombre que quiere comprender cualquier problema, sólo puede comprenderlo cuando la mente está quieta y no toma partido. Cuando queréis comprender el problema del desempleo, de la miseria humana, no podéis tomar partido. Pero vuestros políticos desean que lo toméis. Si es que habéis de comprender el problema no puede haber bandos, porque el problema no es asunto de opinión, no exige una ideología. Exige que lo consideréis claramente para comprender su contenido; y no podéis comprender el contenido de un problema si tenéis un tamiz ideológico entre vosotros y el problema. De un modo análogo, la oración sin conocimiento propio conduce a la ignorancia, a la ilusión. El conocimiento propio es meditación, y sin conocimiento propio no hay meditación. La meditación no consiste en fijar la mente en algún objeto; meditar es comprender `lo que es´, en la vida de relación. Entonces la mente no necesita que se la fuerce a estar quieta. Entonces la mente es en extremo sensible, y por lo tanto altamente receptiva. Pero el disciplinar la mente para que esté quieta destruye la sensibilidad.”

        J. Krishnamurti







DEJE DE COMPARAR Y DESCUBRA LO QUE SIGNIFICA VIVIR SIN NINGÚN MOVIMIENTO DE COMPARACIÓN

   “… Y bien, ¿qué es la meditación? Si conscientemente meditamos, si tenemos una dirección, un motivo, un deseo de alcanzar algo, es evidente que eso no es meditación, ¿verdad? Viene a ser lo mismo que si un empleado quiere llegar a ser el gerente, las dos cosas son lo mismo, una la puede llamar ‘negocios’ y a la otra ‘un logro religioso’, pero son exactamente lo mismo. Los que meditan, ¿se dan cuenta de esto? Por supuesto que no, significaría que deben ‘soltar’ su disfrute y entretenimiento preferido.

   Estamos diciendo que meditar de forma consciente no es meditación, porque nace de un deseo de alcanzar algo, de convertirse en algo, que no es otra cosa que el ego queriendo ser algo, el ego, el ‘yo’ queriendo ser Dios. Parece tan ridículo, discúlpenme por utilizar esa palabra. Entonces, ¿qué es meditación? Si no medita conscientemente, ¿qué es meditar? La palabra ‘meditación’ significa ponderar, reflexionar, y también medida; esas son partes de la raíz etimológica de la palabra ‘meditación’ en sánscrito. Ahora bien, ¿puede el cerebro dejar de medir? O sea, ser una cosa y querer ser otra, compararme con usted que es más apuesto, más elegante, tiene mejor cerebro, mejores cualidades, más sagacidad, lleva puesta una ropa maravillosa, y yo no soy ni tengo nada de eso, lo cual es medir, es comparar; por tanto, ¿puede dejar de comparar? No diga que sí, deje de comparar y descubra lo que significa vivir sin ningún movimiento de comparación.

   … Saben que en todo el mundo están esas escuelas y esos swamis y yoguis que enseñan diversas formas de meditación, no se rían, todos ustedes lo hacen a su manera. Piensan que repitiendo ciertas palabras van a alcanzar el más extraordinario de los estados, que repitiendo un mantra obtendrán alguna experiencia milagrosa. Eso no es en absoluto meditación, es una insensatez, es autoengaño y autohipnosis. La meditación es algo mucho más inmenso, más profundo. Pero ustedes no pueden dar con ella jugando meramente con ‘palabras’ y ‘energías’; sin embargo, tienen que dar con ella, porque sin la meditación jamás sabrán lo que es el amor, jamás asomarán lágrimas de pura alegría a sus ojos, jamás sabrán lo que es la belleza.

   … Nuestro mundo interno se halla en un estado de ocupación constante con una cosa u otra. No hay espacio y, porque falta espacio, la presión que ejercen nuestras ocupaciones se vuelve cada vez mayor y, por lo tanto, el cerebro se deteriora cada vez más. Es sólo cuando disponemos de tiempo libre que podemos aprender. Pero cuando el cerebro o la mente están tan ocupados, no tenemos tiempo libre y así jamás aprendemos nada nuevo. Ningún aire fresco puede entrar y, por consiguiente, el deterioro que la presión ocasiona en el cerebro es cada vez mayor. Ese es uno de los problemas de la meditación, descubrir si la conciencia puede liberarse de todas las presiones, lo cual implica una mente libre.

   … Haga lo que haga, el hombre que depende de creencias o dogmas no puede penetrar en la profundidad de la meditación. Para meditar es necesaria la libertad; no es que la meditación venga primero y luego la libertad; la libertad, la negación total de la moralidad y de los valores sociales, es el primer movimiento de la meditación. La meditación no es una actividad pública, no es la actividad de una multitud que se reúne y eleva una plegaria; se sostiene sola y está siempre más allá de las fronteras de la conducta social, porque la verdad no se encuentra en las cosas del pensamiento ni en lo que el pensamiento ha elaborado y llama ‘la verdad’. La completa negación de toda esta estructura del pensamiento es la cualidad positiva de la meditación.

   … Hombre que quiera meditar debe conocerse a sí mismo. Sin conocerse a sí mismo usted no puede ir lejos. Por mucho que intente llegar lejos sólo puede llegar hasta donde se lo permite su propia proyección, y su propia proyección está muy cerca y no lo conduce a ninguna parte. La meditación es ese proceso de echar las bases instantáneamente, de inmediato, y dar origen naturalmente, sin esfuerzo alguno, al estado de quietud mental. Sólo entonces existe ahí una mente que se encuentra más allá del tiempo, de la experiencia, del conocimiento.

   … La meditación es un movimiento que no tiene fin. Uno nunca debería decir que está meditando o que ha fijado un período para meditar. La meditación no se subordina a nuestra conveniencia; su bendición no se manifiesta por que llevemos una vida sistematizada, una rutina o moralidad particular; adviene sólo cuando el corazón está realmente abierto. No abierto por la llave del pensamiento ni resguardado por el intelecto, sino cuando está abierto como los cielos sin nubes; entonces esa bendición llega de improviso, sin ser invitada, pero uno nunca puede controlarla, retenerla o adorarla. Si intenta hacerlo nunca regresará de nuevo, no importa lo que haga, la meditación se alejará.

   En la meditación uno no es importante, no tiene cabida en ella. La belleza de la meditación no es uno, está en ella misma, y sobre eso no es posible sacar o añadirle nada. No mire por la ventana esperando apresarla de improviso ni la espere sentado en un salón oscuro; únicamente adviene cuando uno no está, y su dicha no tiene continuidad.

   … El amor es meditación. El amor no es un recuerdo, una imagen sustentada como placer por el pensamiento, ni es la imagen romántica que fabrica la sensualidad, es algo que está más allá de todos los sentidos y más allá de las presiones económicas y sociales de nuestra vida. La realización inmediata de este amor que no tiene raíces en el ayer es meditación, porque el amor es la verdad y la meditación es el descubrimiento de la belleza de esta verdad. El pensamiento no puede descubrir esto. Nunca puede decir: ‘he descubierto’ o ‘he capturado ese amor que es del cielo’.

   … La meditación es el silencio que surge cuando el meditador y su proceso son comprendidos. Ese silencio es inagotable, no pertenece al tiempo; por lo tanto, es inmensurable. Sólo el meditador compara, juzga y mide, pero cuando no hay medida surge lo inmensurable.”

        J. Krishnamurti



ESTO ES REALMENTE MUY SIMPLE, PERO PARECE COMPLICADO CUANDO SE PONE EN PALABRAS

    “… Para que haya plenitud de realización tiene que existir el más alto nivel de inteligencia. Esta inteligencia es diferente del conocimiento. Ustedes pueden leer muchos libros, pero eso no les dará inteligencia. La inteligencia puede despertarse solo mediante la acción, comprendiendo la acción como un todo integrado.

   Discutir y descubrir intelectualmente qué es la inteligencia sería, en mi sentir, un desperdicio de tiempo y energía, porque eso no eliminaría la carga de ignorancia e ilusión. En vez de indagar qué es la inteligencia, descubramos por nosotros mismos cuáles son los obstáculos impuestos a la mente que impiden el pleno despertar de la inteligencia. Si yo les diera una explicación de lo que es la inteligencia y ustedes aceptaran mi explicación, sus mentes harían de ella un sistema bien definido y, a causa del temor, se deformarían para poder encajar en ese sistema. Pero si cada uno descubre por sí mismo los múltiples impedimentos fijados en la mente, entonces, por medio de la percepción alerta, no del autoanálisis, la mente comenzará a liberarse, despertando de este modo la verdadera inteligencia, que es la vida misma.

   … Toda criatura viviente es una fuerza, una energía única para sí misma. Esta fuerza o energía crea sus propios materiales, que pueden ser llamados cuerpo, sensación, pensamiento o conciencia. Esta fuerza o energía, actuando por sí misma, en su desarrollo se convierte en conciencia. De esta surge el proceso del ‘yo’, el movimiento del ‘yo’. Entonces comienza el ciclo de crear su propia ignorancia. El proceso del ‘yo’ empieza y continúa en la identificación con sus propias limitaciones autocreadas. El ‘yo’ no es una entidad separada como cree la mayoría de nosotros; es tanto la forma de la energía como la energía misma. Pero esa fuerza en su desarrollo crea su propio material y la conciencia es una parte de ese material; y gracias a los sentidos la conciencia se reconoce como individuo. Este proceso del ‘yo’ no es del momento, no tiene comienzo. Pero mediante la constante percepción alerta y la comprensión es posible ponerle fin.

   … Por favor, lo que digo acerca del proceso del ‘yo’ no lo traduzcan a su particular fraseología o creencia. Eso no los ayudaría en absoluto, al contrario, los confundiría; tengan la bondad de escuchar con una mente y un corazón libre de prejuicios.

   El proceso del ‘yo’ es el resultado de la ignorancia; como la llama alimentada por el aceite, se sostiene mediante sus propias actividades. Es decir, el proceso del ‘yo’, la energía del ‘yo’, la conciencia del ‘yo’ es el resultado de la ignorancia, y la ignorancia se mantiene mediante las actividades que ella misma crea; es estimulada y sustentada por sus propias acciones, que se basan en el anhelo y el deseo. Esta ignorancia no tiene comienzo y la energía que la creó es única para cada individuo. Esta unicidad se vuelve individualidad para la conciencia. El proceso del ‘yo’ es el resultado de esa fuerza única para cada individuo, la cual crea, en su autodesarrollo, sus propios materiales como el cuerpo, el discernimiento, la conciencia, y esta llega a identificarse como el ‘yo’. Esto es realmente muy simple, pero parece complicado cuando se pone en palabras.

   Si, por ejemplo, uno es educado en la tradición del nacionalismo, esa actitud debe inevitablemente crear barreras en la acción. Una mente-corazón reducida y limitada en su actividad por los prejuicios tiene que crear limitaciones crecientes. Esto es obvio. Si uno tiene creencias, traduce y moldea conforme a ellas sus experiencias, y así está forzando y limitando continuamente al pensamiento-emoción, y estas limitaciones se convierten en el proceso del ‘yo’.

   La acción en vez de liberar, de desembarazar a la mente-corazón de sus autoimpuestas servidumbres, crea ulteriores y más profundas limitaciones, y estas limitaciones acumuladas pueden ser llamadas ignorancia. Esta ignorancia es alentada, nutrida por sus propias actividades nacidas de los deseos que ella misma crea. A menos que uno comprenda que la ignorancia es el resultado de sus propias actividades, actividades que ella misma crea y sustenta, la mente-corazón deberá morar siempre en este círculo vicioso. Cuando uno comprenda a fondo esto percibirá que la vida ya no es más una serie de conflictos y conquistas, luchas y logros, todo ello conducente a la frustración. Cuando uno tiene verdaderamente un discernimiento directo en este proceso de la ignorancia, el vivir ya no es más una acumulación de dolor, sino que se convierte en el éxtasis de una profunda bienaventuranza y armonía.

   … Explicaré este proceso del ‘yo’, de la individualidad. Hay una energía que es única para cada individuo, la cual no tiene comienzo. Esta energía, por favor, no la atribuyan a ninguna divinidad ni le otorguen ninguna cualidad especial; en su proceso de desarrollo espontáneo crea su propia sustancia o material, el cual está constituido por la sensación, el discernimiento y la conciencia. Este es el carácter abstracto de la conciencia. El concreto es la acción. Por supuesto, no existe tal división absoluta. La acción procede de la ignorancia, la cual existe donde hay prejuicios, tendencias, anhelos que inevitablemente se derivan en dolor. Por eso la existencia llega a ser un conflicto y una fricción constantes. Es decir, la conciencia es tanto discernimiento como acción. La fricción, el proceso del ‘yo’, surge a causa de la constante acción recíproca entre tales anhelos, prejuicios, tendencias y limitaciones.

   … Cuando comprendemos que somos el resto de la humanidad, ello trae consigo una energía inmensa; uno se ha abierto paso por el angosto surco de la individualidad, el círculo estrecho del yo y el tú, el nosotros y el ellos. Estamos examinando juntos esta muy compleja conciencia del hombre, no del hombre europeo ni del hombre asiático ni del hombre del Medio Oriente, sino que examinamos juntos este extraordinario movimiento en el tiempo, movimiento que ha estado desarrollándose en la conciencia por millones de años.

   … Aquello que es inmortal está más allá del tiempo. No hay, por lo tanto, relación alguna entre el ‘yo’ y lo atemporal. Nos agrada creer que la hay, pero ese es otro engaño de la mente.”

        J. Krishnamurti




SOLO LA MENTE INOCENTE PUEDE INQUIRIR EN LO DESCONOCIDO

    “… La vida nos parece demasiado vasta, demasiado vertiginosa para nosotros y nuestras perezosas mentes; nuestra lenta manera de pensar, los hábitos a que nos hemos acostumbrado crean invariablemente una contradicción dentro de nosotros, y tratamos de dictar condiciones a la vida. Y gradualmente, al continuar y aumentar esta contradicción y conflicto, nuestras mentes se vuelven más y más embotadas.

   … Sin pasión no es mucho lo que uno puede hacer, y la pasión es indispensable para investigar este interrogante muy complejo acerca de lo que es la meditación. En el sentido en que nosotros la entendemos y puede ser que le estemos dando un significado diferente; la pasión surge cuando hay un total abandono del «yo» y el «tú», del «nosotros» y el «ellos», y cuando ese abandono viene acompañado de un profundo sentimiento de austeridad. No entendemos por austeridad la del sacerdote o la del monje, cuya austeridad es dura, cruel, y está dirigida y sostenida mediante el control y la represión. Estamos hablando de una pasión que es el resultado de una austeridad que nada tiene que ver con la dureza. La mente austera es en verdad una mente bella. La belleza es, asimismo, una cuestión bastante compleja. ¡Hay tan poco de ella en nuestras vidas!

   … Necesitamos una humildad extraordinaria que contiene en sí esa peculiar cualidad que es la austeridad en la observación. La austeridad que conocemos es áspera, brutal, se vuelve estrecha, fanática, obstinada, dogmática; pero eso no es austeridad. Usamos la palabra austeridad en el sentido de que una mente que ha observado, que ha visto lo que es verdadero se encuentra, gracias a esa observación, en un estado de libertad del cual surge la disciplina que es austera. Tiene que existir esa humildad austera, y en ese nivel vamos a comunicarnos uno con otro. Ustedes no van a aprender nada de quien les habla; si lo hicieran, él se convertiría en la autoridad. 

   … Solo existe el color y no diferentes colores; solo existe el amor y no diferentes expresiones del amor; las diferentes categorías del amor no son el amor. Cuando el amor se divide al fragmentarse como divino y carnal, deja de ser amor. Los celos son el humo que ahoga el fuego, y la pasión se torna en algo estúpido cuando no hay austeridad, y la austeridad no existe si no hay abnegación, la cual es humildad dentro de una absoluta sencillez. Al mirar hacia abajo esa masa de color con los diferentes colores sólo hay pureza, por mucho que esta pueda fragmentarse; pero la impureza, por más que pueda modificarse, taparse, resistir, siempre seguirá siendo impura, como la violencia. La pureza no se halla en conflicto con la impureza. La impureza nunca puede llegar a ser pura, más de lo que la violencia puede llegar a ser no violencia. La violencia simplemente tiene que cesar.

   … Todo lo que ustedes han hecho, construido y producido es para el bienestar material, este tiene su lugar, pero cuando se vuelve un fin en sí mismo, entonces el caos comienza. Uno se pregunta si ustedes aman realmente a sus hijos. No se trata de lo que otros hagan en otras partes del mundo, ese no es el punto. Puede que ustedes cuiden a sus hijos cuando son muy jóvenes, que les den todo lo que quieren, que les den el mejor alimento, y que así los echen a perder tratándolos como juguetes y usándolos para la propia realización y disfrute. En esto jamás hay freno alguno, nunca un sentimiento de austeridad, que de ningún modo es la ruda severidad del monje. Ustedes tienen una idea de que ellos deben moverse libremente, de que no deben ser reprimidos, de que no debe decírseles lo que han de hacer; ustedes siguen lo que recomiendan los especialistas y dicen los psiquiatras. Ustedes producen una generación sin ninguna restricción y cuando esta se rebela, se sienten horrorizados o complacidos de acuerdo con el condicionamiento de ustedes. De modo que son ustedes los responsables por todo esto.

   … Como sabe, señor, la austeridad de la propia renuncia es belleza. Sin austeridad no hay amor, y sin esa renuncia, la belleza carece de realidad. Por austeridad entendemos, no la rigurosa disciplina del santo, del monje o del comisario político con su orgullosa abnegación, o la disciplina que les da poder y reconocimiento; eso no es austeridad. La austeridad no es rigurosa, no es una reafirmación disciplinada de la importancia personal de uno, no es la negación de toda comodidad, o los votos de pobreza y celibato. La austeridad es inteligencia suma, únicamente puede existir cuando hay la propia renuncia, y eso no puede ser fruto de la voluntad, de la elección, o de un intento deliberado. El acto de la belleza es lo que genera el abandono, y es el amor lo que trae la profunda claridad interna de la austeridad. La belleza es ese amor, y cuando hay amor toda comparación y medida han terminado. Entonces ese amor, haga lo que haga, es belleza.

   … Veis que no puede haber abandono sin austeridad. Pero no es la disciplinada austeridad del asceta, porque el asceta está buscando poder, y por consiguiente es incapaz de abandono. Solo puede haber abandono cuando hay amor, y el amor solo puede manifestarse cuando el ‘yo’ no es dominante. Así, la mente ha de ser muy sencilla, inocente, no hecha inocente. La inocencia no es un estado que haya de producirse por la disciplina, por el control, por ninguna forma de compulsión o represión. La mente es fresca, inocente, solo cuando no está repleta con los recuerdos de muchos siglos; y esto implica, seguramente, una extraordinaria sensibilidad, no solo para una parte de la vida, que llamamos belleza, sino también para las lágrimas, para el sufrimiento, para la risa, para las chozas de los pobres, y para los cielos abiertos; es decir, para la totalidad de la vida.

   … Cuando carecemos de amor creamos una civilización en la que se busca la belleza de la forma, sin la austeridad y vitalidad internas propias del simple olvido de uno mismo. No hay tal olvido de nosotros mismos si nos inmolamos en la ejecución de buenas obras, en ideales, en creencias. Estas actividades parecen estar libres del yo, pero en realidad el yo sigue operando bajo la cubierta de diferentes rótulos. Solo la mente inocente puede inquirir en lo desconocido.”

        J. Krishnamurti



PARA VER JUNTOS DEBEMOS ESTAR LIBRES PARA OBSERVAR, LIBRES PARA ESCUCHAR. ESTO SIGNIFICA NO TENER PREJUICIOS

    “… Para ver algo juntos, lo cual es compartir, ambos debemos ver, no concordar o disentir, sino ver juntos lo que realmente es. No interpretarlo de acuerdo con mi condicionamiento o el suyo. Y para ver juntos debemos estar libres para observar, libres para escuchar. Esto significa no tener prejuicios. Sólo entonces, cuando hay esta cualidad de amor, existe el compartir.

   … Ser honesto es ver las cosas exactamente como ellas son, sin distorsión alguna no sólo en lo externo sino internamente, es no engañarse uno jamás a sí mismo. Porque el engaño es muy fácil cuando se anhela alguna clase de experiencia, llámese ella religiosa o como sea. Entonces uno está condenado a enredarse en alguna clase de ilusión.

   … Podemos ver que las ideologías desempeñan un enorme papel en la vida del hombre en todas las partes del mundo y que, en efecto, dividen al hombre en grupos, el republicano y el demócrata, la izquierda y la derecha, etc. Separan a las personas y por su misma naturaleza, estas ideologías llegan a convertirse en “autoridad”. Y entonces los que asumen el poder tiranizan de manera democrática, o despiadada. Esto se puede observar en todo el mundo. Las ideologías, los principios y las creencias, no solo separan a los hombres en grupos, sino que en realidad impiden la cooperación; sin embargo, lo que necesitamos en este mundo es cooperar, colaborar, actuar juntos, sin que usted lo haga de una manera por pertenecer a un grupo, y yo de otra. La división surge inevitablemente si usted cree en determinada ideología, sea la comunista, la socialista, la capitalista, etc.; sea cual fuere esa ideología, tiene que dividir y crear conflicto.

   El ideólogo no es serio, no ve las consecuencias de su ideología. Por lo tanto, para ser en realidad serio, uno tiene que desechar completamente, totalmente, estas divisiones nacionalistas y religiosas, negar lo que es absolutamente falso y entonces, como resultado, quizás habría una posibilidad de ser real y verdaderamente serios.

   Tenemos que construir un mundo enteramente distinto, que nada tenga que ver con el mundo de hoy, lleno de manías, conflictos y competencias, un mundo cruel, brutal y violento.

   … La mayoría rechazamos cierta forma de condicionamiento y encontramos una variante distinta, un condicionamiento más amplio, más significativo o más placentero. Uno abandona una religión y adopta otra, rechaza una clase de creencias y acepta otras diferentes; esa sustitución indica claramente que uno no comprende la vida, no comprende la vida que es relación. Nuestro problema consiste en cómo liberarse de todo condicionamiento; o bien decimos que es imposible, que ninguna mente humana puede estar libre de condicionamiento, o empezamos a experimentar, a investigar, a descubrir. Si sostienen que es imposible es evidente que no tendrán ninguna posibilidad. Esa afirmación puede basarse en una experiencia limitada o amplia, o bien en la simple aceptación de una creencia; pero esa misma afirmación niega la búsqueda, la investigación, la indagación y el descubrir. Para ver si es posible que la mente se libere por completo de todo condicionamiento, uno debe tener libertad para indagar y para descubrir. Sin la menor duda, digo que es posible liberar la mente de todo condicionamiento; no se trata de que acepten mi autoridad, porque si lo asumen basándose en la autoridad nunca lo descubrirán, se tratará de una sustitución más sin ningún valor.

   … Reverenciamos la autoridad en varias formas, conocimiento, éxito, poder, etc. Ejercemos autoridad sobre los jóvenes y al mismo tiempo le tememos a la autoridad superior. Cuando el hombre mismo no tiene visión interna, el poder externo y la posición social asumen enorme importancia, y entonces el individuo está cada vez más sujeto a la autoridad y a la coacción; se convierte en instrumento de otros. Podemos ver que esto está sucediendo constantemente a nuestro alrededor en momentos de crisis, las naciones democráticas actúan como las totalitarias, olvidándose de su democracia y obligando al hombre a someterse a sus designios. 

   … Uno debe ver todas estas expresiones de violencia y antagonismo con mente libre de prejuicios; es decir, con mente que no se identifica con ningún país, ninguna raza o ideología, sino que procura hallar la verdad. Hay gran gozo en ver una cosa con claridad, sin la influencia de las ideas o instrucciones de otros, ya sea del gobierno, de los especialistas o de los grandes intelectuales. Una vez que veamos realmente que el patriotismo es un obstáculo para la felicidad humana, no tenemos que luchar contra esta falsa emoción en nuestro ser; nos habrá abandonado para siempre.

  … Es muy importante ver cómo aborda uno un problema, ya sea un problema político, un problema religioso o un problema de relación íntima. Hay tantos problemas… Uno está cargado de problemas. Incluso la meditación llega a ser un problema. Jamás miramos realmente nuestros problemas. Sin embargo, ¿por qué debe uno vivir cargado de problemas? Los problemas que no hemos comprendido y disuelto, deforman toda nuestra vida. Importa mucho darse cuenta de cómo aborda uno un problema, observándolo y sin tratar de aplicarle una solución; o sea, viendo en el problema mismo la respuesta. Y eso depende de cómo uno lo encara, de cómo lo mira. Cuando abordamos un problema, es muy importante que percibamos nuestro condicionamiento y nos liberemos de ese condicionamiento.

   … Investigar implica tener una mente sana, vital, que no se deja persuadir por las opiniones propias o de otro; por eso es capaz de ver con mucha claridad en todo momento cada cosa a medida que surge, a medida que fluye. La vida es un movimiento de relación, lo cual es acción y, a menos que haya libertad, la simple rebeldía no tiene ningún valor. Un hombre verdaderamente religioso nunca se rebela, porque es un hombre libre; no libre de nacionalismo, codicia, envidia y de todo eso. Simplemente es libre.”

        J. Krishnamurti



SE BUSCA LA FELICIDAD Y LA PAZ EN LAS POSESIONES, YA SEAN MATERIALES O INTELECTUALES; EN EL APEGO A LAS COSAS O AL MERO CONOCIMIENTO

     “… El condicionamiento genera problemas, conflicto. Es el condicionamiento lo que impide que comprendamos el reto; estando condicionada, nuestra respuesta debe engendrar, inevitablemente, conflicto. ¿Cómo puede uno librarse del condicionamiento? Sólo comprendiendo sus escapes, dándose cuenta de ellos. Nuestro apego a una persona, al trabajo, a una ideología, es el factor del condicionamiento; esto es lo que debemos comprender y no buscar un escape mejor o más inteligente. Ningún escape es inteligente porque todos engendran, por fuerza, conflicto. El cultivo del desapego es otra forma de escape, de aislamiento; es apegarse a una abstracción, a un ideal llamado desapego. El ideal es algo ficticio, fabricado por el ego; y convertirse en un ideal es escapar de «lo que es».

  Solo cuando la mente ya no busca ningún escape comprendemos «lo que es», y hay una acción adecuada con respecto a «lo que es». El pensar mismo en «lo que es», es una forma de escapar de «lo que es». Pensar acerca del problema es escapar del problema, porque el pensamiento es el problema, el único problema. La mente reacia a ser lo que ella es, temerosa de lo que es, busca estos diversos escapes; y la vía de escape es el pensamiento. Mientras haya pensamiento, tiene que haber escapes, apegos, los que no hacen más que fortalecer el condicionamiento.

   La libertad con respecto al condicionamiento llega cuando estamos libres del pensar. Cuando la mente se halla en total silencio, solo entonces hay libertad para que lo real se manifieste.

   … En lo que llamamos amor hay dependencia, está el sentido del apego que proviene de la soledad, de la propia insuficiencia, de no ser capaces de permanecer solos; debido a eso, nos apoyamos en alguien, dependemos de alguien. Dependemos del lechero, del conductor del tranvía, del policía, pero no estoy hablando de esa clase de dependencia, sino de la dependencia psicológica con todos los problemas que contiene, los problemas de la imagen en la relación, la imagen que la mente ha formado del otro, el apego a esa imagen y la negación de esa imagen para crear otra imagen. Todo eso es lo que llamamos amor. Y los sacerdotes han inventado otra cosa, el amor a Dios, porque es mucho más fácil amar a Dios, amar una imagen, una idea, un símbolo creado, elaborado por la mente o por la mano, que descubrir lo que es el amor en la relación. ¿Está siguiendo todo esto? Entonces, ¿qué es el amor? Forma parte de nuestra conciencia esta cosa llamada amor en la cual estamos el «yo» y el «usted»; el «yo» apegado a usted, poseyendo, dominando; y usted poseyéndome, dominándome, sujetándome. Usted satisface mis requerimientos físicos, sexuales, y yo satisfago sus necesidades económicas y demás. Todo eso es lo que llamamos amor. ¿Es amor eso? Amor romántico, amor físico, amor a nuestro país por el cual estamos dispuestos a matar, a mutilar, a destruirnos a nosotros mismos. ¿Es eso el amor? Obviamente, el amor no es emocionalismo, sentimentalismo, la empalagosa aceptación del «yo te amo y tú me amas», usted sabe. Hablar de la belleza del amor, de la gente bella, etc., ¿es amor todo eso?

   … Ya investigamos la cuestión de que el apego no es amor. Porque el apego genera cualquier clase de antagonismo, dependencia, miedo, etc. Ven todo esto, lo saben, se dan plena cuenta de todo ello, y verlo es terminarlo. No verlo meramente de forma lógica, analítica, sino ver el hecho, todas las consecuencias del apego. Esto está muy claro. Sin embargo, para la mayoría el ver es un análisis intelectual, una explicación verbal, y nos quedamos satisfechos con las explicaciones, sean filosóficas, psicológicas, etc. Es ver qué implica realmente el apego. El dolor que produce, los celos, el antagonismo; ya saben, todas las consecuencias de ese movimiento. Es verlo en el sentido no solo del ver visual, de la observación óptica, sino también el arte de escuchar este movimiento. Si lo escuchan completamente, termina.

   … El amor no es placer; ¿sabe lo que significa descubrir esto realmente por uno mismo? Significa que no hay miedo, que no hay apego ni dependencia, sino una relación en que no existe separación alguna.

   Yo no sé si muchos hombres de Oriente están contra la industrialización, y si lo están, ignoro qué razones invocan para ello, pero creo haberos explicado por qué considero que la simple industrialización no da solución alguna a nuestros problemas humanos con todos sus conflictos y sufrimientos. La mera industrialización fomenta valores mundanos, mejores y más amplios cuartos de baño, mejores y mayores coches, distracciones, diversiones y todo lo demás. Los valores externos y temporales adquieren precedencia sobre los valores eternos. Se busca la felicidad y la paz en las posesiones, ya sean materiales o intelectuales; en el apego a las cosas o al mero conocimiento. Recorred cualquiera de las calles principales y veréis tiendas y más tiendas que venden la misma cosa, aunque de diferentes formas y colores; innumerables revistas y miles de libros. Nuestro deseo es que se nos distraiga, se nos divierta, se nos libre de nosotros mismos dado que íntimamente somos tan pobres, desdichados, vacíos, y que siempre, por una causa u otra, nos agobia alguna pena. Y de ese modo, habiendo demanda, hay producción y se establece la tiranía de la máquina. Y se nos ocurre que la simple industrialización resolverá nuestro problema económico y social. ¿Lo resuelve realmente? Tal vez durante un tiempo; pero con ella llegan las guerras, las revoluciones, la opresión y la explotación, y les llevamos la “civilización” a los pueblos no civilizados.

   … El conocimiento propio es la terminación del sufrimiento; sin embargo, tenemos miedo de conocernos porque nos hemos dividido en lo bueno y en lo malo, en lo perverso y lo noble, en lo puro y lo impuro. Como lo bueno está siempre juzgando lo malo, estos fragmentos están en guerra unos con otros, y esa guerra es sufrimiento. Para que este cese, hay que ver el hecho y no inventar el opuesto, porque los opuestos se contienen mutuamente, y caminar por ese corredor de los opuestos es sufrimiento. Esa fragmentación de la vida entre lo superior y lo inferior, lo noble y lo innoble, Dios y el diablo, genera conflicto y dolor; y si existe sufrimiento no hay amor. El amor y el sufrimiento no pueden convivir.” 

    J. Krishnamurti







LO QUE LIBERA ES LA VERDAD, NO EL ESFUERZO POR SER LIBRE

   “… La libertad no llega a quien trata de obtenerla. La verdad no es encontrada por aquel que va en busca de la verdad. Sólo cuando uno comprende, con la totalidad de la mente y del corazón, la naturaleza de la prisión en que vive, cuando comprende el significado de esa prisión, sólo entonces es libre, naturalmente y sin esfuerzo alguno.

   Esta comprensión puede surgir sólo cuando nos hallamos en medio de una gran crisis, pero la mayoría de nosotros trata de eludir las crisis. O cuando nos enfrentamos con una crisis, de inmediato buscamos consuelo en la idea de la religión, en la idea de Dios, en la idea de la evolución; nos volvemos hacia los sacerdotes, hacia los guías espirituales en procura de consuelo, o buscamos diversión en los entretenimientos. Todas estas son solo formas de escapar del conflicto. Pero si afrontamos realmente la crisis que tenemos por delante, si nos damos cuenta de la futilidad, de la falsedad del escape como mero medio de posponer la acción, entonces, en ese darse cuenta, en esa percepción ha nacido la flor del discernimiento.

   Por lo tanto, usted debe darse cuenta en el momento de la acción, pues esta revelará las ocultas actividades del anhelo. Pero esta percepción no resulta del análisis. El análisis sólo limita la acción.

   … Nuestra acción tiene siempre un motivo. Nuestra acción nace de una reacción, de un recuerdo, de buscar una recompensa, un logro, la verdad, o tiene su origen en el amor a otra persona o en el amor a nuestro país, etc. Yo digo que una acción así, nacida del amoldamiento, de la autoridad, no puede revelarnos la plenitud de su significado, sólo en esa plenitud está la totalidad de lo eterno. Y como las acciones de la mayoría de la gente se basan en esas cosas, no se vayan por eso a lo opuesto y digan: “debo descubrir desde qué estoy reaccionando”. No digan: “tengo que actuar sólo desde mí mismo, no desde una reacción”.

   Yo les digo: ‘Tomen conciencia, dense cuenta cuando actúan, de que están actuando en busca de una recompensa’. Eso es muy simple, ¿verdad? Dense cuenta plenamente de su acción, de que están actuando a causa de un deseo de recompensa, de logro, de éxito, o a causa del temor, del escape. En el momento en que tomen plena conciencia de eso, la causa desaparecerá porque la habrán comprendido. Solo pueden hacer eso cuando la mente y el corazón están plenamente ocupados con ese acto y en armonía total con él.

   … La verdad no puede ser acumulada. Lo que se acumula es siempre destruido, se marchita. La verdad no puede marchitarse jamás, porque solo podemos dar con ella de instante en instante, en cada pensamiento, en cada relación, en cada palabra, en cada gesto, en una sonrisa, en las lágrimas. Y si usted y yo podemos encontrar esa verdad y vivirla, el vivirla mismo es el encontrarla, entonces no nos volveremos propagandistas; seremos seres humanos creativos, no seres humanos perfectos, sino seres humanos creativos, lo cual es inmensamente distinto.

   … ¿Puede uno pues, darse cuenta de la verdad instantáneamente, sin preparación? Yo digo que sí, y no por alguna fantasía de mi parte, por alguna ilusión; haced con ello un experimento psicológico y lo veréis. Tomad cualquier reto, cualquier pequeño incidente, no esperéis alguna gran crisis, y ved cómo reaccionáis ante él. Daos cuenta de ello, de vuestras respuestas, de vuestras intenciones, de vuestras actitudes, y las comprenderéis, comprenderéis el contenido de vuestra mente. Os aseguro que podéis hacerlo instantáneamente si dedicáis a ello toda vuestra atención. Es decir, si buscáis el pleno sentido de vuestro trasfondo, él rinde su significación; y entonces descubrís de un solo golpe la verdad, la comprensión del problema. La comprensión, por cierto, surge del “ahora”, del presente, que siempre es atemporal. Aunque pueda ser mañana, sigue siendo el “ahora”; y el no hacer más que diferir, que prepararos para recibir mañana lo que es, es impediros a vosotros mismos de comprender lo que es, ahora. Podéis, por cierto, comprender al instante lo que es ahora, ¿verdad? Mas para comprender lo que es, tenéis que estar libres de perturbación, de distracción; tenéis que dedicar a ello vuestra mente y corazón. Ello tiene que ser vuestro único interés en ese momento, completamente. Entonces lo que es, os brinda su plena hondura, su pleno significado, y así os libráis del problema.

   Si queréis conocer la verdad acerca de la propiedad, su significación psicológica, si en realidad deseáis comprenderla directamente ahora, ¿cómo enfocáis el problema? Es preciso, por cierto, que sintáis afinidad con el problema, que no le tengáis miedo, que no tengáis credo alguno, ninguna respuesta entre vosotros y el problema. Sólo cuando estéis en relación directa con el problema, hallaréis la respuesta. Pero si introducís una respuesta, si juzgáis, si tenéis una aversión psicológica, la aplazaréis y os prepararéis para comprender mañana lo que sólo puede comprenderse en el “ahora”. Por lo tanto, jamás comprenderéis. El percibir la verdad no requiere preparación alguna. La preparación implica tiempo y el tiempo no es el medio de comprender la verdad. El tiempo es continuidad, y la verdad es atemporal, “no continuar”. La comprensión es no continua, es de instante en instante, es sin residuo.

   … Seguramente una de las funciones de la educación es crear individuos que no estén atados a ninguna forma de creencia, a ningún patrón de moralidad o respetabilidad. Es el yo el que simplemente busca ser moral, respetable. El individuo verdaderamente religioso es aquel que descubre, que experimenta directamente qué es Dios, qué es la verdad. Esa experiencia directa nunca es posible mediante alguna forma de creencia, mediante algún ritual, mediante la adoración, o siguiendo a alguien. La mente verdaderamente religiosa está libre de gurús. Ustedes, como individuos, al crecer y vivir sus vidas, pueden descubrir la verdad de momento a momento, y por consiguiente son capaces de ser libres.

   … Lo que libera es la verdad, no el esfuerzo por ser libre.”

        J. Krishnamurti



SÓLO PUEDO COMPRENDER EL MIEDO CUANDO NO ESTOY HUYENDO DE ÉL, CUANDO NO LE OFREZCO RESISTENCIA

   “… ¿Cómo voy a comprender lo que es el miedo? Cómo, sin disciplinarlo, sin resistirlo, sin evitarlo, sin crear otras ilusiones, otros problemas, otros sistemas de gurús, de filósofos; ¿cómo he de hacerle frente, de comprenderlo, de librarme de él y trascenderlo? Sólo puedo comprender el miedo cuando no estoy huyendo de él, cuando no le ofrezco resistencia. De modo que tenemos que averiguar cuál es esta entidad que se resiste. ¿Quién es el yo que le ofrece resistencia al miedo? ¿Comprenden, señores? Es decir, yo estoy asustado, tengo miedo de lo que la gente pueda decir de mí, porque quiero ser una persona muy respetable; quiero triunfar en el mundo; quiero tener renombre, posición y autoridad. Así que una parte de mí está persiguiendo eso y por dentro sé que cualquier cosa que haga conducirá a la frustración, que lo que quiero hacer me obstaculizará. De modo que hay estos dos movimientos funcionando en mi interior; el primero, la entidad que quiere alcanzar su objetivo, convertirse en hombre de bien, tener éxito; y el otro, la entidad que siempre está temiendo que acaso no vaya a conseguirlo.

   … La fuerza motora que opera tras la voluntad es el miedo, y cuando comenzamos a darnos cuenta de esto, interviene el mecanismo del hábito ofreciendo nuevos escapes, nuevas esperanzas, nuevos dioses. Ahora bien, en este preciso instante, cuando la mente empieza a interferir con la comprensión respecto del miedo, es cuando debe haber una gran percepción alerta a fin de que no seamos apartados, distraídos por los ofrecimientos del intelecto, dado que la mente es sutil y astuta. Cuando sólo hay miedo, sin esperanza alguna de escape, en los momentos más sombríos, en la absoluta soledad del miedo, desde lo profundo del miedo mismo, por decirlo así, surge la luz que habrá de disiparlo.

   Cualesquiera sean los intentos que hagamos superficialmente, intelectualmente, para destruir el miedo mediante distintas formas de disciplina, de patrones de conducta, sólo crearemos otras formas de resistencia; y este es el hábito en el que estamos atrapados. Cuando ustedes preguntan cómo librarse del miedo, cómo acabar con los hábitos, en realidad están abordando el problema desde afuera, intelectualmente, y así la pregunta de ustedes nada significa. No pueden disolver el miedo apelando a la voluntad, porque la voluntad es hija del miedo; tampoco pueden destruirlo por medio del "amor", porque si el amor es utilizado con propósitos de destrucción, ya no es más amor sino otro nombre para la voluntad.

   … Existen pues, muchos motivos para que uno quiera disciplinarse; está el deseo de protegernos de varias maneras, mediante el logro, tratando de volvernos más sabios, más nobles, encontrando al Maestro, volviéndonos más virtuosos, siguiendo principios, ideales, anhelando la verdad, el amor, etc. Todo esto indica la acción del miedo, y los motivos nobles no hacen sino encubrir este miedo innato.

   … Inhibiendo, prohibiendo el miedo, no erradicamos su causa, sino que tan sólo producimos futuros factores de desorden y sufrimiento. Mediante la tolerante observación del miedo, estando alerta a cada una de sus manifestaciones, le permitimos que se revele a sí mismo; al seguirlo, sin identificarnos, con "benevolente objetividad", adviene en nosotros la comprensión creadora, lo único capaz de disolver la causa del miedo sin desarrollar su opuesto, el cual es otra forma del miedo.

   … Yo hablo del miedo psicológico, no de un miedo físico que uno trata de alejar, lo cual es natural. Considere usted el miedo a la muerte. ¿En qué consiste ese miedo? Dividimos la totalidad del fenómeno vital en vida y muerte. La vida es conocida, y de la muerte nada se sabe. ¿Se tiene miedo de lo que no se conoce, o más bien se tiene miedo de perder lo que uno conoce? Es evidente que vida y muerte son dos aspectos del mismo fenómeno. Si dejamos de considerarlos como dos fenómenos diferentes ya no hay más conflicto.

   … Y bien, ¿cuál es la causa del miedo? Escuchen, porque intentaré sugerirlo de una manera respetuosa. Háganse esa pregunta y no traten de responderla, porque si tratan de encontrar una respuesta, de averiguar la causa para luego eliminarla, significará que «ustedes» son diferentes del miedo. Pero, ¿son diferentes, o son el miedo? Si son codiciosos, ¿es la codicia diferente de ustedes? Si están enojados, ¿es el enfado diferente de ustedes? Ustedes son el enojo, son la codicia, son el miedo. Claro que lo son. ¿Pueden ver el hecho de que ustedes son el enojo, la codicia y el miedo? Al separarse del miedo dicen: «Debo hacer algo con el miedo». Pero ya llevan haciendo algo con el miedo cincuenta mil años, ya han inventado dioses, pujas, etc.

   … Encararlo, darse cuenta del miedo. Para aprender respecto del miedo no debe haber ninguna condena o justificación. Ese es un hecho. Por lo tanto, ¿puede la mente observar el miedo? ¿Qué es el miedo? Hay toda clase de miedos, miedo a la oscuridad, a la propia esposa, al propio marido, miedo a la guerra, miedo a una tormenta; tantos miedos psicológicos. Y uno no dispone en absoluto de tiempo para analizarlos todos. Eso llevaría toda una vida y aun así no los habría comprendido. 

   …Para una mente que se ha condicionado en la cultura del miedo con todas las complicadas consecuencias neuróticas de sus acciones, el formular siquiera la pregunta de si es posible estar completamente libre del miedo, es en sí mismo un problema. Un problema sólo existe cuando es insoluble, cuando no puede examinarse por completo y reaparece una y otra vez. Uno cree haber resuelto el problema del temor, pero sigue repitiéndose en diferentes formas. Si uno dice: "Es imposible", se ha bloqueado ya a sí mismo. Uno tiene que ser muy cuidadoso para no bloquearse a sí mismo, para no impedir la investigación de este problema del temor, hasta resolverlo completamente.”

    J. Krishnamurti